IMITACIÓN DE CRISTO

Por Tomás de Kempis

Tomás de Kempis fue el autor de esta obra. Fue un humilde monje del Agnetenberg, que vivió en el siglo XV. Revistió su filosofía, poesía y mística cristiana de un tosco ropaje latino, con prosa torpe y balbuciente. A pesar de ello llenó las páginas de su obra de ritmo y armonía.

Kempis es la predicación contínua, el contínuo machacar en las cabezas de sus lectores sobre la necesidad de desprenderse del mundo visible y del interés por lo invisible y eterno. Es la insistencia sobre la denudación completa de los vicios y pasiones del hombre, para revestirse de Cristo, para irse plasmando poco a poco a su imagen, adoptando sus ideas y sentimientos, viviendo como Él. En resumen, Kempis intenta ser la quintaesencia del Evangelio, del cristianismo verdadero.

Esta obra fue compuesta para religiosos; sin embargo, tiene aplicación para todos los cristianos, sea cual sea su estado. La obra es de tal carácter que donde quiera que se le abra el lector encuentra frases que son verdaderos aldabonazos para el corazón. También pueden acercarse a ella aquellos incrédulos e indiferentes de cualquier matiz que sean capaces de percibir y sentir la belleza, la sencillez y la sinceridad de Tomás de Kempis.

Las sentencias y profundidad de la obra de El Kempis exigen una lectura atenta y pausada. Con frecuencia una sola frase, una sola sentencia, hace a uno pararse a meditar; ya no hay necesidad de pasar adelante; allí se encuentra algo que asimilar.

Se recomienda una lectura diaria de El Kempis; hacerlo así tiene efectos redentores; y como la semilla echada sobre la tierra buena, producirá el ciento por uno de virtudes y adelanto del espíritu.

Dice Tomás de Kempis que el que ama a Dios perfectamente no tiene miedo ni a la muerte, ni al juicio, ni al infierno, porque el amor perfecto asegura al hombre entrada libre a la casa del Padre celestial.

Agustín Magaña Méndez. Seminario Mayor de Zamora, Méjico. Marzo de 1962. Editorial Helder, Barcelona, 1963. Séptima edición, 1984.





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