Cosmógrafo, cartógrafo e ingeniero militar al servicio de España.

Jorge Setara nació en Milán. Fue cosmógrafo, cartógrafo e ingeniero militar. Como pintor y cosmógrafo trabajó en Milán para el marqués del Basto, para quien hizo en 1539 el libro “Tutto el universo”, que inspiraría unos tapices que admiraron al emperador Carlos V, quien nombró a Setara cosmógrafo imperial en 1542. Hizo un mapa del estado de Milán, que más utilizó Cortelio en 1570.

En 1564 llegó a España como Ingeniero del Rey por mandato del duque de Sesa. No constan sus servicios como Ingeniero anteriores a 1564, apareciendo solo que los ejercía en virtud de Real orden desde 1540. Su título de Ingeniero es de 19 de enero de 1566, dirigido al Capitán general de la Artillería don Juan Manrique de Lara, con un sueldo de 400 ducados o 150.000 maravedíes anuales, librados por el pagador de Artillería, expresándose "que había de servir donde el Rey le mandare y cobrar sus sueldos mediante certificación del secretario del Consejo de la guerra, incluyéndole en las nóminas de los oficiales preeminentes de a artillería, y satisfaciéndole cómo y cuando ellos sin rezagarle ni dejarle de pagar cosa akguna de ellos".

Al año siguiente fue destinado a la fortificación de Perpiñán, que se convirtió en su único destino, pues nunca salió de allí, ocupado siempre en el proyecto de ciudadela o castillo mayor, que dejó trazado Calvi a su fallecimiento, cuya construcción le fue definitivamente confianza. En célula de 15 de mayo de 1567 se ordenó que se le satisfacieran los sueldos por los fondos de las obras mientras estuviese encargado de ellas, avisando al contador de artillería para que no se le satisfaciese el sueldo por las nóminas.

En 1576 se le quisieron poner algunas trabas al ejercicio de su empleo que sostuvo con energía, arreglándose a las instrucciones dadas a Calvi en 1562, y defendiendo la facultad de nombrar y despedir los sobrestantes, dar los destajos y medirlos, poner precio a los materiales y hallarse presente a la paga de los jornales, y todo lo demás tocante a fortificación con intervención del contador, a fin de que no hubiese en ellos los fraudes que en aquel tiempo solían acontecer en varias partes.

Habiendo pedido licencia para Milán Jorge Palearo Fratin en 1585, se pensó en la Corte que al paso revisase las obras de Perpiñan. Traslució algo de esto Setara y aun creyó que se designaba otro más joven para ejecutarlas en su compañía por considerarle más dispuesto; este juicio, equivocado en verdad, puso como fuera de quicio su conciencia y picó sumamente su honradez, idea que no pudo menos de expresar a Felipe II en una sentida carta, de fecha de 16 de diciembre de 1585, de la cual no podemos menos de extractar aquí algún párrafo como prueba de su carácter.

En ella manifiesta sus deseos de que S. M. le hubiese oído en Barcelona y le hubiera enterado completamente del estado de la plaza, pero pues tenía noticia que S. M. enviaba otro Ingeniero a petición del maestro de campo Antonio Moreno, no podía menos de manifestar que para acabar lo que faltaba no era menester ninguno, porque cualquiera podría acabarla.

Que su vida estaba en poder de S. M., que podía mandar quitársela, pero que su honra no creía que S. M. sufriese que se la quitase, por lo cual suplicaba a S. M. le mandase pagar sus alcances y darle su licencia para irse a su casa para cuidar de su familia, conforme tantas veces había pedido, pues si no hubiese venido a servir acá tendría a más ducados que en aquel acto maravedises.

Por último, insistiendo en su licencia, dijo que en todo caso podría quedar su hijo Juan Bautista Setara, que se hallaba bien instruido, pues él tenia ya 60 años y 45 de servicio a S. M. En el mismo sentido, y aun con mayor tuerza, escribió al secretario Eraso, pidiéndole influyese con S. M. para que se le enviase a Milán para terminar sus días.

Pero Felipe II, que sabía apreciar a sus leales y honrados súbditos , desistió de enviar a Jorge Fratin contestando a las repetidas solicitudes de Solara ”que se miraía en ello más adelante”; con lo cual Setara se calmó enteramente hasta 1590 en que falleció, ignorándose el paradero de su hijo que tal vez volvería Italia.

Este Ingeniero, cuyo carácter según se ha visto era sumamente exacto y escrupuloso, se puede llamar el verdadero constructor del castillo mayor o  Ciudadela de Perpiñan y de algunas otras obras de aquella plaza.

También trabajó en las torres de los alfaques de Tortosa. Como cartógrafo se conserva una descripción de los montes de Valencia de 1589, con los bosques y caminos de la zona para servir a la construcción de barcos.