EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

TERCERA PARTE. Prácticas espirituales para uno o más días de la semana.

3. COMUNIÓN EN DOMINGO.

Antes de la comunión.

Afectos de gratitud.- Gracias y alabanzas os doy, Salvador y Señor mío, por todos los beneficios que habéis querido hacer a esta tan vil y miserable criatura. Sobre todo os las doy porque tenéis por bien asentarme a vuestra mesa, y hacerme participante de Vos mismo, y de los inestimables tesoros y méritos de vuestra sacratísima Pasión. ¡Oh Dios mío y Salvador mío! ¿Con qué os pagaré yo esta nueva misericordia?

Consideración.

De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito (Jn, 3).

1. Levanta, oh alma mía, los ojos a mirar con atención quién es el que así ama y da este don, y hallarás que es Dios infinito, eterno e inmenso, sumamente bueno, sabio y poderoso; el cual, con sólo verse y amarse, tiene infinito gozo, sin necesidad de amar a otros para ser bienaventurado; cuyo amor no es de solas palabras, sino de obras, el cual, siempre que ama, da alguna cosa, y aunque sea en sí pequeña, es de grande estima, por ser quien es el que la da, y darla con amor tan grande.

2. Mira luego el don que aquí da, que es el más amado y precioso que tenía; porque nos da a su Hijo Unigénito, Dios y hombre verdadero; el cual, en cuanto Dios, es tan infinito, sabio y poderoso como su Padre, y, en cuanto hombre, tiene todos los tesoros e la sabiduría y caridad de Dios. Aunque viene cubierto con velo de pan y vino, porque no pudiera sufrir el mundo su infinito resplandor.

3. Pondera también a quién se da don tan precioso; y verás que se da a todo el mundo, no solamente a las cabezas de la Iglesia y a los príncipes y grandes de la tierra, sino a todos los cristianos, aunque sean de su condición muy viles, y aunque hayan sido grandes pecadores, para que todos le metan en sus entrañas y se sustenten y conforten con los dones que los comunica entrando en ellas.

(P. Luis de la Puente, S.J.)

Después de la comunión.

Afectos de acción de gracias.- Señor, Dios mío, me confieso por insuficiente para daros las debidas gracias por este beneficio, y así os doy todas las que os han dado mi Señor Jesucristo y la Virgen Santísima su Madre, y todos los Santos cuando comulgaban, y las que ahora os dan todos los bienaventurados en el cielo, y las almas justas que comulgan en la tierra; y deseo alabaros con las lenguas y corazones de todas las criaturas que han sido, son y serán.

Alma de Cristo

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 465






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!