EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 17

MEDITACIÓN

1. Comparemos ante todo con la sacra familia la conducta de las personas que el mundo llama dichosas, y veremos que los que en él se tienen por ricos, sabios y grandes, no disfrutan comúnmente de verdadera paz, al mismo tiempo que esta santísima familia, pobre y desconocida, vive tranquila, gozosa y unida a Dios íntimamente. ¿Y por qué? Fácil es conocerlo, si consideramos particularmente al Señor, joven de doce, quince o veinte años. ¡Qué virtudes tan admirables!

No crecían ni podían crecer en su alma purísima, porque siendo santo y la santidad por esencia, todas ellas fueron ya perfectas desde el principio; pero en lo exterior iba cada vez dando mayor muestra de virtud, gracia y santidad.

Compárate tú con este modelo, y verás en ti lo contrario. Cuantos más años, peor conducta, más desarreglo, pecados más graves. En la juventud fuiste quizá devoto y fervoroso; pero después te relajaste, pasando en vicios una buena parte de la vida, perdiendo para siempre días y años que hubieran sido preciosísimos, empleados en virtudes y buenas obras, y acumulando para la hora de la muerte y más allá materia de llanto inconsolable.

¡Ay, Dios mío! Este ha sido realmente mi proceder. En lugar de ir creciendo por el camino de la virtud, os volví muy pronto las espaldas, y me dejé neciamente seducir del mundo y sus vanidades. Perdonadme, Señor, que ya estoy resuelto a empezar otra vez a serviros, y perseverar hasta la muerte, ayudado de vuestra gracia.

2. Consideraré el modo con que la sagrada familia habla con Dios. ¡Qué recogimiento y fervor en sus oraciones! ¡Qué frecuencia y rectitud en dirigirle todas las obras! ¡Con cuánto miramiento y dulzura se tratan entre sí! ¡Qué caridad y celo con el prójimo!

Pero en una familia mundana ¡qué desorden! Con Dios muy poco trato, o con mil distracciones e irreverencias. Entre sí con enfado y desabrimiento. A los de fuera mostrando encono o desprecio; y de los ausentes murmurando.

Consideraremos en seguida los amorosos afectos del corazón del Señor para con los hombres, y el ardiente deseo con que ansiaba dar complemento a la obra de nuestra redención. Cuántas veces repetiría en su interior aquellas palabras, que pronunció una vez, todo inflamado en nuestro amor: "Con un bautismo (quería decir de sangre) he de ser bautizado, y ¡en qué estrechura y opresión estoy, mientras que no llega la hora!"Pero pues Vos, ¡oh Eterno Padre mío! disponéis las cosas de otra manera, y queréis que viva oculto hasta la edad de treinta años, cúmplase en esto y en todo vuestra voluntad."

A imitación de nuestro humildísimo Redentor y Maestro, dejémonos también nosotros gobernar por la divina Providencia, y cesarán de una vez las quejas, inquietudes y vanas pretensiones, y si con esto nuestro trato con el prójimo es caritativo y edificante, caminaremos bien delante de Dios y de los hombres.

3. Contempla a la Virgen Santísima, ocupada en el arreglo, aseo y cuidado doméstico; a San José bendito ganando el pan con el sudor de su frente; y a Jesús presentándose a los oficios más bajos y humildes de la casa, ayudando en el trabajo a su padre putativo, y obedeciendo a ambos en todo cuanto le mandan con prontitud, alegría, perfección y perseverancia.

¡Oh que virtud tan excelente debe ser la obediencia, pues que el Evangelista reduce toda la vida doméstica y oculta del que es Hijo de Dios, sabiduría eterna y Rey de los cielos, a estas pocas palabras: "¡Les estaba sujeto!" Mas ¿por qué obedecía con tanto gusto y rendimiento de juicio? Porque en la persona de María Santísima y de San José veía representando a su Eterno Padre, de cuya fuente reconoció en ellos toda autoridad, y así repetía muchas veces en su corazón, que su alimento era hacer de aquel modo la voluntad del que le había mandado y que por su amor estaba prontísimo a obedecer hasta la muerte.

Así nos enseñó con su propio ejemplo este divino preceptor a sujetarnos a nuestros superiores; a ocupar la vida en el trabajo y útil fatiga; a despreciar las grandezas humanas; a estimar el retiro y recogimiento; y a no pretender en esta vida otra cosa que agradar a Dios. Con la admirable conducta del Salvador, de su Madre Santísima y de su esposo, compara aquí la tuya lleno de confusión, y ve lo que en adelante será razón que hagas.



ORACIÓN (Día 17)

Oración a santo Tomás de Aquino.

Angélico doctor Santo Tomás, gloria inmortal de la religión dominicana, y columna firmísima de la Iglesia, varón santísimo y sapientísimo, que por los admirables ejemplos de vuestra inocente vida os elevasteis a la cumbre de una perfección consumada, y con vuestros prodigiosos escritos sois martillo de los herejes, luz de maestros y doctores, y milagro estupendo de sabiduría.

¡Oh! ¡Quién acertara, santo mío, a ser en virtud y letras vuestro verdadero discípulo, aprendiendo en el libro de vuestras virtudes y en las obras que con tanto acierto escribisteis la ciencia de los santos, que es la verdadera y única sabiduría! ¡Quién supiera hermanas como vos, la doctrina con la modestia, y alta inteligencia con profunda humildad!

¡Alcanzadme del Señor esta gracia, junto con el inestimable don de la pureza; y haced que, practicando vuestra doctrina y siguiendo vuestros ejemplos, consiga la eterna bienaventuranza.

Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 17)

Cuatro cosas que causan gran paz.

Jesucristo:

1. Hijo, ahora te enseñaré el camino de la paz y de la verdadera libertad.

Discípulo:

Haz, Señor, lo que dices, porque escucharlo es muy agradable para mí.

Jesucristo:

Procura, hijo, hacer antes la voluntad ajena que la propia. Elige siempre tener menos y no más. Busca siempre el último lugar, y estar sometido a otros. Escoge y siempre reza para que la voluntad de Dios se cumpla íntegramente en Ti Así se ingresa en los términos de la paz y la quietud.

Discípulo:

2. Señor, tu sermón es corto pero contiene mucha perfección. Lacónico en las palabras pero lleno de sentido y abundante fruto. Si yo pudiera cumplirlo fielmente no debería brotar en mí con tanta facilidad el desconcierto. Porque cada vez que me siento inquieto y deprimido descubro que me he apartado de ésta enseñanza. Pero Tú que todo lo puedes y siempre buscas mi provecho otórgame mayores gracias para que pueda cumplir tu doctrina y conseguir mi salvación.

3. Oración contra los malos pensamientos: Señor Dios mío, no te retires de mí, Dios mío, ven a auxiliarme (Sal 71,12) porque se han levantado dentro de mí diversos pensamientos y grandes temores me afligen. ¿Cómo los atravesaré ileso? ¿Cómo los destruiré? Tú dices que irás delante de mí y humillarás a los arrogantes de la Tierra (Is 45,2). Abrirás la puerta de la cárcel y me revelarás los secretos. Haz, Señor, como dices para que huyan ante Mí todos mis inicuos pensamientos. Mi esperanza y único alivio es correr a Ti, en toda dificultad confiar en Ti, invocarte desde lo más íntimo, y esperar con paciencia tu consuelo.

4. Oración para pedir que la inteligencia se ilumine: Alúmbrame, Buen Jesús, con la claridad de la luz interior y quita de la habitación de mi corazón toda tiniebla. Cohibe las muchas divagaciones y destroza las tentaciones que me encadenan. Lucha con fuerza por mí y ahuyenta las malas bestias como llamo a los seductores deseos deshonestos; para que se haga la paz gracias a Ti y resuenen con abundancia las alabanzas en el santo palacio es decir, en la conciencia pura. Manda al viento y a las tempestades, y dile al mar: ¡Calla! y al ventarrón: ¡No soples! y se producirá una gran calma. (Mc 4, 39).

Emite tu luz y tu verdad (Sal 43, 3) para que brillen sobre la tierra porque está árida y vacía hasta que Tú la ilumines. Derrama tu gracia desde arriba, empapa mi corazón con el rocío del Cielo, distribuye el agua de la devoción para irrigar toda la tierra y que produzca frutos buenos y óptimos. Levanta el ánimo oprimido por la mole de los pecados orienta todo mi deseo hacia el Cielo para que saboreando la suavidad de la superior felicidad me cause fastidio pensar en lo terreno. Quítame y arráncame del transitorio consuelo de las criaturas porque ninguna cosa creada puede calmar y consolar mi deseo plenamente. Úneme a Ti con el vínculo inseparable del amor porque sólo Tú bastas al que te ama, y fuera de Ti todo carece de importancia.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Tercero, Capítulo 23)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 17)

Espero, Jesús amoroso, que me ayudaréis a ser todo vuestro. Vos me favorecisteis cuando huía de Vos y despreciaba vuestro amor, ¿me dejaréis ahora? ¿Ahora que os busco y deseo sinceramente amaros? No me lo persuado de vuestra infinita misericordia; dadme, pues, la gracia de amaros.

¡Oh Dios digno de amor infinito! Os amo con todo mi corazón, os amo sobre todas las cosas, os amo más que a mí mismo, y más que a mi propia vida. Mucho me pesa de haberos ofendido, Bondad infinita; perdonadme, y junto con el perdón concededme la gracia de que os ame ardientemente en esta vida, y por todos los siglos de los siglos.

Mostrad con vuestro poder, Dios omnipotente, este prodigio en el mundo, que un alma tan ingrata como la mía, se transforme en una de las más fervorosas amantes vuestras. Otorgádmelo así por vuestros infinitos merecimientos. Así lo deseo, y propongo amaros toda mi vida.

Vos, que me inspiráis el deseo, dadme gracia para cumplirlo.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 307.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!