Los rifeños persiguen a la columna móvil de Zoco el-Telatza en su retirada a la zona francesa, masacran a la columna móvil de Kandussi, que se había rendida, y liquidan la resistencia de la posición de Sidi Dris. Mientras, siguen llegando refuerzos a Melilla.



Decidida la retirada en la junta de oficiales convocada por el teniente coronel García Esteban, a las 03:30 horas de la madrugada del 25 de julio la columna móvil de Zoco el-Telatza inició la marcha hacia la zona francesa. Se aprovechó un momento en que el fuego del enemigo sobre la posición flaqueó un poco y, favorecidos por una densa niebla, consiguieron salvar el cerco, si bien los últimos en salir tuvieron que sostener el fuego dentro de la posición. La columna estaba formaba por unos 1200 hombres encuadrados en nueve compañías. Salieron en formación de a cuatro filas de la siguiente forma:

  • Vanguardia: 3º compañía, 1º Batallón, Rgto. de "África".
  • Detrás: 5ª compañía y compañía de Ametralladoras, 2ª Batallón, Rgto. de "África".
  • Grueso: más unidades de fusiles, los heridos y la impedimenta.
  • Retaguardia: 1ª compañía, 2º Batallón, Rgto. de "África" y una sección de Caballería del "Alcántara".

La columna se dirigió hacia el sur por el camino más corto de las tres posibilidades que se les ofrecían, al pie de los montes de Ben Hidur, pero que era más montañoso en su última parte del recorrido. Marcharon los tres primeros kilómetros sin problemas, por el llano de Tasarut, amparados por la oscuridad y por la niebla, y porque cogieron al enemigo por sorpresa, pues sin duda éste creería que la columna tomaría el camino de Batel. En ese punto surgieron algunos disparos por el flanco derecho del avance, disparos que fueron haciéndose cada vez más intensos a medida que iba clareando el día y desapareciendo la niebla, que obligaron a la columna a desplegar guerrillas y a emplear la sección de Caballería del Alcántara.

Continuaron la marcha hasta el mediodía. En un punto que el camino hace un recodo para dirigirse a la zona francesa un numeroso grupo de rifeños apostados en unas chumberas abrió fuego sobre ellos de improviso; por el flanco derecho apareció un grupo de caballería enemiga de entre 50 y 80 caballos, que evolucionó tratando de rodear la retaguardia. La columna torció hacia la izquierda para ganar un paso, pero el enemigo se adelantó, y batía incesantemente el fondo del valle desde las alturas.

El combate se generalizó y la columna continuó avanzando sin dejar de disparar. En esos momentos el camino penetró en un valle, que llamaron del cuadrilátero por su configuración rectangular, y por cuyo fondo proseguía el camino. Las tropas marchaban en columna de viaje con hileras abiertas, de tal forma que las hileras de la derecha seguían el camino, en tanto que las hileras de la izquierda faldeaban el valle a media ladera, para ganar la salida, reunirse con las hileras de la derecha y seguir la marcha reunidos. En un momento dado la compañía de ametralladoras, que marchab por la izquierda, se desvió más aún hacia la izquierda del camino, quizás para emplazar sus máquinas, pero cayó bajo el fuego de los rifeños apostados en la ladera de enfrente matando mulos y soldados, desorganizado la compañía y separándola del resto de la columna; igual suerte corrieron las compañías que avanzaban detrás y seguían su mismo camino. Esta parte de la columna quedó dispersada, con gran pérdida de material y armamento, y muertos sus capitanes, la mayoría de sus oficiales y gran parte de los soldados.

La cabeza de la columna, las filas de la derecha de la misma y la retaguardia siguieron el camino natural bajo constante fuego enemigo, subiendo hacia la vertiente opuesta para ganar el collado de salida y salir hacia el puesto francés de Hassi Uenzga. Los heridos que traían y las bajas que sufrieron quedaron abandonados por carecer de medios de conducción. El estado de la moral de la tropa era malo, por efecto del cansancio, la sorpresa del ataque recibido en el valle, y el abandono de las bajas que sufrían, pues los soldados no respondían a los llamamientos de los oficiales, se mezclaron las unidades y se llegó en desorden a lo alto del monte Bubris, límite de la zona francesa, y al puesto francés de Hassi Uenzga.

De los 1200 hombres de la columna de Zoco el-Telatza tan solo unos 500 lograron llegar a la zona francesa. Durante dos o tres días siguieron llegando algunos rezagados, sin armamento y hasta desnudos, en calzoncillos, algunos de ellos perseguidos hasta la misma raya de la frontera y muertos en el último momento tras creerse al salvo a la vista del puesto francés.

Por la mañana del 25 de julio unos emisarios de Kaddur Namar se presentaron en la posición de Quebdani proponiendo de nuevo al coronel Araujo la rendición y entrega del armamento a cambio de la salida de la guarnición hacia el río Kert.

El coronel reunió a todos los oficiales en consejo y les propuso tres opciones: resistir y defenderse hasta morir; abrirse paso para romper el cerco, lo cual supondría muchas bajas; o rendirse bajo las condiciones propuestas. El tono del coronel rechazaba claramente la tercera opción; sin embargo, un oficial "no identificado" dijo que la tercera opción era la más aceptable, a lo cual el coronel le quitó la palabra bruscamente, suspendió la junta y dispuso que todos le dieran su opinión por escrito. Reanudada la junta y hecho el escrutinio de los votos, resultó que dos tercios de los oficiales optaban por la rendición. El coronel anunció "que ya sabía la resolución que a su deber incumbía".

Mientras tanto, y aprovechando la tregua y la llamada que hizo el coronel para que viniese el jefe Kaddur Namar, los moros fueron poco a poco acercándose y rodeando la posición. Tras concertar la rendición con los jefes moros, los soldados españoles comenzaron a salir del parapeto y a deponer el armamento; en un momento dado, los moros rompieron las condiciones de la rendición e irrumpieron en tropel en la posición haciendo fuego y matando a los desprevenidos soldados, quienes buscaron desesperadamente la salvación en una desesperada huida.

En un cobertizo junto a la casa de oficiales quedaron los jefes, un grupo de oficiales y alguna tropa. Conviniendo que no podían hacer nada, salieron al exterior, donde el jefe Kaddur Namar les recogió y les llevó a su casa. Su intención era llevarles a Melilla para canjearlos por algunos prisioneros; pero se presentó el cabecilla Abd el-Krim y se llevó a los prisioneros a Axdir, donde estaba reuniendo al resto de prisioneros españoles que iba capturando.

Debe mencionarse y divulgarse la defensa que hizo el capitán Amador del puesto de la aguada de Quebdani. La compañía que lo guarnecía quedó rodeada y sitiada la noche del 23 al 24 de julio, por lo que el capitán optó por refugiarse en la casa edificada junto al pozo, que acabó de fortificar, aspillando el muro y levantando un pequeño parapeto en la azotea.

El día 24 de julio el capitán envió un cabo a la posición de Quebdani con doce voluntarios para recoger pan y cantimploras con agua. Lograron llegar con tan solo un herido, pero no pudieron regresar a su compañía en el pozo debido al intenso fuego al que les sometía el enemigo. Tan intenso era el ataque sobre el pozo que el capitán Amador pidió que los cañones de la posición hiciesen fuego sobre las casas cercanas que rodeaban el pozo, para desalojar a los moros que les atacaban desde ellas. Así lo hicieron desde Quebdani, pero la noche siguiente los moros volvieron a ocuparlas.

El 25 de julio por la mañana desde el pozo volvieron a rechazar un ataque por la parte norte; seguidamente otro grupo se acercó a la casa por la parte sur en buen orden de combate; uno de los moros, con uniforme de tropas Regulares, se acercó y pretendió entrar en la posición de orden del coronel Araujo, a lo cual contestó el capitán Amador que solo entregaría la posición ante una orden por escrito del coronel. El fuego se reanudó y el ataque se generalizó causando varias bajas en la compañía. Al cesar el fuego y pretender los rifeños volver a parlamentar con el capitán, este se puso en contacto telegráfico con el coronel Araujo informándole de su estado y situación; desde la posición el coronel le contestó que estuviese atento a lo que hiciese la posición, ya que se efectuaría una retirada hacia Kandussi o hacia Melilla.

Tras este mensaje recibieron un segundo en el que el coronel les ordenaba la rendición. El capitán formó la compañía para efectuarla, pero puso como precaución unos 40 soldados apostados en la azotea. En ese momento fueron testigos de la matanza desencadenada en Quebdani, por lo que el capitán se aprestó de nuevo a la defensa. Ante una nueva petición de rendición de los moros, el capitán contestó que no se rendía. El fuego se reanudó y los moros, crecidos en número, lograron tirar el parapeto que cubría la puerta. Llegado este momento, el capitán ordenó calar bayonetas y cargar contra el enemigo. Éste, parapetado en las ruinas de las casas vecinas, fusiló a placer la compañía. El capitán Amador murió, y con él la mayor parte de la compañía. El teniente Felipe Casinello López cayó herido sin sentido en tierra y fue dado por muerto por los moros. Al atardecer se recuperó y vió horrorizado el suelo sembrado de cadáveres y los estragos hechos por los moros en los cuerpos de los españoles. Comenzó a andar en dirección a Melilla y tras vagar cuatro días errando, caminando de noche y sorteando mil peligros, llegó a la Mar Chica y allí fue recogido por unos legionarios el 29 de julio.

Las tropas de la columna del general Navarro, cercadas en Batel y Tistutín, comenzaron a sentir la falta de agua. El 25 de julio se intentó conducir el ganado de Batel hasta el pozo número 2 de Tistutin, distante un kilómetro y medio, para darle allí de beber; no se consiguió debido al incesante fuego de fusilería al que fue sometido el convoy, cuyos policías de escolta tuvieron que replegarse. Las dificultades en ambas posiciones comenzaron a agravarse por la escasez de víveres y el agua, si bien había excedente de harina, cebada y bebidas alcohólicas.

La falta de agua en Tistutin obligó a extraer agua salobre de un pozo existente en la zona de las Yeserías y mezclarla con vinagre para hacerla potable.

El 21 de julio de 1921 la posición de Sidi Dris tenía una guarnición de 265 hombres, de los que 205 eran peninsulares y 60 eran indígenas, formada por las siguientes unidades:

  • 4ª Compañía, I Batallón, Rgto. Ceriñola 42: al mando del teniente don Julio Borondo Sánchez y el alférez don José Quintero Ramos, con un total de 93 hombres de tropa. Con ellos se encontraba el teniente médico del II Batallón del regimiento, don Luis Hermida Pérez.

  • Sección de la 3ª Compañía, I Batallón, Rgto. Melilla 59: al mando del teniente Ramón González Robles, con un total de 32 hombres de tropa.

  • Compañía de Ametralladoras, II Batallón, Rgto. Melilla 59: al mando del capitán don Sebastián Moreno Zumel y el teniente Felipe Acuña Díaz, con un total de 30 hombres de tropa.

  • Destacamento de la 7ª Batería de la Comandancia de Artillería: al mando del teniente Joaquín Fontán Lobé, con cuatro piezas Krupp de 7'5.

  • Destacamento de la Compañía de Mar de Melilla.

  • Destacamento de la 15ª mía de la Policía Indígena: al mando del teniente don Antonio Gómez Maristani.

El 22 de julio se acogieron sobre Sidi Dris los supervivientes de la posición de Talilit al mando del capitán don Benigno Ferrer, por lo que la fuerza combatiente en la posición ascendía ese día a unos 300 hombres.

Mandaba la posición el comandante don Juan Velázquez Gil de Arana, segundo jefe del II Batallón del regimiento de Infantería "Melilla" 59, quien encontraría la muerte en la posición y ganándose por su valor una Cruz Laureada de San Fernando.



Crucero "Princesa de Asturias", enviado por el Alto Comisario junto con el cañonero "Laya" a aguas de Sidi Dris para tratar de evacuar la posición (Extraido de "Imágenes del desastre", de Antonio Carrasco García).

Sobre las 14:00 horas del 22 de julio se comenzaron a ver rifeños alrededor de la posición, seguido de tiroteos esporádicos que impidieron hacer la aguada del día. A las 15:00 horas, el comandante Velázquez solicitó permiso para utilizar fuego de cañón, que se le concedió desde la Comandancia general. Durante los días 23 y 24 de julio los rifeños continuaron sin interrupción el asedio y los ataques sobre la posición, que mantenía la defensa consumiendo sus municiones y carentes de agua para ni beber ni para hacer el rancho. La noche del 24 al 25 de julio los moros lanzaron su ataque más intenso, logrando con ello acercarse a la posición y lanzar granadas de mano sobre ella.

La posición estaba en contacto con el Alto Comisario, general Berenguer, a través del crucero "Princesa de Asturias", enviado a aquellas aguas junto a los cañoneros "Laya" y "Roger de Lauria" con misión de apoyar las posiciones de Sidi Dris y Afrau. Autorizada la evacuación de Sidi Dris, quedaba por resolver el problema de la ejecución, pues los rifeños tenían dominada la playa y el camino hacia ella. La evacuación se realizó sobre las 10:00 horas del 25 de julio (otros dicen que fue una media hora antes), y resultó un completo desastre: ante el intenso fuego enemigo que ocasionaba tantas baja, el comandante Velázquez suspendió la evacuación de la posición, quedando dentro de ella unos 120 hombres; de los aproximadamente 180 que salieron, tan solo una docena de hombres pudieron acojerse a los botes del "Princesa de Asturias", buque que además perdió varios hombres y dos botes en el intento de recogida de supervivientes; el resto quedó muerto en el camino, excepto una treintena que se apostó en unas casas cercanas de la playa y que resistieron hasta el asalto final de la posición, momento en que fueron hechos prisioneros.

El asedio continuó el resto del día 25 de julio. A las 18:10 horas el general Berenguer autorizó al comandante Velázquez a parlamentar con el enemigo y pactar la rendición. Sin embargo, el telegrama llegó tarde, pues sobre las 16:00 horas arreció el fuego enemigo sobre la posición y los rifeños intentaron el asalto. El comandante Velazquez, herido en un brazo, logró mantener la defensa; pero hora y media después, sobre las 17:30 horas, el comandante fue muerto, los rifeños entraron en la posición, se entabló un combate mortal cuerpo a cuerpo en el que murieron todos los oficiales y gran número de soldados, hasta que al fin la posición fue tomada por el enemigo. Los supervivientes fueron hechos prisioneros. Cuatro soldados lograron llegar a la playa y ser rescatados por un bote del cañonero "Roger de Lauria".

Es de destacar el magnífico comportamiento de los policías indígenas que, a pesar de la desconfianza de los españoles, en ningún momento abandonaron la defensa de la posición ni dieron signo de flaqueza, muriendo con sus compañeros de armas españoles.

El relato pormenorizado de lo ocurrido a esta posición se recoge en el capítulo VIII del resumen que hizo el general Picasso al final de su expediente.

En Melilla la atención se centraba en Nador y Zeluán, las dos poblaciones más cercanas a la plaza, que estaban sitiadas por los rifeños y cuya situación alertaba a la población. Las obras de fortificación del perímetro exterior continuaban y ya se había finalizado una parte importante de ella.

El general Berenguer, en contacto telegráfico permanente con el Ministro de la Guerra, le solicita que sitúe seis batallones de Infantería en la zona de Algeciras, en disposición a acudir a cualquiera de las dos zonas del Protectorado (conferencia telegráfica de las 17:30 horas); además de diverso material de campamento y cocina, solicitó la llegada de cuarenta estaciones ópticas a lomo y diez a caballo, con su personal y ganado, "pues todas se han perdido, quedando solo una". Así mismo, solicitó 200 kilómetros de cable y cuarenta teléfonos de campaña (conferencia telegráfica de las 23:40 horas).

Mientras tanto, a lo largo del día llegaron cuatro buques de la Compañía Transmediterránea transportando tres batallones más, Artillería e Ingenieros:

  • Vapor "Cirilo Amorós" procedente de Ceuta, desembarcando una batería de Artilleria de Montaña, tropas de Ingenieros, varios camiones y doscientos caballos y mulos.
  • Vapor "Roger de Flor" procedente de Cartagena, desembarcando el batallón expedicionario del regimiento "Sevilla" nº 33, al mando del teniente coronel don José García-Aldave Moreno. (NOTA: sin embargo, el periódico "El Eco de Cartagena" informó en su edición del martes 26 de julio que el batallón expedicionario del regimiento "Sevilla" había embarcado en el vapor "Rius y Taulet", de la compañía Transmediterránea, no en "Roger de Flor", del que desembarcó según "El Telegrama del Rif").
  • Vapor "Atlante", desembarcando el batallón expedicionario del regimiento "Castilla" nº 16, al mando del teniente coronel Álvarez Agudo.
  • Vapor "Vicente Puchol", desembarcando el batallón expedicionario del regimiento "España" nº 46, al mando del teniente coronel don Vicente Díaz García.

Como en el día anterior, los desembarcos se hicieron a los sones de una banda de música mulitar, y todas las tropas desfilaron de nuevo por la calle Alfonso XIII entre vítores y aplausos, repitiéndose una vez más las manifestaciones de entusiasmo de los melillenses.

Al finalizar su segunda jornada en Melilla, el general Berenguer había puesto al general de Brigada don José Sanjurjo Sacanell al frente de la defensa de Melilla, y logró poner a su disposición un total de once batallones de Infantería y una batería de montaña, con más unidades en camino. Por su parte, el coronel José Riquelme, jefe del regimiento "Ceriñola", regresó a Melilla desde la península, donde se hallaba de baja por enfermedad. Ello le permitió al general Sanjurjo formar dos columnas, al mando del coronel y de él mismo, para comenzar a operar y reforzar el perímetro y fortificaciones exteriores de la plaza ante la amenaza de un eventual ataque de los rifeños.

Ese día también llegó a Melilla un avión civil trayendo a los primeros periodistas procedentes de la península en busca de noticias. Ante la imposibilidad de aterrizar en los aerodromos de Zeluán y Nador, el piloto lo hizo en Rostrogordo con gran riesgo del aparato y las vidas de los pasajeros. Sobre su presencia, el Ministro de la Guerra dijo al general Berenguer que "les haga saber que aquí nada se ha ocultado al público, habiendo llegado yo a decir que se trataba de un verdadero derrumbamiento de esa Comandancia. No ha podido dar lista de bajas y posiciones perdidas por falta de detalles oficiales, que ni siquiera udted tiene. Autorizo a que se de noticia de todo, sin más limite que el patriotismo al servicio de la verdad." El general Berenguer informó al ministro que "los periodistas venían con la idea de lo ocurrido, pero ... que al tomar contacto con la realizad su asombro no tiene límite." (conferencia telegráfica de las 17:30 horas).

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