EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sacrest, S.J.

QUINTA PARTE. Principales manifestaciones de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

CAPÍTULO SEXTO.

LOS NUEVE OFICIOS DEL CORAZÓN DE JESÚS.

OFICIO I.

El Promotor.

"El Promotor" de la devoción al sagrado Corazón de Jesús pedirá al Eterno Padre que ilumine a todos los hombres para que todos conozcan el Sagrado Corazón de su unigénito Hijo, al Espíritu Santo que inflame nuestros corazones en su divino amor, y a la Santísima Virgen que interponga su valimiento para que experimenten el poder de este Divino Corazón todos los que recurren a su piedad.

Frecuentemente entre día, y en particular desde las doce hasta las tres de la tarde, procurará retirarse a los interior de este Corazón piadoso, y unirse a él con ardientes afectos, juntándose al coro de los Tronos para honrarle con ellos. Hará una visita al Santísimo Sacramento por la Comunidad, pidiendo al Sagrado Corazón por sus méritos infinitos, que reine como árbitro dueño en toda la Religión y en el corazón de cada uno de los hijos de ella, según sus amorosos designios. Rezará cinco veces el "Gloria Patri".

Su virtud será procurar con gran solicitud traer alguna alma a la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, o inflamar más y más a las que ya la profesan, para cuyo efecto hará por lo menos cinco veces una breve oración. Por muy dichoso se debe tener aquel a quien tocare este oficio; porque Nuestro Señor ha asegurado, que Él mismo será su mediador para con su Eterno Padre (Santa Margarita Alacoque).

Máxima. Así como el que incita a otros a acciones indignas, comete un gravísimo pecado, así es de gran mérito procurar con oraciones y buenos consejos inducir a los demás a vida santa y a prácticas devotas.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.-¡Oh dulcísimo Jesús! Haced que conociendo todos los hombres los inestimables tesoros de vuestro Divino Corazón, y abandonando los placeres del mundo, vengan a gustar las inefables delicias que en vuestro Corazón tenéis preparadas a los que os aman.


OFICIO II.

El Reparador.

"El Reparador" está particularmente encargado de pedir perdón a Dios, con profunda humildad, de las injurias que se le hacen en el Santísimo Sacramento. Frecuentemente entre día, y en particular desde las tres hasta las seis de la tarde, se encerrará en el Sagrado Corazón de Jesús, como en una prisión de amor, y conociéndose incapaz de pagar por sí mismo la pena de tan enormes delitos, ofrecerá en pago los infinitos méritos de este Corazón Sagrado a la Divina Majestad ofendida y ultrajada. Pedirá al coro de las Potestades que le ayuden a desagraviar a Jesucristo de las Misas mal celebradas, de las comuniones hechas con tibieza por las almas que le están consagradas especialmente, y de las faltas cometidas en la Comunidad que más hayan podido desagradar a su Divino Corazón. Con este objeto hará una visita al Señor Sacramentado, y un acto de desagravio. En todos los viernes del mes, y particularmente el primero, dará mayores muestras de amor al Corazón Sagrado, redoblando el fervor y tributándole obsequios especiales, según le inspire su devoción.

Su virtud será la exacta observancia de las reglas y obligaciones de su estado u oficio, venciendo todos los obstáculos y respetos humanos que se lo impidan. Cinco actos cada día.

¡Qué dichoso se puede contemplar!, pues su oficio es tan agradable a Nuestro Señor, que, según su promesa, puede humildemente confiar que alcanzará para sí perdón y gracia (Santa Margarita Alacoque).

Máxima. Quien procurase resarcir los ultrajes que se hacen a Su Divina Majestad, puede esperar con razón que el Señor le remitirá la pena que deba por sus pecados, y que usará con él de misericordia.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.- ¡Oh Jesús mío! vuestro Corazón es un tesoro, y nuestra confianza es la llave con que se puede abrir. Haced que conozcamos su inestimable precio.


OFICIO III.

El Adorador.

"El Adorador", uniendo sus alabanzas a las que de continuo tributa el sagrado Corazón de Jesús a la Santísima Trinidad, procurará suplir con frecuentes adoraciones el lastimoso y general olvido que hay de Dios en el mundo. Entre día, y con más particularidades desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche, estará deleitándose interiormente en aquel eterno cántico que entonan en el cielo los bienaventurados; "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso", y lo repetirá con el coro de las Dominaciones, ofreciendo con ellas al augusto Corazón de Jesús para su mayor gloria el bien que se hace en toda la extensión de la tierra. Visitará el Santísimo Sacramento, en nombre de la Comunidad, pidiendo conceda a cada uno de sus individuos, a los de toda la Compañía, a los religiosos de las demás Órdenes, y a todos los Sacerdotes seculares, espíritu de fervor y celo con que puedan llenar exactamente las obligaciones de su respectivo estado. Dirá tres veces: "¡Oh Corazón Divino, verdadero adorador y amante perfectísimo de la Divinidad, tener misericordia de mí!".

Su virtud será un profundo respeto en los templos, estando en ellos con gran modestia y recogimiento, por habitar allí Jesucristo Sacramentado. Hará cinco actos cada día.

Máxima. No se puede adorar verdaderamente, si no se imita lo que se adora.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.- ¡Oh Jesús mío! digno adorador de su Majestad Divina; yo me uno con todo mi espíritu a las continuas adoraciones que Vos rendís a vuestro Padre celestial en el secreto de vuestro Divino Corazón, y quisiera que exhalase mi alma todos los afectos que os comunicáis a María Santísima y a vuestros Santos, para honraros y glorificaros dignamente por toda la eternidad.


OFICIO IV.

El Amante.

"El Amante" del Sagrado Corazón resarcirá la indiferencia y frialdad de los corazones consagrados a Dios. A menudo entre día, y con particularidad desde las nueve de la noche hasta las seis de la mañana, se unirá al coro de los Serafines para hacer junto con ellos actos de amor al Sagrado Corazón de Jesús, pidiéndoles que mientras dure el sueño, suplan su lugar en la presencia de Jesús Sacramentado; pero antes de acostarse le visitará, y dejará encerrado su corazón en el Sagrario, y al meterse en la cama dirá: "Yo duermo, pero mi corazón vela en el de mi Amado". Si despierta por la noche, únase en espíritu a los celestiales amantes que dejó en su lugar. En la oración de la mañana les dará las gracias, y renovará la protestación de amor al Sagrado Corazón de Jesús, suplicándole que encienda el fuego de su divina caridad casi extinguido en todos los corazones tibios y lánguidos, para que ahora y eternamente vivamos todos abrasados en sus amorosas llamas. Dirá tres veces: "!Oh Corazón amabilísimo, arad nuestro corazón en el fuego del vuestro en tiempo y eternidad!"

Su virtud será la fidelidad de la esposa que roba el corazón de su esposo con puros y ardientes afectos. Exactitud en las cosas pequeñas, todo por amor, y en todo animado del amor. Hará cinco actos al día.

Máxima. Nadie puede alcanzar la posesión del cielo, donde se goza la plenitud del amor, si el mismo amor no le acompaña en el camino.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.- ¡Oh Corazón amante de Jesús, fragua divina donde arde aquel amoroso fuego que viniste a traer a la tierra, y en que con tanto ahinco deseas ver encendidos nuestros pechos! Ardan, Señor, hasta consumirse en esa llama suavísima. Ángeles de la corte celestial, os suplico rendidamente digáis al autor de mi vida que me desfallece su dulcísimo amor.


OFICIO V.

El Discípulo.

"El Discípulo" del Sagrado Corazón de Jesús estará muy atento en la oración, y al recibir los Santos Sacramentos, para oir sus divinas palabras e inspiraciones. Le rogará con gran fervor que todos los hombres, y particularmente los que tienen cargo de enseñar, se aprovechen de su celestial doctrina, y que nunca le opongan la menor resistencia. Entre día, y en especial desde las seis hasta las nueve de la mañana, entrará muchas veces en este santísimo Corazón, como en una escuela divina en la que se aprende la ciencia del casto amor, que pone en olvido la vana ciencia del mundo. Cuidará de repasar interiormente, y poner en práctica las lecciones que haya recibido para su perfección; y se unirá al coro de los Querubines para tener parte con ellos en los resplandores y luces que de sí despide el Sagrado Corazón de Jesús. Le pedirá que las difunda en el alma de tantos discípulos del error y de la mentira, para que, ilustrados, conozcan su extravío y vuelvan sobre sí, entrando en el sendero recto. Con esta intención visitará el Santísimo Sacramento, diciendo el "Veni Creator", o la estación mayor.

Su virtud será el recogimiento y el silencio. Cinco actos cada día.

Máxima. No puede ser buen discípulo el que no aprende y practíca bien las lecciones de su Maestro.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.- ¡Oh Corazón lleno de infinita sabiduría, cuánto aprenden y qué pronto los que logran teneros por Maestro! Enseñadme, amabilísimo Corazón, pues os habéis dignado admitirme por vuestro discípulo: haced mi corazón dócil a vuestras divinas lecciones, y atraed a Vos con eficacia a todos los que resisten a la verdad.


OFICIO VI.

La Víctima.

Máxima.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.-


OFICIO VII.

El Esclavo.

Máxima.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.-


OFICIO VIII.

El Suplicante.

Máxima.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.-


OFICIO IX.

El Celador.

Máxima.

Jaculatoria.- Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor.

300 días de indulgencia cada vez.

Oración.-

FUENTES:

  • El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 653.





¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!