EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 15

MEDITACIÓN

Sobre que Dios es nuestro bienhechor, y lo mucho que ha padecido por nosotros.

1. Tras estos títulos de amor, que sin mirar tanto a las obras actuales como a la persona, obligan a amor y respeto, como es el título de padre que, aunque no hiciera bien a su hijo, debía siempre el hijo respetarle, honrarle y amarle, hay fuera de esto otros títulos que miran más a las obras, como son el de benefactor y libertador.

De modo que si no nos tocara nada, sólo por los beneficios y buenas obras que nuestro Dios nos ha hecho, le deberíamos amor infinito, aunque no fuera nuestro padre, ni hermano, ni esposo, ni amigo, ni hubiera de ser nuestra herencia y posesión. Bastantemente nos tiene de antemano hecho beneficios para que sin nada de esto, y aunque ya no nos hubiera de hacer otra merced, ni esperáramos gozarle, ni otro interés de su mano, y aunque no nos amara ya (si fuera posible), le debiéramos servir y honrar, y amar mil eternidades sin otro fruto más que serle agradecidos y mostrar muy corto reconocimiento de sus infinitos beneficios y buenas obras que nos ha hecho, y las malas que nos ha sufrido, y lo mucho que padeció por nuestra causa, con gran ternura de su corazón y compasión de nuestros males.

2. Si un vil esclavo llegase a matar a un rey, y no acabándolo de ejecutar pudiese el rey más que él y le tendiese en el suelo, y ya con la espada en la mano para matarle le dejase vivo y con libertad; y fuera de esto le diese cumplidísimamente con que pasase toda su vida como el mayor príncipe de su reino, ¿era por ventura menester más que este acto tan heroico y esta buena obra, para que aquel amase toda su vida, sin más esperanzas de interés, a rey tan misericordioso y liberal para consigo y tan insigne bienhechor?

Pero ¿qué tiene que ver esa humanidad y misericordia con la que nuestro Dios ha usado con nosotros, que teniéndonos ya para echar en el infierno por eternidad de eternidades, compadecido de nuestro estado, soltó de la mano la espada de la divina justicia, y nos perdonó, dando libertad y honra, levantándonos a ser participantes de su mismo reino?

3. Esta buena obra bien merece agradecimiento y alguna memoria, y tanto más, cuanto le costó más, hasta su misma vida; porque si un hombre, por librar a otro de la muerte, sufriera ser descoyuntado y quedar manco, no había menester para ser el otro agradecido y servirle sin interés como un esclavo, más que aquella buena obra.

Pues ¿por qué ha de merecer menos el haber sufrido Jesús en todos los miembros de su cuerpo, increíbles dolores y tormentos, y ser atravesadas con clavos sus manos, y finalmente morir, porque nosotros no muriésemos eternamente?

Y si uno estuviese condenado a muerte por haber muerto a un hijo unigénito y muy querido de un príncipe, y el padre que era la parte y el agraviado, le perdonase, ¿era menester más para servirle? No por cierto.

Pues ¿cómo no nos obliga la paciencia y mansedumbre de Dios, que innumerables veces nos ha perdonado la vida con haber crucificado y muerto a su Hijo con nuestros pecados, tantas veces cuantas los hemos cometido, que es como si hubiéramos muerto a Dios?

(Padre Juan Eusebio Nieremberg, S.J.)



ORACIÓN (Día 15)

Oración a san Antonio de Padua.

Prodigiosísimo san Antonio de Padua, a quien colmó el cielo de copiosas bendiciones; poderoso en la palabra y en las obras, grande a los ojos de Dios y de los hombres por tu humildad profundísima, pureza angelical, discreción admirable, magnanimidad portentosa, y ardentísimo celo con que, a expensas de indecibles trabajos y persecuciones, procuraste la conversión de tantas almas.

Por el raro don de hacer prodigios con que te enriqueció el cielo, por la sacratísima virgen María a quien tanto amaste, por el torrente de delicias que inundó tu corazón cuando tuviste al tierno Jesús en los brazos, te suplico que infundas en mi alma aversión a la vanidad y a los falsos placeres del mundo, con una santa afición a los ejercicios de la vida cristiana, único medio de lograr la verdadera felicidad.

Obra conmigo este prodigio, oh taumaturgo admirable, para que siendo semejante a tí, logre la dicha de verte por eternidades en la gloria.

Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 15)

Máximas de los tres Patronos de la juventud.

1. Cuanto más dura esta vida, tanto más en riesgo está la salvación. Es mucho de temer que los ángeles, que ahora son nuestros abogados para con Dios, sean después nuestros fiscales en el día del juicio. La fortaleza del alma nace del santo temor de Dios; porque quien teme a Dios no tiene cosa que temer. Es muy peligroso cualquier afecto particular a criatura alguna, que no sea Dios. Quien llega a probar cuán dulce es Dios, y las delicias que hay en amarle y servirle, no puede sin violencia dejar un tan suave ejercicio. Muestras da de no amar de veras a Dios el que no tiene sed de padecer por Él.

(San Luis)

2. Conócese la malignidad del mundo en que muchos que fueron jóvenes morijerados se convierten después en hombres malos y acaban por ser pésimos en la vejez. Quien se da enteramente a Dios, también posee a Dios enteramente y así vive en la tierra una vida semejante a la de los bienaventurados en el cielo. El que no quiere gobernarse por sí mismo, sino por la prudencia de un sabio director, tiene una dulcísima certidumbre de que en todo cumple la voluntad divina y de que en todo da gusto a su señor. No es grandeza el ser grande donde todo es pequeño, como sucede acá en la tierra, que tan poca cosa es comparada con el Cielo, para el cual fuimos criados.

(San Estanislao)

3. Nada procuraré evitar con tanto empeño, como el ocio, la tristeza y las amistades particulares. No estoy seguro de mi salvación, si no profeso un verdadero y filial amor a la Virgen. No me avergonzaré de ser tenido por persona espiritual y devota. Lo que pueda hacer ahora no lo dejaré después. Si ahora mientras soy joven no me hago santo, nunca jamás llegaré a serlo. Haré muchísimo caso de las cosas más pequeñas. Obraré siempre de un modo contrario a las máximas del mundo. El que más trabaja es el que menos siente el peso del trabajo. Hacer mucho y hablar poco.

(San Juan Berchmans)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 15)

¡Redentor mío sacramentado!

Aquí estoy cerca de Vos, y no quiero otro regalo que el fervor y perseverancia en vuestro amor. Te alabo y bendigo, ¡oh santa fe! pues me dices y afirmas que en el Santísimo Sacramental del altar, en aquel pan celestial, no hay pan, sino que allí está realmente mi Señor Jesucristo, y que está por mi amor.

¡Señor mío y todo mi bien!

Creo que en él estáis presente, y aunque desconocido a los ojos de la carne, os reconozco con la luz de la fe en la hostia consagrada, por Monarca del cielo y de la tierra, y Salvador del mundo.

¡Ah, dulcísimo Jesús!

Como sois mi esperanza, mi fortaleza, mi consuelo y mi salvación, habéis de ser también todo mi amor, y el único blanco de mis pensamientos, deseos y afectos. Me alegro más de la suma felicidad que gozáis y gozareis eternamente, que de todo el bien que pueda yo alcanzar, así en este mundo como en el otro mundo.

Mi mayor contento, Redentor mío, es saber que vuestra felicidad es infinita. Reinad, Señor, reinad en mi alma; yo os la entrego toda. Poseedla para siempre. Mi voluntad, mis sentidos, mis potencias son todas esclavas de vuestro amor, y ya no quiero que en este mundo atiendan a otra cosa que a daros gusto y gloria.

¡Virgen felicísima!

Vos que fuisteis en la tierra la primera amante de Jesús, y en amarle empleasteis todos los instantes de vuestra vida, negociadme piadosa que en lo porvenir viva yo también solo para mi Dios.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 287.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!