El origen de la guerra contra Inglaterra, denominada la Guerra del Asiento, tuvo su origen en la concesión que España fue obligada a reconocer a Inglaterra en el Tratado de Utrech del transporte de esclavos negros en monopolio a las costas americanas. Por efecto del tratado, Felipe V se vió obligado a reconocer a Inglaterra el derecho de asentar en monopolio un total de 144.000 esclavos, a razón de 4.800 por año y 33 pesos y medio por cabeza. Este tráfico duró hasta 1753, año en que dejó de ser monopolio británico por aplicación del Tratado de Aquisgrán para pasar a ser un tráfico libre a cambio de un pago de 40 pesos por "pieza".
Felipe V fue también obligado a aceptar que Inglaterra enviase todos los años a los dominios españoles de Ultramar, en concreto al puerto de Portobello, un navio de 500 toneladas, conocido como el "Navio de Permiso o de Asiento", con objeto de traficar con sus mercancías en las ferias anuales de comercio que se celebraban con ocasión de la reunión de las flotas de Indias de Nueva España y Tierra Firme. Este navío se convirtió en instrumento de contrabando, pues los comerciantes de Jamaica lo seguían con barcos menores que se le acercaban de noche, lo abordaban, reponían las mercancías y lo recargaban de tal modo que el navío no parecía que transportarse 500 toneladas, sino cinco mil o más. De esta manera se denominada irónicamente al navío el "barco de las Donaires", pues parecía que no se vaciaba nunca. Como resultado, las Antillas se llenaron de naves corsarias o piratas inglesas, francesas y holandesas, que seguían al comercio de esclavos y mercancías, pues los buques negreros introducían mercancías de contrabando amparados en los pasaportes de los asentistas de esclavos, o simulando averías o naufragios e invocando la petición de ayuda. Ante tal situación, "el resultado fue la completa aniquilación del comercio español": de las diez y seis mil toneladas que transportaba la flota de Cádiz se pasó a las dos mil[01]. La Corona española tomó tres medidas para proteger sus intereses en Ultramar:
Reforzar la escolta de sus flotas mercantes con naves de guerra que acompañaban los convoyes en sus viajes transatlánticos.
La instauración del derecho de "visita" en los barcos de "Asiento" británicos, confiscando todas las mercancías que no estuviesen registradas.
La creación del Virreinato de Nueva Granada, con capital en Santa Fe de Bogotá, por Real Cédula de 1717, para la custodia y defensa de los puertos de Tierra Firme. Estaría formado por los territorios del Nuevo Reino de Granada, Quito, Panamá, Caracas y Guayana, que fueron desgajados del Virreinato del Perú, del que habían formado parte hasta entonces. El segundo virrey, don Jorge de Villalonga Fortuny, conde de la Cueva, logró expulsar a los holandeses que se habían aposentado en las costas de Venezuela y a todos los extranjeros. Sin embargo, debido a la pobreza del territorio el virrey propuso y consiguió del monarca la desaparición del virreinato en 1723.
Inglaterra protestó enérgicamente por la introducción de la segunda medida, el derecho de "visita" a sus barcos, y la tensión entre ambos países fue elevándose paulatinamente. Tanto el rey Felipe V como sir Robert Walpole, primer ministro británico, pretendieron suavizar la tensión, pero ésta se agudizó cuando Giraldino, ministro plenipotenciario de España en Londres, declaró que España jamás dejaría de ejercer el derecho de visita en los puertos de las Indias. El parlamento británico, espoleado por los incendiarios discursos de un joven William Pitt, I conde de Chatham, lord George Lyttleton y William Pulteney, después conde de Bath, desaprobó la política española y aconsejó una réplica armada. Pero no todos los miembros del gobierno del rey Jorge II eran partidarios de la guerra contra España. El rey de Francia, Luis XV, medió en el conflicto y su ministro monsieur Fleury ofreció medios de reconciliación, que fracasaron.
La tensión era tal que los ingleses enviaron en enero de 1738 a Jamaica una escuadra de dos navíos de línea y tres fragatas al mando del comodoro Charles Brown, para unirse al navío y dos fragatas que había estacionadas en la isla; posteriormente se le unirían un navío, dos fragatas y una goleta procedentes de la costa África. En total, el comodoro Brown tendría a su disposición una fuerza de cuatro navíos y siete fragatas para proteger los barcos mercantes ingleses y recabar información sobre las fuerzas y movimientos españoles[02].
En abril de 1738 el embajador Benjamín Keene recibió en Madrid instrucciones de su gobierno para exigir a España una compensación por los daños ocasionados a los barcos británicos por la política de "visita" realizada por los guardacostas españoles. Según los británicos, entre 1713 y 1731 España había confiscado ilegalmente unos 180 barcos mercantes ingleses. Las conversaciones fructificaron el 19 de enero de 1739 con la firma del conocido como el Convenio del Pardo, por ser ésta la localidad donde se firmó, por el que España se mostró dispuesta a ceder en algunas de sus demandas, y una de ellas fue aceptar el pago de indemnizaciones por los barcos ingleses capturados.
España estaba obligada a ceder porque no podía enfrentarse en el mar con la potencia marítim que era Inglaterra. En aquellos años, España tan solo tenía 21 navíos de guerra, 10 buques aptos para la escolta, 9 fragatas de dos puentes y algunas de un puente; Inglaterra poseía 103 navíos de línea, 40 fragatas y numerosas unidades menores, logrando una superioridad de cinco a uno en buques y mayor en número y calibres de los cañones embarcados[03]. En 1738, la armada española había aumentado a 41 navíos de entre 114 y 50 cañones, pero la mayoría estaban desarmados. Por el contrario, el esfuerzo de guerra que inició Inglaterra hizo que en agosto de 1739 el número de navíos aprestados ascendiese a 113, y que tuviese otros 50 barcos más capaces de ser armados con entre 22 y 100 cañones.
Al ser conocido el documento en Inglaterra, éste ocasionó repulsas, desórdenes y dimisiones, pues no se estaba conforme con el contenido de las claúsulas del mismo ni con la cantidad económica que España ofrecía a pagar. El 8 de marzo de 1739 el primer ministro Walpole presentó el convenio en el Parlamento para que fuese ratificado por los diputados. Se originó una fuerte discusión entre los partidarios de la paz y los belicistas. Aunque el origen de la guerra se encuentra en la rivalidad comercial entre las dos potencias, la causa que provocó la conflagración fue la actuación de los guardacostas españoles contra el contrabando en el Caribe y, en concreto, en un incidente ocurrido en 1731, hacía ocho años, cerca de la costa de Florida cuando el capitán Juan León Fandiño, al mando del guardacostas Isabela, interceptó la fragata mercante británica "Rebbeca", que estaba al mando del capitán Robert Jenkins, y le hizo cortar a éste una oreja como escarmiento por la cantidad de mercancías de contrabando no registradas en su libro de cargas, liberándolo después con este insolente mensaje: "Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". En medio de las acaloradas discusiones en el Parlamento, Jenkins fue llamado a declarar declaró en 1738 en la Cámara de los Comunes y, como prueba, mostró el frasco donde conservaba su oreja. El suceso enardeció a la opinión pública inglesa.
Para poner en práctica el Convenio de El Pardo, Felipe V reclamó a 68.000 libras a la compañía británica que asentaba negros en Indias. La exigencia exitó más aún los ánimos antiespañoles del parlamento inglés, que ordenó al embajador Mr. Keene reclamase la abolición del derecho de "visita" y ordenó a la flota británica que apostase una fuerte escuadra en Gibraltar para intimidar al rey Felipe V. El primer ministro Walpole no pudo refrenar el estado de opinión de su país, y pronunció la famosa frase "¡el mar de las Indias, libre para Inglaterra o la guerra!"
El 10 de julio de 1739 el rey británico, Jorge II, declaró que exigiría represalias contra los navíos, géneros y vasallos del rey de España por las "muchas e injustas presas en las Indias [hechas] por los guardacostas españoles y el impago de las compensaciones prometidas."
Presionado por todas partes y especialmente por comerciantes de la City que apetecían la conquista de nuevos mercados a costa de los españoles, el Gobierno presidido por Walpole declaró la guerra a España el 23 de octubre de 1739 para "vengar su honor", publicando la declaración de guerra el 3 de noviembre.
NOTAS:
[01] Guiteras, op. cit., pág. 122.
[02] Los nombres y cañones de estos buques ingleses están en el sitio web de Todo a babor dedicado a los preparativos de los británicos en la guerra del Asiento.
[03] El estado de ambas marinas de guerra lo ehmos sacado del sitio web de Todo a babor dedicado a la situación de las dos armadas en la guerra del Asiento.