EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 28

MEDITACIÓN

De los beneficios de la vocación, de los sacramentos y particulares.

1. Consideraré el beneficio de la vocación. El día que yo nací, nacieron millares de hombres entre los herejes, moros, judíos y gentiles, que viven en tinieblas sin conocimiento de la verdadera fe, bajan en la muerte a las llamas del infierno. ¿Quién pidió por mí al Señor, para que yo naciese entre católicos, en medio de la Iglesia y de la luz de su fe? ¿Qué méritos hubo en mí para un beneficio, sin el cual no me aprovecharan los otros beneficios? Yo no lo merecí, nadie se lo rogó; el amor especial, que me tuvo antes de ser yo, le obligó a hacerme un favor tan singular. ¿Será justo que viva yo como los gentiles y herejes, y habiéndome él escogido entre tantos para hijo de su Santa Iglesia?

2. Consideraré el beneficio de la Eucaristía y los otros Sacramentos. Grande amor nos mostró Cristo instituyendo el Bautismo para lavarnos de la culpa original; la Confirmación para fortalecernos en la fe recibida; la Penitencia para perdonarnos los pecados después del Bautismo cometidos; la Extremaunción para ungirnos y armarnos en la muerte contra los enemigos invisibles; el Orden para que haya Ministros que administren los Sacramentos y ofrezcan Sacrificio; el matrimonio para que se propague legítimamente el género humano y se críen debidamente los hijos; y todos los Sacramentos para comunicar gracia a quien dignamente los recibe ¿Pero qué amor es aquel que nos mostró en el sacramento de los Sacramentos dándose en comida y bebida, para sustentarnos con su misma carne y Sangre, para entrar dentro de nosotros, para unirse y en cierta manera hacerse una misma cosa con nosotros por amor? ¿Qué amor pide ese amor? ¿Qué correspondencia esta fineza?

3. Consideraré los otros beneficios particulares que he recibido de la mano de Dios. Hame dado riqueza, nobleza, honra, estimación. Hame librado de muchísimos peligros de cuerpo y de alma. Razón es que emplee la salud en servir a quien me la da, que parta mis riquezas con quien me las ha dado todas, que honre a quien me ha dado honra. Esto quiere Dios que le dé por todos los bienes que me ha dado, que le sirva con ellos, y los emplee en aquello para lo que él me los dio. Y particularmente, que no vuelva a ofender al que me ha sacado del infierno estando ya con un pie dentro de él.

En la meditación de los beneficios divinos, he de considerar, que pues Dios me hace todos los favores por puro amor, sin que le mueva interés ni temor, yo le debo servir por puro amor, sin respeto a temor ni interés; aunque me ayude de estas consideraciones, por mi flaqueza y tibieza.

(P. Francisco García, S.J.)



ORACIÓN (Día 28)

Oración al Espíritu Santo.

              Ven a nuestras almas,
              ¡Oh, Espíritu santo!
              y envíamos del cielo
              de tu luz un rayo.

              Ven, padre de pobres;
              ven, de dones franco;
              ven, de corazones
              lúcido reparo.

              Buen consolador,
              dulce y soberano,
              huésped de las almas
              y suave regalo.

              En los contratiempo
              descanso al trabajo,
              templanza en lo ardiente,
              consuelo en el llanto.

              Santísima luz
              de todo cristiano,
              lo íntimo del pecho
              llena de amor casto.

              En el hombre, nada
              se halla sin tu amparo.
              Y nada puede haber
              que no le haga daño.

              Con tus aguas puras
              lava lo manchado,
              riega lo que es seco,
              haz lo enfermo sano.

              Todo lo que es duro
              doblegue tu mano;
              gobierna el camino,
              enciende lo helado.

              Concede a tus fieles,
              en tí confiados,
              de tus altos dones
              sacro septenario.

              Aumento en virtudes
              haz que merezcamos,
              da el eterno gozo,
              da el feliz descanso.

              Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 28)

Cómo se ha de evitar la curiosidad de saber vidas ajenas.

Jesucristo:

1. Hijo, no seas curioso ni te preocupes de cosas impertinentes. ¿Qué te importa esto o aquello? (Jn 21,22) Tú sígueme. ¿Qué te importa que alguien sea de ésta o de otra manera o que viva o hable de uno u otro modo? No necesitas responder por otro sino dar razón de ti mismo. ¿Por qué, pues, te entrometes? Yo a todos conozco y veo al mismo tiempo todo lo que sucede, y sé de qué manera es cada uno, qué piensa, qué quiere y a qué objetivo se dirige su intención; por eso, se me deben encomendar todas las cosas. Tú más bien consérvate en buena paz y deja agitarse el agitador cuanto quiera; sobre él vendrá todo lo que haga o diga porque no puede engañarme.

2. No te preocupes del prestigio de un gran hombre ni de las recomendaciones de muchos, ni del afecto especial de una persona. Todas estas cosas producen distracciones y grandes oscuridades en el corazón. Con gusto te dirigiré mis palabras y te revelaré lo oculto si esperas atentamente mi venida y me abres tu corazón. Estate preparado, permanece en oración y humíllate en todo.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Tercero, Capítulo 24)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 28)

¡Oh Salvador del mundo, oh Verbo humanado!

Ya puedo decir que sois mío, todo mío, si quiero yo. Mas ¿puedo igualmente afirmar que soy todo vuestro cuanto Vos queréis que lo sea?

¡Ay, Señor! No se vea más en el mundo este desconcierto y horrenda ingratitud; porque, Señor, ¿es posible que Vos seáis mío siempre que yo quiera, y que yo no sea vuestro siempre Vos queréis? ¡No, Dueño mío, no suceda así desde hoy! Hoy me consagro del todo a vuestro obsequio con resolución firme, ofreciéndoos mi vida, voluntad, pensamientos y acciones, despidiéndome para siempre de las criaturas, y consagrándome enteramente a vuestro beneplácito.

Abrasadme con las llamas de vuestro dulce amor; que no quiero que las criaturas tengan ya parte en mí, pues las señales con que me habéis descubierto el amor que me teníais aun en el tiempo en que no os amaba, me dan confianza de que me recibiréis ahora que os amo y me entrego del todo a Vos.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 408.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!