LOS INGENIEROS DEL REY
(17 de abril de 1711, antigüedad del Arma de Ingenieros)





PLAN DE DEFENSA DEL TERRITORIO (siglo XVI)

Desde que los Reyes Católicos iniciaron una nueva política exterior expansionista, que culminó con la unión de Navarra a la corona española en 1512, dio comienzo un vasto programa de fortificaciones para proteger la península de posibles agresiones externas, que alcanzó prácticamente todas las zonas de la periferia peninsular y que tuvo su mayor esfuerzo con los reyes Carlos I y Felipe II.


Durante el reinado de Carlos I la amenaza francesa se cernía sobre Navarra, el Rosellón y la depresión vascongada, por lo que allí se dirigieron los esfuerzos de fortificación de este monarca, que fueron continuados por su hijo, quien además inició la fortificación de los Pirineos centrales.

La amenaza de los piratas berberiscos y de los turcos obligó a Carlos I a fortificar el litoral mediterráneo, e igual política siguió su hijo Felipe II.

La ausencia de una flota francesa capaz de atacar con éxito el litoral cantábrico y la fachada atlántica motivaron la práctica ausencia de fortificaciones en estas zonas durante el siglo XVI.

La fortificación de la frontera con Portugal se descuidó debido a la política de unión de este reino con España llevada a cabo por los reyes españoles mediante enlaces matrimoniales.




Hombres nivelando. Los veinte y un libros de los ingenios y máquinas. Juanelo Turiano. Siglo XVI. Biblioteca Nacional. Madrid


Durante el reinado de Felipe II se realizaron la mayoría de las plazas fuertes y fortificaciones en nuestras fronteras y costas americanas, que cobraron tal importancia que se diseñó un procedimiento centralizador para la construcción de las mismas:

  • El iniciador del proceso era el Capitán General de Artillería, el Capitán General del Reino o un militar de alta graduación, quienes visitaban una zona determinada acompañado de un "ingeniero del rey" para realizar un informe del estado de las fortificaciones. En los documentos conservados de este siglo se observa que en ocasiones los ingenieros eran los únicos que emitían informes sobre obras ya comenzadas, o sobre los proyectos y trazas de otros ingenieros anteriores.

  • El informe se elevada al Consejo de Guerra o al Consejo de Indias, según fuese la ubicación del territorio a fortificar, quien debía de aprobar el proyecto. Por último, el rey era quien personalmente tomaba la decisión pertinente sobre la propuesta.

El Rosellón

Tras la recuperación del Rosellón después del ataque francés de 1496 en el marco de la primera campaña de Italia, Fernando el Católico ordenó a Ramiro López fortificar la provincia. Este realizó obras de fortificación en Salces, Persignan, Elna y Colibre, en el Rosellón, y en Puigcerdá, en la Cerdeña.

A mediados del siglo XVI el capitán Luis Pizaño, que estaba realizando obras de fortificación en Barcelona y Rosas, se trasladó al Rosellón y la Cerdeña para trazar las obras del castillo y la ciudadela de Perpignan, el fuerte de San Telmo de Colibre (de forma atenazada o estrellada), y algunas otras en Salces y Puigcerdá.

También se fortificaron en esos años Vella Guardia, Le Pertús, Tratan, Puig Valledor, Puigcerdá y la Seo de Urgel.

Todas estas fortificaciones resistieron numerosos ataques de los franceses hasta que en 1659 se perdió el Rosellón a favor de Francia tras la infausta Paz de los Pirineos.

Navarra

Tras su incorporación en 1512 a la corona de España, el reino de Navarra fue fortificado para rechazar los previsibles intentos franceses de invasión. Las primeras obras se realizaron en Pamplona, donde encontramos trabajando a lo largo del siglo a Luis Pizaño, Juan Bautista Calvi, Juan Bautista Antonelli, el Fratín, Cristóbal de Rojas y Antonio Herrera.

Posteriormente se fortificaron Estella, Tudela, Olite, Lumbier y Sangüesa. Logroño fue fortificada por Juan Bautista Calvi.

Pirineos Centrales

Los franceses no llevaron a cabo ataques hacia Aragón hasta finales del siglo XVI, por lo que esta zona no fue fortificada hasta estos años. Spanocchi y Francisco de Miranda fortificaron Zaragoza; la ciudadela de Jaca fue proyectada y construída por Spanocchi, quien fortificó también Castell León en el Valle de Arán. Hernando de Acosta realizó obras en Canfranc, Hecho, Ausó y Santa Elena. Finalmente, Hernando de Acosta y Spanocchi realizaron juntos obras en la canal de Verdún, Ainsa y en el castillo de Benasque.

Frontera con Portugal

La fortificación de la frontera con Portugal se descuidó debido a la política de unión de este reino con España llevada a cabo por los reyes españoles mediante enlaces matrimoniales. No obstante, a la muerte del rey Sebastián en la batalla de Alcázar-Kebir en 1578 y de su sucesor cardenal Enrique en 1580, Felipe II reclamó el trono portugués como hijo que era de la emperatriz Isabel, hija mayor del rey Manuel I de Portugal. Para ello situó el ejército del duque de Alba en Badajoz para avanzar posteriormente sobre Lisboa. De esta época (marzo de 1580) data el informe que el ingeniero Juan Bautista Antonelli sobre "el orden y caminos que han de seguir las tropas que han de formar el ejército que se ha de reunir en Badajoz", y el informe posterior del mismo ingeniero fechado el 18 de agosto en Setúbal sobre "todo lo que había observado en el reconocimiento de los caminos por donde debe pasar el ejército de la Andalucía, que se ha de reunir en Extremadura."

De aquellos años son las trazas de Fratín y Turriano del castillo de San Juan, en las bocas del Tajo, y del castillo de San Felipe, en Setúbal.

Litorales atlántico y cantábrico

Carlos I no realizó obras de fortificación en estas costas, ya que la amenaza provenía de los ataques piratas de Barbarroja, y estos se circunscribían al Mediterráneo. Por su parte, en aquellos años Francia no disponía de una flota de guerra capaz de oponerse a la española al mando de Andrea Doria, por lo que no se temían ataques marítimos por parte de esta nación vecina. No obstante, se trabajó con ahinco en las provincias vascongadas para frenar las amenazas de la vecina Francia.

    Costa vascongada

    Durante el reinado de Carlos I las fortificaciones de las plazas de Fuenterrabía y San Sebastián fueron proyectadas por el Prior de Barletta y por Benedito de Rávena. Posteriormente el Fratín comenzó las obras en Fuenterrabía, que fueron continuadas por Leonardo Turriano y el capitán Luis Pizaño a mediados del siglo XVI.

    Las obras de San Sebastián fueron comenzadas por el capitán Luis Pizaño a mediados del siglo XVI y continuadas por el Fratín y Spanocchi.

    Por su parte, Spanocchi realizó las trazas de las plazas de Guetaria, Pasajes, Higuer y Beovin.

    Santander

    Vespasiano Gonzaga, Capitán General de Navarra, visitó las fortificaciones de Santander, donde encontramos a el Fratín trabajando como ingeniero no solo en Santander sino también en el puerto de Santoña. Por su parte, Cristóbal de Rojas fue el autor del proyecto y construcción del fuerte de San Martín, en el puerto de Santander.

    Galicia

    Por su parte, Galicia no sintió amenaza alguna hasta que Inglaterra dejó de ser aliada y convertirse en enemiga de la corona española, no comenzando sus fortificaciones hasta después de la derrota de la Armada Invencible. En noviembre de 1589, seis meses después del ataque de la armada inglesa a La Coruña, Tuburcio Spanocchi llegó a la ciudad para reconocer la plaza y las rías de Betanzos y el Ferrol. Los trabajos de fortificación se iniciaron en 1590, y en ellas trabajó el alférez Pedro Rodríguez, el mismo que emitió en 1595 un informe sobre la fortificación de la ría de Vigo.

Litoral mediterráneo

Las costas mediterráneas fueron las más fortificadas de la península debido al peligro real que suponían los ataques piratas de los berberiscos, aunque el esfuerzo principal en cuanto a número de trabajos se hizo durante el reinado de Felipe II.

    Principado de Cataluña

    Primeramente se fortificó Barcelona, cuyas primeras trazas parece que se deben al propio emperador Carlos V. Posteriormente, y desde 1542, el ingeniero italiano Juan Bautista Calvi proyectó otras obras más modernas, entre las que se encuentran las Atarazanas, y en las que trabajó el capitán Luis Pizaño.

    Seguidamente se fortificaron Tarragona, los Alfaques de Tortosa y Cartagena, cuyas obras se completaron en la segunda mitad del siglo XVI.

    En 1544 el capitán Luis Pizaño se encuentra fortificando la plaza de Rosas, donde construye un "reparo" y un foso rodeando las antiguas murallas, y proyecta la construcción de cuatro baluartes que no se realizarían finalmente. Su trabajo fue continuado y terminado por el ingeniero italiano Juan Bautista Calvi, quien construyó un fuerte abaluartado pentagonal que subsistió hasta el siglo XVII y al que se añadieron posteriormente unas "medias lunas" y algunas obras de tierra inspiradas en la fortificación holandesa.

    En la entrada al puerto de Rosas el capitán Pizaño construyó y terminó el castillo de la Trinidad, de forma atenazada, que contaba con un revellín que cubría la puerta de entrada al fuerte.

    Reino de Valencia

    Los ingenieros Antonelli, Fratín, Calvi, Escipión Campi, Hernando de Acosta, Luis de Carrera y Leonardo Turriano trabajaron en las fortificaciones de Guardamar, el Grao, Cullera, Denia, Peñíscola, Bernia y Alicante.

    Costas del Reino de Granada y Andalucía

    Nada más finalizar la Guerra de Granada (1482-1492), los Reyes Católicos encargaron al comendador Ramiro López, artillero e ingeniero, las fortificaciones de Granada, Salobreña, Almería y Almuñecar.

    El temor a las posibles invasiones africanas y turcas aumentó el número de obras realizadas a partir del reinado de Felipe II. Trabajaron los ingenieros Francisco Aguilera, Francisco de Herrera, Calvi, el corregidor Cristóbal de Eraso, el Fratín, Antonelli, Fabio Borsoto, Bartolomé Quemado, Spanocchi, Juan Pedro Libadote, Cedillo y Cristóbal de Rojas.

    En Málaga el Fratín trabajó en el castillo de Gibralfaro; y Fabio Borsoto trabajó en el muelle del puerto. Además, se repararon o construyeron fortificaciones en Estepona, Vélez-Málaga, Torrox, Fuengirola, Ventomiz, Casarabonella, Gibraltar, Isla de León y Cádiz.

    El sistema de torres de defensa del litoral

    Un capítulo importante de la fortificación peninsular del siglo XVI es el de las torres del litoral, construidas fundamentalmente durante el reinado de Felipe II aunque comenzaron a erigirse en tiempos del Emperador, y que se seguirían construyendo a lo largo del siglo XVII.

    Como se ha visto, el sistema de fortificaciones que se fue materializando desde la época de los Reyes Católicos respondía a unas necesidades defensivas. En el caso del litoral trataba de proteger a las poblaciones situadas en el Mediterráneo de los ataques piráticos de los berberiscos, o incluso, de posibles invasores norteafricanos o turcos. Tanto la costa sur como la costa levantina se vieron frecuentemente atacadas por los piratas, e incluso por los otomanos. Por poner algún ejemplo, en 1543 los turcos atacaron Palamós y Rosas, en 1550 saquearon Cullera, Pollensa y Benalmádena, mientras que, por su parte, los piratas berberiscos saquearon Cuevas de Almanzora en 1573. Los ataques eran rápidos y por sorpresa, de ahí que se pensara en una serie de torres que permitieran que se avisara en caso de peligro. El sistema utilizado eran alarmas ópticas mediante columnas de humo durante el día y fogatas por la noche, que se activaban en cuanto los vigías se apercibían de la presencia de un barco sospechoso.

    La idea de una serie de torres vigías no era nueva; el propio Juan Bautista Antonelli, en uno de sus informes, citaba a Plinio como fuente de autoridad. Por otra parte, los propios árabes las construyeron con tal finalidad. En cuanto a las plantas y estructura de las torres, estas fueron variadas, tal y como corresponde a un periodo tan amplio de construcción (que va desde los Reyes Católicos hasta Carlos II), así como a la sucesión de ingenieros militares encargados de su construcción.

    Desde principios del siglo XVI, las torres pierden altura, buscando un escarpe suave, al tiempo que se refuerzan en su interior para soportar incluso los ataques de la artillería. Sus plantas fueron cilíndricas, cuadradas, poligonales en algún caso, y, excepcionalmente, estrelladas. Levantadas sobre una base o plinto, tenían un primer cuerpo macizo sobre el que se encontraba la puerta (a la que se accedía por medio de una escala que podía retirarse), al que seguía otro cuerpo con una o dos salas abovedadas, desde las que se podía llegar a la plataforma superior, de superficie mayor o menor en función de que albergase artillería o no.

    Su distribución por el litoral fue la siguiente:

    • En la costa de Andalucía (litoral comprendido entre la frontera con Portugal y Gibraltar) ya existían diecinueve torres cuando Felipe II mandó, en 1576, a Bautista Antonelli, para que estudiara la construcción de otras, hasta totalizar cuarenta y cinco.



    • En la Costa del Reino de Granada (el litoral del antiguo reino nazarí) estaban construidas treinta y nueve cuando se terminó la reconquista, aunque su estado obligó a que algunas de ellas fuesen reconstruidas. Felipe II aceleraría el proceso, así, en 1576, se decidió la construcción de cuarenta y cinco, las cuales fueron terminadas treinta años después por el ingeniero Juan de Oviedo



    • En la Costa del Reino de Murcia, en 1578 Felipe II ordenó, según propuesta de Antonelli, la construcción de treinta y seis torres, nombrando como ingeniero para su construcción a Sebastián Gómez de Zufre, que ya había trabajado en Cartagena.



    • En la costa del Reino de Valencia, muy amenazada por su situación respecto del norte de África, en 1566 Antonelli aconsejaba que las torres ya construidas fuesen dotadas de artillería, ensanchando la plataforma superior.





    Torre defensiva de planta cuadrada en Oropesa del Mar

    • En la costa del Principado de Cataluña fueron prioritarias las torres de los Alfaques, "albergue y nido de corsarios"(42) . Durante el reinado de Felipe II se construyen dos grandes torres (casi dos fuertes) en la entrada del río Ebro. En cuanto al resto de la costa catalana, en la segunda mitad del siglo XVI se ordenaba la construcción de veinticinco de ellas.



    • En las Islas Baleares, en Ibiza y Formentera, se aconsejaba la construcción de torres para prevenir ataques piratas. Referente a Mallorca, ya en 1583 existían algunas torres, y un año después, se encarga al matemático y astrónomo Juan Bautista Binimellis, la construcción de las torres necesarias.



Plazas del Norte de África

Conforme los Reyes Católicos fueron tomando plazas en el norte de África, daban órdenes para la construcción o reparación y mejora de fortalezas. Igual política siguió Carlos I. De esta manera se realizaron trabajos de fortificación en Mazalquivir, Orán, Argel, Trípoli, Bujía y la isla de Gelves, algunos de ellos a cargo del ingeniero Pedro Navarro.

El ingeniero conocido como el Prior de Barletta realizó en 1527 el primer proyecto conocido de fortificación moderna de la ciudad de Melilla, cuyas obras defensivas habían sido comenzadas por Ramiro López cuando éste trabajaba en las fortificaciones del reino de Granada. Las nuevas fortificaciones de la ciudad fueron comenzadas en época de Felipe II por Benedicto de Rávena y continuadas por Hernán Pérez, Francisco de Tejada, Juan de Zurita, Agustín Amodeo, el Fratín y Gil de Andrade.

Tras la campaña de Túñez, el ingeniero italiano Ferramolino se encargó en 1535 de fortificar la Goleta, siendo sustituido posteriormente por el Fratín, y el ingeniero Benedito de Rávena hacía lo propio en Bona.

En época de Felipe II el peñón de Vélez de la Gomera fue fortificado por Agustín Amodeo, y las obras de Ceuta fueron mejoradas por Juan Venegas Quijada.

Canarias

En 1584 Leonardo Turriano proyectó un muelle y un torreón para la isla de Palma, y el fuerte de San Francisco para la isla de Gran Canaria. Posteriormente, Próspero de Cazorla trabajaría en 1595 en las islas, manifestando ser discípulo de Spanocchi y Turriano.






El plan de fortificación del Caribe





FUENTES: 20:44 05/06/201420:45 05/06/2014

  • Juan Carrillo de Albornoz. Historia del Arma. Imprenta de la Academia de Ingenieros. Hoyo de Manzanares, 2002. Primera parte. Pág. 2-40.