EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 12

MEDITACIÓN

Sobre que Dios es nuestro amigo.

1. Aunque son tan grandes las obligaciones de amor que hay en los hermanos y desposados, el nombre de amigo significa más expresa y actualmente amor, porque bien puede uno ser hermano y esposo sin tener amor alguno; mas amigo no puede ser sin amor. Echa ahora de ver cuánto debes querer a tu Dios por esta certidumbre que tienes de su buena voluntad y afición; pues fuera de los demás títulos amorosos, se precia de ser amigo tuyo, y lo es con todo rigor, cumpliendo con gran fineza los oficios de amistad, amándonos sin interés suyo, y nunca dejando de amar, pues nunca deja de ser amigo de las almas justas, y haciéndonos, sin saberlo nosotros, innumerables beneficios, obrando no menos por nosotros, que si le fuera su misma salvación.

¡Oh alma mía! Pues Dios así miró por tí, como si fueras el mismo Dios, tú procura no mirar menos por Dios, que si fueras Dios mismo. Esta es la ley de amistad, que se mire por el amigo como por sí. Por lo cual dijeron los filósofos que el amigo era otro yo. Esta ley cumplió Dios contigo, cúmplela tú con Dios.

2. Tiene también el nombre y oficio de amigo, ser de más confianza y atrevimiento, por causa del actual amor y la igualdad que significa; porque un esposo, por razón de la superioridad, tiene más licencia y libertad para negar lo que se pide; mas un amigo no, que ya injuriaría la amistad, si no es cuando la petición fuera contra todo derecho.

¡Oh infinita bondad, que no solo nos quisisteis obligar con este dulce y amoroso nombre de amigo, pero a Vos mismo os obligasteis a no tener excusa de negarnos nada! Si a un príncipe muy liberal llegasen a pedirle un favor, en que no perdía nada, antes tuviese gana de concederle, y los intercesores fuesen su hermano, su esposa, y un amigo del alma, ¿acaso podía dudarse que lo haría?

¿Porqué dudas, alma, de la correspondencia de tu Dios, tu hermano, tu esposo, tu amigo, a quien no le cuesta dar, más que querer, y lo desea más que tú? No pienses que la correspondencia y los términos de Dios son como los humanos; no son sus respetos como los tuyos.

3. Mira cuan fementido amigo fuíste, dándole ósculo más falso que el de Judas, y siendo más traidor que Joab cuando mató a Abner. Córrete de ver la fineza con que algunos amigos se han amado, y que no exceda tu amor para con tu Dios al que tuvieron algunos hombres entre sí, queriendo morir ellos antes que sus amigos, y con gran fineza se entregaron al cuchillo por librar la vida de los que querían más que a sí.

A tu Dios no le falto esta fineza para contigo; tú, por lo menos en cosas menores, corresponde a su inmenso amor y lealtad, y no estimes en poco tener tal amigo, que tanto has menester, que no te dejará en las necesidades. Ya has probado su lealtad, pues por tí, aunque tan desagradecido, dió su vida.

(Padre Juan Eusebio Nieremberg, S.J.)



ORACIÓN (Día 12)

Oración a la Santísima Virgen.

            Bendita sea tu pureza,
            y eternamente lo sea,
            pues todo un Dios se recrea
            en tan graciosa belleza.

            A tí, celestial Princesa,
            Virgen sagrada, María,
            te ofrezco en este día
            alma, vida y corazón.

            Mírame con compasión;
            no me dejes, Madre mía.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 12)

De la vil estimación de sí mismo delante de Dios.

1. ¿Hablaré a mi Señor yo que soy como polvo y ceniza? (Gn 18,27). Si me considero superior, Tú estás contra mí, y no puedo contradecir el verdadero testimonio de mis maldades. Si, en cambio, me humillo y regreso a la nada y rechazo el propio reconocimiento y, tal como soy, me convierto en polvo vendrá a mí tu gracia y tu luz se acercará a mi corazón y toda estimación, aunque sea poca, se sumergirá en el valle de mi miseria, y perecerá para siempre. Así me muestras a mí lo que soy, lo que fui y en lo que me he convertido porque nada soy, y no lo sabía. Abandonado a mí mismo soy nada, y totalmente enfermo. Pero si de pronto me miras inmediatamente me vuelvo fuerte y me lleno de nuevo gozo. Y es algo maravilloso que así de repente me levantas y tan bondadosamente me abrazas a mí, que por mi propio peso siempre caigo a lo más bajo.

2. Esto lo hace tu amor gratuitamente anticipándose y ayudándome en tantas necesidades, protegiéndome de graves peligros y arrancándome de males verdaderamente innumerables. Porque yo me perdí amándome indebidamente pero queriéndote a Ti solo y amándote únicamente me encontré a mí y a Ti al mismo tiempo y por la profundidad del amor me olvidé de mí mismo. Tú, Señor, haces conmigo mucho más de lo que merezco y por encima de lo que me atrevería a esperar o pedir.

3. Bendito seas, Dios mío, porque, aunque soy indigno de todos estos bienes, tu nobleza e infinita bondad nunca cesa de beneficiar hasta a los ingratos y los que se apartan de Ti Regrésanos a Ti para que seamos agradecidos, humildes y devotos porque Tú eres nuestra salvación, nuestra virtud y nuestra fortaleza.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Tercero, Capítulo 8)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 12)

¡Ah, Señor mío y Salvador mío amabilísimo!

A visitaros vengo; mas Vos me pagáis esta visita con un amor infinitamente mayor, cuando venís a mi alma en la santa Comunión. Entonces no solo os presentáis a mí, sino que os hacéis también mi comida, y todo os unís y entregáis a mí para que pueda deciros con verdad: "Ahora, mi buen Jesús, sois todo mío".

Pues Señor, ya que os entregáis todo a mí, razón es que yo me entregue todo a vos. ¡Oh Dios de amor, oh amor de mi alma! ¿Cuándo seré todo vuestro, no solo en las palabras, sino también en las obras? Vos lo podéis hacer. Aumentadme, Señor, la confianza y esperanza de conseguir esta dicha por los méritos de vuestra sangre y de verme todo vuestro antes de la muerte.

Vos que oís las súplicas de todos, oíd también ahora los ruegos de mi alma, que os quiere mar de veras. Sí, deseo amaros con todas mis fuerzas, y os quiero obedecer en todo lo que me mandéis, sin interés ni premio. Os quiero servir sólo por amor, sólo por daros gusto, sólo por agradar vuestro amantísimo Corazón, a quién debo tiernísimas finezas. Mi premio, Señor, será amaros ardientemente en esta vida, y veros y gozaros eternamente en el cielo.

¡Oh Hijo amado del eterno Padre! Aceptad mi libertad, mi voluntad, todas mis facultades y todo entero cuanto soy, y daos a mí. Os amo y os busco, por Vos suspiro, sólo a Vos quiero, sólo a Vos quiero, sólo a Vos quiero.

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 260.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!