EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

9. COMUNIÓN EN SÁBADO.

Antes de la comunión.

Oración a María Santísima.- Piadosísima y dulcísima Reina de las Ángeles, que trajisteis en vuestro purísimo tálamo a vuestro Hijo Jesús, mi Redentor y Salvador; interesada sois en que yo le hospede en mi corazón con el amor, reverencia y humildad que cabe en una pura criatura. Adornad, Madre dulcísima, mi alma con vuestras virtudes, para que así sea digno trono de tan gran Señor. Yo quisiera arder en su amor como un Serafín, y si me fuera posible, como él se ama a sí mismo; porque la bondad del dulce Jesús es infinitamente amable. Confío, Señora, que pues sois Madre de pecadores, habéis de manifestarlo en esta ocasión, y pedir a vuestro Santísimo Hijo se digne venir a mi alma, y llenarla de su gracia y bendición.

(P. Fray Luis de Granada, dominico)

Consideración.

Mirad que viene el Esposo, salidle a recibir (Mt. 25).

1. Y ¿quién piensas es el Esposo, cuyo nombre aquí se calla, porque es nombre inefable y admirable? El mismo Verbo divino, que vino del cielo al tálamo de la Virgen para celebrar allí sus bodas con la naturaleza humana, juntándola con su misma persona; ese mismo bajó del cielo, y cubierto con accidentes de pan, quiere entrar en el tálamo de tu corazón, para celebrar allí su desposorio espiritual contigo. Y ¿qué esposo puede haber más hermoso y agraciado, más rico y poderoso, más sabio y discreto, ni más lleno de todos los bienes, que el que es hijo del Eterno Padre, resplandor de su gloria, en quien están todos los tesoros de sus infinitas riquezas? Y aunque viene disfrazado y en lo exterior pobremente vestido, no es pobre; porque en lo interior trae toda su grandeza, y con la misma gloria que tiene en el cielo, viene y está en el Sacramento.

2. Pero ¿qué dirás de tu alma, a quien quiere tomar por esposa? Cuanto él tiene de hermosura, tanto ella tiene de fealdad; él es blanco más que la nieve, ella negra como el carbón; él es hermoso sobre todos los hijos de los hombres, ella es fea como los demonios, porque se ha manchado con innumerables culpas, y está tiznada con grandes maldades.

3. Pero ¿quién contará los bienes que de aquí resultan? ¡Qué amistad tan íntima! ¡Qué trato tan familiar por la oración! ¡Qué deleites por la contemplación! ¡Qué confianza tan segura en el pedir! ¡Qué eficacia tan grande en alcanzar! ¡Qué desasimiento de las cosas temporales! ¡Qué gusto en pretender no más que las eternas! ¡Qué alegría en los trabajos, y celo en ayudar a otros! Mas ¿por qué me canso en contar los bienes, pues no hay bien partido entre los bien casados? Y pues tiene el alma por suyo a Dios, ¿cómo no tendrá con él todas las cosas? Mira, pues, oh alma, que tu esposo viene: adórnate y sal a recibirle.

(P. Luis de la Puente, S.J.)

Después de la comunión.

Miradme, oh mi amado y buen Jesús, postrado en vuestra santísima presencia; os ruego con el mayor fervor imprimáis en mi corazón los sentimientos de fe, esperanza, caridad, dolor de mis pecados, y propósito de jamás ofenderos mientras que yo, con todo el amor y con toda la compasión de que soy capaz, voy considerando vuestras cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Vos, oh Dios mío, el Santo Profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos."

(Gana indulgencia plenaria el que, después de haber confesado y comulgado, rece esta oración delante de un Crucifijo, y ruegue según la intención de Su Santidad por espacio de tiempo. Pío IX.)

Alma de Cristo

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 491






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!