EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 11

MEDITACIÓN

Sobre que Dios es esposo de nuestras almas.

1. Sobre este vínculo tan estrecho de ser Dios nuestro hermano, es también esposo de nuestras almas, tan verdaderamente y tan sin metáfora, que no ha habido en el mundo otro matrimonio más estrecho. ¡Qué gran dignidad es esta! ¡Ser un alma hija y hermana y esposa de Dios! ¡Oh que fuertes obligaciones para amarle, no ya sólo por el parentesco, sino por la unión de voluntades y fe prometida!

Considera ésto, alma, qué es ser un Dios esposo tuyo, y cuán fino amante es para contigo: nunca ha quebrantado su fe y palabra, con tantos descomedimientos y olvidos tuyos; dotóte con su propia sangre, y tiene contigo sus deleites y placeres.

La fineza de Jacob sólo llegó a servir catorce años por Raquel, interesando de camino grandes riquezas; mas Jesús, cuanto a su humildad, treinta y tres años pasó en suma pobreza, porque tú fuiste querida; y cuanto a su divinidad, desde una eternidad te está amando y deseando, y por más de cinco mil años estuvo sufriendo los pecados del mundo hasta encarnar por tí. A Jacob le obligó la hermosura de Raquel; a Jesús, tu miseria y fealdad, deseoso de hermosearte (como lo hizo), aunque le costase la vida.

¡Oh esposo de mi corazón! ¿Qué mucho hago en amarte más que a mi vida? ¡Oh esposo de las almas! No sólo te debo amar por este título amoroso, sino porque me hiciste a mi amable tan a costa tuya, contra la costumbre de los esposos del mundo.

2. Por este título de desposado es más obligación amar que por el de padre, madre, hijo y hermano: pues si por ser Padre nuestro nos ama Dios infinitamente, ¿qué no hará por su esposa fiel, si tú lo fueses? ¡Qué de dones puso en su benditísima Madre por la reverencia filial! Con todo esto, mucho más puso en ella por ser por ser su esposa, y haberle entregado su voluntad fielmente; y más ama Jesús a la Virgen por haber sido su alma su fidelísima esposa, que por haber nacido de sus entrañas.

Mira tú como debes amar a Dios por este título, y más cayendo sobre los pasados de ser tu padre y hermano; porque si (aunque fueses extraño, de modo que Dios no te hubiera criado, ni tuviera su Majestad divina tu carne y sangre) por sólo haberte escogido y dotado por su esposa le debías infinito amor y lealtad, ¿qué ley, respeto y amor le deberás con estas otras obligaciones?

Considera que si a tí sólamente se hubiera hecho este favor único entre las demás criaturas, Serafines, Querubines, Tronos y demás espíritus angélicos y humanos, ¿cómo te sintieras obligado? Pues no lo estás ahora menos, porque el favor es el mismo, y antes se aumenta con la caridad de Dios, que se descubre más comunicándose a muchos.

3. Coteja ahora tus desagradecimientos con tantos favores; tu olvido con tantas obligaciones; tu deslealtad y perfidia y desamor, con tanta fe y amor de tu esposo. ¿Es posible mayor descomedimiento que el tuyo? ¿Y es posible mayor amor que el que Jesús nos tiene? ¡Pues que después de este desagradecimiento nos ama y quiere que le amemos!

No permitamos que haya habido amor de criatura ni de esposa para con su esposo, que no le excedamos infinitamente, amando a nuestro Dios. Muchas esposas no se sufrieron vivir sin sus esposos: ¿cómo podemos nosotros vivir sin estar siempre pensando en Jesús, que es el hermoso entre los hijos de los hombres?

(Padre Juan Eusebio Nieremberg, S.J.)



ORACIÓN (Día 11)

Oración al Corazón de Jesús.

¡Oh Jesús! acogedme bajo la amable protección de vuestro Sagrado Corazón. Arrojadme en este mar inmenso de vuestra caridad infinita. Recibidme dentro de esta ardiente hoguera de vuestro amor para ser en ella víctima de vuestras celectiales llamas. Hacedme allí gustar el precio de la sangre que me redimió; hacedme oir la dulce voz de vuestro amor.

¡Oh amor! tú eres aquella fuente de aguas vivas tras de las que voy sediento. He aquí mi corazón que le busca con un ardor, que es la causa de mi tormento. Ábreme la puerta de aquel Corazón; he aquí el mío; no quiero ya más disponer de él.

¡Oh Jesús, dulce esperanza mía! vuestro Corazón herido por mi amor y siempre abierto a todos los pecadores, sea el primer asilo de mi alma al separarse del cuerpo y que en este abismo infinito de vuestro amor queden mis pecados sumergidos y aniquilados para siempre.

Amén

(Santa Gertrudis)



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 11)

Sólo se ha de descansar en Dios sobre todas las cosas.

Discípulo:

1. Sobre todos y en todas las cosas descansaré en Dios siempre, porque es el perpetuo descanso de todos los santos. Concédeme, dulcísimo y amadísimo Jesús, descansar en Ti sobre todo lo creado, sobre toda salud y hermosura, sobre todo prestigio y honor, sobre todo poder y autoridad, sobre toda ciencia y perspicacia, sobre todas las riquezas y artes, sobre toda alegría y entusiasmo, sobre toda fama y alabanza, sobre todo gusto y consuelo, sobre toda esperanza y promesa, sobre todo merecimiento y deseo, sobre todo ofrecimiento y regalo que puedes dar y esparcir, sobre todo gozo y júbilo que el espíritu puede obtener y sentir, y, en fin, sobre los ángeles y arcángeles y sobre todas las multitudes del Cielo, sobre todo lo visible e invisible y sobre todo lo que no es Tú mismo, Dios mío.

2. Porque Tú, Señor Dios mío, eres óptimo sobre todo. Tú solo altísimo. Tú solo poderosísimo. Tú solo suficientísimo y completísimo. Tú solo agradabilísimo y placentero. Tú solo hermosísimo y amadísimo. Tú solo nobilísimo y gloriosísimo sobre todo, en quien se encuentran reunidos, a la vez y perfectamente, todos los bienes que existen, que existieron y que existirán; por eso es poco e insuficiente cualquier cosa que me das o de Ti mismo revelas o prometes, si no te veo ni te tengo plenamente. Porque mi corazón no puede reposar de verdad, ni contentarse totalmente, si no descansa en Ti, más allá de todos los dones y de toda realidad creada.

3. Queridísimo compañero Jesucristo, purísimo amante, Señor de todas las cosas, ¿quién me hará tener alas de verdadera libertad, para volar y reposar en Ti? ¿Cuándo se me concederá desasirme plenamente y apreciarte como eres, Señor Dios mío? ¿Cuándo, del todo, me recogeré en Ti, y por tu amor, no me sentiré a mí mismo, sino a Ti solo, sobre todo sentido y manera, de modo desconocido por todos? Ahora en cambio frecuentemente sufro y llevo mi infelicidad con dolor. Porque suceden muchos males en esta vida que con frecuencia desconciertan, entristecen y ensombrecen, con frecuencia me entorpecen y distraen, me ganan y comprometen para que no tengan libre acceso a Ti y puede disfrutar de tu grato abrazo, siempre listo para los espíritus piadosos.

4. Conmuévate Jesús, Esplendor de la eterna gloria, Alivio espiritual del peregrino, mi aspiración y la general desolación de la Tierra. Junto a Ti está mi boca sin palabras y mi silencio te habla. ¿Por qué tardas en venir, Señor mío?. Ven a mí, tu pobrecito, y alégrame. Extiende tu mano y arranca de toda angustia a este miserable. Ven, ven; porque sin Ti no hay día, ni siquiera hora feliz porque Tú eres mi alegría y sin Ti está vacía mi mesa. Soy un miserable y como un encarcelado y encadenado hasta que me animes con la luz de tu presencia, me otorgues libertad y me muestres Tu rostro amigable. Busquen otros lo que quieran en vez de Ti, que a mí nada me agrada ni me agradará sino Tú Dios mío, mi esperanza y eterna Salud. No me callaré ni dejaré de pedir hasta que tu gracia retorne y me hables Tú internamente.

Jesucristo:

Aquí estoy; vengo a ti porque me llamaste. Tus lágrimas y el deseo de tu alma, tu humildad y la contrición de tu corazón, me inclinaron hacia ti y me trajeron a ti.

Discípulo:

Ahora digo: Señor, te llamé y deseé gozar contigo estoy dispuesto a dejarlo todo por Ti. Tú primero me despertaste para que yo te buscara. Bendito seas, Señor, que fuiste bondadoso con tu servidor de acuerdo con la abundancia de tu misericordia. ¿Qué más tiene que decir tu servidor en tu presencia, sino humillarse mucho ante Ti, recordando siempre su propia iniquidad y bajeza?. No hay semejante a Ti entre todas las maravillas del Cielo y de la Tierra. Tus obras son excelentes, tus juicios verdaderos y tu providencia gobierna el Universo. Alabanza a Tí y gloria, Padre de la sabiduría, alabanza y bendición de mis labios, de mi espíritu y de toda la Creación.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Tercero, Capítulo 21)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 11)

Amabilísimo Señor sacramentado, que, por el amor que me tenéis, estáis de día y de noche en ese Sacramento, inflamad mi corazón de suerte que no ame sino a Vos, ni busque ni espere otro bien fuera de Vos. Hacedlo así, Salvador mío, por los méritos de vuestra santísima pasión.

¡Ah, Salvador mío sacramentado! ¡Cuán admirables son las industrias de vuestro amor en procurar y conseguir que las almas os amen! ¡Oh Verbo eterno! No bastó a vuestra ardiente caridad el haceros hombre y morir por nosotros, sino que para satisfacer vuestro amor quisisteis también quedaros en ese Sacramento, sirviéndonos de compañía, de alimento y de prenda de la inmortalidad.

Aparecisteis entre nosotros ya niño en el pesebre, ya pobre en el taller, ya como reo clavado en cruz, y aparecéis ahora todos los días en nuestros altares bajo las especias de pan. Decidme, Señor, ¿qué más podíais inventar para que os amasen los hombres? ¡Oh bien infinito!¡Cuándo comenzaré yo resueltamente a corresponder a las finezas de vuestro amor?

¡Ah, Señor! No quiero ya vivir sino para amaros. ¿De qué me sirve la vida, si no la empleo en amar a mi Redentor, que empleó toda la suya en beneficio mío? Y ¿A quién he de amar sino a Vos, que sois todo afable, todo hermoso, todo bueno, todo digno de ser amado? Viva mi alma sólo para amaros; abrásese de amor cuando se acuerde del vuestro, y al oír nombrar pesebre, cruz, Sacramento, enciéndase en deseos de ejecutar hazañas heroicas en vuestro obsequio.

¡Oh Jesús mío, cuánto habéis hecho y padecido por mí!

(San Alfonso María de Ligorio, arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!