EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo IX

Al dar la hora.

I

El ejercicio de la presencia de Dios es importantísimo en la vida espiritual, no sólo porque la continua memoria de Dios no da lugar a otros malos pensamientos, y es un remedio eficacísimo contra todas las tentaciones y trabajos de esta vida, sino también por ser éste el remedio más breve y compendioso para alcanzar la perfección de las virtudes, y que encierra en sí la fuerza y eficacia de todos los otros medios.

Por esto dijo Dios a Abrahám: "Procura andar en mi presencia y ser perfecto varón", como si dijera: "Para ser perfecto, anda en mi presencia". Esta continua memoria de Dios sirve de freno para que ni los ojos vean, ni la lengua hable, ni las manos obren cosa que no sea contra Dios. Estáme Dios mirando, decía Job, como testigo de vista, y váme contando los pasos. ¿Quién se ha de atrever a pecar ni hacer cosa mal hecha?

Ciertamente esta consideración de que Dios nos está mirando, y el Ángel de nuestra guarda contando todos los pensamientos, palabras y obras, para premiarlas en el cielo con premio eterno, si fueren buenas, o castigarlas en el infierno o en el purgatorio, si no fuesen tales, es bastante para componer nuestra vida y reformar nuestras costumbres.

Y si me preguntare el hermano del Corazón de Jesús, ¿cómo podrá tener esta continua memoria de Dios?, a esto respondo: que antes no sé cómo podemos dejar de tenerla; ues aunque no queramos, andamos topando con Dios por donde quiera que vamos, y le habemos de hallar en todas las criaturas. Pues es cierta verdad de nuestra fé, que en todo está, llenándolo todo, y dándole ser, y obrando con todas las cruaturas del cielo y de la tierra.

Y así, tantos ministerios y oficios hace Dios sirviéndonos, cuantas ellas hacen en nuestro favor. Él nos sustenta en la tierra, y da respiración en el aire, y apaga la sed en el agua, calienta en el fuego, alumbra en el sol y las demás estrellas.

Él nos abriga con el vestido, y con la comida nos sustenta, y con todos los animales que nos ayudan para algo, también nos ayuda; y en parte se puede decir que el Creador de todas las cosas es criado del hombre, pues como tal en tan diferentes oficios le sirve.

Cierto que andar Dios tan solícito en tantas haciendas de nuestro provecho y regalo, y no tenerlo presente ni acordarse de él, ni estarlo siempre agradeciendo, no sé qué nombre tenga, pues ninguno hallo tan malo que dignamente pueda explicar tanta insensibilidad y enajenación de nosotros mismos.

(Padre Bernardino de Villegas, S.J.)

Examen de conciencia

Pónte pues cada hora en la presencia de Dios, y en presencia de este Señor Santísimo examínate, diciendo a tu alma: "Alma mía, ¿cómo has pasado esta hora?" Luego te responderá la conciencia. Si te responde que bien, alégrate en el Señor, si te responde que mal, esta sola respuesta de la conciencia te pondrá luego delante las faltas que en aquella hora hubieres cometido. Concibe de ellas un gran dolor, pidiendo a Dios perdón por medio de María, a quien rezarás el Ave María y Gloria. Finalmente harás la Comunión Espiritual.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 90.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!