EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

11. VIACRUCIS.

Por la señal, de la santa Cruz, de nuestros enemigos, lÍbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Señor mío, Jesucristo.

Oración preparatoria.

Piadosísimo Redentor de los hombres, ¡cuán penoso fue para Vos, cuán lleno de mortal amargura el viaje que hicisteis por amor mío hasta el horrible monte de vuestra pasión y muerte! Siga yo, Señor, vuestros pasos con la afectuosa sensibilidad que merecen; llore yo en tan funesta carrera la malvada causa de tanto mal; derrítanse mis ojos en detestación de mis culpas, que son las que os llevaron al Calvario. Las aborrezco, mi Dios, con toda mi alma; seguiré con esta firme voluntad las sagradas huellas de vuestro amor.


PRIMERA ESTACIÓN

Jesús es condenado a muerte.



Jesús es condenado a muerte.



Catedral de Dinkelsbuhl.



Jesús es condenado a muerte.



Catedral de Speyer.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la primera estación la sentencia de muerte pronunciada por Pilato contra nuestro Divino Redentor. ¿Quién más inocente que Jesús? ¿Quién más injustamente afrentado y condenado? ¿Quién más paciente en injusticia tan grande?

Benignísimo Señor, la inicua sentencia que habéis sufrido por mi amor mitigue y endulce en vuestros labios la que merecen mis culpas.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

SEGUNDA ESTACIÓN

Jesús sale con la cruz a cuestas.



Jesús sale con la cruz a cuestas.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la segunda estación a Jesús, nuestro bien, con la cruz a cuestas, llevando sobre sus hombros el pesado instrumento de su muerte. ¡Qué crueldad la de quien le puso tan grave y afrentosa carga! ¡Qué bondad la de quien la sostuvo con tanta resignación y paciencia!

Sufridísimo Señor, mis pecados son los que cargaron tan bárbaramente sobre vuestro cuerpo delicado. Los aborrezco, mi Dios; perdonádmelos por vuestra infinita bondad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Pequé; ya mi alma
su culpa confiesa.
Mil veces me pesa
su tanta maldad.

TERCERA ESTACIÓN

Jesús cae por primera vez.



Jesús cae por primera vez.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la tercera estación la primera caída de nuestro Salvador bajo el grave peso de la cruz. Cae en el suelo el que sostiene a todo el mundo. Vistióse de nuestra flaqueza para caer en tierra por amor nuestro; y los hombres se revistieron de tanta inhumanidad, que nadie se compadeció de su caída.

Levantad, Señor, con vuestra divina gracia a los que caímos en la culpa. Vuestro amor incomparable triunfe de nuestra ingratitud.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Mil veces me pesa
de haber obstinado
tu pecho rasgado,
¡Oh, suma bondad!

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

CUARTA ESTACIÓN

Jesús encuentra a su Madre santísima.



Jesús encuentra a su Madre santísima.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la cuarta estación el tierno encuentro de Jesús con su dulce Madre. ¡Qué dolor para María al ver a su amado Hijo tan desfigurado, tan afrentado, tan atormentado! ¡Qué pesadumbre de muerte para nuestro Divino Señor el ver a su Madre dulcísima en tanta aflicción y congoja!

Imprímanse en mi corazón los dolores de Jesús y María. Acompáñelos y con un vivo sentimiento y con el verdadero dolor de mis pecados.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Yo fui quien del duro
madero inclemente
te puso pendiente
con vil impiedad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

QUINTA ESTACIÓN

Jesús es ayudado por el Cireneo.



Jesús es ayudado por el Cireneo.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la quinta estación a Jesús ayudado por el Cireneo. ¡Ay, que no fue humanidad la que procuró el alivio de mi Redentor! ¡Hombres ingratos! Deseabais verle en el madero de la muerte; temíais que se muriese antes de llegar a tan grande afrenta; le ayudasteis, malvados, por exceso de crueldad.

Yo he sido, Señor, el malvado; yo el cruel; mis pecados han sido los instrumentos de tan nueva inhumanidad; perdonadme, mi Dios, por vuestra infinita misericordia.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Mi rostro cubierto
de llanto lo indica,
mi lengua publica
tan triste verdad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

SEXTA ESTACIÓN

La Verónica enjuga el rostro a Jesús.



La Verónica enjuga el rostro a Jesús.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la sexta estación la bondad de Jesucristo, que se dejó limpiar el rostro por una devota mujer. Se olvida el Señor de sus tormentos y dolores para dar acogida a una alma buena y piadosa; recompensa sus pequeños servicios con el precioso don de su propia imagen. ¡Qué exceso de bondad y misericordia!

Mis maldades, Señor, son las que tenían afeado y maltratado vuestro divino rostro. Ellas son las que afearon mi alma, imagen vuestra. Dignaos, Señor, limpiarla con vuestra Preciosísima Sangre.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Por mí en el tormento
la sangre vertiste,
y prendas me diste
de amor y humildad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

SÉPTIMA ESTACIÓN

Jesús cae por segunda vez.



Jesús cae por segunda vez.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la séptima estación la segunda caída de nuestro Divino Maestro. ¡Qué ingratitud la de los hombres que le atropellaron hasta dejarle caer! ¡Qué amor el de mi Bien que dejóse atropellar y echar por tierra para dar satisfacción a su Eterno Padre por mis caídas!

Mi fragilidad, Señor, os derribó, y vuestra divina fortaleza os levantó. Levantadme, mi Dios, con vuestra gracia, del precipicio horrible a que me despeñó mi flaqueza.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Y yo en recompensa,
pecado a pecado,
la copa he llenado
de la iniquidad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

OCTAVA ESTACIÓN

Jesús consuela a las mujeres.



Jesús consuela a las mujeres.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la octava estación la benignidad con la que se volvió nuestro buen Jesús hacia las mujeres que le seguían. ¡Con qué amor les habló! ¡Con qué blandura las corrigió! ¡Con qué celo las animó al aborrecimiento de sus pecados, más bien que a la compasión de sí mismo!

Sí, mi Dios, reconozco en mis malas obras la causa de vuestra pasión. Las lloro y las lloraré con el más vivo dolor hasta el último momento de mi vida.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Mas ya arrepentido
te busco lloroso;
¡Oh, Padre amoroso,
¡Oh, Dios de bondad!

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

NOVENA ESTACIÓN

Jesús cae por tercera vez.



Jesús cae por tercera vez.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la novena estación la tercera caída de nuestro Bien. Os agobiaba, Señor, el pesado madero de la cruz; pero mucho más os oprimía el horrible pensamiento de ver inutilizada para muchos vuestra dolorosa subida al Calvario. ¡Qué amor el de Dios! ¡Qué maldad la del hombre, que no se aprovecha de tanto amor!

Sea yo, Señor, de los aprovechados y agradecidos; recoja yo todos los frutos preciosos de vuestra amarga pasión.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

No intente yo nunca
traición fementida;
¡Oh cielos! Mi vida
primero quitad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús es despojado de sus vestiduras.



Jesús es despojado de sus vestiduras.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la décima estación los dolores que padeció Jesucristo cuando le desnudaron de su túnica. ¡Qué llagas no se le rasgaron! ¡Qué sangre no derramó de sus venas! ¡Qué vergüenza no le ocasionó su desnudez!

Despójeme yo, Señor, de todos mis malos afectos y pasiones. Alentadme Vos con Vuestra divina gracia, para que me revista de buenas obras.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Mi humilde plegaria
transpase las nubes;
ardientes Querubines,
mis votos llevad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

DECIMOPRIMERA ESTACIÓN

Jesús es clavado en la cruz.



Jesús es clavado en la cruz.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la decimoprimera estación a Jesucristo tendido y enclavado en la cruz. ¿Qué es lo que veo, mi Dios? ¡Taladradas las manos y los pies del más delicado de los hombres! Pendiente del Hijo inocentísimo de María del troco de la mayor afrenta! ¡Echado a morir en un patíbulo el Criador del mundo!

¡Y no acabará conmigo tan dolorosa consideración! ¡Y no aborreceré de muerte mis pecados, que son los que enclavaron a mi Dios!

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Jesús en mi pecho
domine imperioso;
¡Dominio dichoso,
feliz caridad!

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

DECIMOSEGUNDA ESTACIÓN

Jesús muere en la cruz.



Jesús muere en la cruz.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la decimosegunda estación a nuestro Divino Redentor, que muere en la cruz por nosotros. ¡Dios amorosísimo!¡Vos ilumináis mis ojos, y se eclipsan los vuestros! ¡Vos me dais la vida, y os entregas a la muerte! ¡Vos me ayudáis de continuo, y morís desamparado de todos! ¡Oh, exceso de amor sin ejemplo!

Se estremece de horror todo el mundo: aún las piedras más duras se enternecen. ¡Y no se quebrará mi corazón! Muera yo, Señor, al pie de vuestra cruz; no tenga más vida, si he de ofenderos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Tu amor, Jesús mío,
será mi anhelo;
amantes del cielo,
su amor ensalzad.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

Jesús muerto en los brazos de su Madre.



Jesús muerto en los brazos de su Madre.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la decimotercera estación a Jesucristo desclavado de la cruz y puesto en los brazos de su dulce Madre. ¿Cómo no muere la Madre en tanta pena sobre el Hijo difunto? No, no ha de morir, ha de padecer viviendo más que si muriera.

¡Madre dulcísima de Jesús! ¡Y seré yo tan ingrato que ofenda a vuestro Hijo, y con Él también a Vos! Dadme la muerte, Señor, si he de ser tan desleal.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Dios mío, consuma
mi vida ese fuego,
y admítame luego
la ciudad eterna.

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

Jesús es colocado en el sepulcro.



Jesús es colocado en el sepulcro.

V. Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi,
R. Quia per crucem tuam redimisti mundum.

Contemplaremos en la última estación al Autor de la vida en el sepulcro de la muerte. ¡Qué triunfo el de los impíos viendo ya sepultado al inocente Jesús! ¡Qué horrible soledad la de María, viéndose tan apartada de su amado Hijo! Apresura, mi Dios, tu resurrección gloriosa para humillación de los malvados; apresúrala, Señor, para consuelo de tu Madre y de los buenos.

Sepúltense mis culpas en las tinieblas del abismo. Resucite mi alma a la gracia. Siga yo vuestros pasos gloriosos desde la tierra hasta el cielo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Ten, Señor, piedad de nosotros.
R. Piedad, Señor, piedad.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

V. Miserere nostri, Domine.
R. Miserere nostri.
V. Fidelium animae par misericordiam Dei requiescant in pace.

R. Amen.

Mas ya arrepentido
te busco lloroso;
¡Oh, Padre amoroso,
¡Oh, Dios de bondad!

Perdón, oh Dios mío.
Perdón, indulgencia.
Perdón y clemencia.
Perdón y piedad.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 555







¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!