EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sacrest, S.J.

QUINTA PARTE. Principales manifestaciones de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

CAPÍTULO PRIMERO.

DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS.

Fundamento de esta devoción.

1º. La devoción al Corazón de Jesús tiene por objeto el mismo Corazón adorable de nuestro divino Salvador, y el amor inmenso en que por nosotros se consume y se abrasa.

2º. Su fin es devolverle amor por amor, darle gracias por los innumerables beneficios que sin cesar nos dispensa, y reparar en alguna manera los ultrajes que contínuamente está recibiendo de los hombres.

3º. Por lo que hace a los bienes que de ella resultan, puede asegurarse con verdad que entre todas las devociones, es:

    1º. La más excelente, ya sea que se la considere en su objeto material, que no es otro que el Corazón del Hijo de Dios hecho hombre, manantial perenne de donde brotó la sangre que ha salvado al mundo, ya en su objeto formal, que es amor de este divino Salvador para con los hombres, principio y fuente de todas las maravillas y prodigios de la gracia, así en el orden natural como en el sobrenatural.

    2º. La más poderosa para mover nuestros corazones, puesto caso que nos pone delante de los ojoso el Corazón de un Dios abrasado de amor a los hombres.

    3º. La más sólida, en cuanto que entraña en sí misma por entero la religión cristiana, que consiste en el amor mútuo entre Dios y los hombres por medio de Jesucristo su Hijo.

    4º. La más útil, dado que nos une íntimamente con el modelo acabado de todas las virtudes, y fuente de todas las gracias.

    5º. La más consoladora, porque no hay pena, ni trabajo, ni congoja, por insignificante o pesada que sea, que labre nuestra pobre alma y amargue los días de nuestro destierro y miserable vida, que primero no haya amargado, acibarado y desgarrado el Corazón amantísimo de nuestro amor Jesús, abriéndonos por su medio las puertas del cielo.

    6º. Es, finalmente, la más saludable para la sociedad, puesto que, según las revelaciones que tuvo Santa Gertrudis, precisamente cuatro siglos antes que las hechas en el mismo sentido a Santa Margarita María de Alacoque, sólo en el conocimiento y amor del Corazón de Jesús encontrará la sociedad presente, enervada y moribunda, el vigor y lozanía cristiana de que carece.

Promesas vinculadas a esta devoción.

Oigamos a la que mereció recibir de boca del mismo Salvador el glorioso título de "Discípula muy regalada de su Corazón", y el encargo no menos glorioso de propagar el culto de este Corazón adorable-

- "¡Quién me diera, dice Santa Margarita María de Alacoque, poder publicar cuanto sé de esta amable devoción al Corazón de Jesús, y descubrir a todos los mortales los tesoros de gracia que Jesucristo tiene determinado comunicar a cuantos la practiquen!

1. "Los fieles todos obtendrán por medio de esta dulce devoción la paz para sus familias, solaz y descanso en sus trabajos, las bendiciones del cielo en todas sus empresas y, por último, el consuelo necesario en las miserias de esta vida."

2. "Las personas religiosas conseguirán tal cúmulo de gracias mediante esta devoción, que no será necesario otro medio para volver al fervor primitivo, y a la observancia regular más exacta, aun en las comunidades menos fervorosas, ni para levantar a la cumbre de la perfección a las que vivrn en la mayor regularidad."

3. "Los sacerdotes y varones apostólicos darán con el secreto de mover los corazones más empedernidos, y trabajarán con próspero suceso, siempre que estén penetrados de una devoción verdadera al divino Corazón."

4. "A los propagadores de esta devoción tiene reservados el Señor tesoros inefables de gracias, prometiéndoles además, que sus ministerios, inclusa la santificación propia, producirán frutos superiores a toda ponderación."

5. "El Señor ha prometido que bendecirá de una manera especial las casas en que la imagen de su Corazón sea expuesta y venerada. "Quiero, dijo el Señor, que la imagen de mi Corazón se halle por doquiera; porque ansío ser adorado de todos los hombres."

6. "Todos los cristianos hallarán en este Corazón divino un lugar de descanso durante esta peregrinación, y principalmente en la hora de la muerte. ¡Qué dulce es morir después de haber tenido una constante y tierna devoción al Corazón de aquél que nos ha de juzgar!

7. "La promesa de las promesas. Dijo nuestro amable Salvador en un exceso incomprensible de amor: "Yo te prometo, en un exceso de misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes sin interrupción, la gracia de la penitencia final; que no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Sacramentos, siéndoles mi Corazón seguro asilo en aquella hora postrera."

Práctica de esta devoción.

1º. Recibir los bienes que manan, como de su fuente, del Corazón de Jesús; meditar sus lecciones y ejemplos; ofrecer al Señor sus oraciones y virtudes, con las obras satisfactorias y meritorias; unirnos a él con frecuencia en la Sagrada Eucaristía; visitarle a menudo; dejar en sus manos el cuidado de todos nuestros negocios y quereres; arrojarnos sin recelo en los brazos de su inmensa caridad y providencia divina.

2º. Dar al Corazón de Jesús la gloria que él espera de nuestra fiel correspondencia, ofreciéndole todas y cada una de la obras del día, imitando sus virtudes, su mansedumbre y humildad sobre todo; interesándonos por lo que él se interesa, poniendo en práctica el consejo del apóstol: "Tened en vuestro corazón los mismos sentimientos que Jesucristo tuvo en el suyo." Celebrar la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, preparándose a ella con una novena, que convendría hacer públicamente; consagrar a su culto el primer viernes de cada mes, y el mes del Corazón de Jesús todo entero; extender y propagar el culto de este Corazón divino por medio de libros, estampas, medallas, etc; en una palabra, llevar a cabo por cuantos medios sabe inspirar un celo, que nunca dice "basta", aquel deseo del Salvador: "Fuego vine a traer a la tierra; ¿y qué otra cosa quiero sino que se inflame y arda?"

3º. Unirnos al Corazón de Jesús en compañía de todas las personas que le están especialmente consagradas; propagar las asociaciones que tienen por fin su amor y gloria, y con frecuencia el Apostolado de la Oración. Procurar que entren todas las parroquias y comunidades religiosas, y cuantos llevan escrito en su frente y corazón el glorioso renombre de cristianos, en esta piadosa y esforzada Alianza del Corazón de Jesús, que tiene por único blanco el triunfo completo de los intereses de este Corazón divino, dando a las obras, aun a las de suyo más indiferentes, el valor y mérito de obras apostólicas, y formando de toda nuestra vida el holocausto perpetuo de la devoción al Corazón de Jesús, tal cual la acabamos de exponer.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 613






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!