Plan para la defensa de la provincia de Caracas, fechado el 7 de mayo de 1778.
Archivo General Militar de Madrid (AGMM), caja 6531, signatura 5-3-11-3.
(Este documento ha sido transcrito por el coronel de Ingenieros (R) don Carlos Zamorano, que gentilmente nos lo ha cedido.)
Plan de defensa para la Provincia de Caracas, hecho, de Orden del Rey, por el Brigadier don Agustín Crame, de acuerdo con el Brigadier don Luis de Unzaga, Gobernador y Capitán General de dicha Provincia.
1… La Provincia de Caracas, aunque situada entre ocho y once grados de latitud, tiene mucha parte de sus tierras tan elevadas sobre el nivel del mar, que se logra en ellas de un temperamento excelente. La multitud de arroyos, que manan de sus Cordilleras, proporciona mucha fertilidad a los valles, y asegura con el riego las cosechas. Por la parte del norte, no es muy dilatado el curso de los ríos; pero por la del sud se extiende en unos llanos inmensos: y son la abundancia de agua y excelencia de los pastos, abunda, y aun se pudiera multiplicar extraordinariamente, la cría de ganados. La longitud media de esta Provincia es de 140 leguas y la latitud de 70 de cinco mil varas cada una.
2… El vecindario de ella, no se sabe con exactitud; pero próximamente se puede reputar en 250 mil almas, incluso los Indios, y gente de color: El número de reses, tampoco está bien conocido, pero pasará de 600 mil. La cría de mulas, inferior a la de caballos, será un año con otro de ocho a nueve mil.
3… Es bien sabido que el cacao es el fruto principal de esta Provincia: el progreso de su cultivo sigue lentamente; y aunque generalmente se piensa que llega a 130 mil fanegas se cosecha, yo no creo que pase de cien mil: En la cantidad que se extrae, puede haber poca variedad; la duda está en la que se consume dentro del País. El añil empieza a fomentarse, pero otros ramos útiles, están en decadencia: esto es doloroso, y más cuando las causas no son desconocidas.
4… Los diezmos hay año, que han pasado de 160 mil pesos; pero se pueden reputar en 150 mil un año con otro. Las Rentas del Rey, que apenas llegan a 300 mil pesos ni son, ni podrán ser proporcionadas a la consistencia del comercio que tiene, y que puede tener esta Provincia: hay obstáculos, que mientras subsistan harán limitado su progreso. Las obligaciones absorben todo el fondo; y será preciso particular talento y economía para llenar las nuevas atenciones, que pida la seguridad de esta Provincia.
5… El Estado militar es el más reducido, que, aun en tiempo de paz, puede tenerse. Un Batallón de tropa veterana y una Compañía de Artilleros, es todo lo que hay para guarnecer la Capital, y dos Plazas, con multitud de baterías y Castillos. Las Milicias que están establecidas con formalidad, son, dos Batallones en Caracas; dos en los valles de Aragua; y otros dos en Valencia: En cada parte un Batallón es de blancos, y otro de gente de color. Hay también en Puerto Cabello, tres Compañías de dotación; en la Guaira otras tres, y una veterana de pardos con 50 plazas: en la Capital una de morenos; y tres de Caballería entre Valencia, los Valles y Caracas. Estas son las Milicias de nueva formación; y a más de ellas, hay muchas Compañías en los Pueblos de la costa y demás de la Provincia; donde antiguamente se habitaba la mayor parte de la Gente capaz de tomar las armas: pero están sin ellas, y sin la menor instrucción.
6… La Plaza de la Guaira está al pie de una elevada Serranía, que en la cumbre tiene 1200 varas sobre el nivel del mar. Su recinto, aunque imperfecto, estaba flanqueado por competente número de baterías; y sin embargo se va remplazando con otro nuevo, coronado de bóvedas en toda su extensión. Los frentes de tierra, que son de difícil ataque, están cerrados con muralla hasta una cierta altura, en la falda de la Sierra, y después siguen, subiendo, diversas baterías y Castillos. La más elevada por la parte del este, es la del Palomo, y por la del oeste el fuerte de San Carlos; que uno y otro vienen a estar en la cuarta parte de la altura total de aquella Sierra: y así tienen sobre sí una dominación, no solo muy elevada, sino muy inmediata. Entre San Carlos y la Plaza, hay otros fuertes y baterías, que todos están claramente demostrados en el Plano nº 2. El fondeadero de la Guaira es bueno, y aunque es una costa sin resguardo, no hay huracanes ni vientos recios que lo hagan de peligro. Lo que hay verdaderamente incómodo es el muelle, o por mejor decir la falta de él. La Compañía que empezó a construirlo, suspendió el trabajo; y parece que temió su poca duración.
7… La Capital está cuatro leguas y media de la Guaira, en un mediano valle, el cual no tiene allí más extensión de norte a sud, que la que ocupa la Ciudad: después, siguiendo al este se ensancha alguna cosa: y lo que le hace medianamente hermoso, es su abundancia de aguas, y el tener de tres a cuatro leguas de longitud. Este valle estará 400 varas sobre el nivel del mar.
8… La parte de la Serranía, que mira a la costa, está llena de Haciendas; y en las inmediaciones al camino de la Guaira a Caracas, hay Trapiches, o Estancias hasta en lo más elevado de la cumbre. Las tierras son buenas: por eso se continúan los desmontes; y esto no es muy bueno.
9… En toda la costa hay multitud de Puertos, que aunque no son grandes tienen sobrado fondo, y cuanta seguridad se puede apetecer. Pero el preferente a todos es Puerto Cabello: merecía este puerto ser el centro del comercio, y estar más inmediato a la Capital. Sus fortificaciones son parto de varias opiniones: el Castillo tiene una excelente situación, pero está expuesto a ser bloqueado con facilidad, sin embargo el Cerro del Mirador, donde hay una batería, flanquea la campaña, que para ese fin necesita ocupar el enemigo.
10.. La Artillería, municiones, y pertrechos así de Puerto Cabello, como de la Guaira, no están lejos de lo que necesitan para su defensa: algunas cosas faltan, y otra sobran, como se puede ver confrontando los Estados de existencias con los de dotación.
11.. Manifestada la consistencia de esta Provincia; su Estado militar; y en de su Artillería y fortificaciones, expondré algunas precauciones, que me parece conveniente tomar, cuando se crea próxima la guerra. La importancia de tener anticipados avisos de cualquiera invasión, que intenten los enemigos contra esta Provincia, empeña a que se tomen con tiempo todas las medidas posibles para conseguirlo. Se debe considerar que siendo los Ingleses (como suponemos siempre) nuestros enemigos, harán o completarán sus preparativos en algunas de sus Islas a barlovento. Las más proporcionadas son la Antigua, y San Cristóbal; pero también pueden practicarlo en la Barbada, Tobago y la Granada. De las dos primeras se podrá tener noticia bastante puntual por Martinica, cultivando la correspondencia con el Gobernador de aquella Isla; pero lo más seguro será, enviando frecuentemente barcos de observación, al abrigo del pequeño comercio, que aquí se ha establecido; y en esto se podrán hacer dos cosas a un tiempo; la una enmendar este comercio, haciéndolo más útil; y la otra prepararse puntuales avisos de cuanto ocurra digno de atención en las Islas Antillas.
12.. La inmediación de la Isla de Trinidad a las de Granada y Tobago; y la correspondencia de algunas familias, que han pasado a nuestra Isla, con los antiguos habitantes de la Granada, pone en proporción de saberse por ellos las novedades que ocurran, y si a esto se añade el cuidado, de despachar, a medida que convenga, algunas lanchas, con el pretexto de vender ganado, se lograrán oportunas noticias con frecuencia; pero debe advertirse que cuando se quiera enviar a la Barbada, será mejor despachar una u otra balandra de Orinoco.
13.. Si los armamentos viniesen de Europa, se debe tener por seguro, que la vigilancia de nuestro Ministerio, dará, con toda anticipación los avisos: y sea viniendo de Inglaterra, o de las Colonias del norte, siempre ha de reunirse cualquiera expedición en alguna de las Islas expresadas, y por consiguiente podrá nuestro cuidado y diligencia, traernos con tiempo la noticia.
14.. Para este mismo fin, convendrá despachar dos balandras, que crucen continuamente en el Cabo Cuadera; y que, aparentando servir para el resguardo, estén con el cuidado de avisar prontamente cuanto ocurra. De estas balandras se destacará una para la Guaira, luego que descubran algún número de velas sospechosas; y vendrá con un Gallardete convenido, que haga conocer la novedad que trae: la otra balandra esperará cuanto pueda para traer razón más decisiva.
15.. Los Tenientes de la costa, además de la vigilancia, que ha de ser general en todos ellos, estarán impuestos en la señales de las balandras que se hayan convenido; y sobre cuanto ocurra de nuevo, deberán despachar inmediatamente correos a la Guaira, y a la Capital.
16.. Como la Isla de Curazao es centro de un comercio libre de consideración no se deben despreciar los avisos que por ella se puedan recibir: es menester aflojar un poco los nudos con que se sujeta su comercio con esta Provincia, no para permitirles que vengan a nuestros Puertos, sino para enviar con frutos, aparentando tolerancia, algunas embarcaciones, según lo pidan la prudencia y la necesidad: y no sería fuera de propósito tener algunas inteligencias, sostenidas de la liberalidad, para coger el fruto de algunos avisos de importancia.
17.. Me parece suficiente lo dicho, en cuanto a precauciones, para que, ni la casualidad nos informe de los enemigos, ni éstos nos puedan sorprender. Pasemos, ahora, a lo sustancial del Plan de defensa: pero antes, podrá ser conveniente, hacer ver el peligro en que se halla esta Provincia. A tres objetos puede dirigir su ataque los enemigos, que son la Guaira, la Capital, y Puerto Cabello: el ataque de la Guaira sería temerario, y aun inútil a los invasores, siempre que lo practicasen por su frente o costados: pero sería muy diverso, si, tomando las alturas, viniesen a atacarla por la espalda. La Capital es una Ciudad abierta, cuyo único resguardo es la Cordillera, que se debe atravesar para invadirla: y de Puerto Cabello, se dirá después la debilidad en que se halla para su defensa.
18.. Volviendo a la Capital y a la Guaira, que suponemos sea el objeto de una expedición enemiga, podrá ésta hacer su desembarco entre Cabo blanco, y Punta gorda; y si quisiera, con más seguridad. En la Ensenada de Catia: de donde, caminando dos leguas por terreno llano, se podrá situar ventajosamente en Moriquetia. De aquí, puede subir para la Capital por tres caminos diferentes, que son, el de los Trapiches; el Real de Caracas; y el de Guaracaruma. Todos tres los he andado enteramente a pie, y a caballo; y fuera de ellos hay otro por detrás de la Guaira, bastante conocido, que llaman de las dos aguadas; y es algo más corto que los otros.
19.. Subiendo pues el Enemigo en tres columnas, que supongo de tres mil hombres cada una, es menester confesar, que podrá hacerse dueño de la cumbre, si el arte y el valor no hacen una prodigiosa defensa; y que ganada dicha cumbre, se pondrá en proporción de hacerse, a un mismo tiempo, dueño de la Capital y de la Guaira: De Caracas, bajando dos leguas cortas, sin peligro de grande oposición, y entrando en una Ciudad sin defensa: de la Guaira, bajando sobre ella, y dominando a todos los fuertes por el camino de las dos aguadas.
20.. He dicho, que es débil la defensa, que puede hacer Puerto Cabello; y en efecto desembarcando los enemigos en Borburata, pueden, sin más obstáculo que una miserable cortadura, llegar hasta las alturas inmediatas al Mirador de Solano: y como este mirador, aunque está sobre un cerro, es una batería baja, que puede ser atacada y tomada de un golpe de mano, se debe recelar que los enemigos se determinen a este golpe; que conseguido atacarían con toda seguridad a Puerto Cabello: y aunque esta Plaza tiene por la parte de tierra una extendida batería, que representa un frente regular de fortificación con foso de agua; ni hay muralla, ni terraplén, ni contraescarpa, que pueda detener al sitiador; ni lo que se llama foso, es obstáculo, porque se puede vadear por todas partes: de modo que con estos defectos, y el de tener delante un extendido arrabal, donde pudiera ocultarse el enemigo, se debe dar por muy expuesta dicha batería, única defensa de la Plaza: y lo peor serían las resultas, pues se serviría de nuestra Artillería para batir el Castillo.
21.. Este es en sustancia el grave peligro en que se halla esta importante Provincia; de cuya suerte depende, en cierto modo, la de las Provincias inmediatas: y si ésta, que debe considerarse como centro, de donde han de salir los socorros para Maracaibo, Guayana, Trinidad, Margarita y Cumaná: si ésta, vuelvo a decir, no tiene fuerzas suficientes para defenderse a sí misma, ¿qué auxilios podrá destinar a las demás?. Sin embargo, aprovechándose de las proporciones que tiene, cultivando los recursos que ofrece, y reforzando con tiempo la tropa de su dotación, se puede aspirar a la gloria de rechazar al enemigo: y aun en la débil situación en que se halla; y en la suposición de tener pocos meses de tiempo para prepararse, no se debe desmayar en la defensa. El Plan de ella, que voy a proponer, servirá particularmente para este caso, que es el más crítico, en que puede hallar el enemigo a esta Provincia.
22.. He dicho que aquí no hay más que un batallón de tropa veterana, y en tiempo de guerra se necesitan tres; treinta artilleros más; y tres Compañías de Fusileros de Montaña. Los seis batallones de Milicias, están medianamente ejercitados, y en particular, los de la Capital: pero todos sin práctica en la disciplina militar: La disposición de los naturales, aunque en el fondo amantes a su Rey, no me atrevo a graduarla, y más cuando para servir en la guerra, debe ser a prueba de fatigas, peligros, y calamidades. Pero el Jefe de esta Provincia como alma de este Cuerpo, debe hallar en sí mismo recursos para todo: debe esforzarse para convertir en soldados, a unos hombres, que no tienen el menor conocimiento de la guerra; debe preparar el ánimo de los naturales, y atraerse los corazones con afabilidad, con arte, y con agrado: debe mezclar toda la diversión posible en los ejercicios militares; y no empeñarse en fatigar las Milicias, sino con lo que han de practicar cuando se presente el enemigo. El orden y la celeridad en las marchas; la prontitud, y la seguridad en los fuegos, son puntos esenciales: el vestuario debería ser airoso, cómodo, y corto; las casacas en los montes, solo sirven de estorbo, y para irlas dejando por ellos a pedazos. La guerra de montaña, que deberá sostenerse, pide instrucción anticipada; y como en ella se deben conocer, y aun adivinar todos los pasos que pueda dar el enemigo, se harán, con tiempo, repetidos reconocimientos del terreno; se estudiará la importancia de los puestos; y la Tropa y milicias se prepararán con ejercicios que sirvan de ensayo a las operaciones de esta guerra.
23.. Entre los muchos que pueden elegirse, será uno de ellos, el aportar un cuerpo de tropas en algunas lomas; y acompañado de competente número de trabajadores, levantará trincheras; hará cortaduras, y desmontes; y se ejercitará en los demás recursos del arte para la defensa. Por otra parte se destinará otro cuerpo para desalojar al primero; y empezando por las partidas avanzadas, fingirá cortarlas, para que abandones sus puestos ventajosos: pero el Cuerpo principal enviará oportunamente socorros, para sostenerlas. Se seguirán estas maniobras, ya perdiendo puestos, ya recuperándolos, hasta que haciendo una retirada fingida el Cuerpo que defiende, empeñe el ardor del que ataca, en parajes de donde no pueda retirarse; y cerrando por todas partes, se vea, después de haber hecho esfuerzos infructuosos, obligado a rendir las armas a los defensores.
24.. Semejantes maniobras deben, en tiempo de guerra repetirse; haciendo elogios, y aun repartiendo premios, entre los más animosos, y los que se distingan en estos ejercicios. Los premios quisiera yo que se debiesen a la liberalidad del Gobernador, Intendente, Compañía, y vecinos ricos; y las Milicias serían asistidas como la Tropa Veterana en esos días.
25.. Los dos batallones de Caracas, y los otros dos de los valles de Aragua, pudieran ejercitarse en estos ensayos, con el batallón veterano; y los dos de Valencia alternar por Compañías, cada cuatro meses en el servicio de Puerto Cabello. De este modo se instruirían recíprocamente unos y otros en las operaciones, que deberán practicar en tiempo de invasión: y nada es más preciso, para que ni al que manda, ni al que obedece, le cojan de nuevo las acciones de la guerra.
26.. Apuntados los principios que deben seguirse en la instrucción de la Tropa; y duplicando la frecuencia de estos ejercicios, a medida que crezcan las sospechas de invasión, pasaré a las prevenciones que deben hacerse para la defensa. En la Guaira se mandará retirar a lo interior del País, la parte del vecindario que pueda embarazar, y lo mismo se hará con todos los efectos de valor: se aumentará la Guarnición hasta 600 hombres de los cuales la mitad, inclusos 50 Artilleros, serán Veteranos, y la otra mitad, Milicianos. Para el Castillo de San Carlos, se destinará un oficial con 25 soldados, inclusos cinco Artilleros: en las baterías Palomo, Gavilán, y demás que miran a la avenida de Macuto, se pondrán las guardias competentes y la del Gavilán estará sujeta al oficial que esté destacado en el Palomo, que es la batería más elevada por aquella avenida: Las demás Guardias las dotará el Comandante, con proporción a la guarnición destinada.
27.. Se recorrerá todo el recinto, fuertes y baterías, limpiando y componiendo los terraplenes, parapetos y explanadas; se construirá un tambor delante de la puerta de Caracas; se escarpará el terreno de aquel frente: y en el que mira a Macuto, se ejecutará lo mismo, entre las baterías de San Bruno, San Antonio y San Juan de Dios.
28.. La Artillería, pertrechos, y municiones se arreglarán en cuanto se pueda al Estado de su dotación nº 3º advirtiendo, que la mayor parte de los útiles que se piden, deben pasarse a Caracas, y lo mismo se hará con 400 quintales de pólvora, para el uso de la tropa destinada a cubrir aquella Capital, y guardar las espaldas a la Guaira. Las baterías de esta Plaza estarán siempre prontas a hacer fuego, y en particular las que miran al mar; para cuyo efecto tendrán éstas la tercera parte de sus cañones cargados con bala: En la batería de San José, que está junto a la puerta de Caracas, se dará a las explanadas la extensión que les falta para el uso desembarazado del Cañón, y se construirá en ella un pequeño repuesto para la pólvora, y otro para los pertrechos precisos: Este trabajo, y el de levantar los parapetos en el nuevo recinto, se harán lo más prontamente que se pueda, y luego que dicho recinto se halle en disposición de recibir Artillería, se pasará a él la de las baterías San Fernando, San Gabriel, y Plataforma. En la muralla nueva se harán también de distancia en distancia pequeños repuestos para el uso pronto de sus baterías.
29.. En cuanto a víveres para la Guarnición bastará tener los suficientes para un mes: fuera inútil hacer más prevención; porque los enemigos no pueden cortarle la comunicación con la Capital, sino atacándole por la espalda; en cuyo caso quedarían, como se ha dicho, pocos recursos para la defensa: y esto es lo que se procurará precaver.
30.. El Plano número 1º manifiesta dos proyectos para la Guaira; uno con bóvedas, semejante al que se sigue, pero más económico; y otro, que es el del papel volante, más sencillo que todos, y más adaptado al mérito verdadero de esta Plaza. Costará este último 40 mil pesos.
31.. Si errando los enemigos el ataque; hiciesen su desembarco por Macuto, se preparará con más arte que cuidado la defensa: y como solo en el caso de cometer ellos este error, serviría el nuestro de haber hecho tantos frentes en las lomas dominadas que están sobre la Guaira, convendría dejarlos empeñar por aquella parte, para que perdiesen de vista el verdadero ataque, que es por sotavento de la Plaza.
32.. No por esto se les debería abandonar, sin resistencia, la batería de Punta de Mulatos ni las alturas del Socorro y San José, que están sobre Macuto: en éstas se situará un destacamento de cien hombres, y otro de la misma fuerza en el pequeño pueblo de Cariaco. Todos estos puntos son de mucha elevación y ventajosos; pero si fuesen atacados con fuerzas en extremo, superiores, se retirarán, después de una regular resistencia a Todo Flores. La dificultad de ser atacados en aquel sitio dominante: lo escabroso del terreno para llegar a nuestras baterías: es estar éstas sostenidas por la Artillería de San Carlos; y el no haber proporción para tomar, por aquella parte, la espalda a este Castillo, todo contribuiría a ceñir a los enemigos en su ataque; y lo más temible en este caso, sería, que reconociendo su error, pusiesen la mira en Maiquetía.
33.. De Macuto ni de sus inmediaciones no hay riesgo de que los enemigos pudiesen conseguir penetrar al valle de Caracas; pues aunque hay una pica que pasa por el Socorro y San José, es tan desconocida y escabrosa, que habiendo yo salido al amanecer de San José, a pie y a buen paso, no pude llegar a la cumbre a medio día, y sobre ser todo monte muy cerrado, está en varias partes tan interrumpida y confusa, que la misma Guía se perdió muchas veces; pero no por eso, se debe faltar a la debida vigilancia, para tener noticia pronta, y tomar partido en cuanto pueda ocurrir de consecuencia.
34.. Dejándonos pues, de dictar reglas contra un enemigo que yerra sus operaciones, pasemos a examinar las medidas que deberán tomarse, en el caso de venir con el conocimiento que debe presumirse, y que traiga fuerzas proporcionadas a su empresa. He dicho que los enemigos desembarcarán en Punta gorda, en Cabo blanco, o en Catia, que toda está a sotavento, y cerca de la Guaira. Y debo advertir que la disposición de la playa, fondeaderos, y terreno interior, no proporciona colocación de baterías por nuestra parte, para oponerse al desembarco; y así me parece inútil y aun expuesto el destacar Artillería a esos parajes. Sin embargo se vivirá con duplicada vigilancia en aquella costa; y se pondrán dos Compañías de Caballería Miliciana en Maiquetía. Estas tendrán un destacamento en Catia, que harán sus reconocimientos hasta Mumo.
35.. Luego que se descubra al enemigo, o que se tenga noticia segura de invasión, se juntará gran cantidad de Peones con hachas, picos, y demás útiles necesarios, que divididos en varias partidas, y dirigidos por Oficiales inteligentes, acompañados de los mejores prácticos del País, inutilicen con desmontes y cortaduras la vereda que sirve a Guaracaruma del trapiche de Rada; la que va de las Pailas; el camino que de Maiquetía sube al mismo Guaracaruma; la vereda que va de Curucuti chico a Curucuti grande; el camino real de Caracas que pasa por este último; y el de los trapiches, que se separa de él, antes de llegar a Torre quemada y se vuelve a juntar en las Tunitas. Todos estos caminos y veredas los tengo muy pisados, y requieren esa precaución.
36.. Estas cortaduras y desmontes se harán en los parajes más cerrados, donde sea más difícil sacar desecho a los caminos; donde ofrezca mejores proporciones el terreno; y sobre todo, en aquella parte de los desfiladeros, donde se les pueda se les pueda oponer un frente extendido y dominante, al pequeño que traiga se columna. En semejantes parajes se aportarán partidas de Cazadores y de Indios flecheros, que se opongan, resistan y fatiguen al enemigo en la empresa que se considera resuelta de ganar la cumbre de la Sierra.
37.. He hablado de Cazadores en el artículo antecedente; y en efecto convendrá para ese caso, levantar tres Compañías de a cien hombres cada una: de las cuales, la primera se situará en Guaracaruma; y la segunda en Curucuti; y la tercera en los trapiches de Espinosa y Regalado. A cada compañía de éstas se agregarán cien Indios flecheros, y 50, o más trabajadores con los útiles correspondientes, para fortificar sus puestos, y abrir la comunicación de unos a otros.
38.. Cerrados e imposibilitados, en cuanto sea dable todos los caminos y veredas, que entre Catia y la Guardia, suben, o se pueden dirigir para la cumbre, se comunicará la Guaira con la Capital, únicamente por el camino de la dos aguadas: y llegada la ocasión del desembarco, se observarán con la mayor atención y discernimiento, todas sus circunstancias, y para conocer la fuerza del enemigo y sus designios.
39.. Como la defensa de los caminos, aun con todas las precauciones expresadas, y la circunstancia de ser el terreno muy pendiente y fragoso, puede ser problemática con tan corto número de defensores; se vivirá con la mayor vigilancia para enviar oportunamente socorros a los puestos que más lo necesiten: y con el fin de ponerse en proporción de ejecutarlo, y hacer la resistencia posible al enemigo, se situará el campo principal de todas las fuerzas reunidas en el paraje que aquí llaman la Cumbre. Allí, que es donde concurren, o ya van reunidos los caminos, se atrincherará dicha tropa, construyendo un reducto a cada costado de su campo: Estos reductos tendrán de seis a ocho Cañones de mediano calibre con número proporcionado de Pedreros: y siempre que haya tiempo será muy conveniente fabricarlos de mampostería; pues no pudiendo, entonces, tomarlos sin Artillería el enemigo: y no dándole el tiempo, ni el terreno, lugar para esa dilatada maniobra, podremos lograr en este caso, cortar a sus designios la esperanza.
40.. De este campo, donde estará personalmente el Gobernador desde el día que se haga la invasión, saldrán los socorros y providencias para todos los puestos: y si los enemigos por su habilidad, arrojo, u otros accidentes, abriesen alguna nueva vereda, que pusiese en peligro las partidas avanzadas, o las mismas Compañías de Cazadores; se socorrerán con tiempo, o se retirarán al campo principal, según lo pide la necesidad: procurando siempre que esta tropa conozca y sepa aprovechar las ventajas de su situación, pues de este modo, sabrá asegurar su retirada, sin dejar de hacer frente con tesón.
41.. Una vereda hay que no he nombrado, y que descubierta por los enemigos, les puede convidar para atacar a la Guaira y sus Castillos por las dominaciones de la espalda. Dicha vereda, aunque escabrosa, cortada, y sin uso, no es intransitable, pues subí por ella: Sube de Maiquetía a Mapurite, y de aquí sigue, dominando el Castillo de San Carlos, a unirse con el camino de las dos Aguadas. De modo que si por esta parte nos descuidáramos, podría peligrar la Guaira; y aun hacer alguna tentativa los enemigos contra nuestro campo de la Cumbre.
42.. Para precaver uno y otro riesgo, es preciso, a más de aplicar a esta vereda la precaución que a todas las demás hacer de Mapurite un puesto atrincherado: brinda el sitio, y le da una excelente proporción para ello, lo rápido y precipitado del terreno. Allí se pondrán cuatro Cañones de pequeño calibre y un destacamento de 100 hombres: otros 100 se situarán en las alturas de Chacón que lo dominan; y se tendrá a más de esto un pequeño cuerpo de reserva en los trapiches de Brito y de Domínguez; que cuando convenga, podrá acudir con tiempo a la defensa.
43.. Bien pudieran los Enemigos hacer el amago de subir a la Capital por Mamo y Carayaca; pero debería desconfiarse de este amago, que tal vez se haría con el fin de sacarnos del campo ventajoso de la Cumbre. La distancia por Carayaca, es triplicada de la que hay de Maiquetía a Caracas: La fragosidad, y serranía es una misma; el conservar su comunicación con la costa es más difícil; y la posibilidad de atacar a la Guaira por la espalda sumamente remota o imposible. De modo, que lo único que convendría hacer a precaución, sería poner un destacamento en Carayaca, y cortar el camino, que de allí baja para Mamo: pero si se recelase que los invasores tuviesen seriamente la idea de dar aquel rodeo, se pondrá un destacamento de observación en Aguas negras, y se enviará refuerzo a Carayaca. La dificultad y resistencia que hallaría el enemigo de subir de Mamo a Carayaca; y el conocimiento de los demás obstáculos para penetrar hasta la Capital con fruto, y con seguridad, le harían desistir de esa errada empresa, y volver con su empeño a Maiquetía.
44.. He hablado de todos los puestos que deben ocuparse y defenderse: y el repartimiento de más número de tropas, si acaso las hubiese, será tan fácil como grato, arreglado a la atención que merecen dichos Puestos. Si no me extiendo más en el detalle de las primeras operaciones, es porque sería preciso sujetarlo a las suposiciones, que pueden variar mucho con los accidentes de la guerra; y como esta variación ha de influir en la combinación de nuestras operaciones con las del enemigo, se deben dejar, bajo las prevenciones hechas, al talento militar del Jefe que mande la Provincia.
45.. Lo he dejado en el campo atrincherado de la Cumbre; y esto parece suponer que su situación es inexpugnable: ello es posible y este es mi deseo; pero no adelanto a tanto mi esperanza; y si por desgracia se declarase por los enemigos la fortuna, venciendo todos los esfuerzos de nuestra resistencia; forzando nuestro campo de la cumbre; y abriéndose el paso para la Capital y la Guaira: En esta situación deberá producir nuevos alientos la desgracia, y aspirar el valor, y la lealtad, al heroísmo. La Provincia es dilatada y la Capital, en tal caso, se deberá considerar, como reducida a cenizas; pero los corazones de todos, ardiendo más que nunca en el amor al Rey y a la Patria.
46.. Con el fin de precaver las resultas de aquel triste suceso, pero sin dejar penetrar por nadie su cuidado, dispondrá el Gobernador anticipadamente, que la parte de hacendados, que no esté en armas, se retire con tiempo a sus haciendas; que los Caudales del Rey y de los vecinos, se pasen a los Valles de Aragua; que hagan, lo mismo los tribunales y parte de las Comunidades Religiosas; manifestando en estas providencias, no el cuidado de su peligro, sino el deseo de su tranquilidad, pero cuando ya el riesgo de acerque y sea grave, deberán abandonar todos la ciudad, y establecer en Valencia nueva Capital.
47.. El General, por su parte, reuniendo todas sus fuerzas y dando más juego que nunca a sus providencias, se retirará a los Valles de Aragua, donde completará y aumentará sus tropas, cuanto pueda. En esta ocasión, todo el que tenga disposición para tomar las armas, debe ser soldado; y todo el que pueda debe contribuir a la manutención de la tropa. Se infundirá el entusiasmo nacional, se procurará que sublime la religión este entusiasmo; se pondrán en viva acción todos los resortes; el honor, el premio, la felicidad, y sobre todo la gloria de sacrificarse por el Rey.
48.. Reparadas y reforzadas las tropas, marchará el General con ellas a establecer su campo en la nueva Capital; y dejará en los Valles un Oficial de prudencia, valor, y actividad, para que haga frente a las partidas enemigas, embarace el que reciban víveres, y remita continuamente los que se necesiten y la gente que pueda reclutar al Campo de Valencia. A más de este destacamento, se destinarán otras partidas, que sujeten al enemigo, que lo incomoden, y que interrumpan cuanto se pueda por la serranía su comunicación con la Guaira.
49.. Este empeño no debe hacer perder de vista a Puerto Cabello; y siendo regular que los enemigos emprendan su conquista, hablaremos primero de las providencias que se deben dar con anticipación, y después de las operaciones que corresponden para su defensa. He manifestado el mal estado en que se halla aquella Plaza; y es preciso repetirlo ahora, para que no se ponga en ella la confianza, que por sí no merece: cuando el Castillo tenga las obras nuevas, que se proponen en el Plano nº 5º. Cuando en lugar de la batería que tiene el Mirador de Solano, se construya el frente que pide aquel terreno, habrá otra esperanza de poder rechazar al enemigo. Pero no porque falten esas obras, deben faltar los alientos para la defensa. Los accidentes de la guerra; el valor instruido; la constancia; y aun las temeridades oportunas, suelen producir prodigios, que ni pueden preverse, ni cabe en la prudencia el anunciarlos.
50.. Como la principal, o por mejor decir, toda la defensa se debe poner en el Castillo, se colocarán en ese, con tiempo, la Artillería, municiones, útiles y pertrechos, que expresa el Estado de la dotación nº 4º y se almacenarán los víveres correspondientes para tres meses. La Guarnición ni debe ni puede ser muy numerosa, será de 600 hombres escogidos; y para Comandante (sino lo hubiese por el Rey) se destinará el mejor Oficial que tenga la Provincia; procurando reunir, siempre que se pueda, la importante circunstancia de tener inteligencia en el ataque y defensa de las Plazas.
51.. Provisto el Castillo de lo más preciso, se pasará a él la Artillería de la Plaza dejando en ésta únicamente seis Cañones de a ocho, para que cuando llegue el caso hagan fuego por el frente de tierra, con el fin de ganar tiempo, y entretener cuanto se pueda al enemigo.
52.. Se han propuesto los reparos y aumentos que se juzgan precisos para aquel Castillo; pero como caminamos en la suposición de que la guerra no dé lugar para esa obras, se aplicará la atención a aquellos trabajos que sean posibles en la urgencia. Se levantarán inmediatamente los parapetos al hornabeque que mira a Punta Brava; y se guarnecerán su frente y sus alas, con la mayor parte de la Artillería que se pase de la Plaza. Con la restante que podrán ser hasta 16 Cañones de batir se formarán dos baterías provisionales de fajina; la una de 8 a 10 Cañones delante del ángulo del Castillo que mira al Pueblo y está sin baluarte; y la otra en el paraje M cubierta con un espaldón y con sus fuegos dirigidos a Punta Brava, para guardar su avenida.
53.. Como en el Castillo hay muy poca tierra y ésta es indispensable para reparar los parapetos, construir espaldones, o alguna batería que la urgencia pida, se hará repuesto de ella, poniendo dentro un montón de 300 varas cúbicas, y otro igual o mayor en la explanada.
54.. Aunque la provisión de pan para la tropa debe ser de bizcocho de la mejor harina, para que pueda conservarse tres o cuatro meses, será muy conducente habilitar una de las bóvedas para horno.
55.. Se hará un repuesto de 300 cuartones de seis varas de largo, y una cuarta de grueso para blindaje delante de las bóvedas, y demás parajes que convenga; y el maderamen, útiles y demás efectos que corresponden, van inclusos en el estado de su dotación. Las fajinas, se advierte, que convendría tenerlas en balsas sobre el agua, algo apartadas de la muralla, para evitar las resultas de un incendio. El Aljibe debe procurarse que esté lleno el día que se aviste al enemigo.
56.. Se ha dicho que la Guarnición (inclusos cincuenta o más Artilleros) debe ser de 600 hombres escogidos: y con arreglo a ella, se destinará todo lo relativo a hospital y botica. El Estado Mayor deberá componerse de un Comandante, un Sargento Mayor, dos Ingenieros, dos Oficiales de Artillería, dos Ayudantes, un Ministro de Real Hacienda, un Cura, un Capellán de la tropa, y tres Cirujanos.
57.. Puesto el Castillo en el mejor estado que permita el tiempo; situado un destacamento de mil hombres entre las baterías del Mirador y Vigía (que, mientas no sea preciso, acampará en el Valle a la espalda de dichas baterías): y suponiendo por otra parte, cuatro a seis mil enemigos, prontos a hacer su desembarco en Borburata; ya se deja conocer, que el Jefe de la Provincia que dejamos en su Campo de Valencia, volará con un socorro frente a la defensa: y considerando que el sitiador, aplicará los mayores esfuerzos para hacerse dueño del Mirador y la Vigía, se tendrá de antemano fortificado aquel campo, guarnecido con competente Artillería, y reforzado con los nuevos socorros. La conservación de este Puesto destroncará todas las maniobras del Sitio, y quitará a los enemigos hasta la proporción de asegurar el bloqueo. El único recurso a que podrán apelar en este caso, será el de atacar el Castillo por la parte más fuerte, viniendo para ese fin por Punta Brava. No hay medio entre tomar este partido, o el de hacerse dueños del Mirador y la Vigía. Si logran los enemigos esto último, harán con seguridad y progreso, el Sitio u el bloqueo; pero si los obligamos al primer partido, esta andado lo más para llenar de gloria la defensa: y aunque mucha parte de las operaciones se debe dejar enteramente al valor y a la inteligencia del Jefe del Castillo, diré lo que me parece más preciso, antes de poner fin a mi discurso.
58.. Bien deja conocerse, que de las embarcaciones que se hallen en el Puerto, debe sacarse todo el fruto que se pueda para la defensa. Cada buque debe considerarse como un pequeño Castillo o batería; cuyos fuegos deben de dirigirse, en primer lugar, a incomodar a los enemigos en su marcha desde Borburata hasta Valle Seco: es verdad que al fin, el fuego superior de su Artillería, hará cesar el nuestro, pero entre tanto se ganará algún tiempo; y esta primera oposición dará a los contrarios una idea ventajosa de los defensores. Después de este destino, se debe dedicar su fuego a batir la campaña, según los pasos que fuese dando el enemigo. Y últimamente se aplicarán a batir la avenida para Punta Brava: este efecto será de tanta más consecuencia, cuanta sea mayor la dificultad que halle el sitiador en construir baterías por aquella parte.
59.. Con estos fuegos, con los de la batería provisional construida contra dicha avenida, y con todos los que presente el Castillo por aquella parte, costará mucha sangre al enemigo el poder llegar a Punta Brava: y aunque se quisiera ayudar con sus Navíos, habrá siempre flancos y baterías que no podrá desmontar el fuego de ellos. Pero suponiendo que, a fuerza de tesón, consiga colocarse en Punta Brava, le queda todavía lo más arduo y difícil que vencer; pues tiene que seguir su ataque por un angosto y cortado arrecife de setecientas varas de largo, sin tierra ni proporción para sus baterías y trincheras.
60.. Si con todo esto, lograse su constancia ir adelantando, aunque con lentitud, algunos pasos, que pudiesen servir de fatales anuncios; deberá el General por su parte apurar los últimos recursos. Esforzará con más empeño que nunca los socorros: y al fin, (dejando un Oficial digno en su lugar) introducirá en el Castillo el de su propia Persona. En este paso se han de poner las últimas esperanzas de obligar a levantar el Sitio. Si ya se perdieron Caracas y la Guaira; y Puerto Cabello está en el último peligro ¿qué Jefe dejará de sacrificar su vida para libertarlo?, ¿quién querrá conservarla, si lo ve perdido? Elija pues este partido, y el de sepultarse en sus ruinas, antes que quedar de frío espectador a su desgracia: desengáñese de poder recobrar, lo que no pudo defender. Sacrifíquese gloriosamente por su Rey; y sirvan las murallas, teñidas de su propia sangre, de lápida inmortal a su defensa.
61.. Me parece suficiente lo dicho, para el Plan de defensa de esta importante Provincia: no fuera prudente, querer preverlo todo; en la contingencia de los sucesos, puede haber sus contrastes, cuyo velo nunca convendría correr, hasta que la ocasión lo hiciese indispensable. Por otra parte los expedientes que dependen de sucesos inopinados; y aun las providencias mejor combinadas, deben sujetarse al juicio y a la prudente variación, que el tiempo pida, y la necesidad inspira al Jefe principal: y yo, confiado en que éste jamás consentirá que se hable de capitulación, he tenido por fruto, y por debido, dejarlo todo a su dirección y cuidado, desde el instante que pasó personalmente a defender el Castillo.
Caracas el 7 de Mayo de 1778.
Agustín Crame (firmado)
Este plan de defensa está hecho con acuerdo mío
Caracas 7 de Mayo de 1778
Luis de Unzaga (firmado)