EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo XVIII

En las tentaciones.

I

Dice el sabio: "Hijo: si quieres servir a Dios, consérvate en justicia y en temor, y prepárate para la tentación". El bienaventurado san Jerónimo, sobre aquello del Eclesiastés "Hay tiempo de guerra y tiempo de paz", dice que "mientras estamos en este siglo es tiempo de guerra, y cuando pasemos al otro será tiempo de paz". Y de ahí tomó aquella nuestra ciudad celestial el nombre de Jerusalén, que quiere decir visión de paz. "Por tanto", dice, "ninguno se tenga ahora por seguro, porque es tiempo de guerra, ahora ha de ser el pelear, para que saliendo vencedores, descansemos después en aquella bienaventurada paz."

(Padre Alonso Rodríguez, S.J.)

Oraciones jaculatorias

Levantaos, Señor, ¿por qué dormís, por qué apartáis vuestro rostro, y os olvidais de nuestra pobreza y tribulación? (Salmo 43)

Tomad armas y escudo, y levantaos en nuestra ayuda; decid a mi alma: Yo soy tu salud. (Salmo 34)

¿Hasta cuándo, Señor, me habeis de olvidar? ¿Hasta cuándo habéis de apartar de mí vuestro rostro? ¿Hasta cuándo se ha de gloriar mi enemigo sobre mí? Mirad, Señor, y oidme, y alumbrad mis ojos, para que no duerma sueño de muerte, ni pueda decir mi enemigo que prevaleció contra mí. (Salmo 12)

Vos sois, Señor, nuestro refugio y amparo en el tiempo de la necesidad y tribulación. (Salmo 9)

Así como los pollitos se guarecen debajo de las alas de su madre cuando viene el milano; así nosotros, Señor, estaremos bien guarecidos y guardados debajo de vuestras alas. (Salmo 42). San Agustín se alegraba mucho con esta consideración, y decía a Dios: "Señor, pollito soy tierno y flaco, y si Vos no me amparais, me arrebatará el milano. Amparadme, Señor, debajo de vuestras alas."

Levántese Dios, y sean desbaratados sus enemigos; huyan de delante de Él los que le aborrecen. (Salmo 47)

(Padre Alonso Rodríguez, S.J.)

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 151.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!