EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 27

MEDITACIÓN

De los beneficios de la Creación, Conservación y Redención.

1. Consideraré el beneficio de la Creación ¿Cuántos años ha que yo no estaba en el mundo, y nadie se acordaba de mí, y se acordó Dios para darme ser, dejando infinitos en el abismo de la nada, que le sirvieran mejor? ¡Cuántos beneficios me hizo en este beneficio! Porque cada potencia y sentido y miembro de mi cuerpo es un grande beneficio. Si faltándome los ojos me los restituyera otro hombre, le quedara muy obligado; ¡y no le doy por obligado al Señor, que me dio los ojos, oídos, lengua, entendimiento y voluntad?!

2. Consideraré el beneficio de la Conservación. Todos los beneficios que Dios me hizo en la creación me los ha conservado hasta la hora presente, sin quitarme la vida, ni las manos, ni los pies, ni los ojos, ni los oídos, ni la lengua, aunque los empleo en ofenderle. Mucho fue criarme sin merecerlo; más es haberme conservado desmereciéndolo con tantas culpas como cada día cometo. En la creación me dio el ser a mí: para mi conservación da el ser a innumerables criaturas: al sol que me alumbra, a la tierra que me sustenta, al aire que respiro, al trigo que como. Dios me conserva la vida para que le sirva; no es justo que yo la emplee en ofenderle; y así propongo en adelante ...(hacer aquí una propuesta concreta de cambio de algún aspecto de mi vida).

3. Consideraré el beneficio de la Redención. Dios, siendo inmortal e impasible, se hizo hombre pasible y mortal, y sufrió hambre, sed, fatigas, desprecios, afrentas, tormentos y muerte de Cruz, por librarme del pecado del infierno, y abrirme las puertas del cielo. ¿Qué le importaba a Dios que yo me salvase o condenase para hacer tanta costa por mi salvación? Nada por cierto le importaba. El amor que me tuvo le obligó a estas finezas, que tienen los judíos por escándalo, y los gentiles por locura. ¿Qué debo yo hacer por quien tanto hizo por mí? ¿Cuánto debo amar a quien tanto me amó?

(P. Francisco García, S.J.)



ORACIÓN (Día 27)

Oración a san Estanislao.

Querido Benjamín de la Iglesia, abrasado serafín de la Compañía de Jesús, cuyo sagrado instituto abrazasteis por orden de la misma Reina de los Ángeles, haciendo para ello en traje de peregrino un largo y penoso viaje; hermoso Estanislao, en cuyos dichosos brazos descansó el niño Dios, trayéndoos milagrosamente la salud y recreándoos con su dulcísima presencia; ángel en carne humana, a quien repetidas veces los espíritus angélicos dieron milagrosamente el pan de los ángeles; nobilísimo joven, que, niño secular, conteníais con vuestra modestia a la juventud disoluta, y, novicio de la Compañía, arrastrabais a otros con vuestro noble ejemplo a la más sublime perfección.

Vos, cuyo pecho abrigaba tanto fuego de amor divino, que no cesó de abrasaros hasta consumiros, haced, amabilísimo santo mío, que prenda en mi corazón una centella de la llama celestial, que consumiendo mi amor propio, purifique mi espíritu de manera que logre después de este destierro, entregar mi alma en los brazos de María Santísima, y reinar con Vos eternamente en el cielo.

Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 27)

De la memoria de los innumerables beneficios de Dios.

Discípulo:

1. Abre, Señor, mi corazón a tu ley y enséñame a caminar en tus preceptos. Concédeme que entienda tu voluntad y que con gran respeto y cuidadosa reflexión recuerde tus beneficios comunes y especiales para que pueda darte gracias de aquí en adelante. De verdad comprendo y reconozco que ni siquiera por lo menor puedo ofrecerte las debidas alabanzas de agradecimiento. Soy inferior a todos los bienes que me das y cuando considero tu nobleza se deprime mi espíritu por tu grandeza.

2. Todo lo que tenemos en el alma y en el cuerpo y cuanto externa o internamente, natural o sobrenaturalmente poseemos son beneficios tuyos, y te manifiestan como benefactor, piadoso y bueno de quien recibimos todos los bienes. Y si alguien recibe mucho y otro poco, sin embargo todos los bienes son tuyos y sin Ti no se puede recibir ni lo menor. Quien recibe más, no puede ufanarse de su mérito ni sentirse por encima de los otros o insultar a los inferiores porque es mayor y mejor el que menos se atribuye y es el más humilde y devoto en agradecer. Y el que más despreciable se considera, y más indigno se juzga se hace más apto para recibir mayores bienes.

3. Quien recibe poco no debe entristecerse ni indignarse ni envidiar al más aventajado, sino debe ser más atento Contigo y alabar más tu bondad porque otorgas tus dones tan abundante, gratuita y gustosamente, sin guiarte por criterios humanos. Todo procede de Ti y por eso debes ser alabado en todos. Tú sabes qué conviene otorgar a cada uno y por qué éste tiene menos y ese más no nos toca discernir a nosotros sino a Ti, que juzgas los méritos de cada uno.

4. De ahí, Señor Dios, que considero un gran beneficio no tener demasiadas cosas de las que aparecen externamente y las personas celebran, así que quien considere su personal pobreza y limitación no sólo no recibirá pesadumbre, tristeza y abatimiento sino mayor satisfacción y gran alegría, porque tú Señor elegiste como familiares e íntimos a los pobres, humildes y despreciados del mundo. De esto son testigos tus mismos apóstoles, a quienes estableciste como príncipes sobre la Tierra (Sal 45,17). Ellos se comportaron sin queja en el mundo, tan humillados y sencillos, sin la menor malicia y dolo, y hasta se alegraron de padecer ofensas en tu Nombre (Hch 5,41).

5. Por eso nada debe alegrar tanto a quien te quiere y conoce tus beneficios como tu voluntad para con él y la bondad de tus eternas disposiciones de las que tanto debe contentarse y consolarse de manera que gustosamente desee ser el menor como otro quiere ser el mayor y así esté tranquilo y satisfecho en el último lugar como si fuera el primero y con agrado acepte ser despreciado y desechado y no tener prestigio y fama como si fuese el más respetado e importante del mundo. Porque tu voluntad y el amor a tu honra deben exceder todas las cosas y más se debe consolar y satisfacer una persona con esto que con todos los beneficios recibidos o que pueda recibir.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Tercero, Capítulo 22)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 27)

¿Por qué motivo, Señor, huyen los hombres de vuestra presencia? ¿Y cómo pueden sufrir tanto tiempo lejos de Vos y buscaros y acompañaros tan raras veces? Un cuarto de hora que pasen en vuestra presencia les parece un siglo por el tedio y disgusto que sienten.

¡Oh paciencia de mi Jesús, cuán grande eres! Mas ya entiendo, Señor, por qué es grande; porque es muy grande el amor que tenéis a los hombres, y esta es la causa que os obliga a subsistir continuamente con tantos ingratos.

Dios mío, que siendo infinito en vuestras perfecciones, lo sois también en el amor, no permitáis que de aquí en adelante sea yo uno de los ingratos, como hasta ahora. Concededme un amor igual a mi obligación. Tiempo hubo ¡infeliz tiempo! En que también yo me cansaba de tratar con Vos, porque no os amaba, o porque os amaba muy poco; mas si con vuestra gracia llego a amaros cuanto debo, entonces no me cansaré de perseverar a vuestros pies día y noche.

¡Oh Padre celestial! Os ofrezco a vuestro mismo Hijo, y por sus méritos os pido un amor tan ferviente al Santísimo Sacramento, que siempre que pase por alguna iglesia donde estuviere, me acuerde y desee con ansia eficaz ir a emplear algún tiempo en su amorosa presencia.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 400.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!