LOS INGENIEROS DEL REY
(17 de abril de 1711, antigüedad del Arma de Ingenieros)





EL BATALLÓN DE TELÉGRAFOS (1884 - 1902)

Primera unidad independiente de la especialidad de Telégrafos con estandarte propio.






ORGANIZACIÓN DEL BATALLÓN DE TELÉGRAFOS

La organización de diciembre de 1883 estuvo presidida por el avance en la autonomía de los servicios especiales del Cuerpo de Ingenieros. Si bien Pontoneros es el único que consiguió autonomía propia mediante su organización en regimiento, los servicios de Telégrafos, Ferrocarriles y Topógrafos se organizaron en secciones unificadas por una jefatura y plana mayor única dedicadas a estos tres servicios. Esta organización duró exactamente un año, ya que el Cuerpo de Ingenieros pretendía proseguir con la autonomía mencionada.

Por Real Decreto de 15 de diciembre de 1884 se disolvió el Tren de Servicios Espaciales y se crearon un Batallón de Telégrafos, un Batallón de Ferrocarriles, una Brigada Topográfica y una Dirección Técnica de Comunicaciones Militares.

La misión del Batallón de Telégrafos era eminentemente táctica pues, según el artículo 20 del Real Decreto fundacional, la unidad debía establecer y conservar siempre las comunicaciones de los diferentes cuerpos de ejército entre sí y con el cuartel general, relacionando esta red volante de telégrafos con la permanente del país en la base de operaciones, y disponer sus unidades de manera que, agregadas a los cuerpos de ejército, pudieran atender las exigencias de su servicio en primera línea y en reserva, y a las estaciones de transición entre la red de telégrafos militares y la existente en el país[01].

La fuerza de paz del Batallón de Telégrafos se definió en 427 hombres: 1 teniente coronel, 1 comandante segundo jefe, 22 oficiales y 403 clases de tropa[02]. Su orgánica permitió aumentar a cuatro las compañías de Telégrafos por primera vez en diez años. Las tres primeras compañías lo eran de telegrafía eléctrica, quedando la red telegráfica de Madrid a cargo del batallón como escuela práctica permanente; la cuarta compañía era de telegrafía óptica, quedando a su cargo el estudio y práctica del alumbrado de campaña y el servicio de aerostación de forma interina hasta que no se creara una sección independiente para estos servicios.

Tras un periodo inicial de normalización de su material y orgánica, el batallón redactó el Reglamento del Servicio de Telégrafos, que fue aprobado por Real Decreto de 14 de marzo de 1888 y que reguló la clasificación de los telegrafistas, su enseñanza e instrucción, así como la realización de las Escuela Prácticas. El batallón participó en las maniobras anuales que realizaban diversas unidades del ejército, quedándonos constancias de su actuación en las maniobras del otoño de 1891 en Madrid, otoño de 1892 en las zonas de los ríos Segre y Cinca, y otoño de 1894 en la sierra del Guadarrama.

Asímismo, el batallón estudió el problema de enlace de los cinco batallones de Cazadores de Montaña creados a finales del siglo XIX, proponiendo la creación de cinco secciones de Telégrafos de Montaña dentro del batallón a efectos de instrucción, y afectas a los citados batallones de Cazadores en ejercicios, maniobras y operaciones[03].

De esta época cabe mencionar las experiencias de “transmisión a distancia de la energía sin conductores” llevadas a cabo por el Batallón de Telégrafos, una de las cuales se realizó delante de Su Majestad la Reina Cristina en la explanada del Cuartel de la Montaña, Madrid, el 16 de diciembre de 1899. Esta técnica, conocida posteriormente como “transmisión radio”, fue introducida en el Batallón de Telégrafos por el Comandante de Ingenieros don Julio Cervera, quien ideó un procedimiento particular de su invención. Este comandante está considerado por algunos como el verdadero descubridor de la transmisión radio, adelantándose con ello a Marconi[04].

Durante la campaña de Melilla de 1893 el Batallón de Telégrafos envió una compañía expedicionaria a la plaza. Posteriormente, durante la Segunda Guerra de Cuba envió seis compañías expedicionarias a Cuba y Puerto Rico entre 1896 y 1898.

A lo largo de sus ocho años de existencia tuvo cuatro jefes:

  • Teniente coronel de Ingenieros don Lícer López de la Torre Ayllón (1884-1889).
  • Teniente coronel de Ingenieros don Francisco Pérez de los Cobos (1890).
  • Teniente coronel de Ingenieros don José Suarez de La Vega y Lamas (1891-1897).
  • Teniente coronel de Ingenieros don Lorenzo Gallego Carranza (1898-1902).

Su último jefe, el teniente coronel Gallego, concibió la idea de realizar el estudio técnico de una Red Óptica de España que cubriese las zonas del territorio nacional consideradas más probables como posibles teatros de operaciones, sumando a ellas las líneas de comunicación óptica necesarias para la vigilancia de las costas y líneas de invasión y retirada. Este proyecto se realizó durante las escuelas prácticas de los sucesivos años, primero por el Batallón de Telégrafos y posteriormente por el Regimiento. Iniciados los trabajos, la Real Orden de 8 de agosto de 1903 aprobó las “Instrucciones para el estudio de una red óptica” para dar homogeneidad a los trabajos y plasmar el resultado de la experiencia y práctica llevada a cabo hasta la fecha. Sabemos que en 1911 se habían cubierto 100.000 kilómetros cuadrados de superficie, donde se estudió el asentamiento de hasta 318 estaciones ópticas con múltiples enlaces que sumaban la cifra de 28.000 kilómetros lineales[05].





LA COMPAÑÍA EXPEDICIONARIA DE MELILLA (1893 - 1894)

Con ocasión del ataque de los moros cabileños a la plaza de Melilla en octubre de 1893 por la construcción de un fuerte junto al cementerio y morabito de Sidi Guariach, y la muerte del General Gobernador de la plaza, general García Margallo, a la entrada del fuerte de Cabrerizas Altas el 28 de octubre, el gobierno español organizó el refuerzo de las tropas de Melilla hasta totalizar los 15.000 hombres[06]. Con ello dió comienzo la Primera campaña de Melilla, antecesora de las posteriores campañas de Marruecos del primer tercio del siglo XX, donde se dió a conocer el capitán Picasso, futuro juez instructor del expediente que lleva su nombre para el esclarecimiento de lo sucedido en el Desastre de Annual.

Entre los refuerzos se encontraba una sección de telegrafía óptica organizada por el Batallón de Telégrafos, al mando del teniente de Ingenieros don Gerardo López Lomo, que salió de Madrid el 24 de noviembre y desembarcó en Melilla tres días más tarde (27 de noviembre). La sección inició los trabajos de enlace el 30 de noviembre mediante la incorporación de una estación óptica a las fuerzas de protección de los trabajos del fuerte de Sidi Guariach y el establecimiento el 2 de diciembre de una red óptica de nueve estaciones para sustituir la red telefónica establecida por el 3er Regimiento de Zapadores de forma provisional durante los primeros momentos y que había sido cortada por los moros en sus ataques. La topología de esta red era la siguiente: aparatos dobles en el palomar de Ingenieros, corresponsales en los fuertes y cuarteles de San Lorenzo, Camellos, Cabrerizas bajas, Cabrerizas altas, Rostrogordo, Polígono, Victoria Grande y San Fernando.

Ante la concentración de tropas peninsulares en la plaza, el Batallón de Telégrafos organizó una sección de telegrafía eléctrica de montaña al mando del teniente de Ingenieros don Leonardo Royo, que partió para Melilla el 7 de diciembre y desembarcó en la plaza el 12 de diciembre. Con ella viajaba el capitán de Ingenieros don Santos López Pelegrín, que asumió el mando de las dos secciones expedicionarias. La nueva sección se dedicó a enlazar con línea telefónica el Cuartel General del General en Jefe de operaciones, general don Arsenio Martínez Campos, con los dos cuerpos de ejército que se organizaron (18 de diciembre), el Gobierno Militar de Melilla (20 de diciembre) y las obras de construcción del fuerte de Sidi Guariach (21 de diciembre), así como el Cuartel General del 2º Cuerpo de Ejército con la división del general Mella, que ocupaba el Polígono (21 de diciembre).

Normalizada la situación, el 1 de enero de 1894 comenzó el regreso de las fuerzas a la península y, en consecuencia, el repliegue de algunas de las línras telefónicas instaladas, si bien se instaló una estación óptica en el fuerte de Sidi Guariach, que pasó a denominarse Fuerte de la Purísima Concepción.

Finalizado el conflicto, el 21 de enero de 1894 la sección eléctrica embarcó para la península, mientras que la sección óptica se integró orgánicamente en la Compañía de Zapadores de Melilla[07].





LAS COMPAÑÍAS EXPEDICIONARIAS DE CUBA Y PUERTO RICO (1896 - 1898)

Con ocasión de la Segunda Guerra de Cuba (1895-98), a finales del verano de 1895 el Batallón de Telégrafos envió a la isla diecisiete estaciones ópticas de refuerzo y al capitán don José Marangues y Camps para el establecimiento de las primeras líneas ópticas. Posteriormente organizó seis compañías expedicionarias con destino al Caribe[08]:

  • 1ª compañía expedicionaria, de telegrafía óptica: se organizó en Madrid en noviembre de 1895 y desembarcó en La Habana el 6 de enero de 1896.

  • 2ª compañía expedicionaria, de telegrafía óptica: se organizó en Madrid en marzo de 1896 y desembarcó en Cuba el 24 de abril de ese año.

  • 3ª y 4ª compañías expedicionarias, una de telegrafía óptica y otra eléctrica: se organizaron en Madrid en julio de 1986 y desembarcaron en Cuba en octubre de ese año.

  • 5ª compañía expedicionaria, de telegrafía óptica: se organizó en Madrid por Real Orden de 30 de noviembre de 1896 con destino a Puerto Rico. Estuvo al mando del capitán de Ingenieros don José Barranco Catalá, quien realizó el estudio de la red de telegrafía óptica desde San Juan de Puerto Rico hasta Fajardo. Dada la escasez de tropas de Zapadores en la isla, esta compañía fue dedicada a trabajos de fortificación una vez declarada la guerra con Estados Unidos. La compañía permaneció en la isla hasta su evacuación en 1898.

  • 6ª compañía expedicionaria, de telegrafía óptica: se organizó en Madrid Madrid en noviembre de 1897 y fue destinada ese mismo mes a la isla de Cuba.

Las cinco compañías expedicionarias con destino a Cuba se integraron en el Batallón de Telégrafos de Cuba, creado por disposición del Capitán General de la Isla de 25 de abril de 1896, y se numeraron como 3ª, 4ª, 5ª, 6ª y 7ª compañías de telégrafos. Las dos primeras compañías eran la 1ª y 2ª Compañías de Telégrafos del Batallón Mixto de Ingenieros de Cuba, disuelto por la misma disposición. El Batallón de Telégrafos de Cuba estuvo al mando del teniente coronel de Ingenieros don Julián Chacel y estableció una extensa red de telegrafía óptica de más de un centenar de estaciones en las provincias de Pinar del Río, Santa Clara, Puerto Príncipe y Cuba. El batallón organizó una valiosa columna de comunicaciones al mando del propio teniente coronel Chacel, que maniobró por todo el territorio en constantes misiones de enlace y combate.

Las tropas de telégrafos se destacaron en la guerra de Cuba por su constante dedicación y esfuerzo a los trabajos propios de su especialidad, siendo utilizadas además como tropas de zapadores en trabajos de fortificación y combatiendo al enemigo integrados en las columnas con las que marchaban.

El Batallón de Telégrafos de Cuba fue disuelto el efectuarse la repatriación de los tropas españolas en diciembre de 1898[09].





LAS COMPAÑÍAS DE TELÉGRAFOS DE BALEARES Y CANARIAS (1900 - 1902)

Por Real Orden de 4 de abril de 1900 se crearon dos compañías de telegrafía óptica, una en Palma de Mallorca y la otra en Santa Cruz de Tenerife, con objeto de dotar de ellas a los ejércitos de Baleares y Canarias. Fueron organizadas por el Batallón de Telégrafos con material del batallón, y seguidamente se incorporaron al estudio de la Red Óptica de España que estaba realizando el batallón en las zonas de Levante y Sur de España[10].

A finales de octubre de 1900 ambas compañías marcharon a sus respectivos destinos, donde se incorporaron con una sección de telegrafía óptica, dotándolas poco después de una sección de telegrafía eléctrica de montaña. Hasta fin de año continuaron dependiendo del Batallón de Telégrafos, quedando independientes en la revista de enero de 1901.

Las compañías hacían su recluta en cada uno de los archipiélagos, y uno de sus principales cometidos fue el estudio de las redes ópticas de las islas, de los que presentaron diversas proyectos. Al reorganizarse el ejército regional de Baleares, el Real Decreto de 12 de septiembre de 1901 dispuso que la compañía de Telégrafos de este archipiélago se organizase en tres secciones: una de telegrafía óptica permanente, para el servicio de las estaciones costeras y dotada con aparatos Magín de gran calibre o similares; una sección de telegrafía óptica de campaña y una sección de telegrafía eléctrica de montaña, ambas con su material reglamentario. No se dispuso nada similar para la compañía de Telégrafos de Canarias.

La necesidad de normalizar la instrucción técnica y procedimientos de ambas compañías y la del Batallón de Telégrafos hizo pensar en hacer depender ambas compañías del batallón. De tal agrupación resultaban seis compañías, por lo que parecía natural elevar la categoría de la unidad superior y crear un regimiento. De esta manera, ambas compañías de integraron orgánicamente en el Regimiento de Telégrafos cuando éste se creó el 21 de agosto de 1902, si bien mantuvieron su nombre y carácter regional[11].





EL SERVICIO DE AEROESTACIÓN MILITAR

La creación del servicio de aeroestación militar en España corrió parejo al de la creación del Batallón de Telégrafos, pues el decreto de creación de éste último asignaba a la cuarta compañía del batallón el servicio de aeroestación de forma interina hasta que no se creara una sección independiente para estos servicios. De esta manera, la compañía, al mando del capitán de Ingenieros don Fernando Aranguren, quedó encargada de la conservación, inflado y manejo de los globos aerostáticos[12].

En 1888 se adquirió en Francia a la casa YON un globo esférico y su tren de inflado, que llegó a España a primeros de 1889. Se componía el citado tren de tres carros, uno para el transporte del globo, barquilla, lonas y demás bagaje, un segundo carro transportaba la complicada maquinaria para la producción del hidrógeno y el tercero era el denominado carro torno con una máquina de vapor para mover los engranajes del cable de retención y que fijaba el aerostato a tierra.

A poco de recibir el material, la Reina Regente doña María Cristina se personó el 27 de junio de 1889, sin previo aviso, en la Casa de Campo donde, junto al estanque de patinar, la 4ª Compañía del Batallón de Telégrafos hacía prácticas y maniobras de inflado. Sin dudarlo un instante, la Reina subió a la barquilla con el teniente coronel López de la Torre Ayllón, jefe del Batallón de Telégrafos, y realizó una ascensión. Como recuerdo de la misma se acuñó una medalla y desde ese momento nuestro primer globo recibió el nombre de "María Cristina". Días después fue S.A.R. la Infanta Isabel la que ascendió hasta una altura de 500 m en este mismo globo, longitud máxima de su cable de retención.

El 10 de julio de 1889, tuvo lugar la primera ascensión del globo YON en vuelo libre. El “María Cristina” ascendió hasta 400 m. y descendió en Velilla de San Antonio. Iba pilotado por el teniente de Ingenieros don Anselmo Sánchez Tirado, oficial del Batallón de Telégrafos, y llevó como pasajeros al teniente coronel López de la Torre Ayllón, al comandante Pérez de los Cobos (futuro jefe del Batallón de Telégrafos) y al capitán Aranguren. El “María Cristina” se incendió en uno de sus inflados por lo que se dejo de usar quedando almacenado todo el material.

Reconocida la importancia del Servicio de Aeroestación y la necesidad de crear una unidad independiente, en abril de 1896 se formó una comisión con el teniente coronel don José Suárez de la Vega, jefe del Batallón de Telégrafos, y el capitán don Francisco de Paula Rojas para estudiar las unidades de Aerostación existentes en los ejércitos de Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Como resultado de sus trabajos, por Real Orden de 30 de septiembre de 1896 (D.O. n° 222) el Servicio de Aeroestación se separó del Batallón de Telégrafos formando una unidad independiente en Guadalajara, formada por el Parque Aerostático y una Compañía de Aerostación, además del Palomar Central y la Fotografía Militar. El mando del Parque Aerostático recayó en el comandante de Ingenieros don Pedro Vives. La recién creada unidad se alojó en el Cuartel de San Carlos de Guadalajara y el polígono de prácticas y material se ubicó a orillas del río Henares. De esta manera comenzaba su vida independiente un servicio que duró hasta el que 3 de junio de 1934 se elevaron cuatro globos en el polígono de Guadalajara por última vez.







NOTAS:



    [01] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 313. El texto del Real Decreto está publicado en el tomo 39 del año 1884 del Memorial de Ingenieros.

    [02] El Real Decreto de 29 de agosto de 1893 aumentó la plantilla de paz del batallón hasta 430 hombres: 1 teniente coronel, 2 comandantes, 25 oficiales y 402 soldados; además, definió la plantilla de guerra en 1380 hombres: 1 teniente coronel, 2 comandantes, 43 oficiales y 1334 de tropa. Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, Madrid, 1911. Tomo II, pág. 327.

    [03] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 331 - 338.

    [04] Estudio histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 369. Gallego Ramos, op. cit., pág. 25.

    [05] Estudio histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 363 - 368.

    [06] Fuerzas Regulares Indígenas. Tomo I: De Melilla a Tetuán (1911-1914). Madrid, 2006. Pág. 25 y 26.

    [07] Gallego Ramos, op. cit., pág,s. 22-23.

    [08] Gallego Ramos, op. cit., pág, 24. Laorden, op. cit., pág. 42. Sequera, op. cit., pág,s. 72-74.

    [09] El coronel Gallego Ramos, en op. cit., pág.s. 24 – 51, ofrece una crónica de la actuación del Batallón de Telégrafos de Cuba, llevando al lector a diversos Memoriales del Arma de 1897.

    [10] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 338.

    [11] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, tomo II, pág. 340.

    [12] Gallego Ramos, op. Cit., pág,s. 24 y 25. Mexia Algar, Jose Ignacio, “La aerostación militar en España”, conferencia impartida en el CESEDEN con ocasión de las XII Jornadas de Historia Militar.