EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 13

MEDITACIÓN

Sobre que Dios es nuestra vida y nosotros un cuerpo con Cristo.

1. Todos estos títulos de amor obligan a amar; pero no necesitan, pues bien puede un hijo, un hermano y una esposa dejar de amar, y el amigo también puede dejar de ser amigo, y con cesar de amar deshacer la amistad. Y así quiso la caridad infinita de Dios que no faltase título que nos necesitase más que los dichos a amarle, y nos facilitase su amor.

Y porque el amor propio que cada uno tiene a su cuerpo y vida es el más constante y necesario, quiso hacerse un cuerpo con nosotros, como dicen los Santos, que el que comulga y Cristo se hacen una misma carne y un mismo cuerpo, para que mirase el hombre a Jesús como a cuerpo suyo, y de esta manera se necesitase el amor propio de cada uno a amar a Jesús, que si uno no es que se aborrezca, debe amar a Jesús, y no es mucho que amemos nosotros a nuestro Redentor, tan ardiente y constantemente como a nosotros mismos, pues la deuda de amor que le debemos es para mucho más, porque infinitas veces más que a nosotros mismos le debemos amar, y también porque Él nos amó como a sí mismo; por lo cual dijo a San Pablo: "¿Por qué me persigues?" Porque, como dice San Agustín, aunque San Pablo no perseguía al mismo Cristo sino a los fieles, esto es, a sus miembros, con todo eso no quiso decir el Señor: ¿Por qué persigues a mis Santos o a mis siervos, o (lo que es más honorífico), a mis hermanos, sino a sí mismo?

2. Además de esto, nos hacemos un espíritu con Dios, como dice San Pablo, y así le ha de amar uno como a su alma. Añado más; que aun por amor propio debe uno amar a Dios más que a sí mismo; porque si la causa por que cada uno ama a su alma es porque de ella depende su vida, de Dios depende mucho más, y no es Dios menos vida de nuestro cuerpo. Antes más necesidad tiene uno para ser del ser de Dios que de sí mismo, porque sin Dios no sólo no fuera, sino que ni aún pudiera ser. ¡Oh buen Dios, y alma mía, y vida mía, y todo mi bien! ¿Cómo os puedo amar menos que a mí, pues dependo de Vos más que de mí, y pues sois más que yo mismo?

3. Casi la misma causa, porque el hombre ama más a su cuerpo que a su alma, es la razón por que ama menos a Dios, y es que ve al cuerpo, y por los cinco sentidos percibe sus daños; mas el alma le está oculta e invisible, y así, aunque dependa más del alma, y aunque sea la parte más noble, la ama menos. Esto mismo pasa con Dios, que aunque depende uno más del ser divino que de su alma misma, y aunque le sea Dios más necesario e íntimo, por serle más oculto, le ama menos. Pero la razón ha de corregir este yerro, y hacer que se estime y ame más lo que lo merece más, y lo que es más nuestro.

¡Oh Señor, si todo mi amor propio empleara en Vos, y conociera ya cómo me importáis más que yo mismo me importa a mí! ¡Oh cuán grande es nuestro desatino, pues no amamos a nuestro espíritu y cuerpo! ¿Qué más pudiera hacer un desesperado como Saúl, o un bárbaro que se quitó la vida, pues la quitamos nosotros al que es vida nuestra, al que es nuestro cuerpo, al que es alma de nuestra alma, al que es vida de nuestra vida?

Miremos qué no han hecho los hombres por mirar por sí, por regalar su cuerpo, por guardar su vida. ¡Cuánto más debemos hacer por Dios, pues nos es de tanto más provecho, y mucho más íntimo y necesario! Por lo cual, en todas tus obras y cuidados mírate como si fueras un Cristo, un hijo de Dios hecho hombre, y no aspires a mayor honra que ésta, que no la hallarás.

(Padre Juan Eusebio Nieremberg, S.J.)



ORACIÓN (Día 13)

Oración a san Juan Berchmans.

Vida de san Juan Berchmans

Bellísimo encanto de inocencia beato Juan Berchmans, lirio que en el paraíso de la Iglesia descuella entre tantas flores de celestial hermosura. ¿Quién no se siente embelesado al contemplar el admirable concierto de virtudes que desde la más tirna edad resplandecieron en vuestra alma candorosa? Angel en la niñez por vuestra pureza e inocencia. Santo en la juventud por vuestra fidelidad a la gracia y envidiable en la muerte por el gozo que os infundió la gloria que esperabais.

A vos acude la juventud para conservar la inocencia y salir de sus extravíos; a vos, en cuyo semblante se reflejaba como un espejo la justicia original que perdieron nuestros primeros padres. Hacerlo todo bien, esta fue vuestra divisa; pues en esto está cifrado el mérito de la virtud y el heroismo de la santidad. ¡Oh! ¡quién me diera hermanar con la perfección que vos, la modestia con el agrado, el silencio y la amabilidad, la hermosura y el rubor, el donaire y la alegría con la delicadeza de conciencia, la unión con Dios y el trato con el prójimo!

¡Quién me diera vuestra vigilancia sobre los sentidos, y la puntualidad que tuvisteis en el cumplimiento de vuestros deberes de hijo, de estudiante y de religioso! Al leer vuestra vida, ¡me parece tan fácil ser santo! Pero ¡ay! ¡que una triste experiencia me convence de mi cobardía y de mi miseria! Suplid vos, oh amable protector mío, suplid con vuestra intersección lo que falta a mis méritos, a fin de que logre veros en el cielo por eternidad de eternidades.

Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 13)

Cómo debe el hombre negarse a sí mismo y evitar toda codicia.

Jesucristo:

1. Hijo, no puedes poseer perfecta libertad si no tienes total abnegación. Encarcelado están todos los poseedores y amantes de sí mismos, codiciosos, ociosos y vagabundos que siempre buscan su comodidad y no a Jesucristo, sino que siempre fingen y organizan lo que no durará. Se perderá, pues todo lo que no proviene de Dios. Retén esta frase breve y exacta: Déjalo todo y lo encontrarás todo abandona los malos deseos y encontrarás la calma. Reflexiona en esto y cuando lo practiques entenderás todas las cosas.

Discípulo:

Señor, éste no es trabajo de un solo día ni juego de niños, antes en esto tan breve se encuentra incluida toda la perfección religiosa.

Jesucristo:

2. Hijo, no debes apartarte ni decaer tan pronto al conocer el camino de los perfectos sino más bien animarte a lo más alto o al menos, aspirar a ello en tus deseos. Ojalá te suceda así y llegues a no ser más amante de ti mismo. Si estuvieras dispuesto siempre a cumplir mi voluntad y la del superior que te he dado entonces me agradarías mucho y toda tu vida transcurriría con alegría y paz. Todavía te queda mucho por dejar que si no abandonas íntegramente por Mí no obtendrás lo que pides. Te persuado a que me compres oro puro para que seas rico (Ap 3,18).

Apártate de la sabiduría meramente humana y de toda natural y propia complacencia. Yo te he dicho que es necesario adquirir las cosas más despreciables según el parecer humano, con las que se consideran valiosas y excelentes porque muy despreciable y pequeña parece la verdadera sabiduría celestial; no se cree gran cosa ni busca que la alaben los demás; está en los labios de muchos pero apartada de sus vidas siendo una perla preciosa escondida para muchos.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Tercero, Capítulo 31)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 13)

¡Oh Verbo eterno hecho hombre y sacramentado por mi amor!

¿Cuál debe ser ahora mi consuelo sabiendo que estoy delante de Vos, que sois mi Dios y bondad infinita, que tanto amor tenéis a mi alma? Almas que amáis a Dios, en cualquier parte que residáis, sea en el cielo o en la tierra, amadle mucho por mí.

Madre y Señora mía, ayudadme a amarle. Y Vos, amantísimo Señor, sed el centro de todo mi amor tomando posesión de toda mi voluntad. Os consagro mi entendimiento, para que no piense sino en vuestra bondad, os entrego mi cuerpo para que me ayude también a agradaros, y os ofrezco mi alma para que sea toda vuestra.

Quisiera, mi amado Señor, que todos los hombres conociesen el grande amor que les tenéis, y que todos viviesen sólo para honraros y daros gusto como Vos lo deseáis. Yo por lo menos quiero vivir siempre inflamado en el amor de vuestra belleza infinita. De hoy más haré todo lo posible por agradaros, proponiendo firmemente no omitir cosa alguna que entienda ser de vuestro gusto, aunque me cueste cualquier pena, o el perderlo todo, hasta la propia vida.

Dichoso sería si lo perdiera todo por poseeros a Vos, mi Dios, mi tesoro, mi amor y todo mi bien.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 268.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!