EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 10

MEDITACIÓN

Sobre que Dios es nuestro hermano.

1. El parentesco espiritual que tenemos con Dios se ha hecho más estrecho con el nuevo vínculo de sangre, por ser Jesús hermano nuestro, de nuestro linaje y naturaleza. En l cual hay dos obligaciones de amarle; una, por ser mi hermano; otra, por haberlo querido ser, porque entre los hombres no debe un hermano a otro la elección de haber querido ser su hermano, antes que de otro hombre, porque no es cosa libre no está en mano propia; mas a Dios esto debemos más, que quiso antes ser hermano nuestro que de los Serafines; quiso antes ser de nuestro linaje y naturaleza, que de la de otras criaturas incomparablemente mejores en lo natural y sobrenatural, escogiendo la naturaleza humana miserable, condenada a los infiernos, y afrentada con la ignominia que en ella puso nuestro primer padre Adán.

2. Veamos ahora los oficios que con nosotros hace nuestro amabilísimo hermano. Lo primero, nos ama infinitamente, y tan sin envidia ni interés, que nos da parte en su mayorazgo y corona y propio patrimonio, queriendo que reinemos en él y que seamos herederos, juntamente con él, de su reino; y para que tengamos derecho a él, murió.

¡Oh Jesús mío! Ya doblais el derecho que teneis a mi amor, pues sobre ser mi hermano, sois tan gran benefactor mío.

Además de esto, con ser el hermano mayor y el primogénito de las criaturas, y el hijo natural de Dios, se humilló a servirnos, y a lavar los pies a sus hermanos menores, procurando a costa de su honra, sudor y sangre, nuestro bien, comprometiéndonos con su Padre; bien diferente de aquel hermano mayor del hijo pródigo, el cual se enojó sobremanera, porque recibió su padre al otro hermano menor con muestras de alegría; mas Jesús no tiene gusto más delicado que vernos llenar de mercedes y favores de su Padre; y siendo nosotros tales, que se había de desdeñar de tenernos por esclavos, no se corre de estimarnos y reconocernos por hermanos, dándonos él su vestidura y merecimientos, para que descubierta la cara parezcamos delante de su Padre, y enseñándonos cómo le habemos de pedir el reino.

El mismo Jesús nos hizo lapetición, y dió la fórmula como habíamos de convenir a su Padre y demandar su patrimonio mismo, queriendo que hablásemos con la confianza que Él le hablaba, mandándonos decir Padre nuestro, y luego pedirle su reino.

¡Oh hermano amorosísimo Jesús, que quereis que lo diga así, y que pida yo el reino, que es vuestro por tantos títulos! ¡Bendito seáis por tan gran bondad, que así procurais se me dé a mí lo que sólo Vos teníais derecho natural, y era solamente vuestra herencia!

3. Fuera de esto, gustáis tanto ser nuestro hermano, que no sólo lo queréis ser según la carne, y en cuanto somos nosotros hijos de Adán, sino que queréis lo seamos según el espíritu y la gracia, y en cuanto sois Hijo de Dios, tomando nuestra naturaleza humana, y comunicándonos la vuesra divina, con que se dobla este vínculo y parentesco, siendo dos veces hermano nuestro.

Pues si al hermano carnal se debe amor por sólo tener una sangre, a Vos por ser de nuestra sangre, y por tener nosotros vuestro espíritu, ¿qué amor os deberemos? Toda esta afición y hermandad de Jesús es más admirable por haberle sido nosotros tan malos hermanos, que con nuestros pecados le vendimos a sus enemigos, infinitamente con mayor impiedad que los hijos de Jacob entregaron a un extranjero a su hermano José. Además de esto, lo crucificamos.

¿Qué tiene que ver la traición que hizo Caín a su hermano Abel, con las que nosotros hacemos con nuestro buen hermano Jesús? Enorme maldad fue la de aquellos aldeanos que mataron al hijo del señor de la heredad por quedarse con su patrimonio: ¿qué tiene que ver este homicidio, hecho por extraños, con nuestra maldad y parricidio, que matamos a nuestro hermano, porque nos quería dar su patrimonio y reino?

Esaú aborreció a jacob porque le quitó el mayorazgo. ¿Acaso es causa justa que no amemos a Jesús porque de su voluntad nos da parte en el suyo? ¡Oh hombre, que osas parecer delante del Padre Eterno y de su Hijo Jesús fiado en su bondad, no dejes de reconocer tu maldad y estimate por más impío que Caín, más injusto que Esaú!

¡Oh buen Jesús, que me mandais por vuestros siervos que con bondad venza la malicia de mi hermano, hacedlo Vos así!

(Padre Juan Eusebio Nieremberg, S.J.)



ORACIÓN (Día 10)

Oración a san Francisco de Borja

Vida de san Francisco de Borja

Devotísimo Padre san Francisco de Borja, grande en el palacio y corte de la tierra, pero más grande todavía en el palacio y corte de la gloria; ejemplo de nobilísimos señores cuando seglar, y dechado de santísimos prelados cuando religioso; humildísimo, hasta sufrir que os estuviesen escupiendo en la cara una noche entera; penitentísimo, hasta tener casi remordimiento en la hora de la muerte del excesivo rigor con que habíais tratado el cuerpo;

Vos, que en presencia de la Eucaristía sentíais el espíritu inundado de celestiales delicias; vos, que para asistir a diversiones que en palacio no admiten excusa, os ceñíais un áspero cilicio, quedando tan absorto en Dios, mientras los otros se divertían, que no sabíais dar razón de lo que allí pasaba;

Alcanzadme del Señor la imitación de tan prodigiosas virtudes, desprendimiento de todo lo terreno, amor a la oración y victoria sobre mis pasiones; para que libre de los peligros del alma y cuerpo, goce de vuestra amabilísima presencia en la gloria.

Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 10)

Sobre la adquisición de la paciencia y la lucha contra la concupiscencia.

1. Señor Dios, por lo que veo, la paciencia me es muy necesaria, porque en esta vida acaecen muchas adversidades; pues de cualquier suerte que ordenare mi paz, no puede estar mi vida sin batalla ni dolor. Así es, hijo: pero no quiero que busques tal paz que carezcas de tentaciones y no sientas contrariedades, antes bien, cuando fueres ejercitado en diversas tribulaciones y probado en muchas contrariedades, entonces piensa que has hallado la paz. Si dijeres que no puedes padecer mucho, ¿cómo sufrirás el fuego del purgatorio? De dos trabajos siempre se ha de escoger el menor. Por eso, para que puedas escapar de los tormentos eternos, estudia sufrir con paciencia por Dios los males presentes. ¿Piensas tú que poco o nada sufren los hombres del mundo? Esto aun en los muy regalados no cabe. Pero dirás que tienen muchos deleites y siguen sus apetitos, y por esto se les da poco de algunas cosas contrarias.

2. Pero aunque fuere así, aunque tengan cuanto quisieren, dime: ¿cuánto les durará? Mira que los muy sobrados y ricos en el siglo desfallecerán como humo, y no habrá memoria de los gozos pasados; pues aun mientras viven no se huelgan en ellos sin amargura, congoja y miedo; porque de la misma cosa que se recibe el deleite, de allí las más veces reciben la pena del dolor. Justamente se hace con ellos; porque así como desordenadamente buscan y siguen los deleites, así los tengan con amargura y confusión. ¡Oh, cuán breves! ¡Oh, cuán falsos! ¡Oh, cuán desordenaos y torpes son todos! Mas, por estar privados de juicio y con gran ceguedad, no lo entienden, sino como animales brutos, por un poco de deleite de vida corruptible caen en la muerte del alma. Por eso, hijo, no vayas tú tras tus desordenados apetitos; apártate de tu voluntad; deléitate en el Señor, y te dará lo que le pidiere tu corazón.

3. Porque si quieres tener verdadero gozo, y estar consolado en mí de forma abundante, tu suerte y bendición estarán en el desprecio de todas las cosas del mundo y en cortar de ti todo deleite de acá abajo, y así se te dará copiosa consolación; mas no la alcanzarás sin alguna pena, trabajo y pelea. La costumbre te será contraria; pero la vencerás con otra costumbre mejor. La carne resistirá, pero la frenarás con el vigor del espíritu. La serpiente antigua te instigará y se embravecerá, pero huirá con la oración, y con el trabajo provechoso le cerrarás la puerta del todo.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Segundo, Capítulo 7)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 10)

¡Dios mío, Rey mío y Señor mío!

¡Quien me diera que todos mis miembros se convirtiesen en lenguas para alabar y engrandecer las finezas de vuestra bondad en ese divino Sacramento, donde continuamente estáis pronto para oír y consolar a esta indigna criatura vuestra! Me atrevo, Señor, a decir que sois con demasía amante de los hombres, porque les disteis todo lo que podíais darles en este sacramento, con el fin de que ellos os amasen.

¡Ay, amabilísimo Jesús mío! Dadnos un amor fuerte con que amaros mucho, pues no es razón que amemos con tibieza a un Dios que nos ama con tanto ardor, y llevadnos a Vos con los dulces atractivos de vuestro mismo amor.

¡Oh majestad y bondad infinitas! Vos amáis tanto a los hombres, y habéis obrado tantas finezas para ser amado de ellos, y con todo son pocos los que de verdad os aman.

¡Espantosa ingratitud de los hijos de Adán! Mas, ¡ay, Señor, que yo he sido uno de los ingratos! Pero no quiero serlo en adelante, pues estoy resuelto a amaros cuanto pueda, y a no amar sino a Vos. Vos lo mandáis, Vos lo merecéis, y yo quiero contentaros.

Haced, ¡oh Dios de mi alma!, que os agrade. Así lo espero y os lo suplico por los merecimientos de vuestra pasión sagrada. Los bienes de la tierra dadlos, si queréis, a quien los desee; lo que yo quiero y busco es el rico tesoro de vuestro amor.

Os amo, Jesús mío, bondad infinita, porque sois toda mi riqueza, todo mi contento y todo mi amor.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, Arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 237.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!