La Ley de Presupuestos del 28 de febrero de 1873 no incluyó en su texto la dotación económica necesaria para crear la Brigada Telegráfica. En su lugar, acometió una reorganización de las tropas de Ingenieros distinta de la aprobada pocos meses antes, pues la nueva ley contemplaba crear cuatro compañías de la especialidad de Telégrafos, no concentradas en una Brigada, sino dispersas dentro de cuatro regimientos de Ingenieros. La Ley lo justificaba del siguiente modo en el preámbulo de la Ley:

    “Demostrada la imposibilidad de que todo Soldado de Ingenieros, sin distinción, llene cumplida y alternativamente, según lo exijan las circunstancias, las múltiples funciones de su Instituto, nace lógicamente la idea de la creación de especialidades y la agrupación de éstas en una Unidad reglamentaria que pueda prestar su servicio especial en cada Cuerpo de Ejército. Estas Agrupaciones son los Regimientos de Ingenieros, mandado cada uno por un Coronel, un Teniente Coronel y dos Comandantes y compuesto de seis Compañías o especialidades”.

De esta forma, la Ley de Presupuestos dispuso que las veinticuatro compañías existentes en el 1º y 2º Regimientos de Ingenieros, cada uno de doce compañías de Pontoneros, Minadores y Zapadores encuadradas en dos batallones por regimiento, se encuadrasen a partir de ese momento en cuatro regimientos de seis compañías, sin batallones, y sirviesen con todas las especialidades a una unidad tipo Cuerpo de Ejército. Para ello, la 1ª compañía sería de Pontoneros, la 2ª compañía de Telégrafos, la 3ª y 4ª compañía de Zapadores-Bomberos, la 5ª compañía de Ferrocarriles y la 6ª de Minadores. Los nuevos regimientos se ubicarían en las guarniciones de Valladolid, Córdoba, Zaragoza y Madrid.



Soldado 2º de Telegrafistas, ca. 1870 (Foto: Instituto de Historia y Cultura Militar, ref. F.08295).

Así se crearon sobre el papel las cuatro primeras compañías de Telégrafos del ejército español. Su activación debería hacerse sobre la base de cuatro compañías de Zapadores ya existentes y que deberían ser instruidas desde cero en su nueva especialidad. Para su organización se siguió lo propuesto por el capitán de la Fuente en su memoria del año anterior: cada una de las compañías de Telégrafos tendría 100 hombres (1 capitán, 3 tenientes, 14 sargentos, 14 cabos y 68 soldados) con misión de atender a las tareas de telegrafía eléctrica y óptica. Su dotación de material le permitiría establecer 50 kilómetros de línea con cinco estaciones volantes y una central con cuatro aparatos. El material incluía cable de campaña de cuatro hilos protegidos de cobre, aparatos de transmisión y recepción de telegrafía eléctrica tipo Morse y Breguet, carretillas de tendido, pila Leclanché y aparatos de telegrafía óptica diurnos y nocturnos. Para el transporte del material dispondría de 40 mulos y un carruaje de cuatro mulos para la estación central.

El curso de la guerra carlista exigió que las compañías de Zapadores continuasen su servicio de campaña en los ejércitos del Norte, Centro y Cataluña, lo que impidió la concentración de las compañías designadas en sus guarniciones de paz para realizar su transformación y especialización en tropas de Telégrafos, Ferrocarriles y Pontoneros respectivamente. Por ejemplo, sabemos la actuación de dos de ellas en esta guerra:

  • Compañía de Telégrafos del 3er. Regimiento de Ingenieros: al mando del capitán don José Vanrell y Gayá, que había sido comandante de Ingenieros en Cuba, se encontraba participando en la defensa de Bilbao, sitiada por los carlistas y defendida por el general de Ingenieros don Ignacio María del Castillo y Gil de la Torre. El 28 de diciembre de 1873 la compañía recibió la orden de incorporarse a Portugalete, donde desembarcó con 78 soldados y 3 oficiales. En esta plaza, que estaba defendida por el batallón de Cazadores de Segorbe y un destacamento de 20 artilleros del 4º Regimiento a pie, la compañía se dedicó a mejorar las fortificaciones de la defensa.

    Tras intensos combates con los carlistas, la guarnición de Portugalete capituló el 21 de enero de 1874, abandonando la plaza al día siguiente; en su salida fueron homenajeados por las tropas carlistas, que les flanquearon presentando armas y batiendo el tambor. En los combates la compañía de Telégrafos perdió un hombre, el soldado Angel Murillo Figuero, fallecido el 16 de enero por las heridas recibidas en el combate del 8 de enero en una pierna que tuvo que ser amputada. Con ello se convirtió en la primera baja de las tropas de Telégrafos del Cuerpo de Ingenieros. En los combates resultaron además heridos dos sargentos, un cabo primero y dos soldados. La compañía, prisionera de los carlistas, fue llevada a Estella para proceder a un intercambio de prisioneros.

  • Compañía de Telégrafos del 4º Regimiento de Ingenieros: continuó fortificando la localidad de Larraga, en Navarra.

La situación de guerra que se vivía en aquellos años se complicó con la insurrección cantonal surgida durante la Primera República; sabemos que la compañía de Telégrafos del 2º Regimiento de Ingenieros, de guarnición en Madrid y al mando del coronel José Molina y Ruiz del Portal, fue incluida en la columna enviada a Andalucía para combatir la insurrección cantonalista y que participó en el ataque a Sevilla del 28 de julio de 1873, en las tomas de Cádiz y Carmona, y en el sitio de Cartagena de diciembre de ese mismo año.

La reorganización de febrero de 1873 tenía el grave defecto mezclar especialidades muy diversas y complejas y ponerlas juntas bajo el mando de un único oficial, lo que demandaba de él y de su plana mayor unos conocimientos teóricos, prácticos y organizativos muy diversos, complejos y variados. Todos estos factores influyeron en la formación e instrucción del personal de las cuatro nuevas compañías de Telégrafos, pues ésta incluía, como elemento dominante, nociones teóricas de fortificación en campaña y prácticas de construcción de trincheras simples y de zapa volante, restando con ello horas a la formación e instrucción de telégrafos[01]. La imposibilidad de llevar a la práctica la reorganización de febrero de 1873 hizo que arreciaran las críticas, que desembocaron en una nueva organización en julio de 1874, todavía en plena guerra.


[01] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 295.