EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo X

Al toque del Angelus.

I

San Ignacio Martir dice que es imposible que ninguno se salve sin el favor de María. San Anselmo afirma que como es imposible que se salven aquellos de quien Maria apartare sus ojos, es necesario que sean justificados y glorificados aquellos en quien pusiere sus ojos María. Lo mismo dicen San Bernardo y San Buenaventura; y todos los Santos y doctores con un espíritu, como si hablaran por una boca, testifican que es carácter de predestinados la devoción de María.

María se llama escala del cielo, porque se sube por ella a la gloria. Se llama Puerta del Paraiso, porque se entra por ella a la bienaventuranza. Esta puerta se abre a todos los que llaman a ella: y entra por ella quien lleva la llave de oro de su devoción.

La devoción de María, para merecer su nombre, ha de ser verdadera, grande, constante y continua. Será verdadera si procuramos la imitación de sus virtudes; será grande si no nos contentamos con obsequios vulgares; será constante si perseveramos en pagar el tributo que ofrecemos a esta soberana Reina: será continua si es devoción de cada día, pues dice ella: "Bienaventurado el hombre que vela a mis puertas cada día." No porque todos los días hayamos de usar las mismas devociones, antes hemos de tener algunas particulares de cada año, de cada mes, de cada semana, y para días particulares; sino porque en las que hubiéremos elegido para todos los días, hemos de ser constantes, no dejándolas ninguno por negligencia.

Siendo joven el venerable Tomás de Kempis, dejó las oraciones que solia rezar todos los días a la Madre de Dios; y estando un día en el aula con sus condiscípulos, que eran honestos y devotos, vió que bajaba del cielo la Virgen de las vírgenes con majestad y resplandor, y los iba abrazando a todos con maternal afecto. Esperaba con impaciente deseo semejante regalo; pero la Madre de Misericordia, mirándole con rostro severo le dijo: "¿Cómo esperas de mí demostraciones de cariño, habiendo tú dejado las oraciones que solías ofrecerme con tanta devoción?" Con esto desapareció, y Tomás quedó enseñado cuánto siente la Reina del Cielo que dejemos de pagarle el tributo que le hemos ofrecido.

En general digo que hemos de mostrar el amor y devoción de María en todas las cosas, en las obras, palabras y pensamientos. En los pensamientos y afectos, meditando sus excelencias, y gozándonos de sus prerrogativas; en las palabras, alabando a la Virgen en nuestras conversaciones, y saludándola con devotas oraciones; en las obras, reverenciando sus imágenes, visitando sus templos, adornando sus altares, celebrando sus fiestas, y haciendo limosnas y buenas obras a honra suya; y las mismas que hacemos a mayor gloria de Dios, ofrezcámoslas también a honra de la Madre de Dios.

(Padre Francisco García, S.J.)

Indulgencias

Por concesión del papa Benedicto XIII de 4 de septiembre de 1724, los fieles que cada día al toque de campana por la mañana, o al mediodía, o a la tarde al ponerse el sol recen devotamente arrodillados el Angelus Domini, con tres avemarías, podrán ganar Indulgencia Plenaria una vez al mes, en un día de su arbitrio, en que verdaderamente arrepentidos, confesados y comulgados rueguen por los fines de nuestra Santa Madre la Iglesia. Y todos los demás días del año, indulgencias de cien días cada vez que con el corazón contrito rezaren estas oraciones.

El mismo pontífice concedió en 5 de diciembre de 1725 las mismas indulgencias a los regulares y demás personas que vivan en comunidad, cuando no puedan rezar el Angelus Domini al toque de la campana por estar en alguna ocupación prescrita por las reglas o constituciones respectivas, con tal que las recen inmediatamente después.

El papa Benedicto XIV mandó en 1742 que se rezasen de pié desde la tarde del sábado hasta la noche del domingo inclusive; y que en tiempo Pascual se rezase el Regina Coeli con su verso y oración, en lugar del Angelus Domini, pudiendo los que no supiesen esta antífona de memoria rezar el Angelus también en este tiempo.

El papa Pio VI autorizó en 1884 que se rezase en las horas aproximadas donde no hubiese toque de campana, ganando las mismas indulgencias.

Finalmente, el papa León XIII concedió en 1884 que pudiesen ganar las mismas indulgencias todos los fieles que rezasen dichas preces, aunque por algún legítimo impedimento no las rezasen puestos de rodillas, ni al toque de la campana. Y añadió que los que no las saben de memoria ni las puedan leer, pueden suplirlas rezando cinco Avemarías a la mañana, hacia el mediodía y al caer la tarde.

Rezo del Ángelus

Rezo del Ángelus

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 93.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!