LOS INGENIEROS DEL REY
(17 de abril de 1711, antigüedad del Arma de Ingenieros)





ANTECEDENTES TELEGRÁFICOS ESPAÑOLES (1805-72)

Durante los tres primeros cuartos del siglo XIX el Ejército español no contó con tropas de Telégrafos organizadas desde tiempo de paz, pero no por ello descuidó el empleo de esta nueva rama del saber y práctica militar, encomendada al Real Cuerpo de Ingenieros.







RED TELEGRÁFICA MILITAR DE CÁDIZ (1805-20)

En 1805, con motivo de la guerra contra Inglaterra, el Capitán General de Andalucía y Gobernador Militar de Cádiz, general don Francisco Solano, ordenó el establecimiento de una red de telegrafía óptica que uniese la plaza de Cádiz con Sanlúcar de Barrameda, Medina-Sidonia, Chiclana y Jerez [01]. Con ocasión de un viaje que el general hizo a Sevilla, la línea Cádiz-Jerez fue prolongada hasta esta ciudad, replegándose el tramo Jerez-Sevilla a su regreso a Cádiz.

La Red Telegráfica de Cádiz cumplió su primer cometido de importancia tras la derrota en la batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805), pues gracias a él las autoridades pudieron organizar las ayudas y prestar los auxilios a los numerosos náufragos de ambas flotas, así como hacer frente a los desastres de aquellos días.



Telégrafo ideado por el Teniente Coronel don Francisco Hurtado para las líneas de telegrafía óptica de Cádiz (1805-20).

En 1808, y debido al sitio de Cádiz por el ejército francés, la Red Telegráfica quedó reducida a la línea Cádiz-Santi Petri por Torregorda e Isla de León, por la que se daba cuenta de las noticias que llegaban al Gobierno Militar y se publicaban posteriormente con el título de “Partes telegráficos de la Línea”. El propio Napoleón elogió la calidad de la Red Telegráfica de Cádiz, pues parece ser que dijo a sus ministros que prefería los telégrafos de Cádiz a los franceses [02]. Terminado el sitio, volvieron a restablecerse las líneas Cádiz-Chiclana y Cádiz-Jerez.

La Red Telegráfica de Cádiz estuvo funcionando hasta 1820, año en que dejamos de tener noticias de ella. Sabemos que con motivo de la sublevación del teniente coronel Riego en Cabezas de San Juan tan solo quedó en servicio la línea Cádiz-La Cortadura de San Fernando, y solo por unos meses. Don Ramón de Santillán, capitán de Caballería destinado en el Ejército Expedicionario de Ultramar, posteriormente senador vitalicio y fundador del Banco de España, dejó escrito en sus memorias que las autoridades militares de Cádiz se enteraron de la llegada de las tropas sublevadas al mando del coronel Quiroga y del teniente coronel Riego gracias a la Red Telegráfica y que pudieron, por tanto, impedir su entrada en la plaza [03].

Técnicamente la red se basaba en un sencillo telégrafo óptico inventado por el teniente coronel de Ingenieros don Francisco Hurtado[04]. De tipo semafórico, ofrecía 24 combinaciones de señales distintas mediante un mástil de unos seis metros de altura [05] y dos paletas de aproximadamente un metro de longitud [06] unidas al poste a diferente altura [07] que se movían en el plano vertical mediante un sistema de cuerdas y poleas. El código de operación incluía las cinco vocales, quince consonantes y cuatro combinaciones de servicio. La inclusión de estas últimas en el texto podía cambiar el significado de las letras a números, permitiendo de este modo el empleo de catálogos con expresiones predefinidas y hasta un total de 812 grupos útiles de tres señales.

La Red Telegráfica de Cádiz estaba al mando de un Director Principal, auxiliado por un Segundo Director encargado de la “cuenta, razón y detalle del Establecimiento”, y dos o tres ayudantes encargados de revistar e inspeccionar las líneas y las estaciones, así como para hacer frente a las demás ocurrencias del servicio. Cada estación telegráfica estaba formada por un telégrafo, un anteojo, un reloj, los códigos de señales, material de escritorio y repuestos de material, todo ello servido por dos vigias [08] y tres sirvientes [09], pertenecientes al Cuerpo de Ingenieros. En el extremo de cada línea existía un depósito de personal (dos vigías y tres sirvientes) y material para la cobertura de bajas.





TELÉGRAFO PORTÁTIL "DE LA CUADRA" (1825)

En 1825 el Ingeniero General, don Ambrosio de la Quadra, proyectó un telégrafo óptico de portátil consistente en un poste vertical de seis metros de altura dividido en dos tramos para su transporte en el que se montaban dos aspas unidas por el vértice de unión con el mástil. De esta manera, de modo similar a un hombre moviendo sus brazos, el telégrafo permitía 21 combinaciones utilizando las posiciones horizontales y las inclinadas a 45 grados. Desconocemos si llegó a utilizarse [10].





TELÉGRAFO DE CAMPAÑA "HURTADO" (1829)

En 1829 el Teniente Coronel don Mateo Hurtado[11], colaborador y quizás hermano del oficial que proyectó la Red Telegráfica de Cádiz, construyó un telégrafo óptico de campaña ideado expresamente para acompañar a las columnas de operaciones [12].



Telégrafo de campaña ideado por el Teniente Coronel don Mateo Hurtado (Museo de la Academia de Ingenieros, Hoyo de Manzanares).

Estaba formado por un carruaje de campaña tirado por dos mulas o caballos y operado por tres personas: dos sirvientes facultativos (primero y segundo) para el manejo del telégrafo, y un tercer sirviente “carromatero” o “mayoral", encargado del carruaje y del ganado. El diseño del telégrafo era una copia exacta del telégrafo de Cádiz, con un mástil de entre 3,5 a 4 metros de altura, instalado en la parte posterior del carruaje, de forma que pudiese abatirse hacia delante para su transporte, e izarse en la posterior y afirmarse en ella para su operación.

El carromato estaba dividido longitudinalmente en tres compartimentos, y cada uno de los laterales en otros tres, de forma que se utilizaban para lo siguiente:

  • Tienda de campaña, que se guardaba en el compartimentos del centro.
  • Catálogos diarios de órdenes, anteojos y demás enseres del telégrafo.
  • Herramientas, correas y útiles de reserva del carruaje.
  • Gallardete, que debe guardarse solo para no perder tiempo en su instalación.
  • Pienso.
  • Dos compartimentos para el equipaje personal.






PRIMERA GUERRA CARLISTA (1836-40)

La Primera Guerra Carlista estalló sin que existiera ninguna unidad de Telégrafos dentro del Regimiento Real de Ingenieros, de forma que en 1833 el servicio telegráfico militar seguía confiado a la dirección de los jefes y oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros, que contaban con paisanos para la constitución de las cuadrillas encargadas de instalar y operar las líneas. El material telegráfico utilizado formaba parte de la dotación de los parques del Real Cuerpo.

Además del telégrafo portátil de Hurtado, durante la guerra se emplearon otros dos tipos de telégrafo óptico más sencillos que podían fijarse fácil y rápidamente en tierra o en un edificio. Finalizada la guerra, dos versiones mejoradas de estos telégrafos, uno de ellos ideado por el coronel Mathe en 1844, comenzaron a emplearse en las Escuelas Prácticas del Regimiento de Ingenieros a partir de 1847. Ante la ausencia de tropas de Telégrafos, para su servicio se empleaba generalmente la Sección de Zapadores Jóvenes, creada en 1844 y afecta al Regimiento de Ingenieros[13].

La necesidad del enlace a distancia entre los cuarteles generales del ejército realista y las columnas de maniobra obligó a éste a construir redes telegráficas de campaña. En 1836 el Cuartel General de los rebeldes carlistas se encontraba en el pueblo navarro de Estella. Las fuerzas realistas rodeaban a los rebeldes desde sus bases de operaciones en Vitoria, Logroño y Pamplona, por lo que el general en jefe del Ejército del Norte autorizó el establecimiento de una red telegráfica que enlazara entre sí estas tres capitales.

El Director de Telégrafos del Ejército del Norte era el general don Manuel de Santa Cruz, quien diseñó dos líneas telegráficas con 15 estaciones formada cada una de ellas por una torre fortificada y guarnecida permanentemente [14]:

  • Línea Logrono-Pamplona, con ocho estaciones: 1-Logroño, 2-Agoncillo, 3-Alcanadre, 4-Lerín, 5-Larraga, 6-Puente la Reina, 7-Venta del Perdón, 8-Pamplona.

  • Línea Logroño-Vitoria, con siete estaciones: 9-Vitoria, 10-Ariñez, 11-La Puebla de Argarzón, 12-Miranda de Ebro, 13-Sierra de Herrera, 14-Briones, 17-Laguardia.

La estación número 18 estaba en Viana, de forma que pudiese rodear Logroño y enlazar las estaciones de Laguardia con Agoncillo.



En el Museo San Telmo de San Sebastián se guarda el original de esta lámina, que reproduce las torres ópticas del tramo Miranda de Ebro - Vitoria.

El telégrafo del general Santa Cruz consistía en un mástil con dos travesaños fijados a diferentes alturas y con dos discos indicadores, uno a cada lado del mástil, que podían variar su posición respecto a los travesaños fijos. Cada indicador podía tomar hasta siete posiciones diferentes, de forma que los signos se codificaban empleando un sistema de numeración de siete dígitos. El telégrafo podía operarse de noche mediante el empleo de faroles que iluminaban los indicadores y los travesaños.

El sistema diseñado por el general Santa Cruz incluía incluía una instrucción para el régimen interior de los telégrafos, un Diccionario Telegráfico que incluía un amplio catálogo claves y de expresiones para su empleo por los operadores, y un procedimiento para la transmisión y recepción de los mensajes.



Telégrafo óptico utilizado durante la Primera Guerra Carlista. España - Grabado. Panorama Español. Crónica contemporánea. Obra pintoresca". Por una reunión de amigos Colaboradores. Madrid 1842

La Red Telegráfica del Ejército del Norte estuvo en servicio cuatro años y parece ser que envió tan solo 2.136 partes, es decir, menos de dos partes diario. Quedó en deshuso en finalizar la Primera Guerra Carlista. En el Museo de San Telmo de San Sebastián figura un cuadro que representa la línea de fuertes entre Miranda de Ebro y Vitoria en la que pueden verse los telégrafos en lo alto de las torres.





RED NACIONAL DE TELEGRAFÍA ÓPTICA (1844-57)

Incluimos la Red Nacional de Telegrafía Óptica dentro de los antecedentes telegráficos militares españoles por su estrecha vinculación con el Ejército.

Ante la ausencia de una red telegráfica nacional similar a la existente en otros países como la vecina Francia, a primeros de marzo de 1844 el Brigadier de Ingenieros don Manuel Varela y Limia, a la sazón Director General de Caminos, recibió la orden del Ministro de la Gobernación, el moderado González Bravo, de establecer una Red Telegráfica que uniera todas las capitales de provincia y puntos notables de la costa y fronteras con la capital del reino[15]. Por su vinculación al orden público, su construcción y explotación correspondieron al Ejército[16].



Torre número 5 de la línea Madrid - Irun, situada en Monterredondo (Collado Mediano), obtenida del sitio web de la Asociación de Amigos del Telégrafo.

Con un celo digno de su carácter militar, el brigadier Varela envió una copia del Real Decreto dos días antes de su publicación oficial, así como de los dos Reales Decretos de 1837 que en él se citaban, a los Ingenieros jefes de los distritos, acompañada de una circular en la que expresaba las directrices de la Red Telegráfica que había que acometerse, entre las que cabe mencionar las siguientes:

  • Los oficiales de Ingenieros debían realizar los reconocimientos del terreno previos a los replanteos.
  • Fijó las distancias entre las distintas torres ópticas.
  • Señaló la conveniencia de que el trazado de las líneas se mantuviera cercano a las carreteras.

La circular finalizaba con una arenga militar digna de ser leída:

    “En este convencimiento, y teniendo presente la extremada urgencia con que se desea el establecimiento de las expresadas comunicaciones telegráficas, recomiendo a V.S., y me prometo de su celo y patriotismo y del ardiente interés de que le creo animado por el honor del Cuerpo, que procederá por sí en la parte que le toca, y hará proceder a los Ingenieros empleados bajo sus inmediatas órdenes, con la mayor actividad en el desempeño meditado y completo de las operaciones indicadas en la presente orden y con sujeción a todo lo que en la misma se previene[17].”

Esta orden fue seguida de otra redactada por el brigadier Varela a finales de mes dirigida a los jefes de distrito anunciándoles que el Ministro de la Gobernación había dado órdenes a los jefes políticos de las provincias para que permitieran la entrada a los edificios oficiales, civiles y militares, a los Ingenieros que buscaban emplazamientos para los telégrafos ópticos, a fin de que pudieran inspeccionarlos [18].

Convocado el concurso para la elección del telégrafo óptico a emplear, el fallo se produjo por Real Orden de 29 de septiembre de 1844 [19], resultando ganador el sistema ideado por el Coronel de Estado Mayor y Brigadier de Caballería don Jose María Mathé Aragua, consistente en seis barras verticales en las que se insertaba una esfera. El código de señales se obtenía mediante la combinación de las posibles posiciones que podían ocupar las seis esferas en la vertical.



Telégrafo del brigadier Mathé, obtenido del sitio web de la Asociación de Amigos del Telégrafo.

Ese mismo día se ofició al Ministro de la Guerra que el coronel Mathé pasaba a ocuparse de la construcción de la línea telegrafica Madrid-Irun, a las órdenes del Director General de Caminos. El coronel Mathé se reveló un gestor infatigable, decidido y enérgico. Había colaborado en el proyecto telegráfico que el Teniente de Navio don Juan José de Lerena había presentado al Gobierno en los años 30 y había formado parte de la Comisión Topográfica de España. Conocía los problemas constructivos de las torres ópticas, pues no en vano había estado a cargo de las fortificaciones de Castro Urdiales. Su actividad comenzó de forma tan frenetica que consiguió que por Real Decreto de 5 de agosto de 1845 fuese aprobado el Reglamento orgánico del Servicio Telegráfico.



Coronel Mathé, padre del primer intento de establecimiento de una Red Telegráfica Nacional.

Por Real Orden de 14 de junio de 1847 fue nombrado responsable de la organización del Servicio Telegráfico nacional, dentro del Ministerio de la Gobernación. En enero de 1851 fue nombrado Director General, con el título de Director Jefe de las Líneas.

La Red Nacional de Telegrafía Óptica se compuso de tres líneas:

  • 1ª Línea: Madrid-Irun, con 52 torres. Se ordenó su construcción por Real Orden de 29 de septiembre de 1844, entrando en servicio dos años más tarde, el 2 de octubre de 1846.

  • 2ª Línea: Madrid-Barcelona, construida por partes en varios ramales:

    • Ramal Madrid-Valencia, con 30 torres. Comenzó a construirse en 1848 y entró en funcionamiento en 1849.
    • Ramal Valencia-Barcelona, proyectada con 30 torres, en 1850 se seguía trabajando en ella. Los trayectos Valencia-Castellón y Barcelona-Tarragona estuvieron funcionando de forma no oficial, no así el tramo Castellón-Tarragona, interrumpido por bandas de facciosos carlistas. En julio de 1853 ya se habían desmantelado todos los telégrafos.
    • Ramal de Cuenca, con 8 torres, construido en 1850.
    • Ramal Barcelona - La Junquera, con 17 torres, construido en 1850.


  • 3ª Línea: Madrid-San Fernando (Cádiz), con 59 torres. Se construyó en 3 años y entró en servicio en dos partes: el ramal Madrid-Puertollano lo hizo en julio de 1850; en febrero de 1853 finalizó la construcción de la torre de San Fernando. Estuvo en funcionamiento hasta agosto de 1857, fecha en que se ordenó el abandono de las torres y su custodia por la Guardia Civil.

Pascual Madoz opinaba que la decisión de emplear a los militares que se licenciaban en Telégrafos fue una decisión importantísima y tracendental, no sólo porque así se daba acomodo digno a los veteranos, sino “porque no hay servicio más análogo al militar que el telegráfico, por los hábitos de subordinación y disciplina que exige, y por las fatigas y privaciones que le son inherentes [20].”



Sello conmemorativo del 150 Aniversario de la línea de telegrafía óptica Madrid - Irún.

La Red Nacional de Telegrafía Óptica nació herida de muerte por la nueva tecnología emergente de telegrafía eléctrica. El coronel Mathé era plenamente consciente de ello, pues para él las líneas de telegrafía óptica en las que trabajaba nunca conformaron ni podrían conformar una verdadera red nacional. De ello es prueba que a partir de la entrada en funcionamiento de la línea óptica Madrid-Cádiz en 1853 dedicó muchos esfuerzos a seleccionar y entrenar un grupo de personas capaz de establecer una verdadera Red Telegráfica Nacional basada en telegrafía eléctrica.



Red Nacional de Telegrafía Óptica

En una fecha tan temprana como 1854 quedaba completada la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún. Un año después, en 1855, dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmanteló la línea de telegrafía óptica Madrid-Cádiz. Las últimas estaciones de telegrafía óptica que dejaron de funcionar fueron las que formaban parte de la red catalana de telegrafía óptica que mencionamos a continuación.





TELÉGRAFO ÓPTICO DE SANTOS (1848)

El coronel primer comandante de Ingenieros don Eusebio de Santos diseñó en 1848 un telégrafo óptico para sustituir el que estaba usándose en la plaza de Manila, Filipinas[21]. Estaba formado por un mástil al que se unían un listón horizontal central y dos flechas situadas de forma equidistante de la anterior. El sistema de movimiento del listón y las flechas, basado en poleas y seis contrapesos, se caracterizó por la facilidad de operación que ofrecía a los sirvientes del aparato.





RED TELEGRÁFICA ÓPTICA MILITAR DE CATALUÑA (1848-62)

La campaña de Cataluña de 1848 puso de manifiesto la necesidad de contar con comunicaciones telegráficas, pues la actividad del enemigo, fraccionado en partidas diseminadas y dispersas, exigía noticias sobre su situación con prontitud y exactitud con objeto de que el mando pudiera dar las órdenes oportunas a las columnas móviles que las perseguían [22].

El Capitán General de Cataluña, a la sazón el Marqués del Duero, encargó al coronel Mathé, a la sazón jefe del Servicio Telegráfico nacional, la puesta en marcha de varias líneas ópticas que enlazaran Barcelona con Lérida, Manresa, Vich y otros pueblos del interior del Principado, que en aquellas fechas estaban siendo acosados por "gavillas de latrofacciosos", que es como denominaban los periódicos de Madrid a las partidas de carlistas y matiners.

El coronel Mathé creó un sistema más sencillo que el que ya utilizaba la línea Madrid-Irún. Además confeccionó un Diccionario Telegráfico, unas tablas de transmisión para el telégrafo de noche y de día para instrucción de los oficiales y una “Instrucción para los torreros y cartilla de servicio interior y señales particulares" para los operadores. Por último, llevó algunos torreros de la línea de Irún para que actuaran como instructores.



Torre telegráfica del brigadier Mathé, obtenido del sitio web de la Asociación de Amigos del Telégrafo, utilizado como modelo en la red óptica militar de Cataluña entre 1848 y 1862.

El Coronel de Ingenieros don Manuel Ramón García fue encargado de realizar el estudio del proyecto y los reconocimientos sobre el terreno, así como la dirección de las obras necesarias para su instalación [23].

La Red Telegráfica Militar de Cataluña estaba formada por cinco líneas ópticas radiales que tenían a Barcelona por centro, unidas por otras líneas transversales, con un total de unas 80 estaciones y unos 800 kilómetros:

  • Barcelona (Montjuich) – La Junquera: 15 estaciones, pasando por Hostalrich, Gerona y Figueras.
  • Barcelona (Montjuich) – Solsona: 14 estaciones, pasando por Casa Masana, Manresa y Cardona.
  • Barcelona (Montjuich) – Vich: 8 estaciones, pasando por Montornes y Granollers.
  • Barcelona (Atarazanas) – Lérida: 18 estaciones, pasando por Casa Masana, Igualada y Cervera.
  • Barcelona (Atarazanas) – Tortosa: 17 estaciones, pasando por Villafranca y Reus.

Siempre que fue posible se instalaron los telégrafos en las torres de las iglesias, edificios altos con buen horizonte, ermitas, etc., ejecutando para ello las obras de acondicionamiento necesarias. Para el resto de los casos se construyeron torres ópticas de nueva planta, aspilladas, de dos pisos y azotea: el primero para una guarnición de entre 15 y 20 hombres, el segundo para los torreros y operación del telégrafo, y la azotea para la instalación del mismo.

La Red fue construida por el siguiente personal del Cuerpo de Ingenieros y del único Regimiento de Ingenieros existente en el ejército en aquellos años:

  • Oficiales de la Compañia de Pontoneros del 1er. Batallón del Regimiento de Ingenieros: capitán don Antonio Pasarón, tenientes don Antonio Torner y don Juan Orduña, y subteniente agregado don Eusebio Torner.
  • Oficiales del Cuerpo de Ingenieros: capitanes don Salvador Medina, don Jorge Falces, don Bernardo Paternó, don Antonio Guitián y don Juan Modet; y teniente don Enrique Puigmoltó.
  • 4ª Compañía de Zapadores del 1er. Batallón de Regimiento de Ingenieros.
  • 4ª Compañía de Zapadores del 3er. Batallón del Regimiento de Ingenieros.

Al frente del Servicio Telegráfico de Cataluña estuvieron los Coroneles de Ingenieros don Manuel Ramón García y don Francisco de Casanova y Mir con el título de Directores Facultativos de los telégrafos militares de Cataluña, ambos subordinados al coronel Mathé. El servicio lo prestaban soldados de Infantería con sus jefes, a las órdenes todos ellos del Director Facultativo correspondiente. Las líneas estaban divididas en secciones, siendo los oficiales que las mandaban los responsables de todo cuanto ocurriera, tanto en el orden militar como en el telegráfico.

En vista del estado de tranquilidad en que se encontraba el Principado de Cataluña, por Real Orden de 19 de diciembre de 1862 se dispuso la supresión del servicio en esta red y la retirada del material.





RED TELEGRÁFICA ELÉCTRICA MILITAR DE BARCELONA (1853)

En 1835 nació el telégrafo eléctrico cuando Morse tuvo la idea de utilizar un electroimán en las comunicaciones a distancia. Italia, Francia, Inglaterra y Prusia siguieron con interés el desarrollo de este nuevo invento y organizaron trenes y brigadas de telegrafía eléctrica de campaña en las unidades de sus ejércitos.

Su empleo en campaña se ciñó a las comunicaciones de los ejércitos de operaciones con sus respectivas retaguardias, ya que los ejércitos seguían utilizando los sistemas ópticos en sus despliegues, marchas y estacionamientos. Esto fue lo que ocurrió en la guerra de Crimea (1855-56), en la de Argelia (1857), en la Insurrección India (1857-58), en la guerra civil americana (1861-65) y la franco-prusiana (1870). La utilidad de la telegrafía eléctrica se puso de manifiesto en toda su extensión durante la campaña del Piamonte (1861-62) [24].

El desarrollo de la telegrafía eléctrica militar en España fue objeto de un inexplicable abandono. De las comisiones que el Ingeniero General Zarco del Valle envió al extranjero para revitalizar el Real Cuerpo de Ingenieros, dos oficiales sacaron provecho de sus estudios y observaciones de la telegrafía eléctrica: el teniente coronel, capitán de Ingenieros, don Ambrosio Garcés de Marcilla; y el capitán de Ingenieros don Mariano García y García. El primero escribió un Tratado de telegrafía eléctrica en 1851, mientras que el segundo publicó en el Memorial de 1862 una Memoria sobre los telégrafos electro-magnéticos usados en el ejército prusiano [25].

El capitán Garcés de Marcilla consiguió llevar sus inquietudes a la práctica en 1853 en Barcelona. En aquellos años, vista la lentitud de operación de las líneas ópticas, el Capitán General de Cataluña ordenó al capitán Garcés su sustitución por otras de telegrafía eléctrica, con el encargo de aumentar la red existente para llegar a una serie de edificios militares.

El capitán Garcés de Marcilla estableció unas líneas de telegrafía eléctrica que partían del castillo de Montjuich y las Atarazanas y los unían con el Marqués de la Mina, la Ciudadela y la Capitanía General. Para su instalación y establecimiento contó con personal de Infantería, al cual instruyó convenientemente y para el cual redactó un manual específico. El sistema empleado fue el telégrafo de cuadrante, del sistema Breguet, con la pila de Daniel modificada por Breguet.





PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859-60)

La Primera Guerra de África estalló en 1859 sin que el Ejército español tuviera más que un Regimiento de Ingenieros y, dentro de él, ninguna tropa organizada de Telégrafos. Por ello se tuvo que organizar una Brigada de Campaña a lomo con personal y material del Cuerpo de Telégrafos civil, compuesta por seis estaciones Morse de pilas de arena y conductores en bobinas. La Brigada no llegó a utilizarse en la guerra por haber naufragado el vapor Génova que los transportaba [26].



Batalla de Tetuan, ciudad que cayó en manos españolas el 6 de febrero de 18609. Cuadro pintado por Dionisio Fierros Álvarez.

Tras el naufragio se creó una segunda Sección de Telégrafos en Ceuta con material y personal procedente de la Península, que estableció la línea El Hacho-Serrallo. Al ocuparse Tetuan en febrero de 1860, la sección estableció la línea Fuente Martín-Serrallo y Aduana, de 10 kilómetros.

Durante la campaña se tendió un cable submarino entre Ceuta y Tarifa, pero una rotura del mismo impidió su utilización, imposibilitandose el enlace con el ejército expedicionario en África.

Una de las lecciones identificadas al finalizar la guerra fue la necesidad de contar con más tropas de Ingenieros y la importancia de las de Telégrafos. Por ello en 1860 se creó el Segundo Regimiento de Ingenieros, con dos batallones a seis compañías cada uno; sin embargo, ninguna de ellas sería de Telégrafos, con lo que se perdió una nueva oportunidad para crear las esenciales tropas de esta especialidad.



NOTAS:


    [01] Salvo que no se indique otra cosa mediante notas al pie de página o expresamente en el texto, todas las noticias de esta red están tomadas del Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros (Madrid, 1911), Tomo II, pág,s. 274-280.

    [02] Olivé Roig, Sebastián. Historia de la telegrafía óptica en España. Secretaría General de Comunicaciones. Ministerio de Transporte, Turismo y Comunicaciones. Madrid, 1990. Pag. 23, citando a Alejandro Cioranescu, “Agustín de Betancourt, su obra técnica y científica”, La Laguna, 1965.

    [03] Santillán, Ramón de. “Memorias”. Cuadernos 1, 2 y 3.

    [04] Horacio Capel, en su estudio sobre las biografías de los Ingenieros Militares del siglo XVIII, cita a un tal Francisco Hurtado, hijo del mariscal de campo don Antonio Hurtado. Nombrado Ayudante de Ingeniero en 1769, con ocasión de la guerra contra la República Francesa permaneció en diversas plazas de Cataluña entre 1794 y 1801, realizando obras y dibujando planos; es estos años tuvo también destinos en Navarra y Baleares, pasando en 1801 a Valladolid. Capel presenta la duda de su posible identidad con el ingeniero Francisco Hurtado y Pino, que en 1777 se encontraba en Nueva España comisionado en el rio Orinoco y la Guayana. El brigadier Aparici despejó la duda, pues en su relación de oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros publicada en el Memorial de Ingenieros de abril de 1911 (número IV, año LXI) encuentra dos Francisco Hurtado; al primero le asigna el número de escalafón 670 y al segundo, Pino, el número 537.

    [05] Siete varas de altura, correspondientes a 5,852 metros.

    [06] Vara y media de longitud, correspondientes a 1,154 metros.

    [07] La primera se insertaba a tres varas y media desde el extremo inferior; la segunda a seis varas y media (2,926 y 5,434 metros respectivamente).

    [08] Los vigias (primer y segundo vigía) eran los encargados de la preparación de los avisos, escribiéndolos en números, teniendo a la vista los catálogos y códigos y variando su redacción, sin alterar el concepto, cuando no era posible el empleo de los catálogos por no contener palabras o frases que figuraban en el texto del aviso.

    [09] Uno era el encargado de operar el telégrafo haciendo los signos que indicaban los vigías; otro era el ranchero; el tercero debía llevar corriendo los avisos al siguiente puesto cuando no podía hacerse por telégrafo, por la causa que fuese.

    [10] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros. Madrid, 1911. Tomo II, pág. 281.

    [11] Horacio Capel, en su estudio sobre las biografías de los Ingenieros Militares del siglo XVIII, cita a un tal Mateo Hurtado, a quien encuentra entre 1784 y 1800 realizando planos de edificios en la plaza de San Roque y el plano y perfiles de la muralla sur de Cádiz. Afirma desconocer si era Ingeniero Militar, pero indudablemente lo era, pues aparece con el número de escalafón 735 en la relación de oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros realizada por el brigadier don José Aparici García, publicada en el Memorial de Ingenieros de abril de 1911 (número IV, año LXI).

    [12] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros. Madrid, 1911. Tomo II, pág. 282.

    [13] Gallego Ramos, Eduardo. Historial compendiado del Regimiento de Telégrafos y de las tropas de esta especialidad. El Pardo, 1929. Pág. 9.

    [14] Santa Cruz, Manuel. “Diccionario telegráfico, encabezado por una Instrucción para el régimen interior de los telégrafos del Ejército. Recibo y transmisión de las comunicaciones”. Manuscrito existente en el Museo Postal y de Telecomunicación de Madrid. También Navarro Villoslada, F. “Telégrafos españoles”, publicado por el "Semanario pintoresco español" en 1841. Citados por Olivé Roig, op. cit., pág. 33 y siguientes.

    [15] Real Decreto de 1 de marzo de 1844, publicado en la Gaceta de Madrid el 6 de marzo. Citado por Olivé Roig, op. cit. Pág. 41.

    [16] Mientras no se diga otra cosa, todas las noticias relativas a esta red han sido tomadas de Olivé Roig, op. cit.

    [17] Boletín Oficial de Caminos, Canales y Puertos. Marzo de 1844. Citado por Olivé Roig, op. cit, pág. 42.

    [18] Boletín Oficial de Caminos, Canales y Puertos. Abril de 1844. Citado por Olivé Roig, op. cit, pág. 42.

    [19] Se publicó en la Gaceta de Madrid el 2 de octubre.

    [20] Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico. Artículo “Madrid”. Citado por Olivé Roig en op. cit, pág. 81.

    [21] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, Madrid, 1911. Tomo II, pág. 291.

    [22] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, Madrid, 1911. Tomo II, pág. 286-291.

    [23] Gallego Ramos, Eduardo. Op. cit., pág. 10.

    [24] Olivé Roig. Op. Cit. pag. 97.

    [25] Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros, Madrid, 1991. Tomo II, pág. 292-294.

    [26] Gallego Ramos, Eduardo. Op. cit., pág. 11.