EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo XII

En el recreo.

I

Una de las virtudes de la buena mujer es el tener grande recato acerca de las personas que admite a su conversación y a quien da entrada en su casa; porque, debajo de nombre de pobreza, y cubriéndose de piedad, a las veces entran a las casas algunas personas arrugadas y canas que roban la vida y entiznan la honra y dañan el alma de los que viven en ellas, y los corrompen sin sentir, y los emponzoñan pareciendo que los lamen y halagan.

San Pablo casi señaló con el dedo a este linaje de gentes, o a algunas gentes de este linaje, diciendo: "Tienen por oficio andar de casa en casa ociosas, y no solamente ociosas, mas también parleras y curiosas, y habladoras de lo que no conviene."

Y es ello así, que las tales de ordinario no entran sino a aojar todo lo bueno que vieren, y cuando menos mal hacen, hacen siempre este daño, que es traer novelas y chismerías de fuera, y llevarlas afuera de lo que ven o les parece que ven en la casa donde entran, con que inquietan a quien las oye y les turban los corazones: de donde muchas veces nacen descubrimientos entre los vecinos y amigos, y materias de enojos y diferencias, y a veces hay discordias mortales.

(Fray Luis de León, agustino)

Oración

Dios mío, voy a descansar y a recrearme un poco, para daros gusto y serviros después con mayor fuerza y fervor.
Amén.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 103.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!