Entre 1936 y 1939 un total de 6.832 personas consagradas (13 obispos, uno de ellos administrador apostólico, 4.171 sacerdotes seculares, 2.365 religiosos y 283 religiosas) y decenas de millares de fieles laicos fueron salvajemente asesinados en España por odio a la fe católica.
La violencia, la rapidez, la rabia y la crueldad de los perseguidores apenas se puede comparar a los actos salvajes de las invasiones bárbaras: torturas múltiples y refinadas, estrangulamientos, degollaciones, apuñalamientos, fusilamientos, ahorcamientos, violaciones, personas quemadas o enterradas vivas, tumbas profanas, cadáveres desenterrados y colocados en las calles, miles de iglesias incendiadas, saqueadas y devastadas. Esta barbarie y la amplitud del número de sus víctimas en un periodo de tiempo tan corto sobrepasa con mucho las sangrientas persecuciones en tiempos del Imperio Romano e incluso el período del Terror durante la Revolución Francesa.
Desde la primera ceremonia de beatificación celebrada por san Juan Pablo II en 1987 hasta la ceremonia celebrada en Tarragona en 2013, la Iglesia ha proclamado 11 santos y 1.512 beatos de entre todos estos mártires de la guerra civil. En junio de 2024 la cifra de mártires beatificados ascendía a 2.128.
El 19 de junio de 2024 el semanario Alfa y Omega, de la Conferencia Episcopal Española (CEE), publicó una noticia según la cual a día de hoy quedan 3.280 mártires en espera de su beatificación en 54 causas abiertas que implican a 31 diocesis distintas: 1.295 de ellos pertenecen a 22 causas que se encuentran aún en fase diocesana, y 1.985 ya tienen su proceso en Roma.