EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

7. COMUNIÓN EN JUEVES.

Antes de la comunión.

Oración.- Omnipotente Dios y Señor mío, corre mi corazón a recibir con suma ansia y reverencia el Sacramento de tu Hijo y Señor mío Jesucristo. Voy, Dios mío, como el ciervo a la fuente de las aguas, el ciego a buscar la luz, el pobre a buscar el socorro, el necesitado de todo al todo rico, todo liberal y todo misericordioso.

Suplico, pues, Dios mío, a esa liberalidad y largueza sobre toda largueza y liberalidad, que cures mis enfermedades, sanes mis heridas, laves mis manchas, alumbres mis tinieblas, socorras mis necesidades, vistas mi desnudez, y gobiernes mis potencias, sentidos y facultades. Concédeme, Señor, que dignamente reciba este pan de Ángeles, Rey de Reyes, Señor de los Señores, Criador de todo lo criado, gozo, consuelo y remedio de todas las criaturas.

Recíbale, Señor, con tanta reverencia y humildad, con tan grande contrición, con tan pura intención y tierna devoción, con tan constante fe, cierta esperanza, ardiente caridad, y con tan profunda humildad, que mi alma sea sana y salva.

Concédeme, Señor, te suplico, no sólo que reciba el Sacramento, sino al Señor, mérito, gracia y virtud del Sacramento.

¡Oh, misericordioso Dios! Concédeme el Cuerpo, Alma, Divinidad y Humanidad de tu Hijo Jesucristo, Señor mío. Dame en él, con él y por él los tesoros de la gracias, y las prendas de la gloria.

Concédeme aquel mismo que nació y salió del tálamo virginal de su Madre Beatísima María. Concédeme que con él eternamente me una, me estreche, me enlace, me incorpore, y entre sus espirituales miembros sea en la gloria contado.

Concédeme con tu Hijo preciosísimo el don santo de la perseverancia en lo bueno, y una eficaz gracia de apartarme y resistir a todo lo malo.

Concédeme que a este mismo Jesús, Señor y bien de mi alma, que ahora he de recibir sacramentado, le vea en la gloria manifiesto, alabado y adorado, por todos los siglos de los siglos. Amén.

(Santo Tomás de Aquino)

Consideración.

Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn. 14).

1. Yo, dice el Salvador, soy el camino de tu salvación y perfección, y por mi medio has de ir a mi Padre, y le has de agradar y aplacar, y hallar gracia en sus ojos. Yo soy el camino, por donde has de llegar a la vida eterna, y gozar el premio que está prometido a los que peregrinan por fe en este mundo. Yo soy el camino para subir a la cumbre de la santidad y al monte de la contemplación; por mi medio alcanzarás la humildad, y la obediencia, y la paciencia, y la perfección de todas las virtudes, el remedio de tus necesidades corporales y espirituales, el cumplimiento de todos tus buenos deseos y la abundancia de todos los bienes temporales y eternos.

2. Mira también que yo soy la verdad que representaban todos los sacrificios y sacramentos y ceremonias de la ley vieja; y en mí hallarás la santidad que significaban y no daban. Yo soy la verdad en que están encerradas todas las verdades que has de creer con firmeza: creyendo en mí lo crees todo; porque este Sacramento es por excelencia misterio de la fe: aquí crees mi divinidad, mi omnipotencia y majestad infinitas, y la procesión con que salgo de mi Padre; crees también en mi encarnación, pasión y muerte y los frutos de ellas; aviva tu fe, recíbeme con fe, y verás por experiencia la verdad de la fe.

3. Mira también que yo soy la misma vida, sin la cual todo es muerte; soy vida espiritual de tu alma, para esto vengo al Sacramento, para que quien me reciba tenga vida de gracia y vida muy copiosa; soy vida de tu cuerpo, porque yo soy resurrección y vida, y aunque mueras te resucitaré después muy glorioso; soy vida bienaventurada, y quien me come vivirá para siempre, y tiene en sí la vida eterna; porque me tiene a mí que se la daré a su tiempo, llevándole a reina conmigo en el reino de mi Padre; mira que yo soy la vida con la que has de vivir, con la que has de seguir, diciendo como mi Apóstol: "Vivo, mas no yo; sino que vive Cristo en mí". Finalmente, yo soy la vida que has de pretender por premio de todos tus trabajos. Porque tu vida eterna está en verme, amarme y gozarme, recíbeme con viva fe; porque si me tienes dentro de ti, y estás unido conmigo, yo seré para ti camino, y verdad y vida. ¡Oh buen Jesús! Con este deseo vengo a recibirte; sé tú mi camino, para que nunca tropiece; sé tú mi verdad, para que nunca yerre; y sé tú mi vida, para que nunca muera, reinando contigo por todos los siglos. Amén.

(P. Luis de la Puente, S.J.)

Después de la comunión.

Alma de Cristo

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 480






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!