EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

4. COMUNIÓN EN LUNES.

Antes de la comunión.

Afectos de humildad.- ¿Quién sois Vos, Señor mío, y quien soy yo, para que me atreva a llegar a Vos? ¿Qué cosa soy yo, para que pueda recibir en mí a Dios, mi Hacedor? ¿Qué es de sí el hombre sino un vaso de corrupción, heredero del infierno, obrador de pecados, menospreciador de Dios, y una criatura inhábil para todo lo bueno, y poderosa para todo lo malo?

¿Pues cómo una tan vil criatura osará llegar a un Dios de tan grande Majestad? Las estrellas no están limpias delante de vuestro acatamiento, las columnas del cielo tiemblan delante de Vos, los más altos de los Serafines encogen sus alas, y se tienen por unos viles gusanillos en vuestra presencia. ¿Pues cómo osará recibiros dentro de sí una tan vil y baja criatura?

El santo Bautista, santificado desde las entrañas de su madre, no osa tocar vuestra cabeza, ni se halla digno de desatar la correa de vuestro zapato; el Príncipe de los Apóstoles da voces y dice: "Apártate, Señor, que soy hombre pecador." ¿Y osaré yo llegarme a Vos tan cargado de pecados?

Consideración.

El que no perdonó a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo también no nos dio con él todas las cosas? (Rom, 8).

1. Considera la infinita liberalidad de tu Dios, el cual, por el amor que te tiene, quiso ordenar para tu provecho todas las cosas que hizo. Dice el Apóstol: "Todas las cosas son vuestras: Pablo, Apolo y Pedro; el mundo, la vida y la muerte; las cosas presentes y las futuras. Todas son vuestras. Y vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios." Cuya caridad creció tanto que no perdonó al Hijo Unigénito que engendró en su eternidad, ni quiso eximirle de esta ordenación, en cuanto le envió al mundo, y le entregó a la muerte para tu provecho.

2. Y no contento con esto, cada día le envía y le entrega como comida y bebida para tu sustento. Mira, pues, cómo en esta dádiva te da juntamente todas las cosas, y derecho y título para alcanzarlas. Aquí te da a sus ángeles para que te guarden y te ayuden. Date sus gracias y virtudes, con que te adornes y santifiques; date los merecimientos y satisfacciones de su Hijo, con que suplas la falta y poquedad de las tuyas. Date las cosas temporales de que uses en el grado que tuvieres necesidad de ellas. Date las eternas, para que te alegres con la esperanza de poseerlas. Date asimismo Dios infinito, por último fin y suprema bienaventuranza, de que goces ahora por la contemplación amorosa, y después por la clara vista. Y por prendas de todo esto te da a su Hijo Unigénito, cubierto con este velo, que vale tanto como todo lo que promete y puedes desear para verte harto.

3. Y para que no quede rastro de duda, quiere que este mismo Hijo Unigénito sea ofrenda tuya, la cual le ofrezcas cada día para alcanzar de él cuanto le pidieres. Dice el Eclesiástico: "Hijo, en tu enfermedad no desconfíes, sino ofrece a Dios un sacrificio de olor suave, el memorial de la harina escogida y una ofrenda muy gruesa." Y ¿qué sacrificio es éste, sino el de la misa, donde se ofrece en olor de suavidad el pan vivo que viene del cielo, y la ternura gruesa de la sacratísima Humanidad, para que sea medicina de todas las enfermedades, y remedio de todas las miserias?

(P. Luis de la Puente, S.J.)

Después de la comunión.

Afectos de santo temor.- Os suplico, Padre clementísimo, que esta mi comunión no me sea ocasión de castigo, sino medio saludable de perdón, fortaleza de mis flaquezas, esfuerzo y valor contra los peligros del mundo, tentaciones del demonio, y sugestiones de la carne, remedio contra mis vicios, freno de mis apetitos desordenados y acrecentamiento de la Fe, Esperanza y Caridad, y de todas las virtudes.

Alma de Cristo

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 468






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!