Ingeniero militar italiano del siglo XVI al servicio de España.
Este Ingeniero, natural del burgo o villa de Morco, en Lombardía, se hallaba al servicio de Francia en 1558, desde el cual pasó al de Felipe II en Moncalvo, el 4 de octubre de dicho año, mediando en ello el duque de Sesa. Su primer destino fue Milán, donde estuvo siete años disfrutando el sueldo de 40 escudos de cámara de aquel estado, equivalentes a cerca de 36 ducados castellanos mensuales.
En 1565 se le mandó venir a España para asuntos del servicio, y habiendo fallecido por este tiempo el Ingeniero Juan Bautista Calvi, dispuso Felipe II quedase en su lugar y en su plaza con 50 escudos mensuales de sueldo y ayuda de costa, testándosele en Milán los 40 que por allí disfrutaba, y consignándosele su nuevo sueldo en la Artillería, en la cual, por cédula de 4 de diciembre, se le aumentaron otros 200 de ayuda de costa, subiendo en todo a 800 ducados anuales.
Su primera tarea, según parece viniendo de Italia, fue pasar de Génova a la Goleta en Túnez, donde se hallaba en agosto de 1566, y de donde escribía sobre el desorden que había encontrado en la administración de las obras, corroborando lo que había dicho antes el Ingeniero Luis Escribá, y por este motivo quedó allí por algún tiempo ejerciendo las funciones de Ingeniero y veedor de las obras.
La rebelión de los moriscos de Granada alarmó tanto a Felipe II , temeroso de tener dentro de casa una guerra de tal naturaleza, que consideró necesario finalizarla lo más pronto posible y cubrir a toda costa los puntos inmediatos de Málaga, Gibraltar y Cádiz; así que llamó al Fratín, y a los dos días de llegar a la Corte, le mandó en posta con pliegos para don Juan de Austria, a fin de que se valiese de sus conocimientos pasando luego a los tres puntos indicados para trazar las principales obras de defensa de que se habla ocupado ya Calvi anteriormente, y en los cuales, a pesar de no haber parecido en los planos proyectados, se deduce se hicieron muchas y considerables mejoras.
Aquietados aquellos disturbios, se unió el Fratín con el acreditado general Vespasiano Gonzaga Colonna y, después de hacer una correría por la costa del reino de Valencia, pasaron ambos a Pamplona, donde se trazó en 1571 la misma Ciudadela que existe hoy en día, obra de gran magnitud para aquel tiempo, y en que se empleó cerca de un siglo en construirla, sin variarse ni enmendarse los planos del primitivo proyecto. Los primeros trabajos fueron de tierra y fagina, o como diríamos ahora, de campaña; pero con relieves y terraplenes mucho más elevados que los que se usan hoy en día, para lo cual se empleaba un medio de construcción que, aunque muy costoso, no lo era tanto como los revestimientos de mampostería, y que aceleraba extraordinariamente las obras.
Hecha esta traza pasaron a Santander, San Sebastián y Fuenterrabía, formando proyectos de mejora que no han aparecido, pero consta que permaneció en aquellos puntos, nombrándosele capitán ordinario en 23 de marzo de 1575 con 50.000 maravedíes de aumento a su anterior sueldo, sin señalársele tercio ni tiempo fijo de residencia en la Corte conforme era de obligación, añadiéndole además alojamiento gratuito en Pamplona mientras residiese allí.
Poco disfrutó el capitán Fratín de esta gracia: las costas del Mediterráneo acosadas de piratas, las islas Baleares, Cerdeña, Orán y Melilla, en África, reclamaban su presencia. Los años 1574, 1575 y parte de 1576 los pasó navegando y formando proyectos. Son suyos los de Orán y Mazarquivir, que se han conservado hasta su abandono, mejorando en el último punto el de Bautista Antonelli; el de Palma, en Mallorca, dejado en embrión por Calvi; el del castillo de San Felipe de Mahón mejorado alguna cosa por él mismo; el de Ibiza, los de Caller y Alguer en Cerdeña, y los de Cartagena, Gibralfaro, Gibraltar y Cádiz, cuyos puntos recorrió con una celeridad increíble formando proyectos enteramente nuevos o mejorando los antiguos.
Por último, agitada la cuestión en la Corte de fortificar y aun de desecar la laguna próxima a Melilla, pasó allí el Fratín, levantó planos y formó un proyecto de un fuerte que nunca llegó a construirse, con el intento de cerrar la boca por donde se comunicaba con el mar. Estos dos pensamientos tuvieron en continua agitación a todos los más célebres marinos de aquella época, a quienes supo entretener Felipe II con su refinada política por espacio de once años, llegando hasta proponerles como posible y digna de examen la unión con el mar de la Laguna, por la destrucción de un arrecife próximo a las islas Chafarinas de cerca de tres leguas.
En julio de 1576 se hallaba el Fratín de regreso en la Corte y, estando Felipe II en el Escorial, pasó allí con todos sus proyectos y presupuestos. Considero digna de mención en este lugar la contestación que Felipe II estampó al pie de un billete del secretario don Juan Delgado toda de su puño, que dice así:
”Yo vi ayer las trazas con que el Fratín, aunque por no estar aun para ello Mateo Vázquez, no pude ver las cuentas (presupuestos) de ellas, y espero verlas un día destos que entenderé mejor ; quizá haré que venido el Prior (D. Hernando de Toledo) se vuelva a ver todo aquí para acabarlo de resolver y para esto he hecho detener al Fratín, y en lo de su ida a Pamplona yo creo que se podría escusar y aunque es bien atender a esto, paréceme que hay agora más necesidad de lo de las islas y fronteras de África y destos Reinos, y visto esto no se si importará más que el Fratín fuese a estas cosas que me parece que si: mírese a cual parte importaría que fuese más, que no se si es a lo de Mallorca, pero vistas las cuentas y con lo que yo a ellas respondiere, se podrá mirar esto mejor y así se haga.”
También consta que por este tiempo disfrutaba ya de un sueldo de aproximadamente 1.200 ducados al año, considerado el de Milán que se le había mandado añadir para el sostenimiento de su familia, el de capitán ordinario y el de Ingeniero. En diciembre de 1576 se le mandó ir a Cádiz a disponer lo necesario. Su proyecto que mejoró mucho el hecho por Calvi en 1558 tanto en la puerta de Tierra como en la muralla de la bahía, tenía por principal objeto cerrar enteramente la plaza por la parte de Poniente y Sur con un polígono abaluartado que, según se puede inferir del trazado, debía pasar por la actual plaza de San Antonio, dejando un gran espacio entre las obras y la mar hacia el castillo de Santa Catalina, que no existía entonces, proyecto del que solo se ha construido por la parte de Vendabal muchísimo después. También pasó a Gibraltar y trazó algunos baluartes por la parte de la bahía, que me parece se ejecutaron muchos años después.
Regresado a la Corte en 1577, por cédula de 12 de mayo dirigida a don Francés de Álava, Capitán general de la Artillería, se le mandaron abonar dos ducados diarios de ayuda de costa además de los 500.000 maravedíes u 800 ducados de su salario como Ingeniero, en la Artillería de España, siempre que estuviese fuera de la Corte o caminare por mar o tierra, se detuviese y de ida y vuelta. En este mismo año se le mandó pasar a Mallorca, Cartagena y Oran para ver el estado de las obras, regresando a la Corte a principios de 1578.
Suscitóse por este tiempo en Milán la cuestión de mejorar la traza de las obras de su castillo, trabajos en que entendieron los mejores Ingenieros de aquellos países, y sobre lo cual, tanto el capitán Fratin como su hermano Jorge dieron sus pareceres a Felipe II. Los planos de este castillo son como la escuela o cuadro donde en mi concepto pueden estudiarse los progresos de la fortificación abaluartada en su trazado, tratándose de una misma posición.
El año de 1578 pidió el Fratín licencia para su país, que no fue decretada favorablemente por Felipe II, aunque no del todo negada. Esta especie de desaire y la importancia que disfrutaba en la Corte dieron motivo a un incidente no tolerable en estos tiempos, y que anotaré aquí para que se vea lo que valía un Ingeniero en aquellos a que me refiero. Conocía bien el Fratín lo que sabia y podía, así que, no habiéndole contestado su petición, se dirigió al secretario don Juan Delgado con una carta, en la que acompañaba una cuenta razonada de todos los fondos que había recibido desde que empezó a servir y en que pintaba con gran desenfado sus servicios y la poca atención con que habían sido remunerados, pidiendo licencia por el tiempo que el Rey ”fuese servido para ir a visitar su casa abandonada catorce años, y alguna señalada merced, con la cual, así como en España, Italia, Francia, Alemania y cerca de turcos y moros eran entendidos sus servicios, así le contestase también algún honroso y particular agradecimiento para memoria propia y remedio de sus deudos e hijos, que lo esperaban de la Real mano de S. M. y para ejemplo de los que deseen bien servir.”
Entre las muchas quejas que se apuntan en la cuenta, indica tres costumbres curiosas de los goces extraordinarios que disfrutaban los Ingenieros en lo antiguo, a saber: primero, el libre uso de todas las maderas viejas y despojos de las fábricas y edificios que se derribaban para servicio y seguridad de las plazas, con algunas honras a nombre del Rey; segundo, un presente que les hacia el Gobernador en memoria de que se fortificó durante su mando; y tercero, otro de la ciudad o villa fortificada. En cambio se queja y dice que a él no se le había dado la primera recompensa a pesar de los inmensos ahorros ocasionados a la Real Hacienda; la del Virrey o Gobernador se había trocado en atribuirse a algunos de ellos el trazado y trabajos de las obras para sí, y en cuanto al tercero, que no le daban alojamiento, ocasionando esta distinción perjudicial el servir bien y no consentir cosa que no fuera conveniente al servicio de S. M.
No consta que estos papeles llegasen a noticia de Felipe II, pero indudablemente los tuvo en sus manos, como se infiere del proceder de los secretarios de aquel tiempo; mas el Rey debió de desentenderse y mandó marchar al Fratín a Pamplona, dando largas a su solicitud y contestándole con que a su vuelta vería al Rey, que se le traerían sus hijos y su mujer a estos Reinos, y que su hermano, Jorge Pelearo Fratín, vendría desde Cerdeña a Mallorca ofreciéndole 2.000 ducados de ayuda de costa. Así aparece en un billete del secretario Delgado de 19 de julio de 1578; pero dejó la orden sin cumplimiento, pues en otro de 26 de agosto se repite lo mismo como aconsejado por el duque de Alba, y Felipe II se conformó con la adición de 300 ducados para el viaje a Pamplona.
Tampoco obedeció a pesar de haberle hablado los duques de Alba y de Sesa, el Capitán general de la Artillería don Francés de Álava y el mismo secretarlo don Juan Delgado diversas veces, dando aviso en 27 de setiembre Felipe II de haberse usado todos los términos posibles para atraerle a que se contentase y fuese a Navarra, pero fue inútil, pues Fratín ya no quería la licencia temporal sino total, negándose a ser Ingeniero por más tiempo y pidiendo permiso para marcharse. Felipe II ordenó que se le contentase y que el duque de Alba anduviese en este negocio, del cual resultó que finalmente fue a Pamplona aprobándolo todo el Rey con las siguientes palabras puestas de su puño: ”Hágase agora todo esto como parece y vaya con ello y a la vuelta será menester procurar de hallar forma de detenelle, que importa mucho que no se vaya y así es menester se procure entonces.”
En 15 de octubre se le mandó dar un año de todos sus sueldos, y en 4 de noviembre salió para Pamplona, Fuenterrabía y San Sebastián con un caballo berberisco, tres cabalgaduras, dos esclavos y 400 ducados en dinero. En el año siguiente se le concedieron las gracias que pedía, su ajuste total y la venida de su hermano a Mallorca y a la Corte, donde ambos fueron recibidos por Felipe II como si no hubiese ocurrido cosa alguna.
Llegado el año 1580 formó el Fratín parte de la expedición a Portugal acompañando siempre al duque de Alba como su cuartel maestre general, haciendo las trazas de los campamentos y de las trincheras, y siendo el principal de los Ingenieros de aquella jornada, en la cual no descansó un momento, conforme aparece de sus cartas. Ocupada la capital levantó reservadamente el plano del recinto de Lisboa y en el año 1581 reconoció toda la costa, introduciéndose en la de Galicia hasta el Ferrol, formando descripciones, croquises y proyectos de sus nuevas fortificaciones, siendo la más remarcable la del castillo de San Julián de Setubal, que levantó de planta en el año siguiente, y cuyo trazado, aunque en pequeño, difiere bastante del sistema abaluartado y tiene alguna semejanza con el de Carnet, aunque sus ángulos salientes son más agudos, cosa que aumentó su nombradla, llegando hasta el extremo de que fuese a visitar las obras Felipe II personalmente.
Hallándose en dicho punto en febrero de 1582 le atacó una enfermedad producida por una antigua postema en el costado izquierdo, con cuya noticia resolvió el Rey que fuese a Lisboa donde se curaría mejor. Continuó en las obras de Portugal hasta el año de 1584 en que, no bien terminadas, se le mandó pasar a Pamplona para revestir los terraplenes caídos de la Ciudadela, dar impulso a aquellos trabajos y reconocer los comenzados a la entrada de la barra del puerto de la villa de Orio, en Guipúzcoa, informando sobre ellos.
En agosto de 1584 se hallaba en Madrid de paso hacia Pamplona cuando le atacó una nueva enfermedad, para alivio de la cual le concedió S. M. la permuta de que los 2.000 ducados de pensión para sus hijas en el Perú fuesen pagaderos en Sevilla, y restablecido, salió para Pamplona a fines de setiembre de dicho año.
El Fratín permaneció en Pamplona, pero habiendo pasado a Cataluña para asuntos del servicio, a los cuatro días de regreso a dicha plaza le atacó una enfermedad, de la cual falleció el 31 de mayo de 1586, habiéndole procurado el marqués de Almazán, Virrey y Capitán general de aquel reino, cuantos regalos pudo para su curación. Todos sus trazados y papeles se mandaron recoger y archivar por Felipe II, llevándolos a la Corte, donde se entregaron a su hermano Jorge los correspondientes a su familia.
Este es el tercer Ingeniero de notable importancia que existió en España en el siglo XVI. En opinión de Aparici, era igual a Benedito de Ravena y Calvi en laboriosidad y constancia, pero les sobrepasó mucho en saber, inteligencia y capacidad.
Aparici García, José. Continuación del Informe sobre los adelantos de la Comisión de Historia en el Archivo de Simancas. Imprenta del Memorial de Ingenieros. Madrid, 1851.