Tras el fracaso del ataque a La Guaira y las noticias de lo fuertes que eran las defensas de La Habana traidas por el comodoro Brown, el almirante Vernon, informado de la debilidad de Portobelo, decidió atacar esta plaza para apuntarse un tanto de fácil éxito y poco riesgo. Para ello aprestó una escuadra de seis navíos de guerra y una fragata[01]:
La escuadra llevaba unos 2.750 soldados como fuerza de desembarco, de los que unos 500 eran auxiliares negros. El navío Windsor Castle (60) y las fragatas Diamond y Anglesea quedaron en Jamaica con orden de incorporarse a la escuadra en cuanto acabasen sus preparativos, pero no llegaron a hacerlo por la rápida caída de Portobelo en manos británicas.
La flota británica zarpó de Jamaica el 5 de noviembre y llegó frente a Portobelo durante la mañana del 20 de noviembre. El gobernador de la plaza, Bernardo Gutierrez Bocanegra, se encontraba en Panamá declarando ante la justicia por unos delitos de los que se le acusaba, por lo que el mando lo ostentaba de forma interina Francisco Javier de la Vega Rétez, un anciano poco resolutivo que no hizo ningún esfuerzo en poner la plaza en estado de defensa. Las fortificaciones de la plaza habían sido construidas en el siglo XVI, siendo el ingeniero Bautista Antonelli uno de los responsables de ellas. Desde entonces habían caido en un deplorable estado de abandono, con cañones sin cureñas o desmontados por inservibles, las cureñas que había estaban podridas y con los herrajes oxidados. El estado de dejadez de las defensas de Portobelo era un ejemplo de total desidia, inexplicable en una plaza donde se reunían el Quinto Real y mercancías de Cartajena de Indias, Panamá y Lima para embarcar en los galeones de la "Carrera de las Indias", motivo de celebración de una de las ferias más célebres del Caribe español, y que además ya había sido ocupada antes por los piratas Morgan en 1668 y Pointis en 1697.
El castillo de Todofierro protegía la entrada a la bahía con 32 cañones, de los que tan solo 9 estaban montados y con balas de cañón de las que algunas eran de piedra. En el interior de la bahía, el fuerte de San Jerónimo, edificado en la ciudad, no tenía ningún cañón en servicio; el fuerte Gloria, que estaba al mando del capitán Sebastián Meléndez con 80 hombres, podía disparar, pero el alcance de sus cañones era muy corto y no llegaba hasta los navíos ingleses. La plaza contaba con dos fragatas, la Triunfo y la Astrea, una balandra y unos pocos guardacostas, cuyos cañones se llevaron al castillo de Todofierro, que además fue reforzado con 90 marineros, 54 soldados de Infantería de Marina y 20 milicianos al mando del teniente de navío don Juan Francisco Garganta.
Los barcos ingleses se pusieron en línea y comenzaron a disparar sobre el castillo de Todofierro mientras entraban en la bahía. A las 13:00 horas los ingleses lanzaron la primera andanada, logrando desmontar dos cañones y poner a otros tres fuera de servicio. A pesar de este duro revés, la resistencia de los españoles duró hasta las 16:30 horas. Fueron tres horas y media soportando el intenso bombardeo y sin prácticamente responder al fuego enemigo, tras las cuales el castillo quedó arrasado y su guarnición muerta o desertada: tan solo quedaron 11 defensores entre sus ruinas que, faltos de pólvora, fueron reducidos por una fuerza inglesa que desembarcó al mando de un teniente para hacerse dueña del castillo, a quienes incluso en estas penosas condiciones los supervivientes mataron a cuatro ingleses.
Vernon ancló la escuadra en el interior de la bahía, lejos del alcance de los cañones del fuerte Gloria, que disparaba gastando pólvora inútilmente ante las burlas de los ingleses. El almirante se preparó para pasar la noche y enviar al día siguiente una fuerza de desembarco en lanchas. Esa misma noche el gobernador De la Vega rindió la plaza a los ingleses, conviniendo en que la ciudad no fuese saqueada y se respetase la vida y propiedades de sus habitantes, haciendo prisioneros tan solo a la guarnición. Por su parte, los vecinos de Portobelo habían decidido defender su ciudad y enfrentarse a los ingleses resistiendo en el fuerte Gloria, pero la defección del gobernador y la huida a los montes del capitán Sebastián Vázquez Meléndez les hizo desistir.
En contra de lo pactado, los ingleses saquearon la ciudad en busca de riquezas, que no encontraron. Tan solo se apoderaron de los 10.000 pesos que se guardaban para pagar a la guarnición. Fue un exiguo premio, casi una burla, para las altas expectativas que los ingleses tenían cuando se presentaron frente a Portobelo. Los británicos permanecieron varias semanas en la ciudad demoliendo el castillo y los dos fuertes; su único premio fueron 40 cañones de bronce, otras 24 piezas de Artillería, las dos fragatas y la balandra españolas. Vernon no permaneció en Portobelo y en diciembre reembarcó y regresó a Jamaica, dejando una fragata patrullando las aguas de Cartagena de Indias.
Vernon envió la fragata española "Triunfo", rebautizada como "Triumph" a Inglaterra para anunciar su victoria en Portobelo. La victoria inglesa que llegó a Londres fue exagerada por el propio almirante y celebrada por todo lo alto, con repiques de campana y mucho alborozo en todo el país; en Londres una calle fue bautizada como Portobelo Road en homenaje a esta "gran" victoria. Además, los británicos acuñaron hasta siete monedas conmemorativas del hecho, de las que a continuación mostramos fotos de la segunda moneda[02]:
Desde la recién tomada Portobelo, Vernon envió una carta al teniente general de la Armada Blas de Lezo, Comandante Militar del Apostadero de Cartagena de Indias, solicitando la rendición de aquella plaza para las armas británicas; Blas de Lezo contestó negando la rendición y calificando la actuación de los defensores de Portobelo como de "falta de ánimo ... y cobardía"[03]:
"Muy señor Mío:"
"He recibido la de V.S. de 27 de Noviembre que me entregó Dñ. Francisco de Abarroa. Y en inteligencia del contenido diré, que bien introducido V.E. por los factores de Portobelo (como no lo ignoro) del estado en que se hallaba aquella plaza, tomó la resolución de irla a atacar con sus escuadras aprobechándose de la oportuna ocasión de su imposibilidad para conseguir sus fines, los que si obiera podido penetrar, y creer que las represalias y hostilidades que V.E. intentava practicar en estos mares en satisfacción de las que dicen habían egecutado los españoles, ubieran llegado hasta insultar las plazas del Rey mi amo, puedo asegurar a V.E. me ubiera hallado en Portobelo para impedírselo, y si las cosas ubieran ido a mi satisfacción, aun para buscarle en otra cualquier parte; persuadiéndome que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía."
Descartado el ataque sobre la Habana por la fortaleza de sus defensas, los británicos señalaron a Cartagena de Indias como el próximo objetivo a batir. Por ello, el almirante Vernon permaneció en su base de Jamaica en espera de los refuerzos con los que podría poner en práctica el plan tenaza británico en el Caribe: la escuadra del almirante sir Chalone Ogle, formada por 25 navíos de línea, un elevado número de fragatas y numerosos buques de transporte para llevar un ejército de desembarco de unos diez mil hombres al mando del veterano general lord Catheart.
Al recibirse en España la noticia de la rendición de Portobelo, el rey Felipe V resolvió someter a consejo de guerra al gobernador De la Vega Rétez y expulsó de la península a todos los ingleses que hubiera en ella, imponiendo además la pena capital a todo español europeo o americano que comerciase con Inglaterra. Por su parte, debido a la presencia de los buques de guerra ingleses en el caribe, el virrey del Perú no envió los caudales de 1739, evaluados en doce millones de pesos, desde Lima a Panamá para su posterior traslado a Portobelo.
NOTAS:
[01] Justiniano Carranza, op. cit, pág. 13.
[02] Justiniano Carranza, op. cit, pág. 15.
[03] Archivo General de Indias, Sevilla; expediente sobre la rendición de Portobelo, 1739-1743; estante 69, cajón 6, legajo 48. Según Aparici, en el Servicio Histórico Militar, Madrid.