MISAL DE LA COMUNIDAD

10ª Edición

TIEMPO DE ADVIENTO



PRIMERA SEMANA
SEGUNDA SEMANA
TERCERA SEMANA
CUARTA SEMANA
  • Cuarto domingo:
  • 17 de diciembre
  • 18 de diciembre
  • 19 de diciembre
  • 20 de diciembre
  • 21 de diciembre
  • 22 de diciembre
  • 23 de diciembre
  • 24 de diciembre

Adviento es el tiempo oportuno y privilegiado para escuchar el anuncio de la liberación de los pueblos y de las personas. En él se percibe una invitación a dirigir el ánimo hacia un porvenir que se aproxima y se hace cercano, pero que todavía está por llegar.

Tiempo para descubrir que nuestra vida pende de una promesas de libertad, de justicia, de fraternidad todavía sin cumplir; teimpo de vivir la fe como esperanza y como expectación, tiempo de sentir a Dios como futuro absoluto del hombre.

Reavivamos en él y revivimos la admirable espera de Israel por el Mesias; anticipamos el final de los tiempos aún pendiente y por venir; incrustamos en esa línea histórica nuestro presente como encarnación y compromiso.

De la mano de los grandes profetas, de los grandes precursoresy, ante todo, de Jesús, el hombre para los demás, nos hacemos el camino para acelerar la llegada de una humanidad adulta, transida del Espíritu de Dios y reconciliada con el mundo transformado, con la tierra nueva.

Nuestro futuro como hombres no es una extrapolación de nuestro presente, sino el fruto gracioso del adviento de Dios, de su venida y su por venir, que suscita un dinamismo radical en nuestro actuar humano. Así nos permite que participemos y cooperemos en la llegada de ese final que es su advenimiento último y que la Biblia llama "parusía".

La utopía de una alianza feliz, fraterna, entre todos los hombres, superados los fraticidios, las luchas de clases, de razas... se convierte en objeto de fe, de espera y esperanzaa la vista de la encarnación, que es hacia donde nos lleva más inmediatamente el tiempo de Adviento. La encarnación nos descubre las primicias y la prenda de la parusía. Los hombres pueden formar una universal familia feliz, porque Dios ha anticipado en Jesús su venida pacificadora y conciliadora. La paz y la comunión con Dios tienen como fruto la paz y la comunión de los hombres entre sí.

En este periodo del año, evocador y sugerente, recubierto con el dorado otoñal de los paisajes, se puede penetrar muy profundamente en el misterio de la existencia auténtica y del Dios verdadero. El Dios del Adviento es el que nos empuja siempre hacia algo que se acerca, hacia lo por venir. El Dios cristiano no es una mera presencia sobre el mundo, como un toldo inmóvil que lo cubriera. Es una promesa de presencia.

Toda su revelación se hace al hilo de la promesa. Y la promesa es el anuncio de una realidad que no está aún ahí, al alcance de la mano. Por eso saca al hombre de su ahora hacia el futuro al que le vincula. Le extasía. Israel, con su existencia nómada, es un testimonio viviente de esa revelación. Israel no vive inmerso en el ciclo estático de la siembra y la recolección, sino en la trayectoria de la emigración. Por eso, desde los primeros años, ha tenido, como ningúnpueblo, el sentido de movimiento, de la historia. Vive abierto al futuro, de cara a lo por venir como sentido último de su propio de venir.

El Dios bíblico no se revela para que se dé culto en un lugar y tiempo fijos, sino para anunciar su promesa. No viene a sancionar un tiempo histórico, sino a resquebrajar el "hoy" hacia el "mañana"... Cuando el israelita ve que va alcanzando algunas de la metas propuestas, por ejemplo, la conquista de Canaan, no lo considera cumplimiento de la promesa, sino más bien comprobante de ella.

Así, los sucesos de nuestra historia de pueblo de Dios tienen siempre el carácter de un inacabamiento, de una provisionalidad. Son estaciones de una trayectoria, momentos de un proceso. Están grávidos de una carga de futuro. Por la misma razón, nuestra historia de creyentes y de hombres es esa largo espacio intermedio que teje su trama entre el tener lugar y el tener cumplimiento la promesa; un espacio que hace posible la esperanza o la resignación desesperada.

Cada lance de nuestra historia es como un umbral nuevo que crea nuevas situaciones liminares, nuevos estadios preliminares, a los que vamos llegando para asomarnos siempre a nuevos panoramas. Así hasta que se produzca la venida definitiva, el adviento pleno, la parusía.

La liturgia del Advinto se ha ido construyendo por etapas sucesivas, desde el siglo VI hasta el VIII. En sus múltiples estratos se han ido sedimentando las diversas capas bíblicas, teológicas y catequéticas a que acabamos de aludir y que encierra este tiempo litúrgico.








¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!