EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

SEGUNDA PARTE. Cuatro prácticas particulares para los días del mes.

DÍA 9

MEDITACIÓN

Sobre el nacimiento de Cristo Nuestro Señor.

1. Consideraré cómo llegando la Virgen a Belén con su purísimo esposo, por no hallar posada en la ciudad, se aposentaron en un establo de bestias. ¡Oh quién hubiera sido entonces ciudadano de Belén para recibir en su casa a Jesús, María y José!

Ahora los puedes recibir, servir y regalar, recibiendo al pobre, pues lo que se hace con uno de los pequeñuelos, con Cristo se hace. Cuando llama el peregrino y necesitado a tu puerta, considera que llaman Jesús, María y José, y no les des con las puertas en las narices.

2. Consideraré cómo estando María en el establo, llegando aquella hora deseada de todos los siglos, sin detrimento de su virginidad, con grande júbilo y alegría de su espíritu, dió luz la Luz del mundo, y reclinó a su Hijo en un pesebre.

¡Oh humildad del Hijo! ¡Oh honra de la Madre! ¡Oh dicha de la tierra convertida en cielo, por haber en ella aparecido Dios vestido de nuestra carne! ¡Oh hombres, mirad cómo el Rey de los Ángeles y de los hombres en Hombre y no Ángel!

Contemplaremos las maravillas del divino amor: un Dios hecho hombre, una mujer Madre de Dios, los hombres parientes de Dios, Dios en un establo, Dios en un pesebre, Dios entre bestias. Adoremos, amemos, agradezcamos; amemos al que así nos amó y demos el parabién a María y a nosotros mismos de tanta honra y felicidad.

3. Consideraré lo que hizo, lo que dijo y lo que sintió María. Viendo al Hijo nacido de sus entrañas, llena de inefable alegría, le dijo: "Bien venido seas, mi Dios, y mi Señor y mi Hijo".

Postrada en tierra con profundísima humildad le adoró como a su Dios, le besó los pies como a su Señor, le besó el rostro como a su Hijo, envolviéndole en pobres pañales, le puso en el pesebre para que con la paja y el heno que allí había, y el huelgo del buey y del jumento que allí estaban, se mitigase el rigor del frío.

Cuáles fueran los afectos de María, ¿quién lo dirá? Se gozó de ver a Dios nacido para remedio del mundo, sintió verle con tanta pobreza y descomodidad, tiritando de frío. Se gozó de verle celebrado de ángeles, que cantaban: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad"; y de verle adorado de los pastores.

Aumentemos el gozo de María, adorando con humildad, y alabando con devoción a su Santísimo Hijo.

(Padre Francisco García, S.J.)



ORACIÓN (Día 9)

Oración a san Pedro Claver.

Esclarecido apóstol y gloriosísimo padre san Pedro Claver, hijo dignísimo del gran patriarca san Ignacio de Loyola; prodigio de inocencia y angelical pureza; vaso escogido del Señor para llevar sus misericordias a la raza más infeliz y degradada del género humano.

Vos, que a impulsos de la caridad, y con un voto heroico, consagrasteis la vida en beneficio de los negros, empleando más de cuarenta años en su duro servicio; por la abrasada caridad con que sentíais el abandono y trabajo de aquellos desgraciados, aun más que si fueranpropios; por el infatigable celo con que bautizasteis a más de trescientos mil infieles, y convertisteis a innumerables pecadores y aun herejes.

Por la inalterable paciencia e invicta fortaleza con que sufristeis calumnias, insultos, persecuciones e increibles trabajos y privaciones; por la rigidísima penitencia con que martirizabais vuestro cuerpo y domabais la naturaleza, hasta hallar delicias en hospitales y calabozos, insoportables por su hediondez a los mismos negros encallecidos en el sufrimiento.

Os ruego, bondadoso padre mío, que me tomeis bajo vuestro patrocinio, puesto que pongo en vos toda mi confianza.

Alcanzadme una verdadera caridad para con el prójimo, semejante a la que ardía en vuestro pecho: ayudadme a romper los grillos de las pasiones y a salir de la servidumbre del pecado y de los vicios, para que siendo fiel copia de vuestras heroicas virtudes, merezca algún día participar de la eterna recompensa que gozais en el cielo, reinando por infinitos siglos.

Amén.



LECCIÓN ESPIRITUAL (Día 9)

Del amor de Jesús sobre todas las cosas.

1. Dichoso el que entiende lo que es amar a Jesús, y despreciarse por Él. Es necesario dejar lo amado por el Amado, porque quiere Jesús que le amemos a Él solo, sobre todas las cosas. El amor de las criaturas es inconstante y engañoso; el de Jesús, fiel y constante. Quien se apoya en las criaturas, con ellas cae, porque son caedizas; quien a Jesús se abraza, firme se sostiene para siempre. Ámale; no pierdas su amor. Aunque todos te abandonen, Él no te abandonará, ni te dejará perecer para siempre Quieras o no, algún día tendrás que abandonarlo todo.

2. Tente abrazado a Jesús en la vida y en la muerte. Entrégate a Él, que es leal, que, cuando todo te falte, Él solo puede socorrerte. Tu Amado es de tal naturaleza que no quiere compartir tu corazón con otros, sino ser su único dueño, y sentarse en él como rey en su trono. Si quieres desalojar de tu corazón todas las criaturas, se complacería Jesús en morar contigo. Lo que deposites en los hombres y no en Jesús, casi todo lo verás perdido. No te apoyes ni confíes en quebradiza caña que mece el viento: porque "hierba del campo es toda carne, y así como cae la flor de aquélla, así se marchita y acaba la lozanía de ésta" (Is. 40, 6).

3. Si sólo miras a la cara de los hombres, fácilmente te engañarás. Las más veces hallarás pérdida cuando esperas de otros ganancia y consuelo. Si buscas en todo a Jesús, de seguro hallarás a Jesús. Y si a ti te buscas, a ti te encuentras; pero para tu ruina. Porque quien a Jesús no busca, más daño se hace que cuanto sus enemigos todos y el mundo entero pudieran hacerle.

(Tomás de Kempis, "Imitación de Cristo", Libro Segundo, Capítulo 7)



VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Día 9)

¡Oh, Cordero sin mancha, sacrificado por nosotros en el ara de la cruz!

Acordaos que yo soy una de aquellas almas que redimisteis con vuestra pasión y muerte; y ya que os entregasteis por mi amor, y os sacrificáis por mí todos los días en los altares, sed para siempre mío, y sea yo todo vuestro sin la desgracia de perderos jamás.

A Vos me entrego, para que hagáis de mí cuento os agrade. Os doy mi voluntad; estrechadla con los dulces lazos de vuestro amor, y sea siempre fiel esclava de la vuestra. Ya no quiero vivir para satisfacer mis deseos, sino para dar gusto a vuestra infinita bondad.

Quitad de mí, Señor, quitad enteramente lo que no os agrade, y concededme la gracia de que no tenga otro pensamiento que el de obedeceros, ni otro deseo que el de serviros.

Os amo, dulce Salvador mío, con todo mi corazón; os amo porque deseáis que os ame; os amo porque sois infinitamente digno de ser amado. Tengo suma pena de no amaros cuento merecéis, y quisiera morir por vuestro amor. Aceptad, Señor, este mi deseo, y dadme vuestro dulcísimo amor.

Amén.

(San Alfonso María de Ligorio, Arzobispo)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 230.

Oración por mis hijos






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!