EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sacrest, S.J.

QUINTA PARTE. Principales manifestaciones de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

CAPÍTULO SEGUNDO.

DEVOCIÓN AL CORAZÓN AGONIZANTE DE JESÚS, PARA PEDIR POR LAS MUCHÍSIMAS PERSONAS QUE MUEREN CADA DÍA.

Esta devoción tiene por fin: 1.º Honrar al Sagrado Corazón de Jesús, que padeció toda su vida, pero sobre todo en el huerto de los Olivos y en la cruz, acerbos, tormentos por nuestra salvación. 2.º Obtener, por los merecimientos de su larga agonía, la gracia de una buena muerte a las 80.000 personas, por lo menos, que agonizan y mueren cada día en el mundo.

AL CORAZÓN AGONIZANTE DE JESÚS POR LAS MUCHÍSIMAS PERSONAS QUE AGONIZAN Y MUEREN CADA DÍA.

O clementissime Jesu, amator animarum, obsecro te per agoniam Cordis tui sanctissimi, et per dolores Matris tuae Immaculatae, lava in sanguine tuo peccatores totius mundi nunc positos in agonia et hodie morituros. Amen.

Cor Jesu in agonia factum, miserere morientium!

La misma oración en español

¡Oh, misericordiosísimo Jesús, abrasado en ardiente amor de las almas! os suplico por la agonía de vuestro sacratísimo Corazón, y por los dolores de vuestra inmaculada Madre, que lavéis en vuestra sangre a todos los pecadores de la tierra que están ahora en la agonía y tienen que morir hoy. Amén.

Corazón agonizante de Jesús, tened misericordia de los moribundos.

Cien días de indulgencia cada vez que se rece esta oración, e indulgencia plenaria cada mes, con las condiciones ordinarias, rezándola tres veces al día en diferentes tiempos. Son aplicables a las almas del Purgatorio (Pío IX, decreto de 2 de febrero de 1850).

PRÁCTICA.

Récese esta corta oración tres veces al día, o por lo menos, una vez a la mañana y a la tarde, por los agonizantes del día y de la noche siguiente, añadiendo estas invocaciones:

Corazón compasivo de María, rogad por nosotros.

San José, abogado de la buena muerte, rogad por nosotros.

San Miguel Arcángel, rogad por nosotros.

Ángeles de la guarda y Santos patronos míos, rogad por nosotros.

Ángeles que consolasteis a Jesuscristo en su agonía, rogad por nosotros.

Los que no saben leer, podrán rezar todos los días por esta intención un Padrenuestro y un Avemaría.

MEDITA ESTAS VERDADES

¡Mueren cada día de ochenta a noventa mil personas por lo menos! ¡Cada mes tres millones! ¡Cada año treinta y seis millones! ¡Ay! de este número terrible, ¡cuántos millares se hallan en pecado mortal!

¡Así, pues, hay en el mundo unas ochenta mil personas que han de morir hoy! ¡Y han de empezar una eternamente infinitamente feliz, o enteramente desdichada! ... ¡Pronto llegará tu vez! Piénsalo bien, y ruega por ellas, para que rueguen por tí cuando te halles en la agonía.

RUEGA POR LOS AGONIZANTES

Son tus hermanos en Jesucristo, acaso parientes tuyos, amigos o bienhechores. No necesitan para librarse del infierno sino una confesión bien hecha, o un acto de verdadera contrición, esto es, que nazca del amor de Dios. Pide para ellos esta gracia.

Ruega por los agonizantes.- Harás de este modo lo que hicieron Jesús y María: salvarás almas. ¡Qué empleo tan sublime! La Santísima Virgen dijo un día a la venerable María de Ágreda: "Si quieres ayudar a las almas que se hallan en la agonía, ruega todos los días por esta intención, sin olvidarlo nunca. Yo lo hice mientras viví, y quiero que en esto sigas mi ejemplo."

Ruega por los agonizantes.- Si eres sacerdote, tenlos presentes en el santo sacrificio, y ruega cada día por ellos en el memento de los vivos. Cada mes hazles la caridad de decir una misa por todos los moribundos del mes y del año, para lo cual bastará la segunda intención.- Si no eres sacerdote, ofrece cada mes una comunión, o asiste a una misa con esta intención.- Muy laudable es, y lo aconsejamos a los que puedan hacerlo, la costumbre de encargar cada mes o cada año, una misa por los moribundos del mes y del año. Les encomendamos de la misma manera, que visiten los enfermos y los moribundos de su barrio, y que si es preciso, avisen con la debida caridad a los que les han de administrar los Santos Sacramentos. También los invitamos a que den a conocer cuanto puedan en las familias, escuelas, seminarios y comunidades, la oración cotidiana por los moribundos.

Ruega por los agonizantes.- Consagra un día del mes para interceder de un modo especial por los moribundos del mes y del año, ofreciendo por la mañana, para obtenerles una buena muerte, las obras y los trabajos del día, y rogando con mayor frecuencia por ellos, haciendo con el mismo fin alguna obra de caridad o de mortificación: y si pasas por delante de alguna iglesia, entra en ella para adorar a Jesucristo y rogar por los moribundos. Aprovecha también este día para pensar en tí y en la muerte, y prepárate para ella. Llamamos a este día "el día de intersección por los moribundos". Todo cristiano de buena voluntad puede hacerlo sin abandonar sus ocupaciones ordinarias. Las personas que tengan tiempo, pudieran emplear media hora del día en la intersección, pasándola delante del Santísimo Sacramento, o poder ser de dos y media a tres de la tarde, en honor de Jesucristo agonizante en el huerto de los Olivos y en la cruz, y para interceder por todos los moribundos del día, del mes y del año. Esto se llama "la media hora de la interseción".

¡Oh vosotros, los que por amor de Jesucristo y de su agonizante Corazón procuráis por medio de vuestras oraciones y sacrificios y por el celo en propagar esta santa obra, la salvación eterna de los moribundos de cada día! Regocijaos y animaos en el Señor: porque a vosotros se aplica la consoladora promesa del Apóstol Santiago: "Todo el que ayude a su hermano a salir de sus extravíos, salvará su alma."

¿Que será, pues, si hacéis este servicio a muchos hermanos vuestros? Pues al desearlo, lo hacéis cada día por lo menos a ochenta o noventa mil de ellos, y Dios recompensa los buenos deseos, cuando son sinceros, como si se realizasen. Y aunque no consiguiseis con vuestras fervientes oraciones sino salvar cada día el alma de un solo pecador que está en la agonía, al cabo de un año de diez, de veinte ... ¡cuántas almas habríais salvado! ¡Cuántas gracias y bendiciones os proporcionaríais en esta vida!... ¡Qué recompensa de méritos para el cielo!... ¡Qué corona para la eternidad!...

(La Santidad de Pío IX, por Letras apostólicas de 23 de agosto de 1876, instituyó en la Iglesia patriarcal de Jerusalén la "Archicofradía del Corazón agonizante de Jesucristo y de la dolorisísima Virgen María en favor de los moribundos.")

D. ..................................... consagrará a la intersección de los moribundos el día ....."

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 620






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!