SANTORAL
Los mártires españoles del siglo XX




LOS QUINCE BEATOS MÁRTIRES DE CALAFELL, TARRAGONA (Fusilados el 30 de julio de 1936).

Extracto del libro Historia de la persecución religiosa en España, 1936-1939, escrito por Antonio Montero Moreno, y Los mártires españoles del siglo XX, de Vicente Cárcel Ortí, publicados por la Biblioteca de Autores Cristianos en Madrid, en 1961 y 1995 respectivamente. En mi ánimo divulgativo, yo tan solo me he limitado a copiar lo que dicen los autores, a realizar algunos cambios de estilo y a completar algunas noticias desde Internet y otras publicaciones. El mérito de esta compilación es, pues, de los autores de ambos libros, don Antonio Montero Moreno y don Vicente Cárcel Ortí.


"La ejecucución más numerosa [de Cataluña], y desde luego la más emotiva, si cabe parangón entre casos y casos, fue la del Sanatorio Marítimo de Calafell. Quince hermanos de San Juan de Dios, entre los treinta y tres que integraban la comunidad, fueron libremente inmolados por no haber querido abandonar a sus enfermos en aquellas jornadas tormentosas". Se trata de:

  • Padre Julián Carrasquer Ros, de 55 años y superior. Nació el 11 de mayo de 1881 en Sueca, Valencia.

  • Padre Braulio María Corres Díaz de Cerio, de 39 años, nacido el 26 de junio de 1897 en Torralba del Río, Navarra.

  • Hermano Eusebio Forcades Ferraté, de 60 años, nacido el 28 de septiembre de 1875 en Reus, Tarragona.

  • Hermano Constancio Roca Huguet, de 40 años, nacido el 12 de agosto de 1895 en San Sadurní de Noya, Barcelona.

  • Hermano Benito José Mañoso González, de 50 años, nacido el 19 de julio de 1879 en Lomoviejo, Valladolid.

  • Hermano Vicente de Paúl Canelles Vives, de 42 años, nacido el 25 de junio de 1884 en Onda, Castellón.

  • Hermano Tomás Urdánoz Aldaz, novicio, de 33 años, nacido el 7 de marzo de 1903 en Echarri de Echaure, Navarra.

  • Hermano Rafael Flamarique Salinas, novicio, de 32 años, nacido el 24 de octubre de 1903 en Mendívil, Navarra.

  • Hermano Antonio Llauradó Parisi, novicio, de 26 años, nacido el 13 de junio de 1910 en Reus, Tarragona.

  • Hermano Manuel López Orbara, novicio, de 23 años, nacido el 5 de febrero de 1913 en Puente la Reina, Navarra.

  • Hermano Ignacio Tejero Molina, novicio, de 19 años, nacido el 31 de julio de 1916 en Monzalbarba, Zaragoza.

  • Hermano Enrique Beltrán Llorca, novicio, de 36 años, nacido el 14 de noviembre de 1899 en Villarreal, Castellón.

  • Hermano Domingo Pitarch Gurrea, novicio, de 27 años, nacido el 12 de febrero de 1090, en Villarreal, Castellón.

  • Hermano Antonio Sanchís Silvestre, novicio, de 25 años, nacido el 6 de diciembre de 1910 en Villamarchante, Valencia.

  • Hermano Manuel Jiménez Salado, novicio, de 28 años, nacido el 20 de octubre de 1907 en Jerez de la Frontera, Cádiz.

"El famoso sanatorio", fundado en 1929 para niños pobres de enfermedades óseas, estaba "emplazado en solitario dentro de la misma playa y vecino al barrio de pescadores del poblado de Calafell, [y] acogía a buen número de niños enfermos bajo el cuidado de los Hermanos de San Juan de Dios. Regía por entonces la comunidad, y consiguientemente el sanatorio, el P. Julián Carrasquer, y era maestro de novicios el P. Braulio María Corres. Ambos supieron añadir al rango de sus cargos, en las horas que precedieron al instante supremo, una patente jerarquía de ejemplaridad. Cundió en un principio entre los hermanos la creencia de que habría una excepción de favor para los moradores de aquel centro benéfico, cuyos precedentes en toda su historia no eran otros que el dolor y la caridad. Pero en el primer mes de la revolución española fallaron todos los cálculos y se quebraron todas las estadísticas."

"La suerte estaba echada y ya no cabían disimulos. Es verdad que el presidente del comité revolucionario de Calafell-Playa había ordenado colocar sobre el edificio la bandera de la Cruz Roja y declarado a los hermanos "...que nada tenían que temer, porque les constaba la obra humanitaria que realizaban en pro de los niños enfermitos y que, por tal motivo, no permitiría que fuesen molestados lo más mínimo". Hizo constar, sin embargo, que no podía responder de la actitud sobre el caso, del comité de Villanueva y Geltrú, del que, en última instancia, dependía el de Calafell."

"El sanatorio vivió sin alteración importante en su régimen interior hasta el miércoles 22 de julio, fecha en que la iglesia del pueblo fue profanada, varias imágenes y objetos religiosos fueron quemados, así como la capilla del barrio de pescadores de Calafell. "Previniendo cualquier contingencia, la noche del 22 [de julio] el padre superior dió cuenta a la comunidad de las normas a seguir, que había recibido de los superiores:

    1) En caso de incendio o asalto al sanatorio, el puesto de honor de los hermanos está junto al lecho de los enfermos.

    2) Que si pegaban fuego a la iglesia del sanatorio y corrían peligro los enfermos, era preciso salvarles la vida a toda costa, aunque para ello fuese preciso perder la vida propia.

    3) Que cualquier hermano podía abrir el sagrario y sumir las sagradas formas.

    4) Que si, después de salvar a los enfermos, alguno tenía ocasión y deseo de huir de allí y refugiarse en un lugar seguro, él le daría el dinero para que pudiese hacerlo"

El jueves 23 de julio fue de alarma y visitas de inspección al sanatorio, pues ese día las primeras turbas de milicianos se hicieron presente tras los asaltos e incendios de la víspera. "Entre este primer arribo de los pistoleros y la salida final de los hermanos, transcurrió una angustiosa semana, cuyos más mínimos detalles han quedado registrados en la memoria de los hermanos supervivientes. En estas jornadas de indecible congoja, la casa dió cabida día y noche a milicianos y mujeres de mala nota, que hacían la visa imposible a los hermanos y a los niños."

El viernes 24 de julio, "hacia las catorce treinta, se vio la casa invadida de milicianos armados, y mientras unos detuvieron a los hermanos con los consiguientes sustos e incomodidades, otros registraron la casa buscando armas que, lógicamente, no encontraron, porque no las había. El superior después les dio una merienda y se despidieron al final de la tarde prometiendo volver al día siguiente con personal para encargarse del Hospital, no sin antes mandarles: «Quítense los hábitos; ya nadie viste hábitos; todos somos iguales». La noche fue de preparación y reparación: confesiones, adoracio?n... Poco se durmió. Los profesos hacían guardia. Se esperaba que fuera el último día pasado en casa."

El sábado 25 de julio, "a las cuatro de la mañaana, se celebraron las misas. Unos y otros durante el día continuamente se recogían visitando al Sen?or con cierta tranquilidad. Hacia las seis de la tarde aparecieron nuevamente los milicianos, los cuales pidieron las llaves al superior y se hicieron cargo de todo. Los hermanos podían seguir mientras llegase el personal suplente. En adelante todo fue ya intranquilidad, temores, sobresaltos, desconfianza."

El domingo 26 de julio "no se celebró la Santa Misa ni se comulgó por no tener la Eucaristía. Se hicieron las oraciones en la capilla del Noviciado en voz baja. Al levantar a los nin?os y rezar, se les prohibió burlándose y mofándose de la religión; a cambio de los rezos, les prometieron un camión con juguetes, que les harían cine en la capilla y serían despertados con el grito: «¡No hay Dios!», y contestari?an: «¡Viva el comunismo!». Se paso? todo el di?a entre temores e incertidumbres, y por la noche en el Noviciado, orientados por el padre maestro, se hicieron actos de desagravio."

El lunes 27 de julio, "a las tres de la madrugada, se celebró la Eucaristía a puerta cerrada en el Noviciado y todos comulgaron. Con ello se encontraron más animosos. A media mañana llegaron algunas mujeres, que se quedaron en el sanatorio y comieron y bebieron sin cesar hasta ponerse varias ebrias; decían: «Estos frailes son nuestros criados; ya era hora que esto cambiara». Continuaron las incertidumbres, máxime que tampoco se sabía nada de los hermanos de las otras casas. El P. Braulio sostuvo a hermanos y novicios y siguió estimulando y pidiendo oraciones, actos de desagravio y de reparación."

El martes 28 de julio, "muy de madrugada celebraron la Santa Misa igual que el día anterior. Después, los milicianos eliminaron toda señal religiosa en el sanatorio, descolgando los crucifijos, imágenes y cuadros religiosos; decían: «Con este Cristo tenemos que acabar». Los hermanos prepararon sus cosas personales y algunos libros; a todos se les proporciona documentación para viajar a Francia, ante la creencia de que este día todos saldrían libres del sanatorio. Unos expresaban su resignación, pero otros callados sufrían y confiaban en Dios. Terminó el día con la misma incertidumbre.

El miércoles 29 de julio "se celebró también la Santa Misa muy de madrugada y se hicieron las oraciones en voz baja, como los días anteriores. Comentaban su situación como la de los primeros cristianos. Los milicianos les prometieron que al día siguiente saldrían juntos a Barcelona. Esto les dio materia para comentarios, animándose pensando que al fin se verían libres. Y así terminó el día y se retiraron a descansar convencidos de que sería la última noche en el sanatorio.

El jueves 30 de julio "celebraron la Santa Misa muy de madrugada; antes de comulgar, el P. Braulio les dirigió una plática sentidísima: «Amadísimos hermanos: vais a recibir de mis manos pecadoras el Cuerpo adorable de Nuestro Señor Jesucristo, oculto en esta pequeña Hostia. Yo no lo sé, pero tal vez sea la última vez que le recibimos oculto, bajo estos velos de pan, en este miserable destierro de lágrimas. Avivemos, por tanto, nuestra fe; digámosle con los apóstoles: "Señor, aumentad en nosotros la fe". Pronto, muy pronto, vamos a tener la inefable dicha de verle sin velos, tal cual Él es, y poseerle sin temor de perderle. ¡Oh, amadísimos hermanos! ¡Qué dicha la nuestra si el Señor nos concediera tanta felicidad! Y ¿quién la rehusará, cuando en estos momentos parece como que nos conducen en triunfo a este final glorioso? ¡Animo y adelante, hasta el martirio, si es preciso! Dejémonos conducir suavemente por la paternal providencia de nuestro buen Jesús, a quien vais a recibir en vuestros pechos. El os comunicará luz, vida y fortaleza, como a mártires, para confesarle aquí en este mundo y glorificarle eternamente en el cielo».

"Resultaron palabras profeéticas. A las nueve de la mañana les reunió el jefe de los milicianos, Francisco Miguel Serrano, y les dijo: «Los que quieran marcharse, pueden hacerlo, pero no les podemos dar salvoconducto, ni documentación alguna, ni respondemos de sus vidas una vez salgan de la casa. Los que quieran, pueden quedarse con nosotros...». La mayoría opto? por salir, «pues si nos quedamos -decían- corremos el peligro de perder nuestras almas». Despedidos con un emotivo beso a la imagen de la Virgen del Noviciado y un abrazo fraternal entre todos, bajaron a la portería" sobre la una de la tarde. Mientras tanto, de acuerdo con los superiores, los jefes de la milicia acordaron que se quedarían en el sanatorio, para no abandonar totalmente a los niños, cuatro hermanos maestros y cuatro novicios. Los otros veinticinco, después de ser escrupulosamente cacheados por los milicianos, salieron en dos grupos en busca de paz y libertad, confiados a la Divina Providencia, hacia la estación de San Vicente, uno, y el otro, a la de Calafell. Uno de ellos, Fr. Constancio Roca, según refiere el P. Matías, fue vuelto atrás por los milicianos pretextando [que] habían de darle un encargo en el sanatorio. Aquí le despidieron de nuevo; entonces oyó que le disparaban desde unos pinos cercanos. Su intento de fuga fué atajado por las balas de los dos asesinos, Francisco Hernando y José Vidal. Era la primera víctima del sanatorio de Calafell. Todavía diez de ellos se salvaron de puro milagro por diversas circunstancias. Cuatro novicios (Nicolás Herrera, Mariano Nuin, Eusebio Arístegui y Toribio Iglesias) lograron burlar la vigilancia del camino, materialmente atestado de guardias a consecuencia de un aviso telefónico que había dado el mismo Francisco Miguel Serrano."

"Mientras tanto, el resto de los hermanos, lo mismo los de la estación de Calafell que los de San Vicente, fueron detenidos antes de que partiera el tren. En la primera de estas estaciones pudo salvarse otro novicio, Juan Creus, gracias a la intervención violenta de un factor de la misma estación, amigo de su padre. Detenidos todos los demás, fueron a coincidir ambos grupos a la plaza principal de Vendrell. Allí se les sometió, puestos en fila junto a la pared de la iglesia, a un simulacro de fusilamiento" mientras un gran gentío enfurecido se dedicaba a profanar la iglesia; al verlos, quisieron apoderar de ellos, pero finalmemte se les cargó, "como una mercancía más, en un camión requisado, cuyo conductor, Juan Roca Iglesias, es uno de los testigos que nos quedan de las sangrientas incidencias de aquel día. Al P. Adolfo Munné le habían perdonado la vida en su condición de ciudadano argentino, y viajaba, separado del grupo, en la cabina del camión."

"Oficialmente, según las órdenes transmitidas al chófer, los prisioneros eran conducidos a Villanueva y Geltrú, donde quedarían a disposición del comité. Pero los planes eran más siniestros, y apenas empezó el motor a trepidar, el padre superior, Fr. Julián Carrasquer; el maestro denovicios, P. Corres, y los súbditos de ambos tuvieron la convicción de que llevaban billete para la eternidad." A los pocos metros, orservando el P. Braulio que les seguian otros coches, les advirtió ; "Hijos míos, ahora nos van a matar; haced un acto de contrición que os voy a dar la absolución". "Todos hicieron el acto de contrición y a todos impartió el P. Braulio la absolución sacramental."

"Apenas a un kilómetro y medio del pueblo de Calafell, junto a un tejar situado al borde de la carretera," junto a la finca Corral de Rión, se detuvo el vehículo, al parecer por culpa de otro grupo de milicianos. "Hay referencias de que el superior fué dando la mano uno a uno para ayudarles a bajar. Ya todos en tierra, los milicianos separaron del grupo a los cuatro novicios más jóvenes (Félix Iberos, Joaquín Lacilla, Onofre Pérez y Daniel Ascunza), razonando el indulto con estas palabras: "Vosotros habéis sido engañados por esta gente; no tengais miedo, que no os pasará nada". Parece que otros dos novicios jóvenes, los hermanos Ignacio Tejero y Manuel López, pidieron la misma gracia, pero no fueron oídos."

"Por los cinco supervivientes, el P. Munné y estos cuatro muchachos, sabemos que sus otros hermanos murieron dando vivas a Cristo Rey, de rodillas, perdonando a sus verdugos y arrebatados de fe." En el asesinato participaron diecinueve milicianos. Eran las cinco de la tarde. Registrados los cadáveres, encontraron que traían en el pecho el «Detente» del Corazón de Jesu?s. Los milicianos, burlándose, comentaban «Detente, bala». Después golpearon los cadáveres con los fusiles."

"Tres de las víctimas lograron huir al sonar los primeros disparo. Los tres, los hermanos Domingo Pitarch, Manuel López y Enrique Beltrán, fueron rematados después. Al H. Beltrán lo alcanzaron junto al mar; el H. Pitarch cayó herido en medio de una viña; nuevos disparos acabaron con su vida. Antes de expirar empapó en su propia sangre el rosario y el crucifijo, entregándoselo a los verdugos para que lo hicieran llegar a su madre". Por el testimonio del hermano Daniel Ascunza, uno de los cinco supervivientes, sabemos que su deseo no se cumplió, sino que los milicianos tiraron al suelo allí mismo los objetos y los pisotearon. "Finalmente, el H. Manuel López fué alcanzado y rematado en el monte."

El proceso diocesano de beatificación se celebró en Barcelona entre 1948 y 1951. Su martirio fue aprobado el 14 de mayo de 1991, y el papa san Juan Pablo II les beatificó en Roma el 25 de octubre de 1992. Su festividad se celebra el 25 de octubre. Sus restos fueron conservados en una cripta del sanatorio hasta 1972, fecha de su clausura. Fueron trasladados a San Boi de Llobregat (Barcelona) e inhumados en la iglesia del Parc Sanitari San Joan de Déu, de la Orden Hospitalaria.

Tras su beatificación en 1992, la Orden dispuso la Capilla de los Mártires con los restos de los quince martirizados en Calafell y otros dos hermanos martizados de forma individual (hermanos Ponsa y Egozcuezábal) pertenecientes a las comunidades de San Boi y de Barcelona (Las Corts). En octubre de 2013, la capilla fue restructurada para acoger a otros nueve de los once mártires asesinados en Valencia.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!


FUENTES:

- Montero Moreno, Antonio. Historia de la persecución religiosa en España, 1936-1939. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1961. Pág. 224-227.

- Cárcel Ortí, Vicente. Los mártires españoles del siglo XX. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1995. Pag. 217.

- Proceso de beatificación de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Barcelona. Vicepost. Fr. Rafael Mª Sancedo Cabanillas. 308 artículos (Barcelona, 1948).

- Lizaso Berruete, Félix, O.H. Mártires Hospitalarios del siglo XX: Hermanos de San Juan de Dios. Colección Temas Históricos O.H. Archivo-Museo San Juan de Dios. "Casa de los Pisa". Granada, 2016.