EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sacrest, S.J.

CUARTA PARTE. Prácticas espirituales en un día del mes.

TERCER VIERNES.

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

¡Oh, Corazón de Jesús! Yo quiero consagrame a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser: mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraiso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos; y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya lágrimas en mis ojos.

Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como tú, ¡oh, Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en tí por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte. Tú, que penetras los corazones, y sabes de la sinceridad de mi deseo, comunícame aquella gracia que hace al débil omnipotente, dame el triunfo del valor en las batallas de la tierra, y cíñeme la oliva de la paz en las mansiones de la gloria. Amén.

Rezad tres padrenuestro al Sagrado Corazón de Jesús, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró a la santa Margarita María de Alacoque.


ACTO DE DESAGRAVIOS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y AL DE MARÍA SANTÍSIMA.

¡Oh, Corazón adorable de mi amado Jesús!, trono de todas las virtudes, manantial inagotable de todas las gracias, ¿qué habéis visto en mí que así os empeñasteis en amarme con tanto exceso, mientras que mi corazón afeado con mil pecados no ha tenido para con Vos sino tibieza, insensibilidad y olvido? ¿No bastaba, ¡oh, Salvador mío!, haberme redimido a costa de tantos trabajos y sudores y de vuestra misma vida, sino que no contento aún imaginásteis nuevos medios de manifestarme vuestro tierno amor, instituyendo la adorable Eucaristía para alimentarme con vuestra propia sustancia, ofreceros cada día como víctima de expiación por mis pecados, y ser de contínuo mi fiel compañero durante esta peligrosa peregrinación?

¡Ah, Señor! ¿De qué modo podré yo corresponder a testimonios tan evidentes de la ternura de vuestro amor para conmigo? Aceptad por lo menos ¡oh, mi amable Salvador!, el deseo que tengo de consagrarme del todo a la honra y gloria de vuestro Sagrado Corazón. Yo os hago libre y espontánea donación y entrega de mi persona y de mi vida, de mis acciones, trabajos y sufrimientos, deseando ser una víctima ofrecida a vuestra gloria, ahora abrasada y algún día del todo consumida en las llamas sagradas de vuestro amor. Para Vos solo hicisteis mi corazón, vuestro será en adelante: a Vos se dirigirán todos sus sentimientos y afectos. Desde este momento pondré todo mi empeño en que mis deseos sean conformes a los deseos de vuestro Corazón adorable.

¡Oh, mi Dios! ¡cuán grandes son para conmigo vuestras misericordias! ¿Y quién soy yo para que os digneis aceptar el sacrificio de un tan indigno y misetrable corazón? Recibidle, Señor, tal cual es, atendiendo, no a la pobreza del don, sino a la sincera voluntad con que os le ofrezco. Enriquecedle Vos con vuestros divinos dones y gracias para que os sea más agradable. Hacedle puro, generoso, mortificado y humilde como el vuestro, y ahora y siempre sumiso a vuestra santísima voluntad.

Y Vos, ¡oh, Corazón purísimo de María!, entre todas las criaturas el más adornado de gracia y santidad, espejo perfectísimo en que resplandecen en sumo grado todas las perfecciones del Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo; pedidle tenga por bien recibir con agrado y bendecir este mi humilde ofrecimiento. Sed Vos misma, ¡oh, Madre amantísima!, la ejecutora de esta mi voluntaria donación. Y pues vuestro purísimo Corazón está tan inseparablemente unido al de Jesús, que sus bienes son los vuestros, y unos mismos los deseos e intereses de ambos, tomad Vos también como cosa y posesión vuestra este mi pobre y mezquino corazón.

¡Oh, Corazones amabilísimos de Jesús y de María!, logre yo la dicha de no apartar jamás mis pensamientos de tan dulces objetos: sed para mí como dos fortalezas inexpugnables, que defienden mi corazón a derecha e izquierda de las asechanzas de mis enemigos interiores y exteriores, visibles e invisibles, para que, pasando con seguridad por entre las cosas prósperas y adversas, llegue felizmente al puerto deseado. Dilatad los senos de vuestra misericordia, y compadeceos de mis miserias y de las de todos mis prójimos. Mirad las tinieblas de los infieles, la ceguedad de los herejes, el peligroso y lamentable estado de los pecadores, las lágrimas y aflicción de los justos. Dad, ¡oh, Sagrados Corazones! a la Iglesia el triunfo tan deseado para gloria vuestra y bien de tantas almas que, sin un pronto remedio, se perderán para siempre.

¡Oh, Corazón amante de Jesús! ¡Oh, tierno y compasivo Corazón de María!. Uniros a todos en unos mismos sentimientos de fraternal unión y caridad, de odio al pecado, de humilde sumisión a la Santa Iglesia, y de deseos de vivir en todo sujetos a vuestra voluntad, para crecer cada día más en vuestro amor, y lograr la dicha de alabaros y bendecirtos por toda la eternidad en la gloria. Amén.


FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 588






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!