EL DÍA SANTIFICADO, por el padre Antonio Sagrest, S.J.

PRIMERA PARTE: Prácticas espirituales de cada día.

Capítulo II

Al vestirnos.

I

Cosa es de maravillar el mucho tiempo que gasta a las mujeres este vano cuidado de componerse y ataviarse, en que de ordinario hay tanto desorden, siendo así que bastara una prudente y cristiana moderación, de forma, que por atender a esta falsa hermosura del cuerpo, no se faltase a la verdadera del alma; pues está escrito: Engañoso es el buen parecer, y vana la hermosura; la mujer que teme a Dios, esa será alabada.

No sea la hermana del Corazón de Jesús como los sepulcros blanqueados, y de hermosos mármoles y limpios jaspes de que habló Cristo, que estando tan de ver en lo de fuera, allá dentro no tienen sino huesos feos y cuerpos hediondos, vivo retrato de muchas almas miserables, y en los ojos de Dios feas y asquerosas, sepultadas en cuerpos hermosos, aseados y compuestos. De los cuales cuidan más sus desdichados dueños, que de las almas hermosas que son vivo retrato y semejanza de la hermosura de Dios. Y así vienen a ser, como dijo el venerable padre maestro Juan de Ávila, ángeles en el cuerpo y demonios en el alma.

Lo cual, cuán perjudicial engaño sea, lo verán cuando almas y cuerpos justísimamente sean entregados en manos de los demonios, autores sin duda de semejante perversión.

No ignoro que hay muchas que con falsas y aparentes razones se dejan cegar y llevar de este error, diciendo: que el componerse cada una conforme a su estado y calidad, y las casadas por parecer bien a sus maridos, no es pecado. Santa excusa, es sin duda, si lo hiciesen como dicen; pero no es así, sino que de lo moderado se pasa muchas veces a lo superfluo y para nada necesario, sino para todo dañoso; para el estado, calidad, marido, casas y criados e hijos, cuerpo y alma; pues semejantes desórdenes de atavíos y compostura excusada es ruina de las haciendas y estrago de las buenas costumbres, escándalo para los que lo ven hacer, y grán pérdida de tiempo, joya tan preciosa, y desmedro del alma, a quien le falta para emplearle en ejercicios santos.

(Padre Bernardino de Villegas, S.J.)

Oraciones

Señor Dios todopoderoso, que nos has dejado llegar al principio de este día, sálvanos hoy por tu santa virtud, para que no caigamos en algún pecado; mas todas nuestras obras, pensamientos y palabras, vayan enderezados a tu servicio y a la guarda de tus santos mandamientos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El Te Deum. A tí, oh Dios, te alabamos, etc., en acción de gracias de los beneficios recibidos.

El Ven a nuestras almas, para alcanzar la luz el cielo.

La Letanía de la Virgen, para lograr su intersección.

La Salve a María Santísima, para implorar su amparo.

Al Santo Ángel de la Guarda: Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor, con amorosa piedad; a mí, que soy vuestro encomendado, alumbradme hoy, guardadme, regidme y gobernadme. Amén.

Un Padrenuestro.

Un Avemaría y Gloria.

Un Credo.

Jaculatoria: "Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mí tu amor".

Amén.

FUENTE: El día santificado, del padre Antonio Sacrest, S.J. Instituto Pontificio para las artes cristianas, Einsiedeln, Suiza, 1894, pág. 28.






¡QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Solo tú!