EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

8. COMUNIÓN EN VIERNES.

Antes de la comunión.

¡Oh, Corazón, el más puro y amable de todos los corazones! ¡Corazón santísimo! ¡Corazón dulcísimo! Yo os miro, con los ojos de la fe, todo hecho llama de amor para con los hombres, y al mismo tiempo veo los corazones de los hombres ocupados en el amor de las cosas de la tierra, y olvidados enteramente de Vos. ¿Y no merece, Jesús mío, vuestro piadoso Corazón otra recompensa de los hombres que ultrajes y agravios?

¡Ah, Corazón amabilísimo, quién tuviera en su mano los corazones de todos los hombres que fueron, son y serán, para con todos ellos amaros! A lo menos estos son mis deseos. Por vuestra bondad os pido me comuniquéis alguna centella de ese fuego divino, que por mi parte propongo firmemente de aquí adelante no tener otro blanco en mis afectos que a solo Vos. Concededme esta gracia, y en la hora postrera de mi vida recibid dentro de Vos mi último suspiro. Amén.

Consideración.

Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo (Jn. 9).

1. Alma mía, con los ojos de la fe, que este Señor te ha dado, mira todos los lugares donde ha estado, y está; y hallarás que siempre fue, y es luz de ellos. Cuando se hizo hombre en el mundo, comenzó a ser luz del mundo, y en señal de esto, cuando nació en Belén, la claridad de Dios resplandeció sobre los pastores. Y por todo el tiempo de su predicación fue haciendo este oficio hasta que expiró; y entonces hubo grandes tinieblas en el mundopor espacio de tres horas, en señal de que se había ausentado el Maestro, que era sol y luz del mundo. Después bajó al limbo, lugar profundísimo y obscurísimo, y mientras estuvo en el limbo, alumbrando aquellas inferiores partes de la tierra, y convirtiéndolas en paraíso comunicando a las almas la vista clara de la divina esencia; pero en saliendo de allí quedó el limbo con una perpetua noche.

2. Pues, ¿qué haremos, oh Cordero de Dios, si os estáis en vuestro cielo sin venir al mundo? Volveos, Señor, a él para ser luz de los que viven en el mundo, pues sin Vos todo es tinieblas. ¡Oh, alteza de la divina caridad! Cuya inmensa sabiduría supo inventar modo como el mismo sol, que alumbra al mundo superior, sin ausentarse de él, venga cada día a este mundo inferior, cubierto con el velo del Sacramento para dar luz, aunque algo oscura; y lo que más es, que así cubierto como está, entra en el pecho del que comulga, como en un limbo, y con su luz le convierte en paraíso. Venid, Señor, venid a visitar esta alma que mora en la región de las tinieblas y sombra de muerte; nazca en ella vuestra luz; salga para ella este sol, que aunque venga cubierto con esta nube, por ella enviará rayos que basten a alumbrarla y encenderla, y convertirla en cielo con la presencia del Rey eterno.

3. Finalmente, considerarás los efectos que este divino con su luz produce en el alma, llenándola de los resplandores de sus divinas inspiraciones, con que aviva la luz de la fe, aumenta el resplandor de la gracia, enciende el fuego de la caridad, excita los afectos de todas las virtudes, llena el corazón de alegría, y hace que todas las potencias obren como quien anda de día, con decencia y honestidad, aborreciendo las obras de tinieblas. Llégate, pues, alma mía, a tu Dios, para que seas alumbrada con su presencia; levántate del sueño en que estás, para que te alumbre Cristo con su luz.

(P. Luis de la Puente, S.J.)

Después de la comunión.

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis; a Vos, Señor, lo torno: todo es vuestro; disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

(San Ignacio de Loyola)

(Trescientos días de indulgencia cada vez que se rece con devoción. León XIII)

Alma de Cristo

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 486






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!