EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

10. OFICIO DE LA VIRGEN.

I

Para rezar con provecho las Horas de Nuestra Señora, y todas sus oraciones y alabanzas, se han de observar seis circunstancias: que sea con intención, atención, devoción, reverencia, pronunciación y tiempo.

1. La intención ha de ser de glorificar a Dios, y a la Madre de Dios; y no se disminuye la gloria de Dios porque pretendamos juntamente honrar a su Madre, antes se aumenta, porque de esta manera le honramos en sí, y en la que él honró sobre toda criatura, y quiere que nosotros la honremos más que a todas. No deja de ser agradable y eficaz para conseguir mercedes, porque no se entienda latín, ni se sepa lo que significan los Salmos; como el rudo labrador, que no sabe leer, y da memorial al Rey, diciendo: "Señor, yo pido lo que dice este papel"; alcanza lo que suplica, aunque no entienda lo que pide, si es justa su petición.

2. Todo el tiempo de la oración se ha conservar la atención, así a lo que se dice, como a la persona con quien se habla. Porque, como dice San Jerónimo, no se ora con sólo la lengua, sino con el corazón. Y se quejará María de los que no atienden, como se queja Dios de su pueblo por Isaías, diciendo: "Este pueblo me honra con los labios, mas su corazón está lejos de mí."

3. La devoción es de dos maneras: una sustancial, que consiste en la prontitud con la que ofrecemos a María nuestras oraciones y obsequios, no con tristeza o por necesidad, sino por gusto y voluntad; y esta devoción es la que nos pide María, y siempre la podemos tener, porque aunque repugne la carne, puede estar pronto el espíritu. Otra devoción hay sensible y afectuosa con ternura y lágrimas, que no está en nuestra mano, y la suele dar Dios a quien tiene la primera. Mas aunque falte, no serán por eso menos gratas a la Virgen nuestras oraciones.

4. La reverencia interior, que es la humildad, se ha de procurar principalmente, considerando que hablamos con la Reina del Cielo, y Madre de Dios; y de la interior ha de nacer la exterior, estando con la postura del cuerpo más humilde, que la edad o salud permitiere, de rodillas, o en pie, cuando hablamos con aquella a quien se arrodilla toda criatura del cielo, de la tierra y del infierno.

5. La buena pronunciación ha de acompañar la oración, no rezando de prisa, porque faltará la atención, ni muy despacio cuando se reza con otras personas, para no causarles molestia. San Buenaventura advierte que no silbe quien ora, porque impide a los demás, y con su oración indevota embaraza muchas devotas oraciones.

6. Háse de procurar el tiempo conveniente, rezando, si cómodamente se puede, para alabar a María en todo tiempo, y obligarla a que en todo tiempo nos favorezca. A lo menos quien rezare varias devociones, repártalas entre la mañana, la tarde y la noche, porque no quede parte del día que no se consagre con las alabanzas de la Madre de Dios.

(P. Francisco García, S.J.)


II

ORACIÓN PARA ANTES DE REZAR EL OFICIO DE NUESTRA SEÑORA.

Abre, Señor, mis labios para que bendigan tu santo nombre. Purifica mi corazón de todo mal pensamiento, inútil y distraído. Ilumina mi entendimiento, mueve mi afecto para que pueda yo rezar este Oficio con la atenta devoción y dignidad que se merece, y me haga con esto acreedor a ser oído en la presencia de vuestra Divina Majestad. Por Cristo, Señor nuestro.

Amén.

Señor, en la misma unión de aquella intención divina con que Vos en la tierra satisficisteis las alabanzas a Dios, yo os satisfago estas horas.

Credo.


MAITINES.

Avemaría.

V. Señor, abrirás mis labios.
R. Y mi boca publicará tus alabanzas.

V. Señor, ayudadme.
R. Y acudid pronto a socorredme.

Gloria.

(Se dice "Aleluya" desde Pascua de Resurrección hasta el domingo de Septuagésima, en el cual se dice en su lugar, hasta las Vísperas de la Pascua en el Sábado Santo: "A ti se debe la alabanza, oh, Rey de la gloria eterna.")

INVITATORIO: Dios te salve, María, llena eres de gracia el Señor está contigo (se repite otra vez).


SALMO 94.

Venid y alegrémonos en el Señor, y cantemos alabanzas a nuestro Salvador Dios; anticipémonos en acudir a su presencia con la confesión, y celebremos sus alabanzas con salmos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo.

Porque el Señor es gran Dios, y Rey grande sobre todos los que el mundo venera por dioses, y porque no abandonará a su pueblo; pues en su mano está toda la extensión de la tierra, y son suyos los montes más encumbrados.

El Señor está contigo.

También porque suyo es el mar, y obra de sus manos, y asimismo la tierra. Venid, adoremos al Señor que nos ha criado, postrémonos en su presencia llorando ante el Señor, pues es nuestro Señor Dios, y nosotros somos pueblo suyo, y ovejas de su rebaño.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo.

En este día si oyereis mi voz, no endurezcáis vuestros corazones, como cuando me irritasteis en el desierto, donde me tentaron vuestros padres para probarme, y vieron mis obras.

El Señor está contigo.

Cuarenta años estuve con esta generación, y dije: siempre yerran éstos en su corazón; nunca conocieron mis designios aquellos a quienes, airado, hice juramento de que no entrarán a gozar de mi despacho.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

El Señor está contigo.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo.


HIMNO.

Al que tierra, mar y cielo
Publican, adoran, ruegan,
Y las tres máquinas rige,
El puro claustro maría encierra.

Al que el sol, la luna, el orbe
Sirven en sus fijas vueltas
De gracia eterna bañadas,
La jovencita en sus entrañas lleva.

Dichosa madre en su empleo,
Que en cavidad tan estrecha
Del vientre, cerrado tuvo
Al gran Dios que en su puño el mundo encierra.

Feliz por celeste anuncio,
Fecunda porque la llena
El Santo Espíritu, y nace
El Deseado de los hombres de ella.

Jesús, a ti sea gloria,
Que naciste de la excelsa
Virgen; y al Padre y al almo
Espíritu, en edades sempiternas.

Amén.

ANTÍFONA. Bendita eres.

(Estos tres salmos siguientes son para domingo, lunes y jueves)


SALMO 8.

¡Oh Señor, y Señor nuestro, cuán admirable es tu nombre en toda la extensión de la tierra!

Porque tu gran majestad es superior a todos los cielos.

De la boca de los niños sacaste una perfecta alabanza contra tus enemigos, para destruir y aniquilar al enemigo y al vengativo.

Mas cuando yo considera los cielos, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has establecido, digo:

¿Quién es el hombre que ha merecido te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que hayas de venir a visitarle?

Pues le has hecho poco inferior a los ángeles; le has llenado de gloria y honra, y le has hecho superior a las demás obras de tus manos.

Sujetando a su dominio todas las cosas, las ovejas y bueyes, y todo ganado del campo.

También las aves del aire y peces del mar, que caminan por lo interior del mar.

¡Oh Señor, y Señor nuestro, cuán admirable es tu nombre en toda la extensión de la tierra!

Gloria la Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

ANTÍFONA: Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre.

ANTÍFONA: Como la mirra más escogida has exhalado suavísimo olor, santa Madre de Dios.


SALMO 18.

Los cielos dan nuevas de la gloria de Dios, y el firmamento nos declara las obras de sus manos.

El día manifiesta al día esta palabra, y la noche lo hace saber a la noche.

No hay lenguaje, ni pueblos por muy diversos, que no entiendan sus voces.

El sonido de los cielos a todas partes llega, y sus palabras resuenan por los confines de la tierra.

En el sol colocó su tabernáculo, y él es mirado como esposo que sale adornado de su lecho nupcial.

Se regocija como muy brioso en correr toda su jornada, y sale de lo más encumbrado al cielo. Y corre hasta el otro extremo, sin que nadie pueda esconderse para evitar el calor.

La ley del Señor es inmaculada, y convierte las almas; el testimonio suyo es fiel, y concede la sabiduría a los parvulillos.

Los preceptos del Señor son rectos, y alegran los corazones; el mandamiento del Señor es muy claro, e ilumina a la misma vista.

El temor del Señor es tan santo, y permanece por los siglos de los siglos; los juicios del Señor son verdaderos y justos en sí mismos.

Son más apetecibles que el oro y las piedras más preciosas; mucho más dulces que la miel y el panal.

Por lo mismo los observa con puntualidad tu siervo; y el premio es abundante a los que los observan.

¿Quién conoce bien las culpas? Limpiadme, Señor, de las culpas que a mí se me ocultan, y perdona a tu siervo los pecados ajenos (a que dio motivo con el ejemplo).

Si los malos no prevalecieren contra mí, en tal caso quedaré sin mancha, y limpio de grandes delitos.

De aquí vendrá que cuanto dijere yo será bien recibido de ti; y la continua meditación de mi corazón siempre será de ti.

Señor, sois mi ayuda, y mi Redentor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

ANTÍFONA: Como la mirra más escogida has exhalado suavísimo olor, santa Madre de Dios.

ANTÍFONA: Ante el acatamiento.


SALMO 23.

Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella, todo el mundo y cuantos habitan en él. Porque Él mismo la fundó superior a los mares, y la colocó sobre los ríos.

¿Quién podrá subir al monte del Señor? O ¿quién estará de asiento en el lugar santo suyo? El que es inocente y de corazón recto, que no ha recibido en balde su alma, y no juró con doblez a su prójimo.

A éste le alcanzará la bendición del Señor, y la misericordia de Dios, Salvador suyo. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan el semblante del Dios de Jacob.

¡Levantad, oh príncipes, vuestras puertas, y elévense las de la eternidad, y entrará el Rey de la gloria!

¿Quién es este Rey de la gloria? El Señor fuerte y poderoso, el Señor poderoso de las batallas.

¡Alzad, oh príncipes, vuestras puertas, y elévense las de la eternidad, y entrará el Rey de la gloria!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

ANTÍFONA: Ante el acatamiento de esta santísima Virgen, frecuentadnos dulces cánticos de alabanzas.

V. En tus labios está la gracia difundida.
R. Por tanto te bendijo Dios para siempre.

Padrenuestro

ABSOLUCIÓN. Por los méritos e intersección de la bienaventurada siempre Virgen María y de todos los Santos, nos lleve el Señor a gozar del reino de los cielos. Amén.

V. Señor, dignaos bendecirnos.
R. La Virgen María nos bendiga con su benigno Hijo. Amén.

(Las tres lecciones siguientes son para el primer y tercer Oficio, que es decir, desde Navidad hasta Adviento.)


LECCIÓN I (Eccl. 24).

En todas estas cosas busqué el descanso, y solo permaneceré en la herencia del Señor. Entonces me mandó y me dijo el Criador de todas las cosas, y el que me crió a mí descansó en mi morada, y me dijo: "Has de habitar en Jacob, y tener tu herencia en Israel, y has de echar raíces entre mis escogidos. Mas, tú, Señor, ten misericordia de nosotros.

R. Gracias a Dios.
R. Santa e inmaculada virginidad, no sé qué alabanzas te daré. Porque al que no podían comprender los cielos, tú le comprendiste en tus entrañas.

V. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. Porque al que no podían comprender los cielos, tú le comprendiste en tus entrañas.
V. Señor, dignaos bendecirnos.

. La misma Virgen de las vírgenes interceda por nosotros al Señor. Amén.


LECCIÓN II.

Y así me he establecido en Sión, y del mismo modo descanso en la ciudad santificada, y en Jerusalén tengo el poderío; y me arraigué en un pueblo honrado, y su heredad en la parte de mi Dios, y mi morada en la plenitud de los santos. Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.

R. Gracias a Dios.
R. Eres bienaventurada tú, Virgen María, que llevaste en tu vientre al Señor que crió el mundo. Has engendrado al que te hizo, y permaneces siempre virgen.

V. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Has engendrado al que te hizo, y permaneces siempre virgen. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Has engendrado al que te hizo, y permaneces siempre virgen.
V. Señor, dignaos bendecirnos.

R. Por la Virgen Madre nos conceda el Señor la salud y la paz. Amén.


LECCIÓN III.

Como cedro fui ensalzada en el Líbano; como ciprés en el monte Sión; como la palma elevada soy en Cadés, y como la planta de rosa en Jericó; soy elevada como la hermosa oliva en los campos, o como el plátano junto al agua en las plazas; despedí olor como bálsamo aromático y cinamomo, y exhalé olor suave como de mirra escogida. Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.

R. Gracias a Dios.
V. A la verdad eres feliz, sagrada Virgen María, y muy digna de toda alabanza. Porque de ti nació el sol de justicia, Cristo nuestro Dios.
V. Ruega por el pueblo, intervén por el clero, intercede por el devoto sexo femenino, experimenten todos tu amparo los que celebran tu santa memoria. Porque de ti nació el sol de justicia, Cristo nuestro Dios. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Porque de ti nació el sol de justicia, Cristo nuestro Dios.


TE DEUM.

A ti, oh Dios, te alabamos; confesámoste Señor nuestro.
A ti, eterno Padre, te venera toda la tierra.
A ti, todos los ángeles, los cielos y las potestades todas.
A ti los Querubines y Serafines con voz incesable están aclamando:

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de Sabaoth.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te alaba el coro glorioso de los apóstoles.
A ti el número laudable de los profetas;
A ti el puro ejército de los mártires;
A ti te confiesa la Iglesia por toda la redondez de la tierra;

Padre de inmensa majestad;
También a tu adorable, verdadero y único Hijo,
Igualmente que al Santo Espíritu Paráclito.

Tú, oh Cristo, eres rey de la gloria.
Tú eres Hijo sempiterno del Padre.
Tú, tomando a tu cuenta librar al hombre, no te desdeñaste de habitar las entrañas de la Virgen.
Tú, triunfando de la oposición de la muerte, abriste el reino de los cielos a los que creen.
Tú, en la gloria del Padre estás sentado a la diestra de Dios.
Tú eres el Juez que, creemos, ha de venir.

A ti, pues, rogamos, que socorras a los que te sirven, a aquellos mismos que redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que sean contados en la gloria eterna con tus Santos.
Salva a tu pueblo, oh Señor, y bendícelo como a heredad tuya.
Y dirígelos y ensálzalos hasta la eternidad.
Todos los días te bendecimos.
Y alabamos tu nombre por los siglos de los siglos.
Dígnate, Señor, mantenernos sin pecado este día.
Ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia.
Venga, Señor, tu piedad sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
En ti esperé, Señor; no seré confundido por toda una eternidad.


ANTÍFONAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

(Antífona para el segundo Oficio, desde el sábado antes del primer domingo de Adviento hasta la Purificación inclusive.)

ANTÍFONA

¡Oh, tú!, del Redentor Madre sagrada,
Puerta patente del celeste reino,
y lucero del mar, socorre al pueblo,
que ya caído a levantarse aspira.
Tú, que engendraste no sin grande asombro
De la naturaleza, a tu divino
Y excelso Engendrador, oyendo el Ave
Del santo labio de Gabriel, y virgen
Siempre, antes y después permaneciste,
De los que pecan ten misericordia.

V. El Ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.

Oremos.

Infunde, Señor, tu gracia a nuestros entendimientos para que los que hemos tenido noticia de la Encarnación de Jesucristo, tu Hijo, anunciándolo el Ángel, lleguemos a gozar de la gloria de la resurrección por medio de la pasión y cruz del mismo Jesucristo, Señor Nuestro, Hijo tuyo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo Dios por los siglos de los siglos. Amén.

(Desde la víspera de Navidad hasta la Purificación se dicen los siguientes versículos y oración.)

V. Quedaste siempre virgen intacta después del parto.
R. Madre de Dios, intercede por nosotros.

Oremos.

¡Oh, Dios!, que de la virginidad fecunda de la bienaventurada Virgen sacaste el premio de la salvación eterna para el género humano, te pedimos nos concedas que interceda por nosotros la misma, por cuyo medio merecimos recibir el Autor de la vida, Nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo Dios por los siglos de los siglos. Amén.

El auxilio divino permanezca siempre en nosotros. Amén.


(Desde la Purificación hasta el Jueves Santo inclusive.)

ANTÍFONA

Salve, Reina de los cielos.
Salve, Reina de los ángeles.
Salve, raíz y puerta.
Por donde al mundo le ha venido la luz.
Alegraos, Virgen gloriosa,
Sobre todas la más hermosa;
Dios te guarde, oh Virgen la más honesta,
Y ruega a Jesucristo por nosotros.

V. Dignaos que os alabe, Virgen sagrada.
R. Dame fuerza contra tus enemigos.

Oremos.

¡Oh, Dios misericordioso!, concede fuerzas a nuestra fragilidad para que los que celebramos la memoria de la Santa Madre de Dios, con el auxilio de su intersección, nos volvamos a ver libres de nuestras malas obras. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Permanezca siempre en vosotros el auxilio de la divina gracia. Amén.


(Desde las completas del Sábado Santo hasta la Nona del sábado de Pentecostés inclusive.)

ANTÍFONA

Reina del cielo, alégrate, Aleluya. Porque aquel que fuiste digna de llevar en las entrañas, aleluya, resucitó como dijo. Ruega por nosotros, aleluya.

V. Gozaos y alegraos, Virgen María, aleluya.
R. Porque verdaderamente resucitó el Señor, aleluya.

Oremos.

¡Oh Dios!, que te dignaste alegrar al mundo con la resurrección de tu Hijo Jesucristo, Señor Nuestro, concédenos que por la intersección de su Madre la Virgen María, logremos conseguir los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Señor Nuestro. Amén.

El auxilio divino permanezca siempre en nosotros. Amén.


(Desde la primeras Vísperas de la Trinidad hasta la Nona del sábado antes del primer domingo de Adviento.)

ANTÍFONA.

Salve

Oremos.

Omnipotente y sempiterno Dios, que, cooperando el Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y alma de la gloriosa siempre Virgen María para que mereciese ser digna habitación de tu Hijo; concédenos que por la intersección de la misma, cuya memoria celebramos con alegría, seamos libres de los males presentes y de la muerte perpetua. Por el mismo Jesucristo, Señor Nuestro. Amén.

El auxilio divino permanezca siempre en nosotros. Amén.


ORACIÓN PARA DESPUÉS DE REZAR.

Toda criatura rinda perpetuamente alabanza, honra, virtud y gloria a la sacrosanta e individua Trinidad, a la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, a la fecunda integridad de la bienaventurada y gloriosísima siempre Virgen María, a la congregación de todos los Santos, y venga a nosotros el perdón de nuestros pecados. Por todos los siglos de los siglos. Amén.

V. Bienaventurado el vientre de la Virgen María que llevó al Hijo del Eterno Padre.
R. Y bienaventurado el pecho que dio leche a Cristo, Señor nuestro. Ave María.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 495






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!