IMITACIÓN DE CRISTO

LIBRO SEGUNDO. Capítulo 6

De la alegría de una conciencia pura.

1. La gloria del hombre bueno está en el testimonio de su buena conciencia.

Ten buena conciencia, y siempre tendrás alegría.

El hombre de buena conciencia puede soportar muchísimas cosas y estar muy contento en la adversidad.

Mas el hombre de mala conciencia está siempre lleno de inquietud y temor.

2. ¡Cuán dulce paz la tuya, cuando nada te reprocha el corazón!

Nunca te alegres, sino cuando hagas el bien.

Los malos nunca sienten alegría verdadera, ni tienen paz de espíritu, porque, como dice el Señor: "No hay paz para los impíos" (Is 48, 22).

Y si dijeren: "Estaremos en seguridad; ningún fracaso nos vendrá; porque, ¿quién osará perjudicarnos?", no los creas; porque la ira de Dios se levantará repentinamente cual huracán, y arrasará lo que construyeron, y sus planes se desharán (cf. Sal 145, 4).

3. Para quien ama a Cristo no es difícil gloriarse en las tribulaciones, porque gloriarse en ellas es gloriarse en la cruz del Señor.

Breve es la gloria que unos y otros se dan los hombres.

La gloria del mundo va siempre acompañada de tristeza.

La gloria de los buenos está en su conciencia, y no en la boca de los hombres.

La gloria de los justos viene de Dios, en Dios está puesta, y de la verdad se alegran.

Quien desea la eterna y verdadera gloria, desprecia la temporal.

Quien busca la gloria del mundo o no la desprecia de corazón, manifiesta no desear mucho la del cielo.

En profunda paz de corazón vive quien no se preocupa de que lo alaben o vituperen.

4. Quien tenga la conciencia pura, fácilmente estará contento y tranquilo. No eres mejor porque te alaben, ni peor porque te censuren.

Lo que eres, eso eres; ni debes creerte mejor de lo que eres ante Dios.

Si consideras lo que eres por dentro, ningún caso harás de lo que los hombres dejeren de tí.

Mira el hombre a la cara; Dios, al corazón. El hombre ve las acciones; Dios penetra las intenciones.

Obrar siempre bien, y tenerse a la vez en poco, es señal de alma humilde. No querer consuelos de las criaturas es señal de gran pureza de corazón y de mucha confianza en Dios.

5. Quien no busca en su favor más testimonio que el de su conciencia, claro es que ya se entregó totalmente a Dios.

"Porque no es recomendable quien se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien Dios recomienda" (2 Cor 10, 18), como dice san Pablo.

La vida del hombre espiritual está en la unión del alma con Dios y en el despego de toda afición a las criaturas.

----------oooOOOooo----------