EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo XV

Rezo del Santo Rosario.

I

Importa mucho tener muy en la memoria el amor que la Virgen Santísima tiene a sus hijos, la ternura de sus piadosas entrañas,la hermosura y apacibilidad de su rostro, la dulzura y miel de su conversación y finalmente, el cariño grande con que mira a sus hijos; cómo los acaricia a sus pechos como madre; cómo los ampara y defiende debajo de su manto como hermana. Así vemos que al bienaventurado Santo Domingo le mostró la Virgen Santísima a todos sus hijos, amparados a la sombra de su manto.

Así que, hecho un alto concepto de la apacibilidad, amor y ternura con que esta Soberana Reina admite las oraciones de sus hijos, comenzará el primer diez trayendo la memoria el primer misterio de los cinco que caen en aquel día. Pongo ejemplo: si es viernes, la Oración del Huerto, que es el primer misterio de los Dolorosos. Y visto con los ojos del alma el Salvador, de rodillas ante su eterno Padre, sudando sangre y negociando nuestra salud, rezará su Padrenuestro y las diez Avemarías delante de esa misma imagen, al cabo de las cuales, parando un poco, mire la virtud que más campea, que en este misterio parece que es el don de la santa oración, y con un fervoroso deseo pidale el hermano del Sagrado Corazón al Seeñor por los méritos de su Santísima Madre.

Lo que he dicho de este diez y del misterio que le corresponde, digo de los demás dieces y misterios. Esto es, que al principio de cada diez se ha de formar la imagen del misterio brevemente, y clavar los ojos en la virtud que más resplandece; y luego, delante de esa imagen del misterio, rezar un Padrenuestro con las diez Avemarías y al cabo pedirle al Hijo de Dios por la intersección de su Madre.

Acabados los cinco dieces, ofrecerá el hermano su Rosario a la Reina y Madre, por la necesidad que ocurriere; y con el Rosario asimismo sus pensamientos, palabras y obras, para que todo vaya según el beneplácito divino y a él lo ampare, defienda y enriquezca de gracia, y le de más prendas ciertas de gloria.

(Padre Bernardino de Villegas, S.J.)

Indulgencias

Se conceden indulgencias a los rosarios, que pueden ganar los fieles llevándolos en la mano al practicar tan santa devoción. Piérdense dichas indulgencias si el rosario se vende, se regala o se conmuta; mas no se pierden si solamente se presta, ni tampoco si se rompe la cadenilla que une entre sí las cuentas, ni aunque cuatro o cinco cuentas se quiebren.

Las cuentas del rosario han de ser de una materia sólida, para que puedan bendecirse con aplicación de las indulgencias; con todo considéranse suficientemente sólidas las cuentas de vidrio o cristal, si son compactas y difícilmente quebradizas.

Y respecto del rosario para ganar las indulgencias concedidas por Benedicto XIII, no es necesario que todos le tengan en la mano; pero Pio IX, al aprobar este decreto en 1858, puso la condición de que todos los demás, dejando toda otra ocupación, se recojan para orar juntamente con el que lo tiene en la mano y va pasando las cuentas.



Rezo del Santo Rosario

Rezo del Santo Rosario.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 125.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!