GÉNESIS

© Sagrada Biblia de Cantera - Iglesias
Otoño de 1975


Introducción

I PARTE: LOS ORÍGENES

Capítulo 1.

La creación del mundo

Capítulo 2.

La creación del hombre y la mujer

Capítulo 3.

La tentación y el pecado del hombre
La maldición de la serpiente
El castigo de la mujer
El castigo del hombre

II PARTE: DESDE ADÁN HASTA EL DILUVIO

Capítulo 4.

Caín y Abel
Los descendientes de Caín
El canto de Lámek
Set y su descendencia

Capítulo 5.

Los patriarcas anteriores al Diluvio

Capítulo 6.

Los hijos de Dios y las hijas de los hombres
La corrupción de la humanidad
El anuncio del Diluvio y la orden de construir el arca

Capítulo 7.

La entrada de Noé en el arca
El comienzo del Diluvio
La inundación

Capítulo 8.

El fin del Diluvio
La salida del arca
El sacrificio de Noé

Capítulo 9.

La bendición de Dios a Noé
La alianza de Dios con todos los hombres
El arco iris, signo de la alianza

III PARTE: DESDE NOÉ HASTA ABRAHAM

Los hijos de Noé

Capítulo 10.

El catálogo de las naciones

Capítulo 11.

La torre de Babel
Los descendientes de Sem
Los descendientes de Teraj

IV PARTE: ABRAHAM

Capítulo 12.

La llamada de Dios a Abraham
Abraham en Egipto

Capítulo 13.

La separación de Abraham y Lot
La renovación de la promesa

Capítulo 14.

La campaña de los cuatro reyes
El rescate de Lot
El encuentro de Abraham con Melquisedec

Capítulo 15.

La promesa de Dios a Abraham
La alianza de Dios con Abraham

Capítulo 16.

El nacimiento de Ismael

Capítulo 17.

La circuncisión, signo de la alianza
El anuncio del nacimiento de Isaac

Capítulo 18.

La visita del Señor a Abraham en Mambré
La intercesión de Abraham en favor de Sodoma


Capítulo 19.

La corrupción de Sodoma
La destrucción de Sodoma
El origen de los moabitas y de los amonitas

Capítulo 20.

Abraham y Sara en Guerar

Capítulo 21.

El nacimiento de Isaac
La expulsión de Agar y de Ismael
La alianza de Abraham con Abimélek

Capítulo 22.

El sacrificio de Isaac
Los descendientes de Najor

Capítulo 23.

La tumba de los Patriarcas

Capítulo 24.

El matrimonio de Isaac y Rebeca

Capítulo 25.

Los otros hijos de Abraham
La muerte de Abraham
Los descendientes y la muerte de Ismael

V PARTE: ISAAC Y JACOB

El nacimiento de Esaú y de Jacob
Esaú vende su derecho de hijo primogénito

Capítulo 26.

Isaac en Guerar
Los pozos entre Guerar y Berseba
Renovación de la promesa hecha a Abraham
La alianza de Isaac con Abimélek
Las esposas hititas de Esaú

Capítulo 27.

La bendición de Isaac a Jacob
El viaje de Jacob a Padán Arám

Capítulo 28.

El otro casamiento de Esaú
El sueño de Jacob en Betel

Capítulo 29.

Jacob en casa de Labán
Las dos esposas de Jacob
Los hijos de Lía

Capítulo 30.

Los hijos de Bilhá
Los hijos de Zilpá
Los otros hijos de Lía
El primer hijo de Raquel
El enriquecimiento de Jacob

Capítulo 31.

La huida de Jacob
La persecución de Labán a Jacob
La alianza de Jacob con Labán

Capítulo 32.

Los preparativos de Jacob para su encuentro con Esaú
La lucha misteriosa de Jacob

Capítulo 33.

El encuentro de Jacob con Esaú
La separación de Jacob y Esaú
La llegada de Jacob a Siquém

Capítulo 34.

El rapto y violación de Dina
La venganza de Simeón y Leví contra Siquém

Capítulo 35.

Nueva visita de Jacob a Betel
Renovación de la promesa de Dios a Jacob
El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel
El incesto de Rubén
Los hijos de Jacob
La muerte de Isaac


Capítulo 36.

La descendencia de Esaú en Canaán
La emigración de Esaú a Seir
La descendencia de Esaú en Seir
Los clanes de los edomitas
Los descendientes de Seir
Los reyes de Edom
Otra lista de clanes de los edomitas

VI PARTE: HISTORIA DE JOSÉ

Capítulo 37.

Los sueños de José
José atacado por sus hermanos
José llevado a Egipto

Capítulo 38.

Judá y Tamar
Los hijos de Tamar

Capítulo 39.

José, mayordomo de Putifar
José y la mujer de Putifar
El arresto de José

Capítulo 40.

Los sueños de los funcionarios del Faraón

Capítulo 41.

Los sueños del Faraón
La interpretación de los sueños del Faraón
La designación de José como primer ministro
Los hijos de José

Capítulo 42.

El primer viaje de los hermanos de José a Egipto
El primer encuentro de José con sus hermanos
La vuelta de los hermanos de José a Canaán

Capítulo 43.

El segundo viaje de los hermanos de José a Egipto
El segundo encuentro de José con sus hermanos

Capítulo 44.

La última prueba de José a sus hermanos
La intervención de Judá en favor de Benjamín

Capítulo 45.

El desenlace de la historia de José

Capítulo 46.

Jacob y su familia en Egipto
La familia de Jacob
El encuentro de Jacob con José

Capítulo 47.

La entrevista de los hijos de Jacob con el Faraón
Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto
La habilidad administrativa de José
La última voluntad de Jacob

Capítulo 48.

La bendición de Efraím y Manasés

Capítulo 49.

El testamento de Jacob
La muerte de Jacob

Capítulo 50.

Los funerales de Jacob
El temor de los hermanos de José
La promesa de José a sus hermanos
La muerte de José




GÉNESIS

Introducción.

GÉNESIS es una palabra griega, que significa "origen". El primer libro de la Biblia lleva ese nombre, porque trata de los orígenes del universo, del hombre y del Pueblo de Dios. El libro del Génesis se divide en dos grandes partes. La primera es denominada habitualmente "Historia primitiva", porque presenta un amplio panorama de la historia humana, desde la creación del mundo hasta Abraham (caps. 1-11). La segunda narra los orígenes más remotos del pueblo de Israel: es la historia de Abraham, Isaac y Jacob, los grandes antepasados de las tribus hebreas. Al final de esta segunda parte, adquiere particular relieve la figura de José, uno de los hijos de Jacob, ya que gracias a él su padre y sus hermanos pudieron establecerse en Egipto. La historia de los Patriarcas se cierra con el anuncio del retorno de los israelitas a la Tierra prometida, cuyo cumplimiento comienza a relatarse en el libro del Éxodo.

Estas dos partes presentan notables diferencias en cuanto a la forma literaria y al contenido, pero están íntimamente relacionadas. El Génesis se remonta primero a los orígenes del mundo y de la humanidad. Luego, mediante una serie de genealogías cada vez más restringidas, establece una sucesión ininterrumpida entre Adán, el padre de la humanidad pecadora, y Abraham, el padre del Pueblo elegido. Este vínculo genealógico pone bien de relieve que la elección de Abraham no fue un simple hecho al margen de la historia humana. La elección divina no era un privilegio reservado para siempre a una sola persona o a una sola nación. Si Dios manifestó su predilección por Abraham y por la descendencia nacida de él, fue para realizar un designio de salvación que abarca a todos los pueblos de la tierra.

En la redacción final del libro del Génesis, se emplearon elementos de las tradiciones "yahvista", "elohísta" y "sacerdotal". Esta última fuente tiene una importancia especial en el conjunto de la obra, debido a que constituye la base literaria en la que se insertaron las otras tradiciones.

Los primeros capítulos del Génesis ofrecen una dificultad muy particular para el hombre de hoy. En ellos se afirma, por ejemplo, que Dios creó el universo en el transcurso de una semana, que modeló al hombre con barro y que de una de sus costillas formó a la mujer. ¿Cómo conciliar estas afirmaciones con la visión del universo que nos da la ciencia? La dificultad se aclara si tenemos en cuenta que el libro del Génesis no pretende explicar "científicamente" el origen del universo ni la aparición del hombre sobre la tierra. Con las expresiones literarias y los símbolos propios de la época en que fueron escritos, esos textos bíblicos nos invitan a reconocer a Dios como el único Creador y Señor de todas las cosas. Este reconocimiento nos hace ver el mundo, no como el resultado de una ciega fatalidad, sino como el ámbito creado por Dios para realizar en él su Alianza de amor con los hombres. La consumación de esa Alianza serán el " cielo nuevo" y la " tierra nueva" (Is. 65. 17; Apoc. 21. 1) inaugurados por la Resurrección de Cristo, que es el principio de una nueva creación.

PRIMERA PARTE: LOS ORÍGENES DEL UNIVERSO Y DE LA HUMANIDAD.

La fe de Israel en el Dios creador encontró su máxima expresión literaria en el gran poema de la creación, que ahora figura al comienzo de la Biblia. Una verdad se perfila a lo largo de todo este relato: el universo, con todas las maravillas y misterios que encierra, ha sido creado por el único Dios y es la manifestación de su sabiduría, de su amor y su poder. Por eso, cada una de las cosas creadas es "buena" y el conjunto de ellas es "muy bueno". En ese universo, al hombre le corresponde un lugar de privilegio, ya que Dios lo creó "a su imagen" y lo llamó a completar la obra de la creación.

Pero el relato del origen del universo sirve de prólogo a lo que constituye el principal centro de interés de los once primeros capítulos del Génesis, a saber, el drama de la condición humana en el mundo. Los diversos personajes que se van sucediendo -Adán y Eva, Caín y sus descendientes, los pueblos que intentan edificar la torre de Babel- representan arquetípicamente a la humanidad entera que pretende ocupar el puesto de Dios, constituyéndose así en norma última de su propia conducta. Esta pretensión, en lugar de convertir al hombre en dueño de su destino, hizo entrar en el mundo el sufrimiento y la muerte, rompió los lazos fraternales entre los hombres y provocó la dispersión de los pueblos. En el marco de esta historia, Dios va a realizar su designio de salvación.

Para describir este drama, los autores inspirados no recurrieron a formulaciones abstractas. Lo hicieron por medio de una serie de relatos convenientemente ordenados, de hondo contenido simbólico, que llevan la impronta del tiempo y de la cultura en que fueron escritos. Por eso, al leer estos textos, es imprescindible distinguir entre la verdad revelada por Dios, que mantiene su valor y actualidad permanentes, y su expresión literaria concreta, que refleja el fondo cultural común a todos los pueblos del Antiguo Oriente.

CAPÍTULO 1.

La creación del mundo.

1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.

3 Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. 4 Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; 5 y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.

6 Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.» 7 E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. 8 Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo.

11 Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue. 12 La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. 13 Y atardeció y amaneció: día tercero.

14 Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; 15 y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue. 16Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; 17 y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, 18 y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien. 19 Y atardeció y amaneció: día cuarto.

20 Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.» 21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien; 22 y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra.» 23 Y atardeció y amaneció: día quinto.

24 Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie.» Y así fue. 25 Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien.

26 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. 27 Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó [01].

28 Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»

29 Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento. 30 Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.» Y así fue. 31 Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardecío y amaneció: día sexto.

CAPÍTULO 2.

1 Concluyéronse, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, 2 y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. 3 Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho. 4 Esos fueron los orígenes de los cielos y la tierra, cuando fueron creados.

La creación del hombre y la mujer.

El día en que hizo Yahveh Dios la tierra y los cielos, 5 no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahveh Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. 6 Pero un manantial brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo.

7 Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente [02].

8 Luego plantó Yahveh Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado [03]. 9 Yahveh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal [04].

10 De Edén salía un río que regaba el jardín, y desde allí se repartía en cuatro brazos. 11 El uno se llama Pisón: es el que rodea todo el país de Javilá, donde hay oro. 12 El oro de aquel país es fino. Allí se encuentra el bedelio y el ónice. 13 El segundo río se llama Guijón: es el que rodea el país de Kus. 14 El tercer río se llama Tigris: es el que corre al oriente de Asur. Y el cuarto río es el Eufrates.

15 Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. 16 Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»

18 Dijo luego Yahveh Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» 19 Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. 20 El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. 21 Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. 22 De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre [05].

23 Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.»

24 Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. 25 Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.

CAPÍTULO 3.

La tentación y el pecado del hombre.

1 La serpiente [06] era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín? [07] »

2 Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. 3 Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»

4 Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. 5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»

6 Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. 7 Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.

8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín. 9 Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»

10 Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.»

11 El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?»

12 Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.»

13 Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Y contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.»

La maldición de la serpiente.

14 Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 15 Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.»[08] [09]

El castigo de la mujer.

16 A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará.

El castigo del hombre.

17 Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. 18 Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

20 El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes. 21 Yahveh Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de piel y los vistió.

22 Y dijo Yahveh Dios: «¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre.»

23 Y le echó Yahveh Dios del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. 24 Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.

SEGUNDA PARTE: DESDE ADÁN HASTA EL DILUVIO

CAPÍTULO 4.

Caín y Abel.

1 Conoció el hombre a Eva [10], su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «He adquirido un varón con el favor de Yahveh.» 2 Volvió a dar a luz, y tuvo a Abel su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador. 3 Pasó algún tiempo, y Caín hizo a Yahveh una oblación de los frutos del suelo. 4 También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos. Yahveh miró propicio a Abel y su oblación, 5 mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro.

6 Yahveh dijo a Caín: «¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? 7 ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.»

8 Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató.

9 Yahveh dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel? Contestó: «No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?»

10 Replicó Yahveh: «¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. 11 Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. 12 Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra.»

13 Entonces dijo Caín a Yahveh: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla. 14 Es decir que hoy me echas de este suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará.»

15 Respondióle Yahveh: «Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces.» Y Yahveh puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara. 16 Caín salió de la presencia de Yahveh, y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén.

Los descendientes de Caín.

17 Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Henoc. Estaba construyendo una ciudad, y la llamó Henoc, como el nombre de su hijo. 18 A Henoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael, Mejuyael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lámek. 19 Lámek tomó dos mujeres: la primera llamada Adá, y la segunda Sillá. 20 Adá dio a luz a Yabal, el cual vino a ser padre de los que habitan en tiendas y crían ganado. 21 El nombre de su hermano era Yubal, padre de cuantos tocan la cítara y la flauta. 22 Sillá por su parte engendró a Túbal Caín, padre de todos los forjadores de cobre y hierro. Hermano de Túbal Caín fue Naamá.

El canto de Lamek.

23 Y dijo Lámek a sus mujeres: «Adá y Sillá, oíd mi voz; mujeres de Lámek, escuchad mi palabra: Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. 24 Caín será vengado siete veces, mas Lámek lo será 77 [11]

Set y su descendencia.

25 Adán conoció otra vez a su mujer, y ella dio a luz un hijo, al que puso por nombre Set, diciendo: «Dios me ha otorgado otro descendiente en lugar de Abel, porque le mató Caín.» [12] 26 También a Set le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Este fue el primero en invocar el nombre de Yahveh [13].

CAPÍTULO 5.

Los patriarcas anteriores al Diluvio.

1 Esta es la lista [14] de los descendientes de Adán: El día en que Dios creó a Adán, le hizo a imagen de Dios. 2 Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó «Hombre» en el día de su creación. 3 Tenía Adán 130 años cuando engendró un hijo a su semejanza, según su imagen, a quien puso por nombre Set. 4 Fueron los días de Adán, después de engendrar a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. 5 El total de los días de la vida de Adán fue de 930 años, y murió.

6 Set tenía 105 años cuando engendró a Enós. 7 Vivió Set, después de engendrar a Enós, 807 años y engendró hijos e hijas. 8 El total de los días de Set fue de 912 años, y murió.

9 Enós tenía noventa años cuando engendró a Quenán. 10 Vivió Enós, después de engendrar a Quenán, 815 años, y engendró hijos e hijas. 11 El total de los días de Enós fue de 905 años, y murió.

12 Quenán tenía setenta años cuando engendró a Mahalalel. 13 Vivió Quenán, después de engendrar a Mahalalel, 840 años, y engendró hijos e hijas. 14 El total de los días de Quenán fue de 910 años, y murió.

15 Mahalalel tenía 65 años cuando engendró a Yéred. 16 Vivió Mahalalel, después de engendrar a Yéred, 830 años, y engendró hijos e hijas. 17 El total de los días de Mahalalel fue de 895 años, y murió.

18 Yéred tenía 162 años cuando engendró a Henoc. 19 Vivió Yéred, después de engendrar a Henoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. 20 El total de los días de Yéred fue de 962 años, y murió.

21 Henoc tenía 65 años cuando engendró a Matusalén. 22 Henoc anduvo con Dios; vivió, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. 23 El total de los días de Henoc fue de 365 años. 24 Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.

25 Matusalén tenía 187 años cuando engendró a Lámek. 26 Vivió Matusalén, después de engendrar a Lámek, 782 años, y engendró hijos e hijas. 27 El total de los días de Matusalén fue de 969 años, y murió.

28 Lámek tenía 182 años cuando engendró un hijo, 29 y le puso por nombre Noé, diciendo "«Este nos consolará de nuestros afanes y de la fatiga de nuestras manos, por causa del suelo que maldijo Yahveh.» 30 Vivió Lámek, después de engendrar a Noé, 595 años, y engendró hijos e hijas. 31 El total de los días de Lámek fue de 777 años, y murió.

32 Era Noé de quinientos años cuando engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

CAPÍTULO 6.

Los hijos de Dios y las hijas de los hombres.

1 Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la haz de la tierra y les nacieron hijas, 2 vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas. 3 Entonces dijo Yahveh: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean 120 años.»

4 Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos [15].

La corrupción de la humanidad.

5 Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, 6 le pesó a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. 7 Y dijo Yahveh: «Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado, - desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo - porque me pesa haberlos hecho.» 8 Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahveh.

El anuncio del Diluvio y la orden de construir el arca.

9 Esta es la historia de Noé: Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios. 10 Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet.

11 La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias. 12 Dios miró a la tierra, y he aquí que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra.

13 Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra. 14 Hazte un arca de maderas resinosas. Haces el arca de cañizo y la calafateas por dentro y por fuera con betún. 15 Así es como la harás: longitud del arca, trescientos codos; su anchura, cincuenta codos; y su altura, treinta codos. 16 Haces al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima, pones la puerta del arca en su costado, y haces un primer piso, un segundo y un tercero. 17 «Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá [16]. 18 Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. 19 Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. 20 De cada especie de aves, de cada especie de ganados, de cada especie de sierpes del suelo entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. 21 Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.»

22 Así lo hizo Noé y ejecutó todo lo que le había mandado Dios.

CAPÍTULO 7.

La entrada de Noé en el arca.

1 Yahveh dijo a Noé: «Entra en el arca tú y toda tu casa, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. 2 De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, el macho con su hembra. 3 (Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras) para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra. 4 Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la haz del suelo todos los seres que hice.»

5 Y Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh.

El comienzo del Diluvio.

6 Noé contaba seiscientos años cuando acaeció el diluvio, las aguas, sobre la tierra. 7 Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio. 8 (De los animales puros, y de los animales que no son puros, y de las aves, y de todo lo que serpea por el suelo, 9 sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Dios a Noé.) 10 A la semana, las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.

11 El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron, 12 y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13 En aquel mismo día entró Noé en el arca, como también los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos; 14 y con ellos los animales de cada especie, los ganados de cada especie, las sierpes de cada especie que reptan sobre la tierra, y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados; 15 entraron con Noé en el arca sendas parejas de toda carne en que hay aliento de vida, 16 y los que iban entrando eran macho y hembra de toda carne, como Dios se lo había mandado. Y Yahveh cerró la puerta detrás de Noé.

La inundación.

17 El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó de encima de la tierra. 18 Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19 Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo. 20 Quince codos por encima subió el nivel de las aguas quedando cubiertos los montes. 21 Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. 22 Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió. 23 Yahveh exterminó todo ser que había sobre la haz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta las sierpes y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. 24 Las aguas inundaron la tierra por espacio de 150 días.

CAPÍTULO 8.

El final del Diluvio.

1 Acordóse Dios de Noé y de todos los animales y de los ganados que con él estaban en el arca. Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y las aguas decrecieron. 2 Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo. 3 Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de 150 días, las aguas habían menguado, 4 y en el mes séptimo, el día diecisiete del mes, varó el arca sobre los montes de Ararat. 5 Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes.

6 Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, 7 y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. 8 Después soltó a la paloma, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. 9 La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra; y alargando él su mano, la asió y metióla consigo en el arca. 10 Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. 11 La paloma vino al atardecer, y he aquí que traía en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que habían disminuido las aguas de encima de la tierra. 12 Aún esperó otros siete días y soltó la paloma, que ya no volvió donde él.

13 El año 601 de la vida de Noé, el día primero del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. Noé retiró la cubierta del arca, miró y he aquí que estaba seca la superficie del suelo. 14 En el segundo mes, el día veintisiete del mes, quedó seca la tierra.

La salida del arca.

15 Habló entonces Dios a Noé en estos términos: 16 «Sal del arca tú, y contigo tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos. 17 Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todas las sierpes que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra.»

18 Salió, pues, Noé, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. 19 Todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todas las sierpes que reptan sobre la tierra salieron por familias del arca.

El sacrificio de Noé.

20 Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos las animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar.

21 Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo en su corazón: «Nunca más volveré al maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho. 22 «Mientras dure la tierra, sementera y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán.»

CAPÍTULO 9.

La bendición de Dios a Noé.

1 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. 2 Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar; quedan a vuestra disposición. 3 Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. 4 Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre, 5 y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana [17]. 6 Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo El al hombre. 7 Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos; pululad en la tierra y dominad en ella.»

La alianza de Dios con todos los seres vivientes.

8 Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él: 9 «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, 10 y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. 11 Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.»

El arco iris, signo de la alianza.

12 Dijo Dios: «Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpetuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña: 13 Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. 14 Cuando yo anuble de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes, 15 y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne. 16 Pues en cuanto esté el arco en las nubes, yo lo veré para recordar la alianza perpetua entre Dios y toda alma viviente, toda carne que existe sobre la tierra.»

17 Y dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda carne que existe sobre la tierra.»

TERCERA PARTE: DESDE NOÉ HASTA ABRAHAM

Los hijos de Noé.

18 Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. 19 Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos se pobló toda la tierra.

20 Noé se dedicó a la labranza y plantó una viña. 21 Bebió del vino, se embriagó, y quedó desnudo en medio de su tienda. 22 Vio Cam, padre de Canaán, la desnudez de su padre, y avisó a sus dos hermanos 23 Entonces Sem y Jafet tomaron el manto, se lo echaron al hombro los dos, y andando hacia atrás, vueltas las caras, cubrieron la desnudez de su padre sin verla. 24 Cuando despertó Noé de su embriaguez y supo lo que había hecho con él su hijo menor, 25 dijo: «¡Maldito sea Canaán! ¡Siervo de siervos sea para sus hermanos!» 26 Y dijo: «¡Bendito sea Yahveh, el Dios de Sem, y sea Canaán esclavo suyo! 27 ¡Haga Dios dilatado a Jafet; habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán esclavo suyo! [18] »

28 Vivió Noé después del diluvio 350 años. 29 El total de los días de Noé fue de 950 años, y murió.

CAPÍTULO 10.

El catálogo de las naciones.

1 Esta es la descendencia [19] de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, a quienes les nacieron hijos después del diluvio:

2 Hijos de Jafet: Gomer, Magog, los medos, Yaván, Túbal, Mések y Tirás. 3 Hijos de Gomer: Askanaz, Rifat, Togarmá. 4 Hijos de Yaván: Elisá, Tarsis, los Kittim y los Dodanim. 5 A partir de éstos se poblaron las islas de las gentes. Estos fueron los hijos de Jafet por sus territorios y lenguas, por sus linajes y naciones respectivas. 6 Hijos de Cam: Kus, Misráyim, Put y Canaán. 7 Hijos de Kus: Seba, Javilá, Sabtá, Ramá y Sabteká. Hijos de Ramá: Seba y Dedán.

8 Kus engendró a Nemrod, que fue el primero que se hizo prepotente en la tierra. 9 Fue un bravo cazador delante de Yahveh, por lo cual se suele decir: «Bravo cazador delante de Yahveh, como Nemrod.» 10 Los comienzos de su reino fueron Babel, Erek y Acad, ciudades todas ellas en tierra de Senaar. 11 De aquella tierra procedía Asur, que edificó Nínive, Rejobot Ir, Kálaj 12 y Resen, entre Nínive y Kálaj (aquella es la Gran Ciudad).

13 Misráyim engendró a los luditas, anamitas, lehabitas y naftujitas, 14 a los de Patrós, de Kasluj y de Kaftor, de donde salieron los filisteos.

15 Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het, 16 al jebuseo, al amorreo, al guirgasita, 17 al jivita, al arqueo, al sineo, 18 al arvadeo, al semareo y al jamateo. Más tarde se propagaron las estirpes cananeas. 19 La frontera de los cananeos iba desde Sidón, en dirección de Guerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Admá y Seboyim, hasta Lesa. 20 Estos fueron los hijos de Cam, según sus linajes y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas.

21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Héber y hermano mayor de Jafet. 22 Hijos de Sem: Elam, Asur, Aparksad, Lud y Aram. 23 Hijos de Aram: Us, Jul, Guéter y Mas. 24 Arpaksad engendró a Sélaj y Sélaj engendró a Héber. 25 A Héber le nacieron dos hijos: el nombre de uno fue Péleg, porque en sus días fue dividida la tierra. Su hermano se llamaba Yoqtán. 26 Yoqtán engendró a Almodad, a Selef, a Jasarmávet, a Yéraj, 27 a Hadoram, a Uzal, a Diclá, 28 a Obal, a Abimael, a Sebá, 29 a Ofir, a Javilá y a Yobab. Todos fueron hijos de Yoqtán. 30 Su asiento se extendió desde Mesá, en dirección a Sefar, al monte del oriente. 31 Estos fueron los hijos de Sem, según sus linajes y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas.

32 Hasta aquí los linajes de los hijos de Noé, según su origen y sus naciones. Y a partir de ellos se dispersaron los pueblos por la tierra después del diluvio.

CAPÍTULO 11.

La torre de Babel.

1 Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras. 2 Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron. 3 Entonces se dijeron el uno al otro: «Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego.» Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa. 4 Después dijeron: «Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra. [20] »

5 Bajó Yahveh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos, 6 y dijo Yahveh: «He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. 7 Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo.»

8 Y desde aquel punto los desperdigó Yahveh por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9 Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahveh el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahveh por toda la haz de la tierra.

Los descendientes de Sem.

10 Estos son los descendientes de Sem: Sem tenía cien años cuando engendró a Arpaksad, dos años después del diluvio. 11 Vivió Sem, después de engendrar a Arpaksad, quinientos años, y engendró hijos e hijas.

12 Arpaksad era de 35 años de edad cuando engendró a Sélaj. 13 Y vivió Arpaksad, después de engendrar a Sélaj, 403 años, y engendró hijos e hijas.

14 Era Sélaj de treinta años cuando engendró a Héber. 15 Y vivió Sélaj, después de engendrar a Héber, 403 años, y engendró hijos e hijas.

16 Era Héber de 34 años cuando engendró a Péleg. 17 Y vivió Héber después de engendrar a Péleg 430 años, y engendró hijos e hijas.

18 Era Péleg de treinta años cuando engendró a Reú. 19 Y vivió Péleg, después de engendrar a Reú, 209 años, y engendró hijos e hijas.

20 Era Reú de 32 años cuando engendró a Serug. 21 Y vivió Reú después de engendrar a Serug, 207 años, y engendró hijos e hijas.

22 Era Serug de treinta años cuando engendró a Najor. 23 Y vivió Serug, después de engendrar a Najor, doscientos años, y engendró hijos e hijas.

24 Era Najor de veintinueve años cuando engendró a Téraj. 25 Y vivió Najor, después de engendrar a Téraj, 119 años, y engendró hijos e hijas.

26 Era Téraj de setenta años cuando engendró a Abraham, a Najor y a Harán.

Los descendientes de Téraj.

27 Estos son los descendientes de Téraj: Téraj engendró a Abraham, a Najor y a Harán. Harán engendró a Lot. 28 Harán murió en vida de su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos. 29 Abraham y Najor se casaron. La mujer de Abraham se llamaba Saray, y la mujer de Najor, Milká, hija de Harán, el padre de Milká y de Jiská. 30 Saray era estéril, sin hijos.

31 Téraj tomó a su hijo Abraham, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abraham, y salieron juntos de Ur de los caldeos, para dirigirse a Canaán. Llegados a Jarán, se establecieron allí. 32 Fueron los días de Téraj 205 años, y murió en Jarán.

LOS ORÍGENES DEL PUEBLO DE DIOS: LA ÉPOCA PATRIARCAL

En las narraciones sobre los Patriarcas se encuentran reunidos los recuerdos que conservó Israel acerca de sus antepasados más remotos. Estos relatos provienen en buena parte de la tradición oral, una tradición donde la historia se reviste de rasgos legendarios, y que antes de ser fijada por escrito se mantuvo viva en la memoria del pueblo a lo largo de los siglos. De allí la frescura y vivacidad de esas narraciones casi siempre breves y anecdóticas, más interesadas en el detalle pintoresco que en la exactitud histórica, geográfica o cronológica.

Los principales protagonistas de esta historia son Abraham, Isaac y Jacob. La tradición los presenta como jefes de clanes, que se desplazan constantemente en busca de pastos y agua para sus rebaños. Todavía no forman un pueblo ni poseen una tierra. El país de Canaán no es para ellos una posesión estable, sino el lugar donde residen como extranjeros. Pero Dios les promete una descendencia numerosa y les asegura que sus descendientes recibirán esa tierra en herencia. Sobre esta promesa divina gira toda la historia patriarcal. En virtud de esta promesa, Dios se abre un nuevo camino en ese mundo que los primeros capítulos del Génesis nos presentan ensombrecido por el pecado. Así comienza la "Historia de la salvación".

La época de los Patriarcas se inicia con la vocación de Abraham y culmina con la llegada de un pequeño grupo de israelitas a Egipto. Esto indica que la gesta patriarcal, como la promesa de que ellos son depositarios, está totalmente orientada hacia el futuro, hacia el Éxodo de Egipto. En ese momento decisivo, el Señor intervendrá para formarse un Pueblo consagrado a él, dando así cumplimiento a las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob.

CUARTA PARTE: ABRAHAM

Abraham es el peregrino que vive pendiente de la promesa de Dios. La Palabra del Señor irrumpió en su vida de una manera misteriosa e imprevisible, y lo puso en camino hacia un futuro totalmente nuevo. Obedeciendo a esa palabra divina, y sin otra garantía que su confianza en la fidelidad de Dios, Abraham rompió sus ataduras terrenas, sus vínculos nacionales y familiares, y partió hacia un país desconocido (Heb. 11. 8-10). Por ese acto de fe, que más de una vez se vio sometido a duras pruebas -sobre todo cuando Dios le ordenó sacrificar a su hijo Isaac- él llegó a ser el padre y el modelo de todos los creyentes (Rom. 4; Gál. 3. 7).

El Dios que se reveló a Abraham es aquel "que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen" ( Rom. 4. 17). El relato bíblico lo pone bien de relieve, al indicar que el Patriarca, cuando recibió la promesa divina, era ya muy anciano y su mujer estéril. Así, el acontecimiento esperado -el nacimiento del hijo que daría continuidad a la promesa- no debe nada a la intervención de los hombres, sino que se realiza en virtud de la libre elección y del poder creador de Dios.

A partir de Abraham, el ámbito de la narración bíblica se estrecha cada vez más, hasta concentrarse exclusivamente en la historia de Israel. Pero esta limitación no implica falta de interés por las demás naciones, ya que, a través de Abraham, la bendición divina alcanzará finalmente a todas las familias de la tierra (12. 3).

CAPÍTULO 12.

La llamada de Dios a Abraham.

1 Yahveh dijo a Abraham: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. 2 De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. 3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.»

4 Marchó, pues, Abraham, como se lo había dicho Yahveh, y con él marchó Lot. Tenía Abraham 75 años cuando salió de Jarán. 5 Tomó Abraham a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán. Llegaron a Canaán, 6 y Abraham atravesó el país hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Por entonces estaban los cananeos en el país [21].

7 Yahveh se apareció a Abraham y le dijo: «A tu descendencia he de dar esta tierra.» Entonces él edificó allí un altar a Yahveh que se le había aparecido. 8 De allí pasó a la montaña, al oriente de Betel, y desplegó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. Allí edificó un altar a Yahveh e invocó su nombre. 9 Luego Abraham fue desplazándose por acampadas hacia el Négueb.

Abraham en Egipto.

10 Hubo hambre en el país, y Abraham bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba al país. 11 Estando ya próximo a entrar en Egipto, dijo a su mujer Saray: «Mira, yo sé que eres mujer hermosa. 12 En cuanto te vean los egipcios, dirán: "Es su mujer", y me matarán a mí, y a ti te dejarán viva. 13 Di, por favor, que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por causa tuya, y viva yo en gracia a ti.»

14 Efectivamente cuando Abraham entró en Egipto, vieron los egipcios que la mujer era muy hermosa. 15 Viéronla los oficiales del Faraón, los cuales se la ponderaron, y la mujer fue llevada al palacio del Faraón. 16 Este trató bien por causa de ella a Abraham, que tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos.

17 Pero Yahveh hirió al Faraón y a su casa con grandes plagas por lo de Saray, la mujer de Abraham. 18 Entonces el Faraón llamó a Abraham, y le dijo: «¿Qué es lo que has hecho conmigo? ¿Por qué no me avisaste de que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: "Es mi hermana", de manera que yo la tomé por mujer? Ahora, pues, he ahí a tu mujer: toma y vete.» 20 Y el Faraón ordenó a unos cuantos hombres que le despidieran a él, a su mujer y todo lo suyo [22] .

CAPÍTULO 13.

La separación de Abraham y de Lot.

1 De Egipto subió Abraham al Négueb, junto con su mujer y todo lo suyo, y acompañado de Lot. 2 Abraham era muy rico en ganado, plata y oro. 3 Caminando de acampada en acampada se dirigió desde el Négueb hasta Betel, hasta el lugar donde estuvo su tienda entre Betel y Ay, 4 el lugar donde había invocado Abraham el nombre de Yahveh.

5 También Lot, que iba con Abraham, tenía ovejas, vacadas y tiendas. 6 Ya la tierra no les permitía vivir juntos, porque su hacienda se había multiplicado, de modo que no podían vivir juntos. 7 Hubo riña entre los pastores del ganado de Abraham y los del ganado de Lot. (Además los cananeos y los perizitas habitaban por entonces en el país.)

8 Dijo, pues, Abraham a Lot: «Ea, no haya disputas entre nosotros ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos. 9 ¿No tienes todo el país por delante? Pues bien, apártate de mi lado. Si tomas por la izquierda, yo iré por la derecha; y si tú por la derecha, yo por la izquierda.»

10 Lot levantó los ojos y vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío - eran antes de destruir Yahveh a Sodoma y Gomorra - como el jardín de Yahveh, como Egipto, hasta llegar a Soar. 11 Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente; así se apartaron el uno del otro. 12 Abraham se estableció en Canaán y Lot en las ciudades de la vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. 13 Los habitantes de Sodoma eran muy malos y pecadores contra Yahveh.

La renovación de la promesa.

14 Dijo Yahveh a Abraham, después que Lot se separó de él: «Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente. 15 Pues bien, toda la tierra que ves te la daré a ti ya tu descendencia por siempre. 16 Haré tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia. 17 Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo he de dar.»

18 Y Abraham vino a establecerse con sus tiendas junto a la encina de Mambré, que está en Hebrón, y edificó allí un altar a Yahveh.

CAPÍTULO 14.

La campaña de los cuatro reyes.

1 Aconteció [23] en los días de Amrafel, rey de Senaar, de Aryok, rey de Ellasar, de Kedorlaomer, rey de Elam, y de Tidal, rey de Goyim, 2 que éstos hicieron guerra a Berá, rey de Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Admá, a Semeber, rey de Seboyim, al rey de Belá (o sea, Soar). 3 Estos últimos se coligaron en el valle de Siddim (esto es, el mar de la Sal). 4 Doce años habían servido a Kedorlaomer, pero el año trece se rebelaron.

5 Vinieron, pues, en el año catorce Kedorlaomer y los reyes que estaban por él, y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnáyim, a los zuzíes en Ham, a los emíes en la llanura de Quiryatáyim, 6 y a los joritas en las montañas de Seír hasta El Parán, que está frente al desierto. 7 De vuelta, llegaron a En Mispat (o sea, Cadés), y batieron todo el territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Jasesón Tamar.

8 Salieron entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Admá , el rey de Seboyim y el rey de Belá (esto es, de Soar) y en el valle de Siddim les presentaron batalla: 9 a Kedorlaomer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goyim, a Amrafel, rey de Senaar, y a Aryok, rey de Ellasar: cuatro reyes contra cinco. 10 El valle de Siddim estaba lleno de pozos de betún, y como huyesen los reyes de Sodoma y Gomorra, cayeron allí. Los demás huyeron a la montaña.

11 Los vencedores tomaron toda la hacienda de Sodoma y Gomorra con todos sus víveres y se fueron. 12 Apresaron también a Lot, el sobrino de Abraham, y su hacienda, pues él habitaba en Sodoma, y se fueron.

El rescate de Lot.

13 Un evadido vino a avisar a Abraham el hebreo, que habitaba junto a la encina de Mambré el amorreo, hermano de Eskol y de Aner, aliados a su vez de Abraham. 14 Al oír Abraham que su hermano había sido hecho cautivo, movilizó la tropa de gente nacida en su casa, en número de 318, y persiguió a aquéllos hasta Dan. 15 Y cayendo él y sus siervos sobre ellos por la noche, los derrotó, y los persiguió hasta Jobá, que está al norte de Damasco; 16 recuperó toda la hacienda, y también a su hermano Lot con su hacienda así como a las mujeres y a la gente.

El encuentro de Abraham con Melquisedec.

17 A su regreso después de batir a Kedorlaomer y a los reyes que con él estaban, le salió al encuentro el rey de Sodoma en el valle de Savé (o sea, el valle del Rey). 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo, 19 y le bendijo diciendo: «¡Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador de cielos y tierra, 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!» Y diole Abraham el diezmo de todo [24] .

21 Dijo luego el rey de Sodoma a Abraham: «Dame las personas, y quédate con la hacienda.»

22 Pero Abraham dijo al rey de Sodoma: «Alzo mi mano ante el Dios Altísimo, creador de cielos y tierra: 23 ni un hilo, ni la correa de un zapato, ni nada de lo tuyo tomaré, y así no dirás: "Yo he enriquecido a Abraham." 24 Nada en absoluto, salvo lo que han comido los mozos y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Eskol y Mambré. Ellos que tomen su parte.»

CAPÍTULO 15.

La promesa de Dios a Abraham.

1 Después de estos sucesos fue dirigida la palabra de Yahveh a Abraham en visión, en estos términos: «No temas, Abraham. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande.»

2 Dijo Abraham: «Mi Señor, Yahveh, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos...?.» 3 Dijo Abraham: «He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar.»

4 Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo: «No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.» 5 Y sacándole afuera, le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas.» Y le dijo: «Así será tu descendencia.»

6 Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia.

La alianza de Dios con Abraham.

7 Y le dijo: «Yo soy Yahveh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad.»

8 El dijo: «Mi Señor, Yahveh, ¿en qué conoceré que ha de ser mía?»

9 Díjole: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.»

10 Tomó él todas estas cosas, y partiéndolas por medio, puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió [25] . 11 Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero Abraham las espantó. 12 Y sucedió que estando ya el sol para ponerse, cayó sobre Abraham un sopor, y de pronto le invadió un gran sobresalto.

13 Yahveh dijo a Abraham: «Has de saber que tus descendientes serán forasteros en tierra extraña. Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años. 14 Pero yo a mi vez juzgaré a la nación a quien sirvan; y luego saldrán con gran hacienda. 15 Tú en tanto vendrás en paz con tus padres, serás sepultado en buena ancianidad. 16 Y a la cuarta generación volverán ellos acá; porque hasta entonces no se habrá colmado la maldad de los amorreos.»

17 Y, puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos. 18 Aquel día firmó Yahveh una alianza con Abraham, diciendo: «A tu descendencia he dado esta tierra, desde el rio de Egipto hasta el Río Grande, el río Eufrates: [26] 19 los quenitas, quenizitas, cadmonitas, 20 hititas, perizitas, refaítas, 21 amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos.»

CAPÍTULO 16.

El nacimiento de Ismael.

1 Saray, mujer de Abraham, no le daba hijos. Pero tenía una esclava egipcia, que se llamaba Agar, 2 y dijo Saray a Abraham: «Mira, Yahveh me ha hecho estéril. Llégate, pues, te ruego, a mi esclava. Quizá podré tener hijos de ella.» Y escuchó Abraham la voz de Saray [27]. 3 Así, al cabo de diez años de habitar Abraham en Canaán, tomó Saray, la mujer de Abraham, a su esclava Agar la egipcia, y diósela por mujer a su marido Abraham. 4 Llegóse, pues, él a Agar, la cual concibió. Pero luego, al verse ella encinta, miraba a su señora con desprecio.

5 Dijo entonces Saray a Abraham: «Mi agravio recaiga sobre ti. Yo puse mi esclava en tu seno, pero al verse ella encinta me mira con desprecio. Juzgue Yahveh entre nosotros dos.»

6 Respondió Abraham a Saray: «Ahí tienes a tu esclava en tus manos. Haz con ella como mejor te parezca.» Saray dio en maltratarla y ella huyó de su presencia.

7 La encontró el Ángel de Yahveh junto a una fuente de agua en el desierto -la fuente que hay en el camino de Sur- [28] 8 y dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?» Contestó ella: «Voy huyendo de la presencia de mi señora Saray.» 9 «Vuelve a tu señora, le dijo el Ángel de Yahveh, y sométete a ella.» 10 Y dijo el Ángel de Yahveh: «Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse.» 11 Y díjole el Ángel de Yahveh: Mira que has concebido, y darás a luz un hijo, al que llamarás Ismael, porque Yahveh ha oído tu aflicción. 12 Será un onagro humano. Su mano contra todos, y la mano de todos contra él; y enfrente de todos sus hermanos plantará su tienda.»

13 Dio Agar a Yahveh, que le había hablado, el nombre de «Tú eres El Roí», pues dijo: «¿Si será que he llegado a ver aquí las espaldas de aquel que me ve?» 14 Por eso se llamó aquel pozo «Pozo de Lajay Roí». Está entre Cadés y Béred. 15 Agar dio a luz un hijo a Abraham, y Abraham llamó al hijo que Agar le había dado Ismael. 16 Tenía Abraham 86 años cuando Agar le dio su hijo Ismael.

CAPÍTULO 17.

La circuncisión, signo de la alianza.

1 Cuando Abraham tenía 99 años [29], se le apareció Yahveh y le dijo: «Yo soy El Sadday, anda en mi presencia y sé perfecto [30]. 2 Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te multiplicaré sobremanera.» 3 Cayó Abraham rostro en tierra, y Dios le habló así: 4 «Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. 5 No te llamarás más Abraham, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido [31]. 6 Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti, de generación en generación: una alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad. 8 Yo te daré a ti y a tu posteridad la tierra en que andas como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua, y yo seré el Dios de los tuyos.»

9 Dijo Dios a Abraham: «Guarda, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación. 10 Esta es mi alianza que habéis de guardar entre yo y vosotros - también tu posteridad -: Todos vuestros varones serán circuncidados. 11 Os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros. 12 A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier extraño que no sea de tu raza. 13 Deben ser circuncidados el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero, de modo que mi alianza esté en vuestra carne como alianza eterna. 14 El incircunciso, el varón a quien no se le circuncide la carne de su prepucio, ese tal será borrado de entre los suyos por haber violado mi alianza [32].

El anuncio del nacimiento de Isaac.

15 Dijo Dios a Abraham: «A Saray, tu mujer, no la llamarás más Saray, sino que su nombre será Sara. 16 Yo la bendeciré, y de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en naciones; reyes de pueblos procederán de ella.» 17 Abraham cayó rostro en tierra y se echó a reír, diciendo en su interior: ¿A un hombre de cien años va a nacerle un hijo?, ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?» 18 Y dijo Abraham a Dios: «¡Si al menos Ismael viviera en tu presencia!» 19 Respondió Dios: «Sí, pero Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Isaac. Yo estableceré mi alianza con él, una alianza eterna, de ser el Dios suyo y el de su posteridad. 20 En cuanto a Ismael, también te he escuchado: «He aquí que le bendigo, le hago fecundo y le haré crecer sobremanera. Doce príncipes engendrará, y haré de él un gran pueblo. 21 Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el que Sara te dará a luz el año que viene por este tiempo.»

22 Y después de hablar con él, subió Dios dejando a Abraham. 23 Tomó entonces Abraham a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa y a todos los comprados con su dinero - a todos los varones de la casa de Abraham - y aquel mismo día les circuncidó la carne del prepucio, como Dios le había mandado. 24 Tenía Abraham 99 años cuando circuncidó la carne de su prepucio. 25 Ismael, su hijo, era de trece años cuando se le circuncidó la carne de su prepucio. 26 El mismo día fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael. 27 Y todos los varones de su casa, los nacidos en su casa, y los comprados a extraños por dinero, fueron circuncidados juntamente con él.

CAPÍTULO 18.

La visita del Señor a Abraham en Mambré.

1 Apareciósele [33] Yahveh en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su tienda en lo más caluroso del día. 2 Levantó los ojos y he aquí que había tres individuos parados a sur vera. Como los vio acudió desde la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra, 3 y dijo: «Señor mío, si te he caído en gracia, ea, no pases de largo cerca de tu servidor. 4 Ea, que traigan un poco de agua y lavaos los pies y recostaos bajo este árbol, 5 que yo iré a traer un bocado de pan, y repondréis fuerzas. Luego pasaréis adelante, que para eso habéis acertado a pasar a la vera de este servidor vuestro.» Dijeron ellos: «Hazlo como has dicho.»

6 Abraham se dirigió presuroso a la tienda, a donde Sara, y le dijo: «Apresta tres arrobas de harina de sémola, amasa y haz unas tortas.» 7 Abraham, por su parte, acudió a la vacada y apartó un becerro tierno y hermoso, y se lo entregó al mozo, el cual se apresuró a aderezarlo. 8 Luego tomó cuajada y leche, junto con el becerro que había aderezado, y se lo presentó, manteniéndose en pie delante de ellos bajo el árbol. Así que hubieron comido 9 dijéronle: «¿Dónde está tu mujer Sara?» - «Ahí, en la tienda», contestó. 10 Dijo entonces aquél: «Volveré sin falta a ti pasado el tiempo de un embarazo, y para entonces tu mujer Sara tendrá un hijo.» Sara lo estaba oyendo a la entrada de la tienda, a sus espaldas.

11 Abraham y Sara eran viejos, entrados en años, y a Sara se le había retirado la regla de las mujeres. 12 Así que Sara rió para sus adentros y dijo: «Ahora que estoy pasada, ¿sentiré el placer, y además con mi marido viejo?». 13 Dijo Yahveh a Abraham. «¿Cómo así se ha reído Sara, diciendo: "¡Seguro que voy a parir ahora de vieja!"? 14 ¿Es que hay nada milagroso para Yahveh? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo.» 15 Sara negó: «No me he reído», y es que tuvo miedo. Pero aquél dijo: «No digas eso, que sí te has reído.»

La intercesión de Abraham en favor de Sodoma.

16 Levantáronse de allí aquellos hombres y tomaron hacia Sodoma, y Abraham les acompañaba de despedida. 17 Dijo entonces Yahveh: «¿Por ventura voy a ocultarle a Abraham lo que hago, 18 siendo así que Abraham ha de ser un pueblo grande y poderoso, y se bendecirán por él los pueblos todos de la tierra? 19 Porque yo le conozco y sé que mandará a sus hijos y a su descendencia que guarden el camino de Yahveh, practicando la justicia y el derecho, de modo que pueda concederle Yahveh a Abraham lo que le tiene apalabrado.»

20 Dijo, pues, Yahveh: «El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. 21 Ea, voy a bajar personalmente, a ver si lo que han hecho responde en todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo.» 22 Y marcharon desde allí aquellos individuos camino de Sodoma, en tanto que Abraham permanecía parado delante de Yahveh.

23 Abordóle Abraham y dijo: «¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? 24 Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? 25 Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, y que corran parejas el uno con el otro. Tú no puedes. El juez de toda la tierra ¿va a fallar una injusticia?» 26 Dijo Yahveh: «Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos en la ciudad perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos. 27 Replicó Abraham: «¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! 28 Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿Destruirías por los cinco a toda la ciudad?» Dijo: «No la destruiré, si encuentro allí a 45.» 29 Insistió todavía: «Supón que se encuentran allí cuarenta.» Respondió: «Tampoco lo haría, en atención de esos cuarenta.» 30 Insistió: «No se enfade mi Señor si le digo: "Tal vez se encuentren allí treinta".» Respondió: «No lo haré si encuentro allí a esos treinta.» 31 Díjole. «¡Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor! ¿Y si se hallaren allí veinte?» 32 Respondió: Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte.» Insistió: «Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: "¿Y si se encuentran allí diez?"» Dijo: «Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez.» 33 Partió Yahveh así que hubo acabado de conversar con Abraham, y éste se volvió a su lugar.

CAPÍTULO 19.

La corrupción de Sodoma.

1 Los dos ángeles
[34] llegaron a Sodoma por la tarde. Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó a su encuentro y postrándose rostro en tierra, 2dijo: «Ea, señores, por favor, desviaos hacia la casa de este servidor vuestro. Hacéis noche, os laváis los pies, y de madrugada seguiréis vuestro camino.» Ellos dijeron: «No; haremos noche en la plaza.» 3Pero tanto porfió con ellos, que al fin se hospedaron en su casa. El les preparó una comida cociendo unos panes cenceños y comieron. 4No bien se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción. 5Llamaron a voces a Lot y le dijeron: «¿Dónde están los hombres que han venido donde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos.» 6Lot salió donde ellos a la entrada, cerró la puerta detrás de sí, 7y dijo: «Por favor, hermanos, no hagáis esta maldad. 8Mirad, aquí tengo dos hijas que aún no han conocido varón. Os las sacaré y haced con ellas como bien os parezca; pero a estos hombres no les hagáis nada, que para eso han venido al amparo de mi techo.» 9Mas ellos respondieron: «¡Quita allá! Uno que ha venido a avencindarse, ¿va a meterse a juez? Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.» Y forcejearon con él, con Lot, de tal modo que estaban a punto de romper la puerta. 10Pero los hombres alargaron las manos, tiraron de Lot hacia sí, adentro de la casa, cerraron la puerta, 11y a los hombres que estaban a la entrada de la casa les dejaron deslumbrados desde el chico hasta el grande, y mal se vieron para encontrar la entrada.

La destrucción de Sodoma.

La destrucción de Sodoma 12Los hombres dijeron a Lot: «¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a quienquiera que tengas en la ciudad, 13porque vamos a destruir este lugar, que es grande el clamor de ellos en la presencia de Yahveh, y Yahveh nos ha enviado a destruirlos.» 14Salió Lot y habló con sus yernos, los prometidos de sus hijas: «Levantaos, dijo, salid de este lugar, porque Yahveh va a destruir la ciudad.» Pero sus yernos le tomaron a broma. 15Al rayar el alba, los ángeles apremiaron a Lot diciendo: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se encuentran aquí, no vayas a ser barrido por la culpa de la ciudad.» 16Y como él remoloneaba, los hombres le asieron de la mano lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas por compasión de Yahveh hacia él, y sacándole le dejaron fuera de la ciudad. 17Mientras los sacaban afuera, dijo uno: «¡Escápate, por vida tuya! No mires atrás ni te pares en toda la redonda. Escapa al monte, no vayas a ser barrido.» 18Lot les dijo: «No, por favor, Señor mío. 19Ya que este servidor tuyo te ha caído en gracia, y me has hecho el gran favor de dejarme con vida, mira que no puedo escaparme al monte sin riesgo de que me alcance el daño y la muerte. 20Ahí cerquita está esa ciudad a donde huir. Es una pequeñez. ¡Ea, voy a escaparme allá - ¿verdad que es una pequeñez? - y quedaré con vida!» 21Díjole: «Bien, te concedo también eso de no arrasar la ciudad que has dicho. 22Listo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no entres allí.» Por eso se llamó aquella ciudad Soar. 23El sol asomaba sobre el horizonte cuando Lot entraba en Soar. 24Entonces Yahveh hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahveh. 25Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. 26Su mujer miró hacia atrás y se volvió poste de sal
[35]. 27Levantóse Abraham de madrugada y fue al lugar donde había estado en presencia de Yahveh. 28Dirigió la vista en dirección de Sodoma y Gomorra y de toda la región de la redonda, miró, y he aquí que subía una humareda de la tierra cual la de una fogata. 29Así pues, cuando Dios destruyó las ciudades de la redonda, se acordó de Abraham y puso a Lot a salvo de la catástrofe, cuando arrasó las ciudades en que Lot habitaba.

El origen de los moabitas y de los amonitas.

El origen de los moabitas y de los amonitas 30Subió Lot desde Soar y se quedó a vivir en el monte con sus dos hijas, temeroso de vivir en Soar. El y sus dos hijas se instalaron en una cueva. 31La mayor dijo a la pequeña: «Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se una a nosotras, como se hace en todo el mundo. 32Ven, vamos a propinarle vino a nuestro padre, nos acostaremos con él y así engendraremos descendencia.» 33En efecto, propinaron vino a su padre aquella misma noche, y entró la mayor y se acostó con su padre, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. 34Al día siguiente dijo la mayor a la pequeña: «Mira, yo me he acostado anoche con mi padre. Vamos a propinarle vino también esta noche, y entras tú a acostarte con él, y así engendraremos de nuestro padre descendencia.» 35Propinaron, pues, también aquella noche vino a su padre, y levantándose la pequeña se acostó con él, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. 36Las dos hijas de Lot quedaron encinta de su padre. 37La mayor dio a luz un hijo, y le llamó Moab: es el padre de los actuales moabitas. 38La pequeña también dio a luz un hijo, y le llamó Ben Ammí: es el padre de los actuales ammonitas
[36].

CAPÍTULO 20.

Abraham y Sara en Guerar.

1Trasladóse de allí Abraham al país del Négueb, y se estableció entre Cadés y Sur. Habiéndose avecindado en Guerar, 2decía Abraham de su mujer Sara: «Es mi hermana.» Entonces el rey de Guerar, Abimélek, envió por Sara y la tomó. 3Pero vino Dios a Abimélek en un sueño nocturno y le dijo: «Date muerto por esa mujer que has tomado, y que está casada.» 4Abimélek, que no se había acercado a ella, dijo: «Señor, ¿es que asesinas a la gente aunque sea honrada? 5¿No me dijo él a mí: "Es mi hermana", y ella misma dijo: "Es mi hermano?" Con corazón íntegro y con manos limpias he procedido.» 6Y le dijo Dios en el sueño: «Ya sé yo también que con corazón íntegro has procedido, como que yo mismo te he estorbado de faltar contra mí. Por eso no te he dejado tocarla. 7Pero ahora devuelve la mujer a ese hombre, porque es un profeta; él rogará por ti para que vivas. Pero si no la devuelves, sábete que morirás sin remedio, tú y todos los tuyos.» 8Levantóse Abimélek de mañana, llamó a todos sus siervos y les refirió todas estas cosas; los hombres se asustaron mucho. 9Luego llamó Abimélek a Abraham, y le dijo: «¿Qué has hecho con nosotros, o en qué te he faltado, para que trajeras sobre mí y mi reino una falta tan grande? Lo que no se hace has hecho conmigo.» 10Y dijo Abimélek a Abraham: «¿Qué te ha movido a hacer esto?» 11Dijo Abraham: «Es que me dije: "Seguramente no hay temor de Dios en este lugar, y van a asesinarme por mi mujer." 12Pero es que, además, es cierto que es hermana mía, hija de mi padre aunque no de mi madre, y vino a ser mi mujer. 13Y desde que Dios me hizo vagar lejos de mi familia, le dije a ella: Vas a hacerme este favor: a dondequiera que lleguemos, dices de mí: Es mi hermano.» 14Tomó Abimélek ovejas y vacas, siervos y esclavas, se los dio a Abraham, y le devolvió su mujer Sara. 15Y dijo Abimélek: «Ahí tienes mi país por delante: quédate donde se te antoje.» 16A Sara le dijo: «Mira, he dado a tu hermano mil monedas de plata, que serán para ti y para los que están contigo como venda en los ojos, y de todo esto serás justificada.» 17Abraham rogó a Dios, y Dios curó a Abimélek, a su mujer, y a sus concubinas, que tuvieron hijos; 18pues Yahveh había cerrado absolutamente toda matriz de casa de Abimélek, por lo de Sara, la mujer de Abraham.

CAPÍTULO 21.

El nacimiento de Isaac.

1Yahveh visitó a Sara como lo había dicho, e hizo Yahveh por Sara lo que había prometido. 2Concibió Sara y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el plazo predicho por Dios. 3Abraham puso al hijo que le había nacido y que le trajo Sara el nombre de Isaac. 4Abraham circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días, como se lo había mandado Dios. 5Abraham era de cien años cuando le nació su hijo Isaac. 6Y dijo Sara: «Dios me ha dado de qué reír; todo el que lo oiga se reirá conmigo.» 7Y añadió: «¿Quién le habría dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos?; pues bien, yo le he dado un hijo en su vejez.» 8Creció el niño y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que destetaron a Isaac.

La expulsión de Agar y de Ismael.

La expulsión de Agar y de Ismael 9Vio Sara al hijo que Agar la egipcia había dado a Abraham jugando con su hijo Isaac, 10dijo a Abraham: «Despide a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada juntamente con mi hijo, con Isaac.» 11Sintiólo muy mucho Abraham, por tratarse de su hijo, 12pero Dios dijo a Abraham: «No lo sientas ni por el chico ni por tu criada. En todo lo que te dice Sara, hazle caso; pues aunque por Isaac llevará tu nombre una descendencia, 13también del hijo de la criada haré una gran nación, por ser descendiente tuyo.» 14Levantóse, pues, Abraham de mañana, tomó pan y un odre de agua, y se lo dio a Agar, le puso al hombro el niño y la despidió. Ella se fue y anduvo por el desierto de Berseba. 15Como llegase a faltar el agua del odre, echó al niño bajo una mata, 16y ella misma fue a sentarse enfrente, a distancia como de un tiro de arco, pues decía: «No quiero ver morir al niño.» Sentada, pues, enfrente, se puso a llorar a gritos. 17Oyó Dios la voz del chico, y el Ángel de Dios llamó a Agar desde los cielos y le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del chico en donde está. 18¡Arriba!, levanta al chico y tenle de la mano, porque he de convertirle en una gran nación.» 19Entonces abrió Dios los ojos de ella, y vio un pozo de agua. Fue, llenó el odre de agua y dio de beber al chico. 20Dios asistió al chico, que se hizo mayor y vivía en el desierto, y llegó a ser gran arquero. 21Vivía en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer del país de Egipto.

La alianza de Abraham con Abimélek.

La alianza de Abraham con Abimélek 22Sucedió por aquel tiempo que Abimélek, junto con Pikol, capitán de su tropa, dijo a Abraham: «Dios está contigo en todo lo que haces. 23Ahora, pues, júrame por Dios aquí mismo sin mentir, y tanto a mí como a mis hijos y a mis nietos, que la misma benevolencia que he tenido para contigo, la tendrás tú para conmigo y con el país donde te hemos recibido como huésped.» 24Abraham dijo: «Lo juro». 25Entonces Abraham se quejó a Abimélek con motivo de un pozo que habían usurpado los súbditos de Abimélek. 26Y dijo Abimélek: «No sé quién ha hecho eso. Ni tú me lo habías notificado, ni yo había oído nada hasta hoy.» 27Abraham tomó unas ovejas y vacas, se las dio a Abimélek, e hicieron los dos un pacto. 28Abraham puso siete corderas aparte. 29Dijo Abimélek a Abraham: «¿Para qué son esas siete corderas que has apartado?» 30Dijo: «Estas siete corderas las vas a aceptar de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo he excavado este pozo.» 31Por eso se llamó a aquel lugar Berseba, porque allí juraron ambos. 32Hicieron, pues, el pacto en Berseba; luego, levantándose Abimélek y Pikol, capitán de su tropa, se volvieron al país de los filisteos. 33Abraham plantó un tamarisco en Berseba en invocó allí el nombre de Yahveh, Dios eterno. Abraham estuvo residiendo en el país de los filisteos muchos años.

CAPÍTULO 22.

El sacrificio de Isaac.

1 Después
[37] de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El respondió: «Heme aquí.» 2Díjole: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.» 3Levantóse, pues, Abraham de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. 4Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde vosotros.» 6Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. 7Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió: «¿qué hay, hijo?» - «Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?» 8Dijo Abraham: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y siguieron andando los dos juntos. 9Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. 10Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11Entonces le llamó el Ángel de Yahveh desde los cielos diciendo: ¡Abraham, Abraham!» El dijo: «Heme aquí.» 12Dijo el Ángel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único.» 13Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. 14Abraham llamó a aquel lugar «Yahveh provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte "Yahveh provee"» 15El Ángel de Yahveh llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos, 16y dijo: «Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, 17yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. 18Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz.» 19Volvió Abraham al lado de sus mozos, y emprendieron la marcha juntos hacia Berseba. Y Abraham se quedó en Berseba.

Los descendientes de Najor.

Los descendientes de Najor 20Después de estas cosas, se anunció a Abraham: «También Milká ha dado hijos a tu hermano Najor: 21Us, su primogénito; Buz, hermano del anterior, y Quemel, padre de Aram, 22Késed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel.» 23(Betuel engendró a Rebeca.) Estos ocho le dio Milká a Najor, hermano de Abraham. 24Su concubina, llamada Reumá, también dio a luz a Tébaj, Gájam, Tájas, y Maaká.

CAPÍTULO 23.

La tumba de los Patriarcas.

1 Sara vivió 127 años
[38]. 2Murió Sara en Quiryat Arbá - que es Hebrón - en el país de Canaán, y Abraham hizo duelo por Sara y la lloró. 3Luego se levantó Abraham de delante de la muerta, y habló a los hijos de Het en estos términos: 4«Yo soy un simple forastero que reside entre vosotros. Dadme una propiedad sepulcral entre vosotros, para retirar y sepultar a mi muerta.» 5Respondieron los hijos de Het a Abraham diciéndole: 6«A ver si nos entendemos, señor; tú eres un príncipe divino entre nosotros. En el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro, para que entierres a tu muerta.» 7Levantóse Abraham, e hizo una reverencia a los paisanos, a los hijos de Het, 8y les habló en estos términos: «Si estáis de acuerdo con que yo retire y sepulte a mi muerta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón, hijo de Sójar, 9para que me dé la cueva de la Makpelá que es suya y que está al borde de su finca. Que me la dé por lo que valga en propiedad sepulcral entre vosotros.» 10Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Respondió, pues, Efrón el hitita a Abraham, a oídas de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad diciendo: 11«No, señor, escúchame: te doy la finca y te doy también la cueva que hay en ella. A la vista de los hijos de mi pueblo te la doy: sepulta a tu muerta.» 12Abraham hizo una reverencia a los paisanos, 13y se dirigió a Efrón, a oídas de los paisanos, diciendo: «A ver si nos entendemos. Te doy el precio de la finca acéptamelo y enterraré allí a mi muerta.» 14Respondió Efrón a Abraham: 15«Señor mío, escúchame: Cuatrocientos siclos de plata por un terreno, ¿qué nos suponen a ti y a mí? Sepulta a tu muerta.» 16Abraham accedió y pesó a Efrón la plata que éste había pedido a oídas de los hijos de Het: cuatrocientos siclos de plata corriente de mercader. 17Así fue cómo la finca de Efrón que está en la Makpelá, frente a Mambré, la finca y la cueva que hay en ella y todos los árboles que rodean la finca por todos sus lindes, todo ello vino a ser 18propiedad de Abraham, a la vista de los hijos de Het, y todos los que entraban por la puerta de la ciudad. 19Después Abraham sepultó a su mujer Sara en la cueva del campo de la Makpelá frente a Mambré (es Hebrón), en Canaán. 20Así aquel campo y la cueva que hay en él llegaron a ser de Abraham como propiedad sepulcral, recibida de los hijos de Het.

CAPÍTULO 24.

El matrimonio de Isaac y Rebeca.

1Abraham era ya un viejo entrado en años, y Yahveh había bendecido a Abraham en todo. 2Abraham dijo al siervo más viejo de su casa y mayordomo de todas sus cosas: «Ea, pon tu mano debajo de mi muslo
[39], 3que voy a juramentarte por Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos con los que vivo; 4sino que irás a mi tierra y a mi patria a tomar mujer para mi hijo Isaac.» 5Díjole el siervo: «Tal vez no quiera la mujer seguirme a este país. ¿Debo en tal caso volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?» 6Díjole Abraham: «Guárdate de llevar allá a mi hijo. 7Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que me tomó de mi casa paterna y de mi patria, y que me habló y me juró, diciendo: "A tu descendencia daré esta tierra", él enviará su Ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. 8Si la mujer no quisiere seguirte, no responderás de este juramento que te tomo. En todo caso, no lleves allá a mi hijo.» 9El siervo puso su mano debajo del muslo de su señor Abraham y le prestó juramento según lo hablado. 10Tomó el siervo diez camellos de los de su señor y de las cosas mejores de su señor y se puso en marcha hacia Aram Naharáyim, hacia la ciudad de Najor. 11Hizo arrodillar al los camellos fuera de la ciudad junto al pozo, al atardecer, a la hora de salir las aguadoras, 12y dijo: «Yahveh, Dios de mi señor Abraham: dame suerte hoy, y haz favor a mi señor Abraham. 13Voy a quedarme parado junto a la fuente, mientras las hijas de los ciudadanos salen a sacar agua. 14Ahora bien, la muchacha a quien yo diga "Inclina, por favor, tu cántaro para que yo beba", y ella responda: "Bebe, y también voy a abrevar tus camellos", ésa sea la que tienes designada para tu siervo Isaac, y por ello conoceré que haces favor a mi señor.» 15Apenas había acabado de hablar, cuando he aquí que salía Rebeca, hija de Betuel, el hijo de Milká, la mujer de Najor, hermano de Abraham, con su cántaro al hombro. 16La joven era de muy buen ver, virgen, que no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y subió. 17El siervo corrió a su encuentro y dijo: «Dame un poco de agua de tu cántaro.» 18«Bebe, señor», dijo ella, y bajando en seguida el cántaro sobre su brazo, le dio de beber. 19Y en acabando de darle, dijo: «También para tus camellos voy a sacar, hasta que se hayan saciado.» 20Y apresuradamente vació su cántaro en el abrevadero y corriendo otra vez al pozo sacó agua para todos los camellos. 21El hombre la contemplaba callando para saber si Yahveh había dado éxito o no a su misión. 22En cuanto los camellos acabaron de beber, tomó el hombre un anillo de oro de medio siclo de peso, que colocó en la nariz de la joven, y un par de brazaletes de diez siclos de oro en sus brazos, 23y dijo: «¿De quién eres hija? Dime: ¿hay en casa de tu padre sitio para hacer noche?» 24Ella le dijo: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milká dio a Najor.» 25Y agregó: «También tenemos paja y forraje en abundancia, y sitio para pasar la noche.» 26Entonces se postró el hombre y adoró a Yahveh, 27diciendo: «Bendito sea Yahveh, el Dios de mi señor Abraham, que no ha retirado su favor y su lealtad para con mi señor. Yahveh me ha traído a parar a casa del hermano de mi señor.» 28La joven corrió a anunciar a casa de su madre todas estas cosas. 29Tenía Rebeca un hermano llamado Labán. Este corrió donde el hombre, afuera, a la fuente. 30En efecto, en cuanto vio el anillo y los brazaletes en los brazos de su hermana, y oyó decir a su hermana Rebeca: «Así me ha hablado aquel hombre», se llegó a donde él. Le encontró todavía junto a los camellos cerca de la fuente, 31y le dijo: «Ven, bendito de Yahveh. ¿Por qué te quedas parado fuera, si yo he desocupado la casa y he hecho sitio para los camellos?» 32El hombre entró en la casa, y Labán desaparejó los camellos, les dio paja y forraje, y al hombre y a sus acompañantes agua para lavarse los pies. 33Después les sirvió de comer, pero el otro dijo: «No comeré hasta no haber dicho lo que tengo que decir.» A lo que respondió Labán: «Habla.» 34«Yo soy, dijo, siervo de Abraham. 35Yahveh ha bendecido con largueza a mi señor, que se ha hecho rico, pues le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y esclavas, camellos y asnos. 36Y Sara, la mujer de mi señor, envejecida ya, dio a luz un hijo a mi señor, que le ha cedido todo cuanto posee. 37En cuanto a mí, mi señor me ha tomado juramento, diciendo: "No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos en cuyo país resido. 38¡Como no vayas a casa de mi padre y a mi parentela a tomar mujer para mi hijo...!" 39Yo dije a mi señor: "¿Y si acaso no me sigue la mujer?" 40Y él me dijo: "Yahveh, en cuya presencia he andado, enviará su Ángel contigo, y dará éxito a tu viaje, y así tomarás mujer para mi hijo de mi parentela y de la casa de mi padre. 41Entonces quedarás libre de mi maldición, cuando llegues a mi parentela; y si no te la dieren también quedarás libre de mi maldición.» 42Pues bien: llego hoy a la fuente y me digo: "Yahveh, Dios de mi señor Abraham, si en efecto das éxito a este mi viaje, 43aquí me quedo parado junto a la fuente. La doncella que salga a sacar agua, y yo le diga: Dame de beber un poco de agua de tu cántaro 44y ella me responda: Bebe tú, y voy a sacar también para tus camellos, ésa será la mujer que Yahveh tiene destinada para el hijo de mi señor." 45Apenas había acabado de hablar conmigo mismo, cuando he aquí que Rebeca salía con su cántaro al hombro, bajó a la fuente y sacó agua. Yo le dije: "Ea, dame de beber", 46y enseguida bajó su cántaro del hombro y dijo: "Bebe, y también voy a abrevar tus camellos." Bebí, pues, y ella abrevó también los camellos. 47Yo le pregunté: "¿De quién eres hija?" Me respondió: "Soy hija de Betuel, el hijo que Milká dio a Najor." Entonces puse el anillo en su nariz, y los brazaletes en sus brazos, 48y postrándome adoré a Yahveh, y bendije a Yahveh, el Dios de mi señor Abraham, que me había puesto en el buen camino para tomar a la hija del hermano de mi señor para su hijo. 49Ahora, pues, decidme si estáis dispuestos a usar de favor y lealtad para con mi señor, y si no, decídmelo también, para que yo tire por la derecha o por la izquierda.» 50Respondieron Labán y Betuel: «De Yahveh ha salido este asunto. Nosotros no podemos decirte está mal o está bien. 51Ahí tienes delante a Rebeca: tómala y vete, y sea ella mujer del hijo de tu señor, como ha dicho Yahveh.» 52Cuando el siervo de Abraham oyó lo que decían, adoró a Yahveh en tierra. 53Acto seguido sacó el siervo objetos de plata y oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También hizo regalos a su hermano y a su madre. 54Luego comieron y bebieron, él y los hombres que le acompañaban, y pasaron la noche. Por la mañana se levantaron, y él dijo: «Permitidme que marche donde mi señor.» 55El hermano y la madre de Rebeca dijeron: «Que se quede la chica con nosotros unos días, por ejemplo diez. Luego se irá.» 56Mas él les dijo: «No me demoréis. Puesto que Yahveh ha dado éxito a mi viaje, dejadme salir para que vaya donde mi señor.» 57Ellos dijeron: «Llamemos a la joven y preguntémosle su opinión.» 58Llamaron, pues, a Rebeca, y le dijeron: «¿Qué? ¿te vas con este hombre?» «Me voy», contestó ella. 59Entonces despidieron a su hermana Rebeca con su nodriza, y al siervo de Abraham y a sus hombres. 60Y bendijeron a Rebeca, y le decían: «¡Oh hermana nuestra, que llegues a convertirte en millares de miríadas, y conquiste tu descendencia la puerta de sus enemigos!» 61Levantóse Rebeca con sus doncellas y, montadas en los camellos, siguieron al hombre. El siervo tomó a Rebeca y se fue. 62Entretanto, Isaac había venido del pozo de Lajay Roí, pues habitaba en el país del Négueb. 63Una tarde había salido Isaac de paseo por el campo, cuando he aquí que al alzar la vista, vio que venían unos camellos. 64Rebeca a su vez alzó sus ojos y viendo a Isaac, se apeó del camello, 65y dijo al siervo: «¿Quién es aquel hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?» Dijo el siervo: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió. 66El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho, 67e Isaac introdujo a Rebeca en la tienda, tomó a Rebeca, que pasó a ser su mujer, y él la amó. Así se consoló Isaac por la pérdida de su madre.

CAPÍTULO 25.

Los otros hijos de Abraham.

1Abraham volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá. 2Esta le dio a Zimrán, Yoqsán, Medán, Madián, Yisbaq y Súaj. 3- Yoqsán engendró a Seba y a Dedán. Hijos de Dedán fueron los asuritas, los letusíes y los leumies. - 4Hijos de Madián: Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos éstos, hijos de Queturá. 5Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. 6A los hijos de las concubinas que tenía Abraham les hizo donaciones y, viviendo aún él, los separó de Isaac, enviándoles hacia levante, al país de Oriente.

La muerte de Abraham.

La muerte de Abraham 7Estos fueron los días de vida de Abraham: 175 años. 8Expiró, pues, Abraham y murió en buena ancianidad, viejo y lleno de días, y fue a juntarse con su pueblo. 9Sus hijos Isaac e Ismael le sepultaron en la cueva de la Makpelá, al borde de la finca de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, enfrente de Mambré. 10En la finca que Abraham había comprado a los hijos de Het, allí fue sepultado Abraham con su mujer Sara. 11Después de la muerte de Abraham, bendijo Dios a su hijo Isaac. Isaac se estableció en las inmediaciones del pozo de Lajay Roí.

Los descendientes y la muerte de Ismael.

Los descendientes y la muerte de Ismael 12Estos son los descendientes de Ismael, hijo de Abraham, el que le dio a Abraham Agar la egipcia, esclava de Sara; 13y estos son los nombres de los hijos de Ismael, por orden de nacimiento: El primogénito de Ismael, Nebayot; después, Quedar, Adbeel, Mibsam, 14Mismá, Dumá, Massá, 15Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedmá. 16Estos son los hijos de Ismael, y éstos sus nombres según sus poblados y sus aduares: doce caudillos de otros tantos pueblos. 17Y estos fueron los años de vida de Ismael: 137 años. Luego expiró y murió, y fue a juntarse con su pueblo. 18Ocupó desde Javilá hasta Sur, que cae enfrente de Egipto, según se va a Asur. Se estableció enfrente de todos sus hermanos.

QUINTA PARTE: ISAAC Y JACOB En las tradiciones sobre la vida de los Patriarcas, Isaac no tiene rasgos tan bien perfilados como Abraham y Jacob. Él aparece casi siempre en un segundo plano, al lado de su padre o de su hijo. Todo su destino parece estar resumido en el feliz matrimonio con Rebeca, la esposa que el Señor le había preparado para asegurar el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham. Jacob, el tercero de los Patriarcas, es el prototipo del luchador astuto, ambicioso y tenaz. La tradición lo presenta primero en la casa paterna, con su hermano Esaú, después en Mesopotamia, junto a su suegro Labán y a sus esposas Raquel y Lía, y luego otra vez con Esaú, en la Transjordania. En su casa paterna, suplanta a su hermano robándole el derecho a la primogenitura y la bendición paterna; en Mesopotamia, acumula una enorme fortuna a expensas de su suegro. Cuando regresa a Canaán para salvar su vida y sus bienes, lucha con Dios cuerpo a cuerpo y lo obliga a bendecirlo. Esta bendición está asociada a un cambio de nombre, que implica un cambio de misión en la vida. En adelante, él no se llamará más Jacob, sino Israel, conviertiéndose así en padre del Pueblo elegido. Más tarde, colmado de hijos y riquezas, se radica en el centro mismo de la Tierra prometida, entre Siquém y Betel. En la azarosa vida de Jacob, se pone en evidencia la libertad con que Dios elige los instrumentos para la realización de sus designios. El misterio de la elección divina escapa a todos los cálculos y criterios humanos, como lo recuerda san Pablo en su Carta a los Romanos (Rom. 9. 10-13).

El nacimiento de Esaú y de Jacob.

El nacimiento de Esaú y de Jacob 19Esta es la historia de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac. 20Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Paddán Aram, y hermana de Labán el arameo. 21Isaac suplicó a Yahveh en favor de su mujer, pues era estéril, y Yahveh le fue propicio, y concibió su mujer Rebeca. 22Pero los hijos se entrechocaban en su seno. Ella se dijo: «Siendo así, ¿para qué vivir?» Y fue a consultar a Yahveh. 23Yahveh le dijo: «Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño.
[40]» 24Cumpliéronsele los días de dar a luz, y resultó que había dos mellizos en su vientre. 25Salió el primero, rubicundo todo él, como una pelliza de zalea, y le llamaron Esaú. 26Después salió su hermano, cuya mano agarraba el talón de Esaú, y se llamó Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando los engendró [41].

Esaú vende su derecho de hijo primogénito.

Esaú vende su derecho de hijo primogénito 27Crecieron los muchachos. Esaú llegó a ser un cazador experto, un hombre montaraz, y Jacob un hombre muy de la tienda. 28Isaac quería a Esaú, porque le gustaba la caza, y Rebeca quería a Jacob. 29Una vez, Jacob había preparado un guiso cuando llegó Esaú del campo, agotado. 30Dijo Esaú a Jacob: «Oye, dame a probar de lo rojo, de eso rojo, porque estoy agotado.» -Por eso se le llamó Edom-
[42]. 31Dijo Jacob: «Véndeme ahora mismo tu primogenitura.» 32Dijo Esaú: «Estoy que me muero. ¿Qué me importa la primogenitura?» 33Dijo Jacob: «Júramelo ahora mismo.» Y él se lo juró, vendiendo su primogenitura a Jacob. 34Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y éste comió y bebió, se levantó y se fue. Así desdeñó Esaú la primogenitura [43].

CAPÍTULO 26.

Isaac en Guerar.

1Hubo hambre en el país - aparte de la primera que tuvo lugar en tiempo de Abraham - y fue Isaac a Guerar, a donde Abimélek, rey de los filisteos. 2Yahveh se le apareció y le dijo: «No bajes a Egipto. Quédate en la tierra que yo te indique. 3Reside en esta tierra, y yo te asistiré y bendeciré; porque a ti y a tu descendencia he de dar todas estas tierras, y mantendré el juramento que hice a tu padre Abraham. 4Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. Y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, 5en pago de que Abraham me obedeció y guardó mis observancias, mis mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones.» 6Establecióse, pues, Isaac en Guerar. 7Los del lugar le preguntaban por su mujer, y él decía: «Es mi hermana.» En efecto, le daba reparo decir: «Es mi mujer», no fuesen a matarle los del lugar por causa de Rebeca, ya que ella era de buen ver. 8Ya llevaba largo tiempo allí, cuando aconteció que Abimélek, rey de los filisteos, atisbando por una ventana, observó que Isaac estaba solazándose con su mujer Rebeca. 9Llama Abimélek a Isaac y le dice: ¡Con que es tu mujer! ¿Pues cómo has venido diciendo: Es mi hermana?» Dícele Isaac: «Es que me dije: A ver si voy a morir por causa de ella.» 10Replicó Abimélek: «¿Qué es lo que nos has hecho? Si por acaso llega a acostarse cualquiera del pueblo con tu mujer, tú nos habrías echado la culpa.» 11Entonces Abimélek ordenó a todo el pueblo: «Quien tocare a este hombre o a su mujer, morirá sin remedio.» 12Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año el ciento por uno. Yahveh le bendecía 13y el hombre se enriquecía, se iba enriqueciendo más y más hasta que se hizo riquísimo. 14Tenía rebaños de ovejas y vacadas y copiosa servidumbre. Los filisteos le tenían envidia.

Los pozos entre Guerar y Berseba.

Los pozos entre Guerar y Berseba 15Todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre -en tiempos de su padre Abraham- los habían cegado los filisteos, llenándolos de tierra. 16Entonces Abimélek dijo a Isaac: «Apártate de nuestro lado, porque te has hecho mucho más poderoso que nosotros.» 17Isaac se fue de allí y acampó en la vaguada de Guerar, estableciéndose allí. 18Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían cavado los siervos de su padre Abraham, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham, y les puso los mismos nombres que les había puesto su padre. 19Cavaron los siervos de Isaac en la vaguada y encontraron allí un pozo de aguas vivas. 20Pero riñeron los pastores de Guerar con los pastores de Isaac, diciendo: «El agua es nuestra.» El llamó al pozo Eseq, ya que se habían querellado con él. 21Excavaron otro pozo, y también riñeron por él: lo llamó Sitná. 22Partió de allí y cavó otro pozo, y ya no riñeron por él: lo llamó Rejobot, y dijo: «Ahora Yahveh nos ha dado desahogo, y prosperaremos en esta tierra.

Renovación de la promesa hecha a Abraham.

Renovación de la promesa hecha a Abraham 23De allí subió a Berseba. 24Yahveh se le apareció aquella noche y dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, porque yo estoy contigo. Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham, mi siervo.» 25Allí construyó un altar e invocó el nombre de Yahveh. Allí desplegó su tienda, y los siervos de Isaac perforaron allí un pozo.

La alianza de Isaac con Abimélek.

La alianza de Isaac con Abimélek 26Entonces Abimélek fue a donde él desde Guerar, con Ajuzat, uno de sus familiares, y Pikol, capitán de su tropa. 27Díceles Isaac: «¿Cómo es que venís a mí. vosotros que me odiáis y me habéis echado de vuestra compañía?» 28Contestaron ellos: «Hemos visto claramente que Yahveh se ha puesto de tu parte, y hemos dicho: "Ea, haya un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y vamos a hacer un pacto contigo, 29de que no nos harás mal, como tampoco nosotros te hemos tocado a ti; no te hemos hecho sino bien, y te hemos dejado ir en paz, ¡oh bendito de Yahveh!"» 30El les dio un banquete, y comieron y bebieron. 31De madrugada, se levantaron y se hicieron mutuo juramento; luego Isaac les despidió, y se fueron en paz de su lado. 32Aquel mismo día llegaron unos siervos de Isaac y le dieron la noticia del pozo que habían cavado, diciéndole: «Hemos hallado agua.» 33El lo llamó Seba, de donde el nombre de la ciudad de Berseba, hasta la fecha.

Las esposas hititas de Esaú.

Las esposas hititas de Esaú 34Cuando Esaú tenía cuarenta años, tomó por mujeres a Judit, hija de Beerí el hitita, y a Basmat, hija de Elón el hitita, 35las cuales fueron amargura para Isaac y Rebeca.

CAPÍTULO 27.

La bendición de Isaac a Jacob.

1Como hubiese envejecido Isaac, y no viese ya por tener debilitados sus ojos, llamó a Esaú, su hijo mayor: ¡Hijo mío!» El cual le respondió: «Aquí estoy.» 2«Mira, dijo, me he hecho viejo e ignoro el día de mi muerte. 3Así pues, toma tus saetas, tu aljaba y tu arco, sal al campo y me cazas alguna pieza. 4Luego me haces un guiso suculento, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma, a fin de que mi alma te bendiga antes que me muera.» 5- Ahora bien, Rebeca estaba escuchando la conversación de Isaac con su hijo Esaú. - Esaú se fue al campo a cazar alguna pieza para el padre, 6y entonces Rebeca dijo a su hijo Jacob: «Acabo de oír a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú diciendo: 7Tráeme caza, y hazme un guiso suculento para que yo lo coma y te bendiga delante de Yahveh antes de morirme. 8Pues bien, hijo mío, hazme caso en lo que voy a recomendarte. 9Ve al rebaño y tráeme de allí dos cabritos hermosos. Yo haré con ellos un guiso suculento para tu padre como a él le gusta, 10y tú se lo presentas a tu padre, que lo comerá, para que te bendiga antes de su muerte.» 11Jacob dijo a su madre Rebeca: ¡Pero si mi hermano Esaú es velludo, y yo soy lampiño! 12¡A ver si me palpa mi padre, y le parece que estoy mofándome de él! ¡Entonces me habré buscado una maldición en vez de una bendición!» 13Dícele su madre: «¡Sobre mí tu maldición, hijo mío! Tú, obedéceme, basta con eso, ve y me los traes.» 14El fue a buscarlos y los llevó a su madre, y ella hizo un guiso suculento, como le gustaba a su padre. 15Después tomó Rebeca ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas que tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo pequeño. 16Luego, con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello, 17y puso el guiso y el pan que había hecho en las manos de su hijo Jacob. 18Este entró a donde su padre, y dijo: «¡Padre!» El respondió: «Aquí estoy; ¿quién eres, hijo?» 19Jacob dijo a su padre: «Soy tu primogénito Esaú. He hecho como dijiste, Anda, levántate, siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.» 20Dice Isaac a su hijo: «¡Qué listo has andado en hallarla, hijo!» - Respondió: «Sí; es que Yahveh, tu Dios, me la puso delante.» 21Dice Isaac a Jacob: «Acércate, que te palpe, hijo, a ver si realmente eres o no mi hijo Esaú.» 22Acercóse Jacob a su padre Isaac, el cual le palpó y dijo: «La voz es la de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú.» 23Y no le reconoció, porque sus manos estaban velludas, como las de su hermano Esaú. Y se dispuso a bendecirle. 24Dijo, pues: «¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?» Respondió: «El mismo.» 25Dijo entonces: «acércamelo, que coma de la caza, hijo, para que te bendiga mi alma.» Acercóle, y comió; le trajo también vino, y bebió. 26Dícele su padre Isaac: «Acércate y bésame, hijo.» 27El se acercó y le besó, y al aspirar Isaac el aroma de sus ropas, le bendijo diciendo: «Mira, el aroma de mi hijo como el aroma de un campo, que ha bendecido Yahveh. 28¡Pues que Dios te dé el rocío del cielo y la grosura de la tierra, mucho trigo y mosto! 29Sírvante pueblos, adórente naciones, sé señor de tus hermanos y adórente los hijos de tu madre. ¡Quien te maldijere, maldito sea, y quien te bendijere, sea bendito!» 30Así que hubo concluido Isaac de bendecir a Jacob, y justo cuando acababa de salir Jacob de la presencia de su padre Isaac, llegó su hermano Esaú de su cacería. 31Hizo también él un guiso suculento y llevándoselo a su padre le dijo: «Levántese mi padre y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma.» 32Dícele su padre Isaac: «¿Quién eres tú?» Contestóle: «Soy tu hijo primogénito, Esaú.» 33A Isaac le entró un temblor fuerte, y le dijo: «Pues entonces, ¿quién es uno que ha cazado una pieza y me le ha traído? Porque de hecho yo he comido antes que tú vinieses, y le he bendecido, y bendito está.» 34Al oír Esaú las palabras de su padre, lanzó un grito fuerte y por extremo amargo, y dijo a su padre: «¡Bendíceme también a mí, padre mío!» 35Díjole éste: «Ha venido astutamente tu hermano, y se ha llevado tu bendición.» 36Dijo Esaú: «Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado estas dos veces: se llevó mi primogenitura, y he aquí que ahora se ha llevado mi bendición.» Y añadió: «¿No has reservado alguna bendición para mí?» 37Respondió Isaac y dijo a Esaú: «Mira, le he puesto por señor tuyo, le he dado por siervos a todos sus hermanos y le he abastecido de trigo y vino. Según eso, ¿qué voy a hacer por ti, hijo mío?» 38Dijo Esaú a su padre: «¿Es que tu bendición es única, padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío!» Isaac guardó silencio y Esaú alzó la voz y rompió a llorar. 39Su padre Isaac le dijo por respuesta: «He aquí que lejos de la grosura de la tierra será tu morada, y lejos del rocío que baja del cielo. 40De tu espada vivirás y a tu hermano servirás. Mas luego, cuando te hagas libre, partirás su yugo de sobre tu cerviz.» 41Esaú se enemistó con Jacob a causa de la bendición con que le había bendecido su padre; y se dijo Esaú: «Se acercan ya los días del luto por mi padre. Entonces mataré a mi hermano Jacob.» 42Se dio aviso a Rebeca de las palabras de Esaú, su hijo mayor; y ella envió a llamar a Jacob, su hijo pequeño, y le dijo: «Mira que tu hermano Esaú va a vengarse de ti matándote. 43Ahora, pues, hijo mío, hazme caso: levántate y huye a Jarán, a donde mi hermano Labán, 44y te quedas con él una temporada, hasta que se calme la cólera de tu hermano; 45hasta que se calme la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que has hecho. Entonces enviaré yo a que te traigan de allí. ¿Por qué he de perderos a los dos en un mismo día?»

El viaje de Jacob a Padán Arám.

El viaje de Jacob a Padán Arám 46Rebeca dijo a Isaac: «Me da asco vivir al lado de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het como las que hay por aquí, ¿para qué seguir viviendo?»

CAPÍTULO 28. 1Llamó, pues, Isaac a Jacob, le bendijo y le dio esta orden: «No tomes mujer de las hijas de Canaán. 2Levántate y ve a Paddán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3Que El Sadday te bendiga, te haga fecundo y te acreciente, y que te conviertas en asamblea de pueblos [44]. 4Que te dé la bendición de Abraham a ti y a tu descendencia, para que te hagas dueño de la tierra donde has vivido y que Dios ha dado a Abraham.» 5Y despidió Isaac a Jacob, el cual se fue a Paddán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.

El otro casamiento de Esaú.

El otro casamiento de Esaú 6Vio Esaú que Isaac había bendecido a Jacob, y le enviaba a Paddán Aram a tomarse mujer allí, y que al bendecirle le había dado esta orden: «No tomes mujer de las hijas de Canaán», 7y Jacob, obedeciendo a su padre y a su madre, había marchado a Paddán Aram. 8Vio, pues, Esaú que las hijas de Canaán eran mal vistas de su padre Isaac, 9y acudiendo Esaú a Ismael, tomóse por mujer, además de las que tenía, a Majlat, hija de Ismael, el hijo de Abraham, y hermana de Nebayot.

El sueño de Jacob en Betel.

El sueño de Jacob en Betel 10Jacob salió de Berseba y fue a Jarán. 11Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal, y acostóse en aquel lugar. 12Y tuvo un sueño; soñó con una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. 13Y vio que Yahveh estaba sobre ella, y que le dijo: «Yo soy Yahveh, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy para ti y tu descendencia. 14Tu descendencia será como el polvo de la tierra y te extenderás al poniente y al oriente, al norte y al mediodía; y por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra; y por tu descendencia. 15Mira que yo estoy contigo; te guardaré por doquiera que vayas y te devolveré a este solar. No, no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.» 16Despertó Jacob de su sueño y dijo: «¡Así pues, está Yahveh en este lugar y yo no lo sabía!» 17Y asustado dijo: «¡Qué temible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!» 18Levantóse Jacob de madrugada, y tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. 19Y llamó a aquel lugar Betel, aunque el nombre primitivo de la ciudad era Luz. 20Jacob hizo un voto, diciendo: «Si Dios me asiste y me guarda en este camino que recorro, y me da pan que comer y ropa con que vestirme, 21y vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces Yahveh será mi Dios; 22y esta piedra que he erigido como estela será Casa de Dios; y de todo lo que me dieres, te pagaré el diezmo.»

CAPÍTULO 29.

Jacob en casa de Labán.

1Jacob se puso en marcha y se fue al país de los orientales. 2Cuando he aquí que divisa un pozo en el campo, y allí mismo tres rebaños de ovejas sesteando junto a él, pues de aquel pozo se abrevaban los rebaños. Sobre la boca del pozo había una gran piedra. 3Allí se reunían todos los rebaños: se revolvía la piedra de encima de la boca del pozo, abrevaban las ovejas, y devolvían la piedra a su sitio sobre la boca del pozo. 4Jacob les dijo (a los pastores): «Hermanos, ¡de dónde sois?» Dijeron ellos: «Somos de Jarán.» 5«¿Conocéis a Labán, hijo de Najor?» - «Lo conocemos.» 6- «¿Se encuentra bien?» - «Muy bien; precisamente ahí llega Raquel, su hija, con las ovejas.» 7Dijo él: «Todavía es muy de día, no es hora de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas.» 8Contestaron: «No podemos hasta que se reúnan todos los rebaños y se revuelva la piedra de sobre la boca del pozo. Entonces abrevaremos las ovejas.» 9Aún estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora. 10En cuanto vio Jacob a Raquel, hija de Labán, el hermano de su madre, y las ovejas de Labán, hermano de su madre, acercóse Jacob y revolvió la piedra de sobre la boca y abrevó los ovejas de Labán, el hermano de su madre. 11Jacob besó a Raquel y luego estalló en sollozos. 12Jacob anunció a Raquel que era pariente de su padre e hijo de Rebeca. Ella se echó a correr y lo anunció a su padre. 13En cuanto oyó Labán hablar de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a su encuentro, le abrazó, le besó y le llevó a su casa. Entonces él contó a Labán toda esta historia, 14y Labán le dijo: «En suma, que tú eres hueso mío y carne mía.» Y Jacob se quedó con él un mes cumplido.

Las dos esposas de Jacob.

Las dos esposas de Jacob 15Labán dijo a Jacob: «¿Acaso porque seas pariente mío has de servirme de balde? Indícame cuál será tu salario.» 16Ahora bien, Labán tenía dos hijas: la mayor llamada Lía, y la pequeña, Raquel. 17Los ojos de Lía eran tiernos. Raquel, en cambio, era de bella presencia y de buen ver. 18Jacob estaba enamorado de Raquel. Así pues, dijo: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija pequeña.» 19Dijo Labán: «Mejor es dártela a ti que dársela a otro. Quédate conmigo.» 20Sirvió, pues, Jacob por Raquel siete años, que se le antojaron como unos cuantos días, de tanto que la amaba. 21Jacob dijo a Labán: «Dame mi mujer, que se ha cumplido el plazo, y quiero casarme con ella.» 22Labán juntó a todos los del lugar y dio un banquete. 23Luego a la tarde tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, y éste se unió a ella. 24Labán dio su esclava Zilpá como esclava de su hija Lía. 25Se hizo de mañana, ¡y resultó que aquélla era Lía! Jacob dijo a Labán: «¿Qué es lo que has hecho conmigo? ¿No te he servido por Raquel? ¿Pues por qué me has hecho trampa?»
[45] 26Labán dijo: «No se usa en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor. 27Cumple esta semana, y te daré también a la otra por el servicio que me prestarás todavía otros siete años.» 28Así lo hizo Jacob; y habiendo cumplido aquella semana, le dio por mujer a su hija Raquel. 29Labán dio su esclava Bilhá como esclava de su hija Raquel. 30El se unió también a Raquel, y amó a Raquel más que a Lía, y sirvió en casa de su tío otros siete años más.

Los hijos de Lía.

Los hijos de Lía 31Vio Yahveh que Lía era aborrecida y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril. 32Lía quedó encinta y dio a luz un hijo al que llamó Rubén, pues dijo: «Yahveh ha reparado en mi cuita: ahora sí que me querrá mi marido.
[46]» 33Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Yahveh ha oído que yo era aborrecida y me ha dado también a éste.» Y le llamó Simeón. 34Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Ahora, esta vez, mi marido se aficionará a mí, ya que le he dado tres hijos.» Por eso le llamó Leví. 35Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Esta vez alabo a Yahveh.» Por eso le llamó Judá, y dejó de dar a luz.

CAPÍTULO 30.

Los hijos de Bilhá.

1Vio Raquel que no daba hijos a Jacob, y celosa de su hermana dijo a Jacob: «Dame hijos, o si no me muero.» 2Jacob se enfadó con Raquel y dijo: ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?» 3Ella dijo: «Ahí tienes a mi criada Bilhá; únete a ella y que dé a luz sobre mis rodillas: así también yo ahijaré de ella.
[47]» 4Diole, pues, a su esclava Bilhá por mujer; y Jacob unióse a ella. 5Concibió Bilhá y dio a Jacob un hijo. 6Y dijo Raquel: «Dios me ha hecho justicia, pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo.» Por eso le llamó Dan. 7Otra vez concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo. 8Y dijo Raquel: «Me he trabado con mi hermana a brazo partido y la he podido»; y le llamó Neftalí.

Los hijos de Zilpá.

Los hijos de Zilpá 9Viendo Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá, y se la dio a Jacob por mujer. 10Y Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un hijo. 11Lía dijo: «¡Enhorabuena!» Y le llamó Gad. 12Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un segundo hijo, 13y dijo Lía: «¡Feliz de mí! pues me felicitarán las demás.» Y le llamó Aser.

Los otros hijos de Lía.

Los otros hijos de Lía 14Una vez fue Rubén, al tiempo de la siega del trigo, y encontró en el campo unas mandrágoras que trajo a su madre Lía. Y dijo Raquel a Lía "«¿Quieres darme las mandrágoras de tu hijo?»
[48] 15Respondióle: «¿Es poco haberte llevado mi marido, que encima vas a llevarte las mandrágoras de mi hijo?» Dijo Raquel: «Sea: que se acueste contigo Jacob esta noche, a cambio de las mandrágoras de tu hijo.» 16A la tarde, cuando Jacob volvió del campo, sale Lía a su encuentro y le dice: «Tienes que venir conmigo porque he pagado por ti unas mandrágoras de mi hijo.» Y él se acostó con ella aquella noche. 17Dios oyó a Lía, que concibió y dio un quinto hijo a Jacob. 18Y dijo Lía: «Dios me ha dado mi recompensa, a mí, que tuve que dar mi esclava a mi marido.» Y le llamó Isacar. 19Lía concibió otra vez y dio el sexto hijo a Jacob. 20Y dijo Lía: «Me ha hecho Dios un buen regalo. Ahora sí que me apreciará mi marido, pues le he dado seis hijos.» Y le llamó Zabulón. 21Después dio a luz una hija a la que llamó Dina.

El primer hijo de Raquel.

El primer hijo de Raquel 22Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y abrió su seno, 23y ella concibió y dio a luz un hijo. Y dijo: «Ha quitado Dios mi afrenta.» 24Y le llamó José, como diciendo: «Añádame Yahveh otro hijo.»

El enriquecimiento de Jacob.

El enriquecimiento de Jacob 25Cuando Raquel hubo dado a luz a José, dijo Jacob a Labán: «Déjame que me vaya a mi lugar y a mi tierra. 26Dame a mis mujeres y a mis hijos por quienes te he servido, para que me vaya; pues bien sabes bajo qué condiciones te he servido.» 27Díjole Labán: «¡Si en algo me estimas!... Yo estaba bajo un maleficio, pero Yahveh me ha bendecido gracias a ti.» 28Y agregó: «Fíjame tu paga, y te la daré.» 29Respondióle: «Tu sabes cómo te he servido, y cómo le fue a tu ganado conmigo: 30bien poca cosa tenías antes de venir yo, pero ya se ha multiplicado muchísimo, y Yahveh te ha bendecido a mi llegada. Pues bien: ¿cuándo voy a hacer yo también algo por mi casa?» 31Dijo Labán: «¿Qué he de darte?» Respondió Jacob: «No me des nada. Si haces por mí esta, volveré a apacentar tu rebaño. Fíjate bien: 32Voy a desfilar hoy con todo tu rebaño. Aparta toda oveja negra y las cabras pintas y manchadas, y eso será mi paga, 33y la garantía de mi honradez el día de mañana. Cuando te presente a controlar mi paga, todo lo que no fuere pinto y manchado entre las cabras y negro entre los corderos, será lo que he robado.» 34Dijo Labán: «Bien, sea como dices.» 35Y aquel mismo día apartó los machos cabríos listados y manchados, todo lo que tenía en sí algo de blanco, así como todo lo negro entre las ovejas, y lo confió a sus hijos, 36interponiendo tres jornadas de camino entre él y Jacob. Este último apacentaba el resto del rebaño de Labán. 37Entonces Jacob se procuró unas vares verdes de álamo, de almendro y de plátano, y labró en ellas unas muescas blancas, dejando al descubierto lo blanco de las varas, 38e hincó las varas así labradas en las pilas o abrevaderos a donde venían las reses a beber, justo delante de las reses, con lo que éstas se calentaban al acercarse a beber. 39O sea, que se calentaban a la vista de las varas, y así parían crías listadas, pintas o manchadas. 40Luego separó Jacob los machos, echándolos a lo listado y negro que ahora había en el rebaño de Labán, y así se fue formando unos hatajos propios, que no mezclaba con el rebaño de Labán. 41Además, siempre que se calentaban las reses vigorosas, poníales Jacob las varas ante los ojos en las pilas, para que se calentaran bajo el influjo de las varas; 42mas cuando el ganado estaba débil, no las ponía de modo que las crías débiles eran para Labán, y las vigorosas para Jacob. 43Así que éste medró muchísimo, y llegó a tener rebaños numerosos, y siervas y siervos y camellos y asnos
[49].

CAPÍTULO 31.

La huida de Jacob.

1Oyó Jacob que los hijos de Labán decían: «Jacob se ha apoderado de todo lo de nuestro padre, y con lo de nuestro padre ha hecho toda esa fortuna.» 2Jacob observó el rostro de Labán y vio que ya no era para con él como hasta entonces. 3Entonces Yahveh dijo a Jacob: «Vuélvete a la tierra de tus padres, a tu patria, y yo estaré contigo.» 4Jacob envió a llamar a Raquel y a Lía al campo, donde estaba su rebaño, 5y les dijo: «Vengo observando que vuestro padre ya no me mira como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6Vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas; 7pero vuestro padre ha trapaceado conmigo y ha cambiado mi retribución una docena de veces, si bien Dios no le ha dejado perjudicarme. 8Si él decía: Tu paga serán las reses pintas, entonces todas las ovejas parían pintas. Y si decía: Tu paga será lo listado, entonces todas las ovejas parían listado. 9De esta suerte Dios ha quitado el ganado a vuestro padre y me lo ha dado a mí. 10Pues bien: en la época de calentarse el rebaño, alcé los ojos y vi en un sueño cómo los machos que montaban al rebaño eran listados, pintos y salpicados. 11Y me dijo el Ángel de Dios en aquel sueño: "¡Jacob!" Yo respondí: "Aquí estoy." 12Y dijo: Alza los ojos, y verás que todos los machos que montan al rebaño son listados, pintos y salpicados. Es que he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13Yo soy el Dios que se te apareció en Betel, donde ungiste una estela y donde me hiciste aquel voto. Ahora, levántate, sal de esta tierra y vuelve a tu país natal.» 14Respondieron Raquel y Lía y le dijeron: «¿Es que tenemos aún parte o herencia en la casa de nuestro padre? 15¿No hemos sido consideradas como extrañas para él, puesto que nos vendió y, por comerse, incluso se comió nuestra plata? 16Así que toda la riqueza que ha quitado Dios a nuestro padre nuestra es y de nuestros hijos. Con que todo lo que te ha dicho Dios, hazlo.» 17Levantóse Jacob, montó a sus hijos y a sus mujeres en los camellos, 18y se llevó todo su ganado y toda la hacienda que había adquirido, el ganado de su propiedad, que había adquirido en Paddán Aram, para irse a donde su padre Isaac a Canaán. 19Como Labán había ido a esquilar sus ovejas, Raquel robó los ídolos familiares que tenía su padre
[50], 20y Jacob actuó a hurtadillas de Labán el arameo, no dándole ningún indicio de que se fugaba. 21En efecto, se fugó con todo lo suyo; se levantó, pasó el Río y enderezó hacia la montaña de Galaad.

La persecución de Labán a Jacob.

La persecución de Labán a Jacob 22Al tercer día recibió Labán la noticia de que Jacob se había fugado. 23Entonces tomó a sus hermanos consigo y tras siete jornadas de persecución a su zaga le dio alcance en la montaña de Galaad. 24Pero aquella noche vino Dios en sueños a Labán el arameo y le dijo: «Guárdate de hablar nada con Jacob, ni bueno ni malo.» 25Alcanzó, pues, Labán a Jacob. Este había plantado su tienda en la montaña y Labán plantó la suya con sus hermanos en la misma montaña de Galaad. 26Y dijo Labán a Jacob: «¿Qué has hecho? Has actuado a hurtadillas de mí y te has llevado a mis hijas cual cautivas de guerra. 27¿Por qué te has fugado con disimulo y a hurtadillas de mí, en vez de advertírmelo? Yo te habría despedido con alegría y con cantares, con adufes y arpas. 28Ni siquiera me has permitido besar a mis hijos e hijas. O sea, que has obrado como un necio. 29Hay poder en mi mano para hacerte mal: pero el Dios de tu padre me dijo ayer noche: "Guárdate de hablar a Jacob absolutamente nada, ni bueno ni malo." 30Así pues, tú te has marchado porque añorabas la casa paterna, pero ¿por qué robaste mis dioses?» 31Respondió Jacob a Labán: «Es que tuve miedo, pensando que acaso ibas a quitarme a tus hijas. 32Pero eso sí, que aquel a quien le encuentres tus dioses no quede con vida. Delante de nuestros hermanos reconoce lo tuyo que yo tenga y tómatelo.» En efecto, Jacob ignoraba que Raquel los había robado. 33Entró Labán en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos criadas, y no halló nada. Salió de la tienda de Lía, y entró en la de Raquel. 34Pero Raquel había tomada los ídolos familiares y, poniéndolos en la albarda del camello, se había sentado encima. Labán registró toda la tienda sin hallar nada. 35Ella dijo a su padre: «No le dé enojo a mi señor de que no pueda levantarme en tu presencia, porque estoy con las reglas.» El siguió rebuscando por toda la tienda sin dar con los ídolos. 36Entonces Jacob, montando en cólera recriminó a Labán, y encarándose con él le dijo: «¿Cual es mi delito? ¿Cuál mi pecado, que me persigues con saña? 37Al registrar todos mis enseres, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí, ante mis hermanos y los tuyos, y juzguen ellos entre nosotros dos. 38En veinte años que llevo contigo, tus ovejas y tus cabras nunca han malparido, y los machos de tu rebaño nunca me los he comido. 39Ganado destrozado por fieras nunca te llevé: yo pagaba el daño, de lo mío te cobrabas tanto si era yo robado de día como si lo era de noche
[51]. 40Estaba yo que de día me devoraba el resistero, y de noche la helada, mientras huía el sueño de mis ojos. 41Estos fueron mis veinte años en tu casa. Catorce años te serví por tus dos hijas, y seis por tus ovejas, y tú has cambiado mi paga diez veces. 42Si el Dios de mi Padre, el Dios de Abraham y el Padrino de Isaac no hubiese estado por mí, a fe que ahora me despacharas de vacío. Mi cuita y la fatiga de mis manos las ha visto Dios y ha dado su fallo ayer noche. [52]»

La alianza de Jacob con Labán.

La alianza de Jacob con Labán 43Respondió Labán y dijo a Jacob: «Estas hijas son mías, estos hijos son mis hijos, y estas ovejas mis ovejas, todo cuanto ves, mío es. Y, ¿qué voy a hacerles hoy a estas mis hijas?, ¿o a los hijos que me dieron? 44Ea, pues, ven y hagamos un pacto entre los dos..., y sirva de testigo entre nosotros dos.» 45Jacob tomó una piedra y la erigió como estela. 46Y dijo Jacob a sus hermanos: «Recoged piedras.» Tomaron piedras, hicieron un majano y comieron allí sobre el majano. 47Labán lo llamó Yegar Sahdutá, y Jacob lo llamó Galed. 48Labán dijo: «Este majano es hoy testigo entre nosotros dos.» Por eso le llamó Galed, 49y también Mispá, pues dijo: «Que Yahveh nos vigile a los dos, cuando nos alejemos el uno del otro. 50Si tú humillas a mis hijas, si tomas otras mujeres, además de mis hijas, bien que nadie esté con nosotros que nos vea, sea Dios testigo entre los dos.» 51Dijo Labán a Jacob: «Aquí está este majano, y aquí esta estela que he erigido entre nosotros dos. 52Testigo sea este majano, y testigo sea esta estela de que yo no he de traspasar este majano hacia ti, ni tú has de traspasar este majano y esta estela hacia mí para nada malo. 53El Dios de Abraham y el Dios de Najor juzguen entre nosotros.» Y Jacob juró por el Padrino de su padre Isaac. 54Jacob hizo un sacrificio en el monte e invitó a sus hermanos a tomar parte. Ellos tomaron parte, e hicieron noche en el monte.

CAPÍTULO 32. 1A la mañana siguiente, Labán besó a sus hijos e hijas, les bendijo y se volvió a su lugar. 2Jacob se fue por su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. 3Al verlos, dijo Jacob: «Este es el campamento de Dios»; y llamó a aquel lugar Majanáyim.

Los preparativos de Jacob para su encuentro con Esaú.

Los preparativos de Jacob para su encuentro con Esaú 4Jacob envió mensajeros por delante hacia su hermano Esaú, al país de Seír, la estepa de Edom, 5encargándoles: «Diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Fui a pasar una temporada con Labán, y me he demorado hasta hoy. 6Me hice con bueyes, asnos, ovejas, siervos y siervas; y ahora mando a avisar a mi señor, para hallar gracia a sus ojos.» 7Los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: «Hemos ido donde tu hermano Esaú, y él mismo viene a tu encuentro con cuatrocientos hombres.» 8Jacob se asustó mucho y se llenó de angustia; dividió a sus gentes, las ovejas, vacas y camellos, en dos campamentos, 9y dijo: «Si llega Esaú a uno de los campamentos y lo ataca, se salvará el otro.» 10Y dijo Jacob: «¡Oh Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Yahveh, que me dijiste: "Vuelve a tu tierra y a tu patria, que yo seré bueno contigo", 11qué poco merecía yo todas las mercedes y toda la confianza que has dado a tu siervo! Pues con solo mi cayado pasé este Jordán y ahora he venido a formar dos campamentos. 12Líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo, no sea que venga y nos ataque, a la madre junto con los hijos. 13Que fuiste tú quien dijiste: "Yo seré bueno de veras contigo y haré tu descendencia como la arena del mar, que no se puede contar de tanta como hay."» 14Y Jacob pasó allí aquella noche. Tomó de lo que tenía a mano un regalo para su hermano Esaú, 15consistente en doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, 16treinta camellas criando, junto con sus crías, cuarenta vacas y diez toros, veinte asnas y diez garañones, 17y repartiéndolo en manadas independientes, los confió a sus siervos y les dijo: «Pasad delante de mí, dejando espacio entre manada y manada.» 18Y al primero le encargó: «Cuando te salga al paso mi hermano Esaú y te pregunte "de quién eres y adónde vas, y para quién es eso que va delante de ti", 19dices: "De tu siervo Jacob; es un regalo enviado para mi señor Esaú. Precisamente, él mismo viene detrás de nosotros."» 20El mismo encargo hizo también al segundo, como asimismo al tercero y a todos los que iban tras las manadas diciendo: «En estos términos hablaréis a Esaú cuando le encontréis, 21añadiendo: "Precisamente, tu siervo Jacob viene detrás de nosotros."» Pues se decía: «Voy a ganármelo con el regalo que me precede, tras de lo cual me entrevistaré con él; tal vez me haga buena cara.» 22Así, pues, mandó el regalo por delante, y él pasó aquella noche en el campamento.

La lucha misteriosa de Jacob.

La lucha misteriosa de Jacob 23Aquella noche se levantó, tomó a sus dos mujeres con sus dos siervas y a sus once hijos y cruzó el vado de Yabboq. 24Les tomó y les hizo pasar el río, e hizo pasar también todo lo que tenía. 25Y habiéndose quedado Jacob solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba. 26Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél. 27Este le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba.» Jacob respondió: «No te suelto hasta que no me hayas bendecido.» 28Dijo el otro: «¿Cuál es tu nombre?» - «Jacob.» - 29«En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido.» 30Jacob le preguntó: «Dime por favor tu nombre.» - «¿Para qué preguntas por mi nombre?» Y le bendijo allí mismo. 31Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva.» 32El sol salió así que hubo pasado Penuel, pero él cojeaba del muslo. 33Por eso los israelitas no comen, hasta la fecha, el nervio ciático, que está sobre la articulación del muslo, por haber sido tocado Jacob en la articulación femoral, en el nervio ciático
[53].

CAPÍTULO 33.

El encuentro de Jacob con Esaú.

1Jacob levantó los ojos y al ver que venía Esaú con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lía y Raquel y las dos siervas. 2Puso a las siervas y sus niños al frente; después a Lía y sus niños, y a Raquel y José en la zaga, 3y él se les adelantó y se inclinó en tierra siete veces, hasta llegar donde su hermano. 4Esaú, a su vez, corrió a su encuentro, le abrazó, se le echó al cuello, le besó y lloró. 5Levantó luego los ojos, y al ver a las mujeres y a los niños, dijo: «¿Qué son de ti éstos?» - «Son los hijos que ha otorgado Dios a tu siervo.» 6Entonces se acercaron las siervas con sus niños, y se inclinaron. 7Acercóse también Lía con sus niños, y se inclinaron. Y por último se acercaron José y Raquel y se inclinaron. 8Dijo Esaú: «¿Qué pretendes con toda esta caravana que acabo de encontrar?» - «Es para hallar gracias a los ojos de mi señor.» 9Dijo Esaú: «Tengo bastante, hermano mío; sea para ti lo tuyo.» 10Replicó Jacob: «De ninguna manera. Si he hallado gracias a tus ojos, toma mi regalo de mi mano, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios, y me has mostrado simpatía. 11Acepta, pues, el obsequio que te he traído; pues Dios me ha favorecido y tengo de todo.» E instóle tanto que aceptó.

La separación de Jacob y Esaú.

La separación de Jacob y Esaú 12Dijo Esaú: «Vámonos de aquí, y yo te daré escolta.» 13El le dijo: «Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo conmigo ovejas y vacas criando; un día de ajetreo bastaría para que muriese todo el rebaño. 14Adelántese, pues, mi señor a su siervo, que yo avanzaré despacito, al paso del ganado que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue donde mi señor, a Seír.» 15Dijo Esaú: «Entonces voy a destacar contigo a parte de la gente que me acompaña.» - «¿Para qué tal? Con que halle yo gracia a los ojos de mi señor...» 16Rehízo, pues, Esaú aquel mismo día su camino rumbo a Seír, 17y Jacob partió para Sukkot donde edificó para sí una casa y para su ganado hizo cabañas. Por donde se llamó aquel lugar Sukkot.

La llegada de Jacob a Siquém.

La llegada de Jacob a Siquém 18Jacob llegó sin novedad a la ciudad de Siquem, que está en el territorio cananeo, viniendo de Paddán Aram, y acampó frente a la ciudad. 19Compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, por cien agnos la parcela de campo donde había desplegado su tienda, 20erigió allí un altar, y lo llamó de «El», Dios de Israel.

CAPÍTULO 34.

El rapto y la violación de Dina.

1 Dina
[54], la hija que Lía había dado a Jacob, salió una vez a ver a las mujeres del país. 2Siquem, hijo de Jamor el jivita, príncipe de aquella tierra, la vio, se la llevó, se acostó con ella y la humilló. 3Su alma se aficionó a Dina, hija de Jacob, se enamoró de la muchacha y trató de convencerla. 4Siquem dijo a su padre Jamor: «Tómame a esta chica por mujer.» 5Jacob oyó que Siquem había violado a su hija Dina, pero sus hijos estaban con el ganado en el campo, y Jacob guardó silencio hasta su llegada. 6Jamor, padre de Siquem, salió a donde Jacob para hablar con él. 7Los hijos de Jacob volvieron del campo al oírlo, y se indignaron los hombres y les dio mucha rabia la afrenta hecha por Siquem acostándose con la hija de Jacob: «Eso no se hace.» 8Jamor habló con ellos diciendo: «Mi hijo Siquem se ha prendado de vuestra hija, así que dádsela por mujer. 9Emparentad con nosotros: dadnos vuestras hijas, y tomad para vosotros la nuestras. 10Quedaos a vivir con nosotros: tenéis la tierra franca. Instalaos, circulad libremente y adquirid propiedades.» 11Siquem dijo al padre y a los hermanos de la chica: «Ojalá me concedáis vuestro favor, y yo os daré lo que me pidáis. 12Pedidme cualquier dote, por grande que sea, que yo os daré cuanto me digáis; pero dadme a la muchacha por mujer.» 13Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Jamor con disimulo, y dirigiéndose a aquel que había violado a su hermana Dina, 14dijeron: «No podemos hacer tal cosa: dar nuestra hermana a uno que es incircunciso, porque eso es una vergüenza para nosotros. 15Tan sólo os la daremos a condición de que os hagáis como nosotros, circuncidándose todos vuestros varones. 16Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos para nosotros las vuestras, nos quedaremos con vosotros y formaremos un solo pueblo. 17Pero si no nos escucháis respecto a la circuncisión, entonces tomaremos a nuestra hija y nos iremos.» 18Sus palabras parecieron bien a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor, 19y el muchacho no tardó en ponerlo en práctica, porque quería a la hija de Jacob. El mismo era el más honorable de toda la casa de su padre. 20Jamor y su hijo Siquem vinieron a la puerta de su ciudad y hablaron a todos sus conciudadanos diciéndoles: 21«Estos hombres nos vienen en son de paz. Que se queden en el país y a circulen libremente, pues y a veis que pueden disponer de tierra espaciosa. Tomemos a sus hijas por mujeres y démosles las nuestras. 22Pero sólo con esta condición accederán estos hombres a quedarse con nosotros para formar un solo pueblo: que nos circuncidemos todos los varones; igual que ellos están circuncidados. 23Sus ganados y hacienda y todas sus bestias, ¿no van a ser para nosotros? Así que lleguemos a un acuerdo con ellos y que se queden con nosotros.» 24Todos los que salían por la puerta de la ciudad escucharon a Jamor y a su hijo Siquem, y se circuncidó todo varón que salía por las puertas de la ciudad.

La venganza de Simeón y Leví contra Siquém.

La venganza de Simeón y Leví contra Siquém 25Pues bien, al tercer día, mientras ellos estaban adoloridos, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, blandieron cada uno su espada y entrando en la ciudad sin peligro mataron a todo varón. 26También mataron a Jamor y a Siquem a filo de espada, y tomando a Dina de la casa de Siquem, salieron. 27Los hijos de Jacob pasaron sobre los muertos, pillaron la ciudad que había violado a su hermana, 28se apoderaron de sus rebaños, vacadas y asnos, cuanto había en la ciudad y cuanto había en el campo, 29saquearon toda su hacienda y sus pequeñuelos y sus mujeres, y pillaron todo lo que había dentro. 30Jacob dijo a Simeón y a Leví: «Me habéis puesto a malas haciéndome odioso entre los habitantes de este país, los cananeos y los perizitas, pues yo dispongo de unos pocos hombres, y ellos van a juntarse contra mí, me atacarán y seré aniquilado yo y mi casa.» 31Replicaron ellos: «¿Es que iban a tratar a nuestra hermana como a una prostituta?»

CAPÍTULO 35.

Nueva visita de Jacob a Betel.

1Dios dijo a Jacob: «Levántate, sube a Betel y te estableces allí, haciendo un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.» 2Jacob dijo a su casa y a todos los que le acompañaban: «Retirad los dioses extraños que hay entre vosotros. Purificaos, y mudaos de vestido
[55]. 3Luego, levantémonos y subamos a Betel, y haré allí un altar al Dios que me dio respuesta favorable el día de mi tribulación, y que me asistió en mi viaje.» 4Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extraños que había en su poder, y los anillos de sus orejas, y Jacob los escondió debajo de la encina que hay al pie de Siquem [56]. 5Partieron, pues, y un pánico divino cayó sobre las ciudades de sus contornos; así no persiguieron a los hijos de Jacob. 6Jacob llegó a Luz, que está en territorio cananeo - es Betel - junto con todo el pueblo que le acompañaba, 7y edificó allí un altar, llamando al lugar El Betel, porque allí mismo se le había aparecido Dios cuando huía de su hermano. 8Débora, la nodriza de Rebeca, murió y fue sepultada en las inmediaciones de Betel, debajo de una encina; y él la llamó la Encina del Llanto.

Renovación de la promesa de Dios a Jacob.

Renovación de la promesa de Dios a Jacob 9Dios se apareció a Jacob una vez más a su llegada de Paddán Aram y le bendijo. 10Díjole Dios: «Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob, sino que tu nombre será Israel.» Y le llamó Israel. 11Díjole Dios: «Yo soy El Sadday. Sé fecundo y multiplícate. Un pueblo, una asamblea de pueblos tomará origen de ti y saldrán reyes de tus entrañas. 12La tierra que di a Abraham e Isaac, a ti te la doy, y a tu descendencia y sucesión daré esta tierra.» 13Y Dios subió de su lado. 14Jacob erigió una estela en el lugar donde había hablado Dios con él: una estela de piedra; derramó sobre ella una libación, y vertió sobre ella aceite. 15Jacob llamó a lugar donde había hablado Dios con él «Betel».

El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel.

El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel 16Partieron de Betel, y cuando aún faltaba un trecho hasta Efratá, Raquel tuvo un mal parto. 17Sucedió que, en medio de los apuros del parto, le dijo la comadrona: «¡Animo, que también este es hijo!» 18Entonces ella, al exhalar el alma, cuando moría, le llamó Ben Oní; pero su padre le llamó Benjamín. 19Murió Raquel y fue sepultada en el camino de Efratá, o sea Belén. 20Jacob erigió una estela sobre su sepulcro: es la estela del sepulcro de Raquel hasta hoy.

El incesto de Rubén.

El incesto de Rubén 21Israel partió y desplegó su tienda más allá de Migdal Eder. 22Sucedió por entonces, mientras Israel residía en aquel país, que fue Rubén y se acostó con Bilhá, la concubina de su padre, e Israel se enteró de ello. Los hijos de Jacob fueron doce.

Los hijos de Jacob.

Los hijos de Jacob 23Hijos de Lía: el primogénito de Jacob, Rubén; después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24Hijos de Raquel: José y Benjamín. 25Hijos de Bilhá, la esclava de Raquel: Dan y Neftalí. 26Hijos de Zilpá, la esclava de Lía: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Paddán Aram.

La muerte de Isaac.

La muerte de Isaac 27Jacob llegó adonde su padre Isaac, a Mambré o Quiryat Arbá, -o sea, Hebrón- donde residieron Abraham e Isaac. 28Isaac alcanzó la edad de 180 años. 29Entonces Isaac expiró y murió, fue a reunirse con su pueblo, anciano y lleno de días. Le sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.

CAPÍTULO 36.

La descendencia de Esaú en Canaán.

1Este es el linaje de Esaú, o sea Edom. 2Esaú tomó a sus mujeres de entre las cananeas: a Adá, hija de Elón el hitita, a Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibeón el jorita, 3y a Basmat, hija de Ismael, la hermana de Nebayot. 4Adá dio a luz para Esaú a Elifaz, Basmat le dio a Reuel. 5Oholibamá le dio a Yeús, Yalam y Coré. Estos son los hijos que le nacieron a Esaú en Canaán.

La emigración de Esaú a Seír.

La emigración de Esaú a Seír 6Esaú tomó a sus mujeres, hijos e hijas y a todas la personas de su casa, su ganado, todas sus bestias y toda la hacienda que había logrado en territorio cananeo, y se fue al país de Seír, enfrente de su hermano Jacob, 7porque los bienes de entrambos eran demasiados para poder vivir juntos, y el país donde residían no daba abasto para tanto ganado como tenían. 8Esaú se estableció, pues, en la tierra de Seír. Esaú es Edom.

La descendencia de Esaú en Seír.

La descendencia de Esaú en Seír 9Estos son los descendientes de Esaú, padre de Edom, en la montaña de Seír, 10y éstos los nombres de sus hijos: Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basmat, mujer de Esaú. 11Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gaetam y Quenaz. 12Timná fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y dio a luz a Amalec. Estos son los descendientes de Adá, mujer de Esaú. 13Y estos son los hijos de Reuel: Nájat, Zéraj, Sammá y Mizzá. Estos son los descendientes de Basmat, mujer de Esaú. 14Los hijos de la mujer de Esaú, Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibeón, que ella dio a luz a Esaú, fueron éstos: Yeús, Yalam y Coré.

Los clanes de los edomitas.

Los clanes de los edomitas 15He aquí los jeques de los hijos de Esaú. De los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: el jeque Temán, el jeque Omar, el jeque Sefó, el jeque Quenaz, 16el jeque Gaetam, el jeque Amalec. Estos son los jeques de Elifaz, en el país de Edom, y éstos los descendientes de Adá. 17Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, fueron: el jeque Najat, el jeque Zéraj, el jeque Sammá, el jeque Mizzá. Estos son los jeque de Reuel, en el país de Edom; y éstos los descendientes de Basmat, mujer de Esaú. 18Los hijos de Oholibamá, mujer de Esaú, fueron: el jeque Yeús, el jeque Yalam, el jeque Coré. Estos son los jeques de Oholibamá, hija de Aná, mujer de Esaú. 19Estos son los hijos de Esaú y éstos sus jeques, los de Edom.

Los descendientes de Seír.

Los descendientes de Seír 20He aquí los hijos de Seír el jorita, que habitaban en aquella tierra: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 21Disón, Eser y Disán. Estos son los jeques de los joritas, hijos de Seír, en el país de Edom. 22Los hijos de Lotán fueron: Jorí y Hemam, y hermana de Lotán fue Timná. 23Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manájat, Ebal, Sefó y Onam. 24Los hijos de Sibeón: Ayyá y Aná. Este es el mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de su padre Sibeón. 25Los hijos de Aná: Disón y Oholibamá, hijo de Aná. 26Los hijos de Disón: Jemdán, Esbán, Yitrán y Kerán. 27Los hijos de Eser: Bilhán, Zaaván y Acán. 28Los hijos de Disán: Us y Arán. 29Estos son los jeques joritas: el jeque Lotán, el jeque Sobal, el jeque Sibeón, el jeque Aná, 30el jeque Disón, el jeque Eser, el jeque Disán. Estos son los jeques joritas según sus clanes en el país de Seír.

Los reyes de Edom.

Los reyes de Edom 31Estos son los reyes que reinaron en Edom, antes de reinar rey alguno de los israelitas. 32Reinó en Edom Belá, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad era Dinhabá. 33Murió Belá, y reinó en su lugar Yobab, hijo de Zéraj, de Bosrá. 34Murió Yobab, y reinó en su lugar Jusam, del país de los temanitas. 35Murió Jusam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad era Avit. 36Murió Hadad, y reinó en su lugar Samlá de Masrecá. 37Murió Samlá, y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot del Río. 38Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal Janán hijo de Akbor. 39Murió Baal Janán hijo de Akbor, y reinó en su lugar Hadad; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezahab.

Otra lista de clanes de los edomitas.

Otra lista de clanes de los edomitas 40Estos son los nombres de los jeques de Esaú, según sus familias y territorios y por sus nombres. El jeque Timná, el jeque Alvá, el jeque Yetet, 41el jeque Oholibamá, el jeque Elá, el jeque Pinón. 42el jeque Quenaz, el jeque Temán, el jeque Mibsar, 43el jeque Magdiel, el jeque Iram. Estos son los jeques de Edom, según sus moradas, en las tierras que ocupan. Este es Esaú padre de Edom.

CAPÍTULO 37. 1Jacob, por su parte, se estableció en el que fue país residencial de su padre, el país de Canaán.

SEXTA PARTE: LA HISTORIA DE JOSÉ La historia de José se distingue considerablemente de los relatos anteriores. La narración tiene ahora una trama mucho más compleja y elaborada. Ya no está compuesta de escenas breves, más o menos independientes unas de otras, sino que presenta una sucesión dramática. Cada nuevo episodio presupone todas las etapas anteriores y prepara el desenlace final. Además, hay una mayor variedad de personajes y situaciones, que manifiestan una notable maestría en el arte de narrar. El relato tiene como protagonista a José, el primer hijo de Raquel (30. 22-24) y el preferido de su padre Jacob (37.3). Víctima de la envidia de sus hermanos, es llevado de Canaán a Egipto. Pero Dios está con él cuando es vendido como esclavo y acusado injustamente, y lo eleva a la más alta dignidad, para que pueda salvar un día a toda su familia asediada por el hambre. De esta manera, el Señor va preparando secretamente el nacimiento de su Pueblo elegido. Con la llegada de Jacob y sus hijos a Egipto, se cierra la etapa de la historia patriarcal, que sirve de preludio a la epopeya del Éxodo. José es presentado como el ideal del hombre sabio y prudente, y toda su vida encierra una lección de sabiduría. Aquí no hay intervenciones espectaculares del Señor: José no habla familiarmente con Dios como lo habían hecho Abraham, Isaac y Jacob; tampoco recibe una nueva revelación o una confirmación de la Promesa divina. Pero Dios está presente en cada acontecimiento, y sabe valerse de los pecados de los hombres para el bien de sus elegidos, como lo expresa claramente el mismo José, al final del relato (50.20).

Los sueños de José.

Los sueños de José 2Esta es la historia de Jacob. José tenía diecisiete años. Estaba de pastor de ovejas con sus hermanos - él, muchacho todavía, con los hijos de Bilhá y los de Zilpá, mujeres de su padre. Y José comunicó a su padre lo mal que se hablaba de ellos. 3Israel amaba a José más que a todos los demás hijos, por ser para él el hijo de la ancianidad. Le había hecho una túnica de manga larga. 4Vieron sus hermanos cómo le prefería su padre a todos sus otros hijos, y le aborrecieron hasta el punto de no poder ni siquiera saludarle. 5José tuvo un sueño y lo manifestó a sus hermanos, quienes le odiaron más aún
[57]. 6Les dijo: «Oíd el sueño que he tenido. 7Me parecía que nosotros estábamos atando gavillas en el campo, y he aquí que mi gavilla se levantaba y se tenía derecha, mientras que vuestras gavillas le hacían rueda y se inclinaban hacia la mía.» 8Sus hermanos le dijeron: «¿Será que vas a reinar sobre nosotros o que vas a tenernos domeñados?» Y acumularon todavía más odio contra él por causa de sus sueños y de su palabras. 9Volvió a tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Díjoles: «He tenido otro sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.» 10Se lo contó a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió y le dijo: «¿Qué sueño es ése que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a venir a inclinarnos ante ti hasta el suelo?» 11Sus hermanos le tenían envidia, mientras que su padre reflexionaba.

José atacado por sus hermanos.

José atacado por sus hermanos 12Fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem, 13y dijo Israel a José: «¿No están tus hermanos pastoreando en Siquem? Ve de mi parte a donde ellos.» Dijo: «Estoy listo.» 14Díjole: «Anda, vete a ver si tus hermanos siguen sin novedad, y lo mismo el ganado, y tráeme noticias.» Le envió, pues, desde el valle de Hebrón, y José fue a Siquem. 15Encontróse con él un hombre mientras estaba discurriendo por el campo. El hombre le preguntó: «¿Qué buscas?» 16Díjole: «Estoy buscando a mis hermanos. Indícame, por favor, dónde están pastoreando.» 17El hombre le dijo: «Partieron de aquí, pues yo les oí decir: "Vamos a Dotán."» José fue detrás de sus hermanos y los encontró en Dotán
[58]. 18Ellos le vieron de lejos, y antes que se les acercara, conspiraron contra él para matarle, 19y se decían mutuamente: «Por ahí viene el soñador. 20Ahora, pues, venid, matémosle y echémosle en un pozo cualquiera, y diremos que algún animal feroz le devoró. Veremos entonces en qué paran sus sueños.» 21Rubén lo oyó y le libró de sus manos. Dijo: «No atentemos contra su vida.» 22Rubén les dijo: «No derraméis sangre. Echadle a ese pozo que hay en el páramo, pero no pongáis la mano sobre él.» Su intención era de salvarle de sus hermanos para devolverle a su padre. 23Y ocurrió, que cuando llegó José donde sus hermanos, éstos despojaron a José de su túnica - aquella túnica de manga larga que llevaba puesta -, 24y echándole mano le arrojaron al pozo. Aquel pozo estaba vacío, sin agua. 25Luego se sentaron a comer. Y levantando los ojos divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, con camellos cargados de almáciga, sandáraca y ládano, que iban bajando hacia Egipto.

José llevado a Egipto.

José llevado a Egipto 26Entonces dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué aprovecha el que asesinemos a nuestro hermano y luego tapemos su sangre? 27Venid vamos a venderle a los ismaelitas, pero no pongamos la mano en él, porque es nuestro hermano, carne nuestra.» Y sus hermanos asintieron. 28Pasaron unos madianitas mercaderes, y descubriéndole subieron a José del pozo. Vendieron a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata, y éstos se llevaron a José a Egipto. 29Vuelve Rubén al pozo, y he aquí que José nos estaba en el pozo. El desgarró sus ropas, 30y volviendo donde sus hermanos les dijo: «El niño no aparece, y yo ¿qué hago ahora?» 31Entonces tomaron la túnica de José, y degollando un cabrito, tiñeron la túnica en sangre, 32y enviaron la túnica de manga larga, haciéndola llegar hasta su padre con este recado: «Esto hemos encontrado: examina si se trata de la túnica de tu hijo, o no.» 33El la examinó y dijo: «¡Es la túnica de mi hijo! ¡Algún animal feroz le ha devorado! ¡José ha sido despedazado!» 34Jacob desgarró su vestido, se echó un sayal a la cintura e hizo duelo por su hijo durante muchos días. 35Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarle, pero él rehusaba consolarse y decía: «Voy a bajar en duelo al seol donde mi hijo.» Y su padre le lloraba. 36Por su parte, los madianitas, llegados a Egipto, le vendieron a Putifar, eunuco del Faraón y capitán de los guardias
[59].

CAPÍTULO 38.

Judá y Tamar.

1Por aquel tiempo bajó Judá de donde sus hermanos para dirigirse a cierto individuo de Adullam llamado Jirá. 2Allí conoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa y tomándola por esposa se llegó a ella; 3ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er. 4Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán. 5Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle a luz. 6Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar. 7Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahveh, Yahveh le hizo morir. 8Entonces Judá dijo a Onán: «Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano.» 9Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano. 10Pareció mal a Yahveh lo que hacía y le hizo morir también a él
[60]. 11Entonces dijo Judá a su nuera Tamar: «Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá.» Pues se decía: «Por si acaso muere también él, lo mismo que sus hermanos.» Tamar se fue y quedó en casa de su padre. 12Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo consolado, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá su compañero adulamita. 13Se lo notificaron a Tamar: «Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su rebaño.» 14Entonces ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien disfrazada se sentó en Petaj Enáyim, que está a la vera del camino de Timná. Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por mujer [61]. 15Judá la vio y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro, 16y desviándose hacia ella dijo: «Déjame ir contigo» - pues no la reconoció como su nuera. Dijo ella: «¿Y qué me das por venir conmigo?» - 17«Te mandaré un cabrito de mi rebaño.» - «Si me das prenda hasta que me lo mandes...» - 18«¿Qué prenda he de darte?» - «Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano.» El se lo dio y se unió a ella, la cual quedó encinta de él. 19Entonces se marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda. 20Judá, por su parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró. 21Preguntó a los del lugar: «¿Dónde está la ramera aquella que había en Enáyim, a la vera del camino?» - «Ahí no ha habido ninguna ramera» - dijeron. 22Entonces él se volvió donde Judá y dijo: «No la he encontrado; y los mismos lugareños me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera.» 23«Pues que se quede con ello - dijo Judá -; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado.» 24Ahora bien, como a los tres meses aproximadamente, Judá recibió este aviso: «Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de ello.» Dijo Judá: «Sacadla y que sea quemada.» 25Pero cuando ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: «Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta», y añadía: «Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y este bastón.» 26Judá lo reconoció y dijo: «Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no la he dado por mujer a mi hijo Selá.» Y nunca más volvió a tener trato con ella.

Los hijos de Tamar.

Los hijos de Tamar 27Al tiempo del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre. 28Y ocurrió que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano, y la partera le agarró y le ató una cinta escarlata a la mano, diciendo: «Este ha salido primero.» 29Pero entonces retiró él la mano, y fue su hermano el que salió. Ella dijo: «¡Cómo te has abierto brecha!» Y le llamó Peres. 30Detrás salió su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj.

CAPÍTULO 39.

José, mayordomo de Putifar.

1José fue bajado a Egipto, y le compró un egipcio, Putifar, eunuco del Faraón y jefe de los guardias; le compró a los ismaelitas que le habían bajado allá. 2Yahveh asistió a José, que llegó a ser un hombre afortunado, mientras estaba en casa de su señor egipcio. 3Este echó de ver que Yahveh estaba con él y que Yahveh hacía prosperar todas sus empresas. 4José ganó su favor y entró a su servicio, y su señor le puso al frente de su casa y todo cuanto tenía se lo confió. 5Desde entonces le encargó de toda su casa y de todo lo que tenía, y Yahveh bendijo la casa del egipcio en atención a José, extendiéndose la bendición de Yahveh a todo cuanto tenía en casa y en el campo. 6El mismo dejó todo lo suyo en manos de José y, con él, ya no se ocupó personalmente de nada más que del pan que comía. José era apuesto y de buena presencia.

José y la mujer de Putifar.

José y la mujer de Putifar 7Tiempo más tarde sucedió que la mujer de su señor se fijó en José y le dijo: «Acuéstate conmigo.» 8Pero él rehusó y dijo a la mujer de su señor: «He aquí que mi señor no me controla nada de lo que hay en su casa, y todo cuanto tiene me lo ha confiado. 9¿No es él mayor que y o en esta casa? Y sin embargo, no me ha vedado absolutamente nada más que a ti misma, por cuanto eres su mujer. ¿Cómo entonces voy a hacer este mal tan grande, pecando contra Dios?» 10Ella insistía en hablar a José día tras día, pero él no accedió a acostarse y estar con ella. 11Hasta que cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo y coincidió que no había ninguno de casa allí dentro. 12Entonces ella le asió de la ropa diciéndole: «Acuéstate conmigo.» Pero él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo afuera. 13Entonces ella, al ver que había dejado la ropa en su mano, huyó también afuera y gritó a los de su casa diciéndoles: 14- «¡Mirad! Nos ha traído un hebreo para que se burle de nosotros. Ha venido a mí para acostarse conmigo, poro yo he gritado, 15y al oírme levantar la voz y gritar, ha dejado su vestido a mi lado y ha salido huyendo afuera.»

El arresto de José.

El arresto de José 16Ella depositó junto a sí el vestido de él, hasta que vino su señor a casa, 17y le repitió esto mismo: «Ha entrado a mí ese siervo hebreo que tú nos trajiste, para abusar de mí; 18pero yo he levantado la voz y he gritado, y entonces ha dejado él su ropa junto a mí y ha huido afuera.» 19Al oír su señor las palabras que acababa de decirle su mujer: - «Esto ha hecho conmigo tu siervo» - se encolerizó. 20Y el señor de José le prendió y le puso en la cárcel, en el sitio donde estaban los detenidos del rey. Allí se quedó en presidio. 21Pero Yahveh asistió a José y le cubrió con su misericordia, haciendo que se ganase el favor del alcaide. 22El alcaide confió a José todos los detenidos que había en la cárcel; todo lo que se hacía allí, lo hacía él. 23El alcaide no controlaba absolutamente nada de cuanto administraba José, ya que Yahveh le asistía y hacía prosperar todas sus empresas.

CAPÍTULO 40.

Los sueños de los funcionarios del Faraón.

1Después de estas cosas sucedió que el escanciador y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto. 2El Faraón se enojó contra sus dos eunucos, contra el jefe de los escanciadores y el jefe de los panaderos, 3y les puso bajo la custodia en casa del jefe de los guardias, en prisión, en el lugar donde estaba detenido José. 4El jefe de los guardias encargó de ellos a José, para que les sirviese. Así pasaban los días en presidio. 5Aconteció que ambos soñaron sendos sueños en una misma noche, cada cual con su sentido propio: el escanciador y el panadero del rey de Egipto que estaban detenidos en la prisión. 6José vino a ellos por la mañana, y los encontró preocupados. 7Preguntó, pues, a los eunucos del Faraón, que estaban con él en presidio en casa de su señor: «¿Por qué tenéis hoy mala cara?» 8«Hemos soñado un sueño - le dijeron - y no hay quien lo interprete.» José les dijo: «¿No son de Dios los sentidos ocultos? Vamos, contádmelo a mí.» 9El jefe de los escanciadores contó su sueño a José y le dijo: «Voy con mi sueño. Resulta que yo tenía delante una cepa, 10y en la cepa tres sarmientos, que nada más echar yemas, florecían enseguida y maduraban las uvas en sus racimos. 11Yo tenía en la mano la copa del Faraón, y tomando aquellas uvas, las exprimía en la copa del Faraón, y ponía la copa en la mano del Faraón.» 12José dijo: «Esta es la interpretación: los tres sarmientos, son tres días. 13Dentro de tres días levantará el Faraón tu cabeza: te devolverá a tu cargo, y pondrás la copa del Faraón en su mano, lo mismo que antes, cuando eras su escanciador. 14A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces el favor de hablar de mí al Faraón para que me saque de esta casa. 15Pues fui raptado del país de los hebreos, y por lo demás, tampoco aquí hice nada para que me metieran en el pozo.» 16Vio el jefe panaderos que era buena la interpretación y dijo a José: «Voy con mi sueño: Había tres cestas de pan candeal sobre mi cabeza. 17En la cesta de arriba había de todo lo que come el Faraón de panadería, pero los pájaros se lo comían de la cesta, de encima de mi cabeza.» 18Respondió José: «Esta es su interpretación. Las tres cestas, son tres días. 19A vuelta de tres días levantará el Faraón tu cabeza y te colgará en un madero, y las aves se comerán la carne que te cubre.» 20Al tercer día, que era el natalicio del Faraón, dio éste un banquete para todos sus servidores, y levantó la cabeza del jefe de escanciadores y la del jefe de panaderos en presencia de sus siervos. 21Al jefe de escanciadores le restituyó en su oficio, y volvió a poner la copa en manos del Faraón. 22En cuanto al jefe de panaderos, le colgó: tal y como les había interpretado José. 23Pero el jefe de escanciadores no se acordó de José, sino que le echó en olvido.

CAPÍTULO 41.

Los sueños del Faraón.

1Al cabo de dos años. El Faraón soñó que se encontraba parado a la vera del río. 2De pronto suben del río siete vacas hermosas y lustrosas que se pusieron a pacer en el carrizal. 3Pero he aquí que detrás de aquéllas subían del río otras siete vacas, de mal aspecto y macilentas, las cuales se pararon cabe las otras vacas en la margen del río, 4y las vacas de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y lustrosas. Entonces el Faraón se despertó. 5Y vuelto a dormirse soñó otra vez que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas y buenas. 6Pero he aquí que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas 7y las espigas flacas consumieron a las siete lozanas y llenas. Despertó el Faraón, y he aquí que era un sueño. 8Aquella mañana estaba inquieto su espíritu y envió a llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto. El Faraón les contó su sueño, pero no hubo quien se lo interpretara al Faraón. 9Entonces el jefe de escanciadores habló al Faraón diciéndole: «Hoy me acuerdo de mi yerro. 10El Faraón se había enojado contra sus siervos y me había puesto bajo custodia en casa del jefe de los guardias a mí y al jefe de panaderos. 11Entonces tuvimos sendos sueños en una misma noche, tanto yo como él, cada uno con su sentido propio. 12Había allí con nosotros un muchacho hebreo, siervo del jefe de los guardias. Le contamos nuestro sueño, y él nos dio el sentido propio de cada cual. 13Y resultó que según nos lo había interpretado, así fue: A mí me restituyó el Faraón en mi puesto, y a él le colgó.»

La interpretación de los sueños del Faraón.

La interpretación de los sueños del Faraón 14El Faraón mandó llamar a José y le sacaron del pozo con premura, se afeitó y mudó de vestido y compareció ante el Faraón. 15Dijo el Faraón a José: «He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, pero he oído decir de ti que te basta oír un sueño para interpretarlo.» 16Respondió José al Faraón: «No hablemos de mí, que Dios responda en buena hora al Faraón.» 17Y refirió el Faraón a José su sueño: «Resulta que estaba yo parado a la orilla del río, 18cuando de pronto suben del río siete vacas lustrosas y de hermoso aspecto, las cuales pacían en el carrizal. 19Pero he aquí que otras siete vacas subían detrás de aquéllas, de muy ruin y mala catadura y macilentas, que jamás vi como aquéllas en toda la tierra de Egipto, de tan malas. 20Y las siete vacas macilentas y malas se comieron a las siete vacas primeras, las lustrosas. 21Pero una vez que las tuvieron dentro, ni se conocía que las tuviesen, pues su aspecto seguía tan malo como al principio. Entonces me desperté, 22y volví a ver en sueños cómo siete espigas crecían en una misma caña, henchidas y buenas. 23Pero he aquí que otras siete espigas secas, flacas y asolanadas, brotaban después de aquéllas 24y consumieron las espigas flacas a las siete espigas hermosas. Se lo he dicho a los magos, pero no hay quien me lo explique.» 25José dijo al Faraón: «El sueño del Faraón es uno solo: Dios anuncia al Faraón lo que va a hacer. 26Las siete vacas buenas son siete años de abundancia y las siete espigas buenas, siete años son: porque el sueño es uno solo. 27Y las siete vacas macilentas y malas que subían después de aquéllas, son siete años; e igualmente las siete espigas flacas y asolanadas, es que habrá siete años de hambre. 28Esto es lo que yo he dicho al Faraón. Lo que Dios va a hacer lo ha mostrado al Faraón. 29He aquí que vienen siete años de gran hartura en todo Egipto. 30Pero después sobrevendrán otros siete años de hambre y se olvidará toda la hartura en Egipto, pues el hambre asolará el país, 31y no se conocerá hartura en el país, de tanta hambre como habrá. 32Y el que se haya repetido el sueño del Faraón dos veces, es porque la cosa es firme de parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla. 33Ahora, pues, fíjese el Faraón en algún hombre inteligente y sabio, y póngalo al frente de Egipto. 34Hágalo así el Faraón: ponga encargados al frente del país y exija el quinto a Egipto durante los siete años de abundancia. 35Ellos recogerán todo el comestible de esos años buenos que vienen, almacenarán el grano a disposición del Faraón en las ciudades, y lo guardarán. 36De esta forma quedarán registradas las reservas de alimento del país para los siete años de hambre que habrá en Egipto, y así no perecerá el país de hambre.»

La designación de José como primer ministro.

La designación de José como primer ministro 37Pareció bien el discurso al Faraón y a todos sus servidores, 38y dijo el Faraón a sus servidores: «¿Acaso se encontrará otro como éste que tenga el espíritu de Dios?» 39Y dijo el Faraón a José: «Después de haberte dado a conocer Dios todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 40Tú estarás al frente de mi casa, y de tu boca dependerá todo mi pueblo. Tan sólo el trono dejaré por encima de ti.» 41Dijo el Faraón a José: «Mira: te he puesto al frente de todo el país de Egipto.» 42Y el Faraón se quitó el anillo de la mano y lo puso en la mano de José, le hizo vestir ropas de lino fino y le puso el collar de oro al cuello, 43luego le hizo montar en su segunda carroza, e iban gritando delante de él: «¡Abrek!» Así le puso al frente de todo el país de Egipto. 44Dijo el Faraón a José: «Yo, Faraón: sin tu licencia no levantará nadie mano ni pie en todo Egipto.» 45El Faraón llamó a José Safnat Panéai y le dio por mujer a Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On. Y salió José con autoridad sobre el país de Egipto. 46Tenía José treinta años cuando compareció ante el Faraón, rey de Egipto, y salió José de delante del Faraón, y recorrió todo Egipto. 47La tierra produjo con profusión durante los siete años de abundancia 48y él hizo acopio de todos los víveres de los siete años en que hubo hartura en Egipto poniendo en cada ciudad los víveres de la campiña circundante. 49José recolectó grano como la arena del mar, una enormidad, hasta tener que desistir de contar porque era innumerable.

Los hijos de José.

Los hijos de José 50Antes que sobreviniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos que le dio Asnat, la hija de Poti Fera, sacerdote de On. 51Llamó José al primogénito Manasés, porque - decía - «Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y la casa de mi padre,» 52y al segundo le llamó Efraím, porque - decía - «me ha hecho fructificar Dios en el país de mi aflicción». 53Concluyéronse los siete años de hartura que hubo en Egipto, 54y empezaron a llegar los siete años de hambre como había predicho José. Hubo hambre en todas las regiones; pero en todo Egipto había pan. 55Toda la tierra de Egipto sintió también hambre, y el pueblo clamó al Faraón pidiendo pan. Y dijo el Faraón a todo Egipto: «Id a José: haced lo que él os diga.» 56- El hambre cundió par toda la haz de la tierra. - Entonces José sacó todas las existencias y abasteció de grano a Egipto. Arreciaba el hambre en Egipto; 57de todos los países venían también a Egipto para proveerse comprando grano a José, porque el hambre cundía por toda la tierra.

CAPÍTULO 42.

El primer viaje de los hermanos de José a Egipto.

1Vio Jacob que se repartía grano en Egipto, y dijo Jacob a sus hijos: «¿Por qué os estáis ahí mirando? 2Yo tengo oído que hay reparto de grano en Egipto. Bajad a comprarnos grano allí, para que vivamos y no muramos.» 3Bajaron, pues, los diez hermanos de José a proveerse de grano en Egipto; 4pero a Benjamín, hermano de José, no le envió Jacob con sus hermanos, pues se decía: «No vaya a sucederle alguna desgracia.» 5Fueron, pues, los hijos de Israel a comprar con otros que iban, pues había hambre en el país cananeo.

El primer encuentro de José con sus hermanos.

El primer encuentro de José con sus hermanos 6José era el que regía en todo el país, y él mismo en persona era el que distribuía grano a todo el mundo. Llegaron los hermanos de José y se inclinaron rostro en tierra. 7Vio José a sus hermanos y los reconoció, pero él no se dio a conocer, y hablándoles con dureza les dijo: «¿De dónde venís?» Dijeron: «De Canaán, para comprar víveres.» 8O sea, que José reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron. 9José entonces se acordó de aquellos sueños que había soñado respecto a ellos, y les dijo: «Vosotros sois espías, que venís a ver los puntos desguarnecidos del país.» 10Dijéronle: «No, señor, sino que tus siervos han venido a proveerse de víveres. 11Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y somos gente de bien: tus siervos no son espías.» 12Díjoles: «Nada de eso: a lo que venís es a ver los puntos desguarnecidos del país.» 13Dijéronle: «Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo padre, en el país cananeo; sólo que el menor está actualmente con nuestro padre, y el otro no existe.» 14José replicó: «Lo que yo os dije: sois espías. 15Con esto seréis probados, ¡por vida del Faraón!, no saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano pequeño acá. 16Enviad a cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro hermano, mientras los demás quedáis presos. Así serán comprobadas vuestras afirmaciones, a ver si la verdad está con vosotros. Que si no, ¡por vida del Faraón!, espías sois.» 17Y los puso bajo custodia durante tres días. 18Al tercer día les dijo José: «Haced esto - pues yo también temo a Dios - y viviréis. 19Si sois gente de bien, uno de vuestros hermanos se quedará detenido en la prisión mientras los demás hermanos vais a llevar el grano que tanta falta hace en vuestras casas. 20Luego me traéis a vuestro hermano menor; entonces se verá que son verídicas vuestras palabras y no moriréis.» - Así lo hicieron ellos. - 21Y se decían el uno al otro: «A fe que somos culpables contra nuestro hermano, cuya angustia veíamos cuando nos pedía que tuviésemos compasión y no le hicimos caso. Por eso nos hallamos en esta angustia.» 22Rubén les replicó: «!? Nos os decía yo que no pecarais contra el niño y no me hicisteis caso? ¡Ahora se reclama su sangre!» 23Ignoraban ellos que José les entendía, porque mediaba un intérprete entre ellos. 24Entonces José se apartó de su lado y lloró; y volviendo donde ellos tomó a Simeón y le hizo amarrar a vista de todos. 25Mandó José que se les llenaran los envases de grano, que se devolviera a cada uno su dinero en la talega, y que se les pusiera provisiones para el camino; así se hizo con ellos. 26Ellos pusieron su cargamento de grano sobre los burros, y se fueron de allí.

La vuelta de los hermanos de José a Canaán.

La vuelta de los hermanos de José a Canaán 27Al ir a hacer noche, uno de ellos abrió su talega para dar pienso a su burro, y vio que su dinero estaba en la boca de la talega de grano. 28Y dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero; lo tengo aquí en mi talega.» Se quedaron sin aliento, y se miraban temblando y diciendo: «¿Qué es esto que ha hecho Dios con nosotros?» 29Llegaron donde su padre, a Canaán, y le manifestaron todas sus aventuras, diciéndole: 30«El hombre que es señor del país ha hablado con nosotros duramente y nos ha tomado por espías del país. 31Nosotros le hemos dicho que éramos gente de bien y no espías, 32que éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros no existía, y que el otro se encontraba actualmente con nuestro padre en Canaán. 33Entonces nos dijo el hombre que es señor del país: "De este modo conoceré si sois gente de bien; dejad conmigo a uno de vosotros, tomad lo que hace falta en vuestras casas y marchaos 34a buscarme a vuestro hermano pequeño. Así conoceré que no sois espías, sino gente de bien. Entonces os entregaré a vuestro hermano y circularéis libremente por el país."» 35Ahora bien, cuando estaban vaciando sus talegas, he aquí que cada uno tenía su dinero en la talega, y tanto ellos como su padre, al ver las bolsas, sintieron miedo. 36Su padre Jacob les dijo: «Me dejáis sin hijos: Falta José, falta Simeón, y encima vais a quitarme a Benjamín. Esto acabará conmigo.» 37Dijo Rubén a su padre: «Que mueran mis dos hijos si no te lo traemos. Confíalo a mí y yo te lo devolveré.» 38Replicó: «No bajará mi hijo con vosotros, pues su hermano está muerto y sólo me queda él. Si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje que vais a hacer, entonces haríais bajar mi vejez con pena al seol.»

CAPÍTULO 43.

El segundo viaje de los hermanos de José a Egipto.

1El hambre seguía abrumando la tierra. 2Así pues, en cuanto acabaron de consumir el grano traído de Egipto, les dijo su padre: «Volved y compradnos algo de comer.» 3Judá le dijo: «Bien claro nos dio a entender aquel hombre que no veríamos su rostro si no estaba con nosotros nuestro hermano. 4Si mandas a nuestro hermano con nosotros, bajaremos y te compraremos víveres; 5pero si no le mandas, no bajamos, porque aquel hombre nos dijo: "No os presentéis a mí si no está vuestro hermano con vosotros."» 6Dijo Israel: «¿Por qué para desgracia mía hicisteis saber a ese hombre que teníais otro hermano?» 7Dijeron: «!Él empezó preguntándonos por nuestra familia, diciéndonos: ¿Tenéis aún padre? ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano? Y nosotros nos limitamos a responder a sus palabras. ¿Podíamos saber que iba a decirnos: Bajad a vuestro hermano?» 8Dijo Judá a su padre Israel: «Deja ir al chico conmigo; deja que vayamos para vivir y no morir ni nosotros, ni tú, ni nuestros pequeños. 9Yo respondo de él, de mi mano lo exigirás si no lo trajere aquí y te lo presentare, y estaría yo en falta contigo a perpetuidad. 10Que lo que es, si no nos hubiéramos entretenido, para estas horas ya estaríamos de vuelta.» 11Díjoles su padre Israel: «Siendo así, hacedlo; llevaos de lo más fino del país en vuestras cestas, y bajad a aquel hombre un regalo, un poco de sandácara, un poco de miel, almáciga y ládano, pistachos y almendras. 12Tomáis también con vosotros el doble de plata y devolvéis personalmente la plata devuelta en la boca de vuestras talegas, por si se trata de un error. 13Tomad, pues, a vuestro hermano y volved inmediatamente donde ese hombre; 14que El Sadday os haga hallar misericordia ante ese hombre, y que él os despache y suelte a vuestro otro hermano, y a Benjamín. Por mi parte, si he de perder a mis hijos, qué le vamos a hacer.» 15Ellos tomaron dicho regalo y el doble de plata consigo, y asimismo a Benjamín, y poniéndose en marcha bajaron a Egipto y se presentaron a José. 16José vio con ellos a Benjamin, y dijo a su mayordomo: «Lleva a esos hombres a casa, mata algún animal y lo preparas, porque esos hombres van a comer conmigo a mediodía.» 17El hombre hizo como le había dicho José, y llevó a los hombres a casa de José. 18Ellos se asustaron porque se les llevaba a casa de José, y dijeron: «Es por lo de la plata devuelta en nuestros sacos la otra vez, por lo que se nos trae acá, para ponernos alguna trampa, caer sobre nosotros y reducirnos a esclavitud, junto con nuestros asnos.» 19Y acercándose al mayordomo de José le dijeron a la puerta de la casa: 20«Por favor, señor, nosotros bajamos anteriormente a comprar víveres. 21Pero resultó que cuando fuimos a hacer noche y abrimos nuestras talegas de grano, nos encontramos con que la plata de cada uno estaba en la boca de su talega, nuestra plata bien pesada, y la hemos devuelto con nosotros, 22y además traemos con nosotros más plata para comprar víveres. Ignoramos quién puso nuestra plata en nuestras talegas.» 23Díjoles: «La paz sea con vosotros, no temáis. Vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os puso ese tesoro en las talegas. Vuestra plata ya me llegó.» Y les sacó a Simeón. 24Luego los introdujo en casa de José, les dio agua y se lavaron los pies, y les dio pienso para sus asnos. 25Entonces ellos prepararon el regalo, mientras llegaba José a mediodía, pues oyeron que iban a comer allí.

El segundo encuentro de José con sus hermanos.

El segundo encuentro de José con sus hermanos 26Al entrar José en casa, le presentaron el regalo que llevaban consigo y se inclinaron hasta el suelo. 27El les saludó y les preguntó: «Vuestro anciano padre de quien me hablasteis, ¿vive aún?» 28Y le dijeron: «Está bien tu siervo, nuestro padre: todavía vive.» Y postrándose se inclinaron. 29Entonces José volvió los ojos y vio a Benjamín, su hermano de madre, y dijo: «¿Este es vuestro hermano menor, de quien me hablasteis?» Y añadió: «Dios te guarde, hijo mío.» 30José tuvo que darse prisa, porque le daban ganas de llorar de emoción por su hermano, y entrando en el cuarto lloró allí. 31Luego se lavó la cara, salió y conteniéndose dijo: «Servid la comida.» 32Y le sirvieron a él aparte, aparte a ellos, y aparte a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no soportan comer con los hebreos, cosa detestable para ellos. 33Sentáronse, pues, delante de él por orden de antigüedad, de mayor a menor, y unos a otros se daban muestras de asombro. 34El fue tomando de delante de sí raciones para ellos, y la ración de Benjamín era cinco veces mayor que la de todos los demás. Ellos bebieron y se alegraron en su compañía.

CAPÍTULO 44.

La última prueba de José a sus hermanos.

1Entonces él dio esta orden a su mayordomo: «Llena de víveres las talegas de estos hombres, cuanto quepa en ellas, y pones el dinero de cada uno en la boca de su talega. 2Y mi copa, la copa de plata, la pones en la boca del saco del pequeño, además del dinero de su compra.» Y él hizo conforme a lo que había dicho José. 3Alumbró el día, y se les despachó a ellos con sus asnos. 4Salieron de la ciudad, y no bien se habían alejado, cuando José dijo a su mayordomo: «Levántate y persigue a esos hombres, les das alcance y les dices: ¿Por qué habéis pagado mal por bien? 5¡Se trata nada menos que de lo que utiliza mi señor para beber, y también para sus adivinaciones! ¡Qué mal habéis obrado!»
[62] 6El les alcanzó y les habló a este tenor. 7Ellos le dijeron: «¿Por qué habla mi señor de ese modo? ¡Lejos de tus siervos hacer semejante cosa! 8De modo que te hemos devuelto desde Canaán la plata que encontramos en la boca de nuestras talegas, ¿e íbamos a robar ahora de casa de nuestro señor plata ni oro? 9Aquel de tus siervos a quien se le encuentre, que muera; y también los demás nos haremos esclavos del señor.» 10Dijo: «Sea así como decís: aquel a quien se le encuentre, será mi esclavo; pero los demás quedaréis disculpados.» 11Ellos se dieron prisa en bajar sus talegas a tierra y fueron abriendo cada cual la suya; 12él les registró empezando por el grande y acabando por el chico, y apareció la copa en la talega de Benjamín. 13Entonces rasgaron ellos sus túnicas, y cargando cada cual su burro regresaron a la ciudad. 14Judá y sus hermanos entraron a casa de José, que todavía estaba allí, y cayeron rostro en tierra. 15José les dijo: «¿Qué habéis hecho? ¡ignorabais que uno como yo tenía que adivinarlo sin falta?» 16Judá dijo: «¿Qué vamos a decir al señor, qué vamos a hablar, qué excusa vamos a dar? Dios ha hallado culpables a sus siervos, y henos aquí como esclavos de nuestro señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder ha aparecido la copa.» 17Replicó: «¡Lejos de mí, hacer eso! Aquel a quien se le ha hallado la copa, ése será mi esclavo, que los demás subiréis sin novedad donde vuestro padre.»

La intervención de Judá en favor de Benjamín.

La intervención de Judá en favor de Benjamín 18Entonces se le acercó Judá y le dijo: «Con permiso, señor, tu siervo va a pronunciar una palabra a los oídos de mi señor, y que no se encienda tu ira contra tu siervo, pues tú eres como el mismo Faraón. 19Mi señor preguntó a sus siervos: "¿Tenéis padre o algún hermano?" 20Y nosotros dijimos a mi señor: «"Sí, tenemos padre anciano, y un hijo pequeño de su ancianidad. Otro hermano de éste murió; sólo le ha quedado éste de su madre, y su padre le quiere." 21Entonces tú dijiste a tus siervos: «Bajádmelo, que ponga mis ojos sobre él." 22Y dijimos a mi señor: "Imposible que el muchacho deje a su padre, pues si le dejara, éste moriría." 23Pero dijiste a tus siervos: "Pues si no baja vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis a verme la cara." 24Así pues, cuando subimos nosotros a mi padre, tu siervo, le expusimos las palabras de mi señor. 25Nuestro padre dijo: "Volved y compradnos algo de comer." 26Dijimos: "No podemos bajar, a menos que nuestro hermano pequeño vaya con nosotros. En ese caso sí bajaríamos. Porque no podemos presentarnos a aquel hombre si no está con nosotros nuestro hermano el pequeño." 27Mi padre, tu siervo, nos dijo: "Bien sabéis que mi mujer me dio a los dos: 28el uno se me marchó, y dije que seguramente habría sido despedazado, y no le he vuelto a ver más hasta ahora. 29Y ahora os lleváis también a éste de mi presencia, y le ocurre alguna desgracia, y habréis hecho bajar mi ancianidad al seol con amargura." 30Ahora, pues, cuando yo llegue a donde mi padre, tu siervo, y el muchacho no esté con nosotros, teniendo como tiene el alma tan apegada a la suya, 31en cuanto vea que falta el muchacho morirá, y tus siervos habrán hecho bajar la ancianidad de nuestro padre, tu siervo, con tristeza al seol. 32La verdad es que tu siervo ha traído al muchacho de junto a su padre bajo palabra de que: "Si no te lo traigo, quedaré en falta para con mi padre a perpetuidad." 33Ahora, pues, que se quede tu siervo en vez del muchacho como esclavo de mi señor, y suba el muchacho con sus hermanos. 34Porque ¿cómo subo yo ahora a mi padre sin el muchacho conmigo? ¡No quiero ni ver la aflicción en que caerá mi padre!»

CAPÍTULO 45.

El desenlace de la historia de José.

1Ya no pudo José contenerse delante de todos los que en pie le asistían y exclamó: «Echad a todo el mundo de mi lado.» Y no quedó nadie con él mientras se daba a conocer José a sus hermanos. 2(Y se echó a llorar a gritos, y lo oyeron los egipcios, y lo oyó hasta la casa del Faraón.) 3José dijo a sus hermanos: «Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?» Sus hermanos no podían contestarle, porque se habían quedado atónitos ante él. 4José dijo a sus hermanos: «Vamos, acercaos a mí.» Se acercaron, y él continuó: «Yo soy vuestro hermano José, a quien vendisteis a los egipcios. 5Ahora bien, no os pese mal, ni os dé enojo el haberme vendido acá, pues para salvar vidas me envió Dios delante de vosotros. 6Porque con éste van dos años de hambre por la tierra, y aún quedan cinco años en que no habrá arada ni siega. 7Dios me ha enviado delante de vosotros para que podáis sobrevivir en la tierra y para salvaros la vida mediante una feliz liberación. 8O sea, que no fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios, y él me ha convertido en padre del Faraón, en dueño de toda su casa y amo de todo Egipto. 9Subid de prisa a donde mi padre, y decidle: "Así, dice tu hijo José: Dios me ha hecho dueño de todo Egipto; baja a mí sin demora. 10Vivirás en el país de Gosen, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos y nietos, tus ovejas y tus vacadas y todo cuanto tienes. 11Yo te sustentaré allí, pues todavía faltan cinco años de hambre, no sea que quedéis en la miseria tú y tu casa y todo lo tuyo." 12Con vuestros propios ojos estáis viendo, y también mi hermano Benjamín con los suyos, que es mi boca la que os habla. 13Notificad, pues, a mi padre toda mi autoridad en Egipto y todo lo que habéis visto, y en seguida bajad a mi padre acá.» 14Y echándose al cuello de su hermano Benjamín, lloró; también Benjamín lloraba sobre el cuello de José. 15Luego besó a todos sus hermanos, llorando sobre ellos; después de lo cual sus hermanos estuvieron conversando con él. 16En el palacio del Faraón corrió la voz: «Han venido los hermanos de José.» La cosa cayó bien al Faraón y sus siervos, 17y el Faraón dijo a José: «Di a tus hermanos: Haced esto: Cargad vuestras acémilas y poneos inmediatamente en Canaán , 18tomad a vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que yo os daré lo mejor de Egipto, y comeréis lo más pingüe del país. 19Por tu parte, ordénales: Haced esto: Tomad de Egipto carretas para vuestros pequeños y mujeres, y os traéis a vuestro padre. 20Y vosotros mismos no tengáis pena de vuestras cosas, que le mejor de Egipto será para vosotros.» 21Así lo hicieron los hijos de Israel; José les proporcionó carretas por orden del Faraón; y les dio provisiones para el camino. 22A todos ellos dio sendas mudas, pero a Benjamín le dio trescientas piezas de plata y cinco mudas. 23A su padre le envió asimismo diez burros cargados de lo mejor de Egipto y diez asnas cargadas de trigo, pan y víveres para el viaje de su padre. 24Luego despidió a sus hermanos, y cuando se iban les dijo: «No os excitéis en el camino.» 25Subieron, pues, de Egipto y llegaron a Canaán, a donde su padre Jacob, 26y le anunciaron: «Todavía vive José, y es el amo de todo Egipto.» Pero él se quedó impasible, porque no les creía. 27Entonces le repitieron todas las palabras que José les había dicho, vio las carretas que José había enviado para trasportarle, y revivió el espíritu de su padre Jacob. 28Y dijo Israel: «¡Esto me basta! Todavía vive mi hijo José: iré y le veré antes de morirme.»

CAPÍTULO 46.

Jacob y su familia en Egipto.

1Partió Israel con todas sus pertenencias y llegó a Berseba, donde hizo sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2Y dijo Dios a Israel en visión nocturna: «¡Jacob, Jacob!» - «Heme aquí», respondió. - 3«Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te haré una gran nación. 4Y bajaré contigo a Egipto y yo mismo te subiré también. José te cerrará los ojos.» 5Jacob partió de Berseba y los hijos de Israel montaron a su padre Jacob, así como a sus pequeños y mujeres, en las carretas que había mandado el Faraón para trasportarle. 6También tomaron sus ganados y la hacienda lograda en Canaán, y fueron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él. 7Sus hijos y nietos, sus hijas y nietas: a toda su descendencia se la llevó consigo a Egipto.

La familia de Jacob.

La familia de Jacob 8Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos. El primogénito de Jacob: Rubén, 9y los hijos de Rubén: Henoc, Pallú, Jesrón y Karmí; 10los hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; 11los hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí; 12los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj, (¡pero Er y Onán ya habían muerto en Canaán!) y los hijos de Peres: Jesrón y Jamul; 13los hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Yasub y Simrón; 14los hijos de Zabulón: Séred, Elón, Yajleel. 15Estos fueron los hijos que Lía había dado a Jacob en Paddán Aram, y también su hija Dina. Sus hijos y sus hijas eran en total 33 personas. 16Los hijos de Gad: Sefón, Jagguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí. 17Los hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Séraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá: Jéber y Malkiel. 18Estos son los hijos de Zilpá, la que Labán diera a su hija Lía; ella engendró para Jacob estas dieciséis personas. 19Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín. 20A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraím, de Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On. 21Los hijos de Benjamín: Belá, Béker, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Muppim, Juppim y Ard. 22Estos son los hijos que Raquel dio a Jacob. En total catorce personas. 23Los hijos de Dan: Jusim. 24Los hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Sillem. 25Estos son los hijos de Bilhá, la que Labán diera a su hija Raquel, y que aquélla engendró para Jacob: en total siete personas. 26Todas las personas que entraron con Jacob en Egipto, nacidas de sus entrañas, - salvo las mujeres de los hijos de Jacob - hacían un total de 66 personas. 27Los hijos de José, que le habían nacido en Egipto, eran dos. Todas las personas de la casa de Jacob que entraron en Egipto eran setenta.

El encuentro de Jacob con José.

El encuentro de Jacob con José 28Israel mandó a Judá por delante a donde José, para que éste le precediera a Gosen: y llegaron al país de Gosen. 29José engancho su carroza y subió a Gosen, al encuentro de su padre Israel; y viéndole se echó a su cuello y estúvose llorando sobre su cuello. 30Y dijo Israel a José: «Ahora ya puedo morir, después de haber visto tu rostro, pues que tú vives todavía.» 31José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: «Voy a subir a avisar al Faraón y decirle: "Han venido a mí mis hermanos y la casa de mi padre que estaban en Canaán. 32Son pastores de ovejas, pues siempre fueron ganaderos, y, han traído ovejas, vacadas y todo lo suyo.» 33Así, cuando os llame el Faraón y os diga. "¿Cuál es vuestro oficio?", 34le decís: "Ganaderos hemos sido tus siervos desde la mocedad hasta ahora, lo mismo que nuestros padres." De esta suerte os quedaréis en el país de Gosen.» Porque los egipcios detestan a todos los pastores de ovejas
[63].

CAPÍTULO 47.

La entrevista de los hijos de Jacob con el Faraón.

1Vino, pues, José a dar parte al Faraón, diciendo: «Mi padre, mis hermanos, sus ovejas y vacadas y todo lo suyo han venido de Canaán, y ya están en el país de Gosen.» 2Luego, de entre todos sus hermanos tomó consigo a cinco varones y se los presentó al Faraón. 3Dijo el Faraón a los hermanos: «¿Cuál es vuestro oficio?» Respondieron al Faraón: «Pastores de ovejas son tus siervos, lo mismo que nuestros padres.» 4Y dijeron al Faraón: «Hemos venido a residir en esta tierra, porque no hay pastos para los rebaños que tienen tus siervos, por ser grave el hambre en Canaán. Así pues, deja morar a tus siervos en el país de Gosen.» 5-a Y dijo el Faraón a José:

Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto.

Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto 5-b Jacob, y sus hijos vinieron a Egipto donde José. El Faraón, rey de Egipto, se enteró y dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti. 6-a Tienes el territorio egipcio por delante: en lo mejor del país instala a tu padre y tus hermanos.» 6-b «Que residan en el país de Gosen. Y si te consta que hay entre ellos gente capacitada, ponles por rabadanes de lo mío.» 7José llevó a su padre Jacob y le presentó delante del Faraón, y Jacob bendijo al Faraón. 8Dijo el Faraón a Jacob: «¿Cuántos años tienes?» 9Respondió Jacob al Faraón: «Los años de mis andanzas hacen 130 años: pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han llegado a igualar los años de vida de mis padres, en el tiempo de sus andanzas.» 10Bendijo, pues, Jacob al Faraón, y salió de su presencia. 11José instaló a su padre y sus hermanos, asignándoles predio en territorio egipcio, en lo mejor del país, en el país de Ramsés, según lo había mandado el Faraón. 12Y José proveyó al sustento familiar de su padre y sus hermanos y toda la casa de su padre.

La administración administrativa de José.

La habilidad administrativa de José 13No había pan en todo el país, porque el hambre era gravísima y tanto Egipto como Canaán estaban muertos de hambre. 14Entonces José se hizo con toda la plata existente en Egipto y Canaán a cambio del grano que ellos compraban, y llevó José aquella plata al palacio del Faraón. 15Agotada la plata de Egipto y de Canaán, acudió Egipto en masa a José diciendo: «Danos pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia ahora que se ha agotado la plata?» 16Dijo José: «Entregad vuestros ganados y os daré pan por vuestros ganados, ya que se ha agotado la plata.» 17Trajeron sus ganados a José y José les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y burros. Y les abasteció de pan a trueque de todos sus ganados por aquel año. 18Cumplido el año, acudieron al año siguiente y le dijeron: «No disimularemos a nuestro señor que se ha agotado la plata, y también los ganados pertenecen ya a nuestro señor; no nos queda a disposición de nuestro señor nada, salvo nuestros cuerpos y nuestras tierras. 19¿Por qué hemos de morir delante de tus ojos así nosotros como nuestras tierras? Aprópiate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de pan, y nosotros con nuestras tierras pasaremos a ser esclavos del Faraón. Pero danos simiente para que vivamos y no muramos, y el suelo no quede desolado.» 20De este modo se apropió José todo el suelo de Egipto para el Faraón, pues los egipcios vendieron cada uno su campo porque el hambre les apretaba, y la tierra vino a ser del Faraón. 21En cuanto al pueblo, lo redujo a servidumbre, de cabo a cabo de las fronteras de Egipto. 22Tan sólo las tierras de los sacerdotes no se las apropió, porque los sacerdotes tuvieron tal privilegio del Faraón, y comieron de dicho privilegio que les concedió el Faraón. Por lo cual no vendieron sus tierras. 23Dijo entonces José al pueblo: «He aquí que os he adquirido hoy para el Faraón a vosotros y vuestras tierras. Ahí tenéis simiente: sembrad la tierra, 24y luego, cuando la cosecha, daréis el quinto al Faraón y las otras cuatro partes serán para vosotros, para siembra del campo, y para alimento vuestro y de vuestros familiares, para alimento de vuestras criaturas.» 25Dijeron ellos: «Nos has salvado la vida. Hallemos gracia a los ojos de mi señor, y seremos siervos del Faraón.» 26Y José les impuso por norma, vigente hasta la fecha respecto a todo el agro egipcio, dar el quinto al Faraón. Tan sólo el territorio de los sacerdotes no pasó a ser del Faraón.

La última voluntad de Jacob.

La última voluntad de Jacob 27Israel residió en Egipto, en el país de Gosen; se afincaron en él y fueron fecundos y se multiplicaron sobremanera. 28Jacob vivió en Egipto diez y siete años, siendo los días de Jacob, los años de su vida, 147 años. 29Cuando los días de Israel tocaron a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: «Si he hallado gracia a tus ojos, pon tu mano debajo de mi muslo y hazme este favor y lealtad: No me sepultes en Egipto. 30Cuando yo me acueste con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos.» Respondió: «Yo haré según tu palabra.» - 31«Júramelo», dijo. Y José se lo juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de su lecho.

CAPÍTULO 48.

La bendición de Efraím y Manasés.

1Sucedió tras esto que se le dijo a José: «Mira que tu padre está malo.» Entonces él tomó consigo a sus dos hijos Manasés y Efraím, 2y se hizo anunciar a Jacob: «Tu hijo José ha venido a verte.» Entonces Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho. 3Dijo Jacob a José: «El Saday se me apareció en Luz, en país cananeo; me bendijo 4y me dijo: "Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad eterna." 5Pues bien, los dos hijos tuyos que te nacieron en Egipto antes de venir yo a Egipto a reunirme contigo, míos son: Efraím y Manasés, igual que Rubén y Simeón, serán míos. 6En cuanto a la prole que has engendrado después de ellos, tuya será y con el apellido de sus demás hermanos se la citará en orden a la herencia. 7Cuando yo venía de Paddán se me murió en el camino Raquel, tu madre, en el país de los cananeos, a poco trecho para llegar a Efratá, y allí la sepulté, en el camino de Efratá, o sea Belén.» 8Vio Israel a los hijos de José y preguntó: «¿Quiénes son éstos?» 9Dijo José a su padre: «Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí.» Y él dijo: «Tráemelos acá, que yo les bendiga.» 10Los ojos de Jacob se habían nublado por la vejez y no podía ver. Acercóselos, pues, y él los besó y los abrazó. 11Dijo Israel a José: «Yo no sospechaba ver más tu rostro, y ahora resulta que Dios me ha hecho ver también a tus hijos.» 12José los sacó de entre las rodillas de su padre, y se postró ante él rostro en tierra. 13José los tomó a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, y los acercó a éste. 14Israel extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraím, aunque era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés: es decir que cruzó las manos, puesto que Manasés era el primogénito; 15y bendijo a José diciendo: «El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor desde que existo hasta el presente día, 16el Ángel que me ha rescatado de todo mal, bendiga a estos muchachos; sean llamados con mi nombre y con el de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense y crezcan en medio de la tierra.» 17Al ver José que su padre tenía la diestra puesta sobre la cabeza de Efraím, le pareció mal, y asió la mano de su padre para retirarla de sobre la cabeza de Efraím a la de Manasés. 18Y dijo José a su padre: «Así no, padre mío, que éste es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza. 19Pero rehusó su padre, y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será grande. Sin embargo, su hermano será más grande que él, y su descendencia se hará una muchedumbre de gentes. 20Y les bendijo aquel día, diciendo: «Que con vuestro nombre se bendiga en Israel, y se diga: ¡Hágate Dios como a Efraím y Manasés!» - y puso a Efraím por delante de Manassés. - 21Dijo entonces Israel a José: «Yo muero; pero Dios estará con vosotros y os devolverá a la tierra de vuestros padres. 22Yo, por mi parte, te doy Siquem a ti, mejorándote sobre tus hermanos: lo que tomé al amorreo con mi espada y con mi arco.»

CAPÍTULO 49.

El testamento de Jacob.

164 Jacob llamó a sus hijos
[64] y dijo: «Juntaos, y os anunciaré lo que os ha de acontecer en días venideros: 2Apiñaos y oíd, hijos de Jacob, y escuchad a Israel, vuestro padre. 3Rubén, mi primogénito eres tú, mi vigor y las primicias de mi virilidad, plétora de pasión y de ímpetu, 4espumas como el agua: ¡Cuidado, no te desbordes! porque subiste al lecho de tu padre; entonces violaste mi tálamo al subir. 5Simeón y Leví, hermanos; llevaron al colmo la violencia con sus intrigas. 6¡En su conciliábulo no entres, alma mía; a su asamblea no te unas, corazón mío!, porque estando de malas, mataron hombres, y estando de buenas, desjarretaron toros. 7¡Maldita su ira, por ser tan impetuosa, y su cólera, por ser tan cruel! Los dividiré en Jacob, y los dispersaré en Israel. 8A ti, Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; inclínense a ti los hijos de tu padre. 9Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, has vuelto; se recuesta, se echa cual león, o cual leona, ¿quién le hará alzar? 10No se irá de Judá el báculo, el bastón de mando de entre tus piernas. hasta tanto que se le traiga el tributo y a quien rindan homenaje las naciones [65]; 11el que ata a la vid su borriquillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su vestimenta, y en sangre de uvas su sayo; 12el de los ojos encandilados de vino, el de los dientes blancos de leche. 13Zabulón habita en la ribera del mar, y es tripulante de barcos, a horcajadas sobre Sidón. 14Isacar es un borrico corpulento echado entre las aguaderas. 15Aunque ve que el reposo es bueno, y que el suelo es agradable, ofrece su lomo a la carga y termina sometiéndose al trabajo. 16Dan juzgará a su pueblo como cualquiera de las tribus de Israel. 17Sea Dan una culebra junto al camino, una víbora junto al sendero, que pica al caballo en los jarretes y cae su jinete de espaldas. 18En tu salvación espero, Yahveh. 19A Gad atracadores le atracan, pero él atraca su retaguardia. 20Aser tiene pingüe su pan, y da manjares de rey 21Neftalí es una cierva suelta, que da cervatillos hermosos. 22Un retoño es José, retoño junto a la fuente, cuyo vástagos trepan sobre el muro. 23Le molestan y acribillan, le asaltan los flecheros; 24pero es roto su arco violentamente y se aflojan los músculos de sus brazos por las manos del Fuerte de Jacob, por el Nombre del Pastor, la Piedra de Israel, 25por el Dios de tu padre, pues él te ayudará, el Dios Sadday, pues él te bendecirá con bendiciones de los cielos desde arriba, bendiciones del abismo que yace abajo, bendiciones de los pechos y del seno, 26bendiciones de espigas y de frutos, amén de las bendiciones de los montes seculares, y el anhelo de los collados eternos. ¡Sean para la cabeza de José, y para la frente del consagrado entre sus hermanos! 27Benjamín, lobo rapaz; de mañana devora su presa, y a la tarde reparte el despojo.» 28Todas estas son las tribus de Israel, doce en total, y esto es lo que les dijo su padre, bendiciéndoles a cada uno con su bendición correspondiente.

La muerte de Jacob.

La muerte de Jacob 29Luego les dio este encargo: «Yo voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita, 30en la cueva que está en el campo de la Makpelá, enfrente de Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abraham a Efrón el hitita, como propiedad sepulcral: 31allí sepultaron a Abraham y a su mujer Sara; allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lía. 32Dicho campo y la cueva que en él hay fueron adquiridos de los hititas.» 33Y en habiendo acabado Jacob de hacer encargos a sus hijos, recogió sus piernas en el lecho, expiró y se reunió con los suyos.

CAPÍTULO 50.

Los funerales de Jacob.

1José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó. 2Luego encargó José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3Emplearon en ellos cuarenta días, porque este es el tiempo que se emplea con los embalsamados. Y los egipcios le lloraron durante setenta días. 4Transcurridos los días de luto por él, habló José a la casa del Faraón en estos términos: «Si he hallado gracia a vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos del Faraón esta palabra: 5Mi padre me tomó juramento diciendo: "Yo me muero. En el sepulcro que yo me labré en el país de Canaán, allí me has de sepultar." Ahora, pues, permíteme que suba a sepultar a mi padre, y luego volveré.» 6Dijo el Faraón: «Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar.» 7Subió José a enterrar a su padre, y con él subieron todos los servidores del Faraón, los más viejos de palacio, y todos los ancianos de Egipto, 8así como toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Tan sólo a sus pequeñuelos, sus rebaños y vacadas, dejaron en el país de Gosen. 9Subieron con él además carros y aurigas: un cortejo muy considerable. 10Llegados a Goren Haatad, que está allende el Jordán, hicieron allí un duelo muy grande y solemne, y José lloró a su padre durante siete días. 11Los cananeos, habitantes del país, vieron el duelo en Goren Haatad y dijeron: «Duelo de importancia es ése de los egipcios.» Por eso se llamó el lugar Abel Misráyim, que está allende el Jordán. 12Sus hijos, pues, hicieron por él como él se lo había mandado; 13le llevaron sus hijos al país de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de la Makpelá, el campo que había comprado Abraham en propiedad sepulcral a Efrón el hitita, enfrente de Mambré. 14Regresó José a Egipto con sus hermanos, y todos cuantos habían subido con él a sepultar a su padre.

El temor de los hermanos de José.

El temor de los hermanos de José 15Vieron los hermanos de José que había muerto su padre y dijeron: «A ver si José nos guarda rencor y nos devuelve todo el daño que le hicimos.» 16Por eso mandaron a José este recado: «Tu padre encargó antes de su muerte: 17"Así diréis a José: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado." Cierto que te hicieron daño, pero ahora tú perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre.» Y José lloró mientras le hablaban.

La promesa de José a sus hermanos.

La promesa de José a sus hermanos 18Fueron entonces sus hermanos personalmente y cayendo delante de él dijeron: «Henos aquí, esclavos tuyos somos.» 19Replicóles José: «No temáis, ¿estoy yo acaso en vez de Dios? 20Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso. 21Así que no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros pequeñuelos.» Y les consoló y les habló con afecto.

La muerte de José.

La muerte de José 22José permaneció en Egipto junto con la familia de su padre, y alcanzó José la edad de 110 años. 23José vio a los biznietos de Efraím; asimismo los hijos de Makir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José. 24Por último, José dijo a sus hermanos: «Yo muero, pero Dios se ocupará sin falta de vosotros y os hará subir de este país al país que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.» 25José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: «Dios os visitará sin falta, y entonces os llevaréis mis huesos de aquí.» 26Y José murió a la edad de 110 años; le embalsamaron, y se le puso en una caja en Egipto.


NOTAS AL LIBRO DEL GÉNESIS:

    [01] "Hagamos al hombre": el término "hombre" corresponde a la palabra hebrea "adám", que tiene un significado genérico y designa a toda la especie humana. Aquí no se habla de una pareja -"un" hombre y "una" mujer, como en los capítulos 2 y 3- sino de toda la especie humana: es la humanidad como tal la que ha sido creada a imagen de Dios. El plural "hagamos" indica una deliberación de Dios, que pone de relieve la importancia de la obra que él va a realizar.

    [02] El texto hebreo utiliza aquí dos expresiones semejantes, "adám" y "adamá", que significan respectivamente "hombre" y "suelo", para poner de relieve la estrecha relación que existe entre el hombre y el medio donde habita.

    [03] El hombre es mortal por naturaleza y debe retornar al suelo de donde fue sacado (3. l9). Pero Dios, gratuitamente, lo introdujo en "el jardín de Edén", símbolo de la amistad divina, y le concedió el acceso al "árbol de la vida", símbolo de la inmortalidad (v. 9). El mandamiento impuesto por Dios muestra que la amistad con él y el don de la inmortalidad estaban condicionados por la respuesta libre del hombre.

    [04] "El árbol de la ciencia del bien y del mal": la realidad representada por este símbolo no puede ser simplemente el discernimiento moral -prerrogativa que Dios no niega al hombre- sino la facultad de decidir por sí mismo lo que es bueno y malo, independientemente de Dios. Al desobedecer el mandato divino, el hombre reivindica para sí una autonomía que no se conforma con su condición de criatura y usurpa un privilegio exclusivo de Dios.

    [05] La inferioridad social de la mujer era un hecho aceptado en la antigüedad. El relato bíblico, en cambio, muestra que este hecho no responde a la intención original del Creador, sino que es una imperfección introducida en el mundo por el pecado. La mujer ha sido formada "del" hombre; ella es la única ayuda adecuada a él; es "hueso de sus huesos y carne de su carne". Todas estas imágenes indican que el hombre y la mujer participan de un mismo destino y de una misma condición, y explican la íntima relación que los une y que se funda en el atractivo mutuo.

    [06] Si el mundo ha sido creado por Dios, y él solo puede querer el bien de sus criaturas, ¿cómo es que la tierra se ha convertido en un "valle de lágrimas"? El siguiente relato arroja un rayo de luz sobre esta inquietante pregunta. En él se explica que todas las penalidades y miserias que afligen a los hombres no corresponden al designio original de Dios. La situación actual de la humanidad es consecuencia del pecado de "Adán", nombre genérico que designa, a la vez, al primer hombre y a toda la humanidad representada en él. Al transgredir el mandamiento divino, el hombre se privó voluntariamente de los dones que Dios le ofrecía. Y como consecuencia de su pretensión de ser igual a Dios, lo único que experimentó fue su propia "desnudez", es decir, su indigencia absoluta. Pero Dios no abandona a la humanidad pecadora. Por eso, a la "maldición" que pesa sobre la tierra a causa del pecado, el Génesis opone la "bendición", que alcanzará finalmente a todos los hombres, por medio de Abraham y de su descendencia (12. 1-4). Esta descendencia es Cristo, el nuevo Adán, gracias a quien, allí "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom. 5. 20).

    [07] El culto de la "serpiente" estaba extendido por todo el Oriente antiguo. Por su forma y su comportamiento singulares, este animal tenía un simbolismo polivalente: se lo asociaba tanto a las fuerzas de la vida y la fecundidad, como a las representaciones del caos y de la muerte, del misterio y de la ciencia oculta. El texto bíblico describe a la serpiente como un ser hostil a Dios, a quien acusa de mentira y envidia (vs. 4-5), y hostil también al hombre, a quien seduce deliberadamente e induce a transgredir el mandato divino. Además, pone de relieve la "astucia" de la serpiente, y la presenta como conocedora de la propiedad misteriosa escondida en el fruto del árbol. Estos indicios hacen suponer que el autor del relato tiene en vista ciertas formas de adivinación y de magia practicadas en Canaán, y asociadas con la serpiente, símbolo de la sabiduría y de los poderes ocultos. Al condenar a la serpiente, se condena la religión cananea, que pretendía conseguir con esas prácticas una sabiduría sobrehumana. La reflexión posterior identificará a la serpiente con el "demonio" (Sab. 2.24; Jn. 8.44) y con Satanás (Apoc. 12.9;20. 2).

    [08] La enemistad puesta por Dios entre los dos culpables -la mujer y la serpiente seductora- proseguirá entre la descendencia de una y otra. El linaje de la mujer es toda la especie humana en lucha contra los poderes del mal, que intentarán precipitarla en la ruina. El texto deja entrever una victoria final del hombre, que aplastará la cabeza de la serpiente. Por eso la tradición cristiana ha dado a este texto el nombre de "Protoevangelio", o sea, primer anuncio de la salvación.

    [09] El nombre "Eva", en hebreo, tiene cierta semejanza con el verbo que significa "vivir".

    [10] El episodio relatado en los vs. 1-16 supone una civilización ya evolucionada: la vida pastoril se opone a la agricultura (v. 2); ya se ofrecen sacrificios a Dios (vs. 3-4); existen otros hombres que pueden matar a Caín (v. 14) y los miembros de su propia tribu podrán vengarlo (v. 15). Estos indicios muestran que el episodio de Caín y Abel no debe ser interpretado como un hecho "histórico", que tuvo por actores a los hijos del primer hombre, sino como un "ejemplo arquetípico", que pone de manifiesto los efectos de la desobediencia narrada en el capítulo anterior: después del pecado del hombre contra Dios, se desencadena la lucha del hombre contra el hombre, y a causa de este primer crimen la muerte hace su entrada violenta en el mundo. El crimen de Caín no escapa a la justicia divina (vs. 9-12), pero Dios le dirige una advertencia antes de su falta, y la pena es atemperada por la misericordia: la marca que recibe Caín es una señal que lo protege.

    [11] Este canto, denominado habitualmente "canto de la espada", ha sido compuesto para gloria de Lamec, un héroe del desierto. Su presencia en este lugar atestigua la ferocidad siempre en aumento de los descendientes de Caín y muestra como el pecado va extendiendo su dominación sobre el mundo. El número "setenta y siete" indica que la venganza es ilimitada. En contraposición con esta actitud, la ley del talión (Éx. 21.23-25; Lev. 24. 19-20; Deut. 19. 21), al imponer un castigo igual a la ofensa, reduce la venganza a sus justos límites. El Apóstol Pedro, en cambio, recibirá de Jesús la orden de perdonar "setenta veces siete" (Mt. 18. 22).

    [12] "Adán", nombre propio del primer hombre, corresponde al hebreo "Adám", que significa "hombre". Ver notas 1. 26-27; 2. 7.

    [13] "El Señor": siguiendo una costumbre judía, algunas versiones antiguas y modernas de la Biblia sustituyen con esta expresión el nombre del Dios de Israel, que en el texto hebreo aparece solamente con sus cuatro consonantes: YHWH. Hacia el siglo IV a.C., los judíos dejaron de pronunciar ese nombre y lo sustituyeron por Adonai, "el Señor". De allí que sea difícil saber cómo se lo pronunciaba realmente aunque varios indicios sugieren que la pronunciación correcta es Yahvé. Según las tradiciones "elohísta" (Éx. 3. 13-15) y "sacerdotal" (Éx. 6. 2-3), este nombre divino fue revelado por primera vez a Moisés. En cambio, para la tradición "yahvista" -a la que pertenece este versículo- ya era conocido e invocado desde los orígenes de la humanidad. Esto último indicaría que el nombre Yahvé tiene un origen preisraelita.

    [14] Esta lista genealógica atribuye una longevidad extraordinaria a los primeros patriarcas, según la antigua creencia de que la duración de la vida humana había disminuido en el transcurso de las edades. Esta disminución estaba relacionada con el progreso del mal, porque una vida larga es una bendición de Dios (Prov. 10. 27). El patriarca Henoc (v. 22) presenta un caso particular: de él se dice que vivió menos tiempo, pero sus años forman una cifra perfecta -365- que son los días del año solar. La mención de su muerte es reemplazada por la de su misteriosa desaparición. Ver Heb. 11. 5.

    [15] El relato bíblico retoma una leyenda popular, que habla de unos seres sobrehumanos llamados "gigantes". Antiguamente se creía que esos gigantes habían existido alguna vez sobre la tierra, y su origen se explicaba por la unión de seres celestiales (los "hijos de Dios") con mujeres terrenas (las "hijas de los hombres"). Sin pronunciarse sobre la realidad histórica de este relato mitológico, el autor inspirado se vale de él para ilustrar -como podría hacerlo una parábola- la corrupción creciente de la humanidad. Esta intención aparece de manera explícita en los versículos siguientes (5-6), que expresan el pesar de Dios por la incontenible expansión del pecado en el mundo.

    [16] El relato del "Diluvio" combina dos tradiciones paralelas, originariamente independientes: una "sacerdotal", y otra "yahvista". Al combinar las dos tradiciones el redactor definitivo respetó esos testimonios recibidos del pasado, sin tratar de eliminar algunas incongruencias en los detalles. Según la tradición "yahvista", por ejemplo, Noé introduce en el arca siete parejas de animales puros y una de impuros; la tradición "sacerdotal", en cambio, menciona una pareja de cada especie. Hay varias narraciones babilónicas del diluvio que presentan sorprendentes analogías con el relato bíblico. En ellas se conserva el recuerdo de una gran inundación acontecida en la región del Tigris y del Éufrates, que la imaginación popular elevó a las proporciones de un cataclismo universal. A pesar de esas semejanzas, el texto bíblico aparece despojado de todo rasgo politeístico y cargado de un hondo contenido moral: el "Diluvio" simboliza el juicio de Dios sobre el mundo pecador y la salvación concedida a los justos, representados por Noé. Según el Nuevo Testamento, Noé y su familia son una figura de los salvados a través de las aguas del Bautismo (1 Ped. 3. 20-21).

    [17] Según la concepción de los antiguos hebreos, "la vida de toda carne es su sangre" (Lev. 17,11-14; Deut. 12,23). En esta concepción se funda la importancia primordial de la sangre en el ritual de los sacrificios y en la realización de las alianzas (Éx. 24. 8). Como la vida pertenece exclusivamente a Dios, al hombre le está prohibido comer la sangre y Dios mismo vengará todo derramamiento de sangre humana.

    [18] Los tres hijos de Noé representan en este relato "yahvista" a las tres grandes familias en que los antiguos hebreos dividían el mundo habitado. El punto esencial del relato es la bendición de Sem y la maldición de Canaán. El primero es el antepasado de Israel; el segundo personifica a los habitantes de Palestina, que fueron despojados y subyugados por los israelitas. La maldición alcanza a una cultura, cuya religión era para los israelitas sinónimo de corrupción e inmoralidad.

    [19] Aunque tiene la forma de una lista genealógica, este capítulo no se ocupa de individuos sino de pueblos agrupados por afinidades históricas y geográficas. Los descendientes de Jafet pueblan el Asia Menor y las islas del Mediterráneo. Los descendientes de Cam se encuentran en las regiones meridionales: Arabia, Etiopía y Egipto. Canaán es asociado a estos últimos, en recuerdo de la dominación egipcia sobre la región de ese mismo nombre. Los antepasados de los hebreos son mencionados entre los descendientes de Sem, junto con los elamitas, los asirios y los arameos. La lista afirma la unidad del género humano, dividida en grupos nacionales a partir de un tronco común. El cuadro se completa en 11. 10-32, con la genealogía de Abraham: al situar al patriarca en este vasto contexto histórico y geográfico, se indica que el pueblo nacido de él está llamado a realizar un designio que abarca a todas las naciones de la tierra.

    [20] "Para perpetuar nuestro nombre": esta es una expresión del orgullo humano, que pretende darse a sí mismo el honor y la gloria que corresponden al nombre de Dios (Sal. 115. 1). En contraposición con el capítulo anterior, la "parábola" de la torre de Babel presenta la variedad de las lenguas y la dispersión de los pueblos con una visión pesimista; ellas son el castigo divino a la pretensión de erigir una civilización fundada en la autoexaltación del hombre y en el olvido de Dios. El milagro de las lenguas en Pentecostés (Hech. 2. 5-12) es el reverso de la confusión provocada en Babel.

    [21] La "encina de Moré" era un árbol sagrado que estaba en las cercanías de Siquém.

    [22] Esta anécdota se vuelve a repetir, con ligeras variantes de circunstancias y de personas, en 20,1-14 y en 26, 6-11.

    [23] Esta narración presenta algunas características que le asignan un lugar aparte dentro del Pentateuco y tal vez de toda la Biblia. El relato carece del tono familiar propio de las otras tradiciones patriarcales; su estilo es impersonal, y Abraham -que es llamado "el hebreo"- protagoniza un episodio de proyecciones internacionales.

    [24] Según la costumbre de Canaán, el rey era también el responsable supremo del culto. Por eso Melquisedec era al mismo tiempo "rey de Salém" (Jerusalén) y "sacerdote de Dios, el Altísimo", una divinidad venerada en Canaán. Melquisedec honró a Abraham con un banquete (v. 18), y esta comida en común parece haber sellado una alianza. La indicación de 2 Sam. 18. 18 permite ubicar el "valle del Rey" en las proximidades de Jerusalén. El Nuevo Testamento presentará a Melquisedec como figura de Cristo, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza (Heb. 7).

    [25] Aquí se describen los preparativos para un rito imprecatorio muy antiguo, cuyo significado se aclara en Jer. 34. 18; cuando se pronunciaba un juramento solemne, la persona pasaba entre los animales partidos por la mitad, y reclamaba para sí la misma suerte de esas víctimas si faltaba a su palabra. Así el Señor ratifica con un juramento la promesa hecha a Abraham, de darle una descendencia numerosa (vs. 1-6) y la tierra de Canaán (vs. 7-18).

    [26] "Desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río": estos son los límites ideales de la Tierra prometida (Jos. 1. 4), que de hecho, nunca fueron ocupados totalmente por los israelitas.

    [27] Según las costumbres de la época, una mujer estéril podía dar una sirvienta a su esposo y reconocer como propios a los hijos nacidos de esa unión. Lo mismo que hace Sara lo harán más tarde Raquel (30. 1-6) y Lía (30. 9-13), las esposas de Jacob.

    [28] En los textos bíblicos más antiguos, el "Ángel del Señor" (22. 11; Éx. 3. 2) o el "Ángel de Dios" (21. 17; 31. 11; Éx. 14. 19) no es un ángel creado, distinto de Dios, sino Dios mismo que se manifiesta a los hombres de manera visible. El v. 13 señala explícitamente esta identificación.

    [29] Según este relato "sacerdotal", la alianza sella las promesas de Dios a Abraham (v. 8), pero esta vez la iniciativa divina exige una respuesta humana. Además de la fidelidad a Dios y de la perfección moral, se impone a Abraham una prescripción de carácter positivo: la circuncisión (vs. 9-14).

    [30] "Dios Todopoderoso", en hebreo "El Saddai": este es un antiguo nombre de Dios, frecuente en los relatos "sacerdotales" de la historia patriarcal (28. 3; 35. 11; 43. 14; 48. 3; 49. 25; Éx. 6. 3), que los israelitas tomaron probablemente de la tradición de los pueblos semitas. La traducción "Dios Todopoderoso" se apoya en algunas versiones antiguas. Entre los autores modernos, algunos piensan que su sentido probable es "Dios de las montañas".

    [31] El "nombre", en la mentalidad antigua, no era una simple designación exterior, sino que determinaba de alguna manera la naturaleza íntima del ser o la persona que lo llevaba (2. 20). Un cambio de nombre implica, por eso mismo, un cambio de función o de destino.

    [32] La circuncisión o corte del prepucio es una práctica muy antigua, realizada generalmente como rito de iniciación a la pubertad o al matrimonio. En el Antiguo Oriente, era observada por varios pueblos vecinos de Israel, entre ellos los egipcios, los edomitas, los amonitas, los moabitas y algunos otros pueblos nómadas (Jer. 9. 25). Los filisteos y los habitantes preisraelitas de Canaán la ignoraban. En Israel, se practicó como rito de incorporación al Pueblo de Dios, y debía llevarse como una señal de adhesión a la alianza (v. 13).

    [33] En este relato, Abraham aparece como el "amigo de Dios", que conversa familiarmente con él y lo recibe como huésped. Con ocasión de su visita, Dios renueva su promesa (v. 10), lo cual provoca la risa de Sara (v. 12), como antes había provocado la de Abraham (17. 17). Esta risa explica el nombre de Isaac, cuyo significado es: "que (Dios) sonría", "que se muestre favorable".

    [34] Este antiguo texto recuerda un cataclismo ocurrido en la región meridional del Mar Muerto, que provocó la destrucción de Sodoma, Gomorra y otras ciudades vecinas (10. 19; 14. 2). La destrucción de estas ciudades quedó como modelo arquetípico del juicio de Dios sobre el pecado (Deut. 29. 22; Is. 1. 9; Jer. 49. 18; Am. 4. 11).

    [35] El folklore israelita explica con esta leyenda la forma de una roca o de una formación salina, situada al sudoeste del Mar Muerto.

    [36] Este relato utiliza probablemente una tradición de los moabitas y amonitas, que en su forma original no constituía un vituperio sino un motivo de orgullo: ellos podían gloriarse de un origen, que mostraba la heroica decisión de sus madres y aseguraba la pureza de su raza. En efecto, convencidas de que su padre y ellas eran los únicos sobrevivientes, y llevadas por el deseo de ser madres y de perpetuar la raza, las hijas de Lot emplean el único recurso disponible. Y de hecho, no se avergüenzan del origen de sus hijos, sino que lo dejan consignado en sus nombres: mediante una etimología popular, los nombres de Moab y Ben Amí (Amón) se explican respectivamente como "salido del padre" e "hijo de mi pariente". Como la legislación israelita condena severamente las relaciones incestuosas (Lev. 18), este motivo de gloria se convierte en una burla mordaz contra los dos pueblos enemigos.

    [37] Dios pone a prueba una vez más la fe de Abraham, al exigirle el sacrificio de su hijo Isaac. El episodio narrado parece haber sido originariamente el relato de fundación de un santuario israelita. Según una tradición posterior, Moria es la colina donde fue erigido el Templo de Jerusalén (2 Crón. 3. 1). Además, el texto implica la condenación de los sacrificios de niños que eran comunes entre los pueblos vecinos a Israel (Deut. 12. 31), y que incluso los israelitas practicaron ocasionalmente (2 Rey. 3. 27; 16. 3; 21. 6; 23. 10). Los textos legislativos y proféticos ratifican esta condena. Ver nota Jc. 11. 30-31.

    [38] Mediante la adquisición de un sepulcro familiar, Abraham obtiene un título de propiedad y un derecho de ciudadanía en Canaán. Junto con el nacimiento de Isaac, este es el primer paso hacia el cumplimiento de la promesa (12. 7; 13. 15; 15. 7).

    [39] "Coloca tu mano debajo de mi muslo": este es un gesto simbólico que confiere mayor solemnidad al juramento. El contacto con las partes genitales parece implicar la amenaza de esterilidad o la pérdida de la descendencia, si se quebrantaba el juramento.

    [40] La lucha de los niños en el seno materno explica la hostilidad de dos pueblos hermanos: los edomitas, descendientes de Esaú, y los israelitas, descendientes de Jacob. Los edomitas fueron sometidos por David (2 Sam. 8.13-14) y sólo varios siglos después pudieron liberarse definitivamente (2 Rey. 8.20-22).

    [41] Esta es una explicación popular, que asocia el nombre de Jacob a la palabra hebrea que significa "talón".

    [42] "Comida rojiza": el texto hebreo encierra un juego de palabras entre "Adóm", que significa rojo, y Esaú, padre de Edóm.

    [43] Según la legislación israelita -que en este punto coincide con otros antiguos códigos orientales- el primogénito tenía derecho a una doble parte de la herencia paterna (Deut. 21. 15-17).

    [44] Según el relato precedente, Jacob huye a Mesopotamia para librarse de la venganza de Esaú. Este texto "sacerdotal", en cambio, ignora por completo el episodio anterior, y explica la partida como la orden que dio Isaac a su hijo de buscar una esposa de su propia familia. En la queja de Rebeca (27. 46) y en la actitud de Esaú (vs. 6-9) se puede entrever una preocupación característica del período postexílico: el repudio de los matrimonios con mujeres paganas, fundado principalmente en motivos religiosos. Ver Esd. 9; Neh. 13. 23-27.

    [45] La esposa iba cubierta con un velo durante toda la ceremonia nupcial, que concluía cuando ya era de noche: de allí la posibilidad del engaño.

    [46] La rivalidad de Lía y Raquel sirve para explicar los nombres de los hijos de Jacob. El significado de estas etimologías populares es a veces oscuro.

    [47] "Que dé a luz sobre mis rodillas": este es un expresivo gesto de adopción. Al recibir sobre sus rodillas al hijo de su esclava, la esposa estéril lo tomaba como suyo y luego le ponía un nombre (v. 6). Ver nota 16. 2.

    [48] La "mandrágora" era una planta que según las creencias antiguas poseía virtudes afrodisíacas y favorecía la fecundidad. El término hebreo que la designa tiene la misma raíz que la palabra "amor". La creencia se funda en la forma del tubérculo de esa planta, que parece un tronco humano.

    [49] De esta manera, el folklore israelita describe el honrado desquite de Jacob sobre el astuto y codicioso Labán. Jacob exige como única paga las ovejas negras y las cabras moteadas, porque estos animales son raros (v. 32). Pero después se vale de un recurso "mágico" para multiplicarlas, y así acrecentar sus riquezas (vs. 37-43). A través de este relato popular, se manifiesta la acción de Dios que protege y bendice a Jacob.

    [50] Los "ídolos familiares" eran pequeñas estatuas, a veces con figura humana, que se usaban para la adivinación. Labán los llama sus "dioses" (v. 30). Según el uso mesopotámico, estos ídolos domésticos pasaban al heredero principal, y su posesión era un título hereditario. De allí el empeño de Labán por recuperarlos.

    [51] El pastor quedaba libre de toda deuda si presentaba los restos del animal devorado por las fieras (Éx. 22. 12).

    [52] "El Terror de Isaac": este es otro de los nombres con que se designa a Dios en la historia de los Patriarcas. Ver nota 17. 1.

    [53] Este extraño relato explica el origen del nombre "Israel", cuyo significado real parece ser "que Dios prevalezca", pero que aquí se pone en relación con la fortaleza de Jacob en su lucha cuerpo a cuerpo con Dios. El autor "yahvista" ha construido su relato sobre la base de un antiguo cuento popular y, al aplicarlo al antepasado de Israel, le da un contenido nuevo: Jacob es puesto a prueba, pero lucha con Dios hasta arrancarle una bendición (v. 27). Esa bendición es el cambio de nombre (vs. 28-29) y, gracias a ella, Dios tendrá que conceder su favor a todos los que en adelante lleven el nombre de "Israel". Ver nota 17. 5.

    [54] Esta narración presenta un cuadro muy vivido de las relaciones entre los primeros israelitas y sus vecinos cananeos. El rapto y la violación (v. 2), la propuesta de matrimonio y los intentos de negociación (vs. 6-19), el saqueo de la ciudad y la matanza (vs. 25-29), muestran el carácter inestable de esas relaciones. Los hijos de Jacob -que el relato describe como pastores seminómadas- se avenían a veces a un acuerdo para obtener ventajas; otras, en cambio, hacían incursiones contra los habitantes de la ciudad y se entregaban al pillaje.

    [55] El viaje de Jacob a Betel tiene todas las características de una peregrinación al lugar donde Dios se le había aparecido (28. 10-22). De allí las purificaciones rituales y el cambio de ropa, acciones simbólicas mediante las cuales el peregrino se presentaba renovado delante de Dios.

    [56] Estos aros se usaban como amuletos en las fiestas religiosas paganas. Ver Os. 2. 15.

    [57] "José tuvo un sueño": los sueños desempeñan un papel muy importante en toda la historia de José. Estos sueños no son revelaciones en las que Dios habla directamente -como en los casos de Abimélec (20.3), de Jacob (28. 12-15;31. 11-13) y de Labán (31. 24)- sino premoniciones o presagios, y Dios concede a José la sabiduría necesaria para interpretarlos.

    [58] "Dotán" era una ciudad situada en la llanura de lzreel, a un día de camino al norte de Siquém.

    [59] La incongruencia de esta narración se debe a la yuxtaposición de dos tradiciones diversas: una "elohista" y otra "yahvista". Según la primera, Rubén consigue que José sea arrojado a una cisterna, y unos negociantes madianitas pasan sin ser vistos, lo sacan de allí y lo llevan a Egipto. Según la otra tradición, Judá propone a sus hermanos que lo vendan a una caravana de ismaelitas que van de paso hacia Egipto.

    [60] "Para cumplir con tus deberes de cuñado": Judá se refiere a la "ley del levirato", que prescribía el matrimonio con la viuda del propio hermano, si este moría sin tener hijos. Así se evitaba que el nombre del difunto desapareciera de su pueblo -ya que los hijos del segundo matrimonio pertenecían legalmente al hermano fallecido- y también se impedía que el patrimonio saliera de la familia. Ver Deut. 25. 5-10.

    [61] Tamar "se cubrió con un velo", como lo hacían las prostitutas en Canaán. Su conducta enfrentaba las reglas de la moral vigente y ponía en peligro su vida. Pero como estaba motivada por un deber de fidelidad hacia su esposo, terminó mereciendo el elogio de su suegro (v. 26).

    [62] "La copa con la que consulta los presagios": la adivinación por medio de líquidos es una práctica bien atestiguada en el Antiguo Oriente, especialmente en Babilonia. El sonido o los movimientos del agua al caer en la copa, o la figura que formaban las gotas de aceite derramadas sobre el agua, eran interpretadas como signos o presagios. De allí que la importancia del recipiente que llevaban los hermanos de José, fuera mayor que su valor material.

    [63] "Los egipcios sienten abominación por todos los pastores": esta aclaración -que fue añadida al relato original- evoca el odio de los egipcios hacia un grupo de invasores denominados Hicsos, nombre que significa "pastores".

    [64] El "testamento de Jacob" incluye un conjunto de oráculos con características diversas: algunos aluden a hechos pasados (vs. 4, 6); otros son predicciones del futuro; pero en general, describen la situación de las tribus israelitas ya establecidas en Canaán. La preeminencia asignada a Judá y las bendiciones concedidas a la casa de José (Efraím y Manasés), reflejan una época en que esas tribus desempeñaban un papel destacado en la vida nacional. Esto indica que el poema, en su forma definitiva, no es anterior al reino de David, aunque contiene elementos mucho más antiguos. El carácter arcaico del texto, sumado a su estilo poético, hace que su interpretación resulte extremadamente difícil.

    [65] "Hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia": esta es la traducción probable de una frase enigmática, interpretada generalmente en sentido mesiánico. Judá es la tribu del rey David. La dinastía davídica ejercerá la realeza -simbolizada en el "cetro" y el "bastón de mando"- hasta que llegue un rey ideal, que extenderá su dominio sobre los pueblos. Estos le prestarán obediencia, y entonces habrá una paz y una abundancia sin precedentes. Según una antigua interpretación judía, revalorizada por algunos exégetas modernos, el texto debería traducirse: "hasta que le sea presentado el tributo y los pueblos le rindan homenaje".