EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo VII

Visita o rezo a algún santo.

I

Son tantas y tan grandes nuestras necesidades de cuerpo y alma, y las culpas en que cada día caemos, y las dificultades que tenemos en vencernos y en vencer a los enemigos que continuamente nos hacen la guerra, que nos conviene estar siempre alerta, y buscar valedores y favorecedores para poder resistir a sus asaltos y combates. El bienaventurado San Pablo dice que el cristiano lidia en este mundo con Satanás, y que está expuesto a los ojos de los Ángeles y Santos del cielo que le están mirando. Los mismos Santos que nos miran y ven nuestros peligros y peleas, y se alegran cuando vencemos, y se entristecen a su modo, cuando somos vencidos, son quienes con sus oraciones más nos pueden ayudar, y a quienes nosotros debemos invocar y pedirles su ayuda y socorro, porque son muy poderosos delante del Señor, y nos alcanzan de su divina Magestad la gracia que nosotros por nuestras culpas no merecemos.

Este uso de invocar los Santos es antiquísimo en la Iglesia Católica, y muy glorioso para el Señor que los hizo Santos, y para ellos de mucha honra, y para nosotros de grandísima utilidad; y por eso se ponen aquí algunas oraciones para implorar el favor de los Santos, a los cuales nos debemos encomendar muy afectuosamente, especialmente a los Santos que aquel día celebra la Santa Iglesia, y a algunos nuestros particulares patronos y devotos.

(Padre Pedro de Rivadeneira, S.J.)

Oración

Pinchar en la Segunda parte para ver la oración al Santo que corresponde a cada uno de los días del mes.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 85.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
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